lunes, 30 de noviembre de 2009

Uruguay: Un triunfo importante

La voluntad expresada por los orientales marca un límite a la renacida política imperial de convalidar golpes militares y legitimarlos post-festum por la vía de elecciones fraudulentas como las que el domingo tuvieron lugar en Honduras.
Atilio Borón / Página12
Más allá del necesario debate en torno de los logros y las asignaturas pendientes del primer gobierno del Frente Amplio (FA), el cómodo triunfo de José “Pepe” Mujica en las elecciones de ayer aporta una brisa de aire fresco sobre las democracias latinoamericanas. En primer lugar, porque se derrota sin atenuantes a una derecha radical que soñaba con retornar a los dorados ’90 del Consenso de Washington.
Segundo, porque en un continente considerado como el “patio trasero” de la hegemonía imperial y tradicional baluarte de una reacción alimentada por siglos de sujeción colonial, el solo hecho de que un gobierno de izquierda sea ratificado luego de cinco años en el poder constituye de por sí un dato muy alentador.
Tercero, porque la voluntad expresada por los orientales marca un límite a la renacida política imperial de convalidar golpes militares y legitimarlos post-festum por la vía de elecciones fraudulentas como las que ayer mismo tuvieron lugar en Honduras.
Cuarto, porque ante las preocupantes perspectivas de una derrota de los (excesivamente) moderados gobiernos de centroizquierda en países como Chile y Brasil y su reemplazo por la derecha –pinochetista en el caso de Chile y un tanto más moderada en Brasil–, la continuidad del Frente Amplio en el poder contribuye a sostener un espacio de diálogos y acuerdos con gobiernos como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, empeñados en procesos de cambio mucho más profundos y resistidos por el imperio.
Son cuatro buenas razones para celebrar las noticias que llegan a través del Río de la Plata. No obstante, convendría evitar la desmesura en la celebración. Algunos avances sociales producidos bajo el gobierno de Tabaré Vázquez son incuestionables: negociación salarial, reformas en el sector salud y en la educación, moderados logros en el combate a la pobreza. No son poca cosa, sobre todo cuando se los mira desde esta orilla.
Pero los déficit no son menos importantes: el modelo de crecimiento sigue siendo de inspiración neoliberal y gira en torno de la exportación de pulpa de papel y soja, dos actividades profundamente predatorias del medio ambiente y destinadas a generar gravísimos problemas de sustentabilidad a largo plazo. Al igual que en la Argentina, la extranjerización de la tierra avanzó de la mano del agronegocio, agudizando la dependencia externa, el monocultivo y el éxodo rural.
En otras cuestiones, la derrota sufrida en el plebiscito en que se proponía anular la Ley de Caducidad (que consagra la impunidad de los crímenes de Estado cometidos por la dictadura) y el solipsista veto de Tabaré Vázquez a la ley que despenalizaba el aborto (apoyada por los 69 legisladores de izquierda que en el Senado y en Diputados y rechazada por blancos y colorados) dejan abiertos importantes flancos que seguramente serán aprovechados por la derecha para su fortalecimiento político, cosa que será sin duda muy negativa para la implementación de la renovada agenda de reformas sociales que muchos uruguayos esperan de Mujica.
No serán pocos los obstáculos a vencer, el menor de los cuales no habrá de ser la resistencia de un sector del FA que ha sido ganada por la prédica neoliberal. Max Weber dijo que sólo se consigue lo posible si se insiste en lograr lo imposible una y otra vez. Se requiere, eso sí, una buena dosis de voluntad política. El tiempo dirá si Mujica la posee.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Tanto dar vueltas para llegar a lo mismo

Hacia allá van los Micheletti hondureños, hacia la profundización de la confrontación que no podrán acallar sino con más y más represión; y dejarán un rastro de muertos y dolor que, después, deja marcas indelebles en las mentes y los corazones de los que, por desgracia, tenemos que vivir baja la férula de su macabras maquinaciones.
Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
Como perro que se busca la cola, los Estados Unidos y sus amigos latinoamericanos dieron vueltas y vueltas con lo del golpe de Estado en Honduras, tratando de despistar, hasta llegar a lo de siempre, a lo que estamos tan acostumbrados.
El domingo 29 hay elecciones en ese país y ya Perú, Panamá, los Estados Unidos y la democrática Costa Rica dijeron que reconocerán a quien resulte electo. Era lo que se había planeado desde el principio, lo que sabían que sería el final de esta opereta tropical, pero que vinieron escondiendo con pases de prestidigitación circense.
Ponen las bases de un período de inestabilidad, enfrentamiento y violencia que no terminará en el domingo de las elecciones. Los Micheletti y compañía están sembrando las tempestades que otras oligarquías centroamericanas sembraron en sus respectivos países en su momento y en circunstancias similares:
  • En Guatemala, cuando en 1954 oligarcas “nacionales” y norteamericanos derribaron al gobierno democrático y constitucional de Jacobo Árbenz Guzmán, instauraron la conflictividad política que marcaría toda la segunda mitad del siglo XX, y que alcanzaría su cénit en las políticas de tierra arrasada y guerra de baja intensidad que el Ejército guatemalteco tuvo que utilizar para reprimir la sublevación de los más pobres entre los pobres en la década de 1980.
  • En El Salvador, cuando a raíz del ascenso de la lucha de masas dirigida por el Partido Comunista en el marco de la crisis de 1929, el dictador Hernández Martínez acabó con la vida de entre 10,000 y 30,000 campesinos, lo que derivó en una conflictividad no resuelta, que llevó a la guerra civil de la década de 1980, en la que miles de salvadoreños fueron asesinados por las hordas militares.
  • En Nicaragua, donde la protesta nacionalista del general de hombres libres, Augusto César Sandino, impulsó un movimiento de resistencia frente a la invasión yanki prohijada por los grupos dominantes nicaragüenses, conjuntados en los partidos Liberal y Conservador; levantó las banderas del nacionalismo latinoamericanista y abogó por una sociedad en la que, lo sabía, “solo los obreros y campesinos” irían hasta el fin. Asesinaron a Sandino y pusieron a vigilar, desde su tronera en la laguna de Tiscapa, a Somoza, y nada se resolvió sino hasta cuando las huestes victoriosas del FSLN entraron en Managua en julio de 1979.

Hacia allá van los Micheletti hondureños, hacia la profundización de la confrontación que no podrán acallar sino con más y más represión; y dejarán un rastro de muertos y dolor que, después, deja marcas indelebles en las mentes y los corazones de los que, por desgracia, tenemos que vivir baja la férula de su macabras maquinaciones.

Al final, como siempre, tendrán que irse, saldrán con el rabo entre las patas, odiados, esquivando las andanadas de improperios de quienes agraviados, no querrán verlos ni en pintura. Pero antes de eso harán de las suyas por un tiempo más, y los hondureños tendrán que sufrirlos.

Cómplices de todo eso los gobiernos latinoamericanos que siguen comportándose como perritos falderos, los que se llenan la boca con la palabra democracia, con la palabra paz, pero cuyos actos apuntan siempre en la dirección que le indique el Departamento de Estado. Triste panorama, vergonzoso seguidismo. Que caigan sobre ellos las lágrimas de las madres y padres, de las esposas y esposos, de los familiares de los que sentirán en carne propia la persecución de los Micheletti en los tiempos que vienen, lágrimas similares, dolores iguales a los que ya hemos vivido en Centroamérica y que creíamos que habíamos dejado atrás pero que vuelven, como una maldición.

“Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” nosotros, tan a expensas de los vaivenes de los intereses del imperio. Con Bush o con Obama, con cualquiera, a lo mejor hasta con el Jefe Seattle -aquel que a mediados del siglo XIX protestara contra el avasallamiento de su pueblo- seríamos irrespetados. No se trata de si el presidente de los Estados Unidos es un blanco facistoide texano, o un negro de recientes raíces africanas, se trata de una maquinaria imperial cuya lógica de dominación va más allá de quién esté en la Casa Blanca.

Por eso no hay que hacer caso de los cantos de sirena y poner los pies sobre la tierra.

Centroamérica: la historia como tragedia y farsa.

¿Será posible algún día realizar transformaciones reales y profundas en paz ? ¿Hasta cuándo la democracia en la región dejará de ser eso que Héctor Pérez-Brignoli llamó alguna vez “un inmenso monólogo de las clases dominantes consigo mismas”?
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Finalmente, la crisis en Honduras se decantó hacia el peor de los escenarios posibles para los sectores populares de ese país y de toda la región. El coro de Washington siguió fielmente el estribillo y los gobiernos de Costa Rica, Panamá, Perú y Colombia anunciaron que reconocerán los resultados de unas elecciones prostituidas, que tendrán para siempre la mancha del golpe de Estado perpetrado contra el gobierno de Manuel Zelaya, y principalmente, de la sangre de los caídos en la heroica resistencia del pueblo hondureño.
Si a inicios del 2009 saludábamos con entusiasmo –ingenuos, quizá- lo que se insinuaba como un acercamiento de Centroamérica a la corriente progresista que ascendía desde América del Sur, tal como lo sugerían la incorporación de Nicaragua y Honduras a la Alianza Bolivariana de las Américas, la victoria electoral del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador, o el restablecimiento de relaciones diplomáticas de este país y Costa Rica con Cuba; hoy no podemos sino reconocer que el panorama cambió radicalmente: la derecha superó su desconcierto estratégico, tomó la iniciativa política y, al mejor estilo de su tradición oligárquica, prometió tributos al imperialismo a cambio de la impunidad de sus fechorías.
Las consecuencias de esta nueva correlación de fuerzas ya se hacen sentir y proyectan su sombra sobre el futuro de la región. Así lo vemos en el protagonismo que han adquirido figuras como los presidentes Oscar Arias en Costa Rica, Ricardo Martinelli en Panamá, y ahora el espurio Porfirio Lobo en Honduras –quien pescó en el río revuelto por los golpistas-, junto al opositor Eduardo Montealegre en Nicaragua, quienes desempeñan su papel en la estrategia de Washington para desestabilizar a América Latina.
En línea directa con esa estrategia –dividir para vencer-, las fuerzas de la reacción, acicateadas por las posiciones asumidas por el gobierno de Martinelli, multiplican esfuerzos para lograr el definitivo descarrilamiento de la integración centroamericana, proceso ya de por sí complejo y que se encuentra en cuidados intensivos.
Basta con mencionar lo sucedido a escasos días de celebrarse las elecciones en Honduras: el presidente Arias, quien además ejerce la presidencia pro témpore del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), dispuso suspender la cumbre de mandatarios prevista para el mes de diciembre. La Cancillería costarricense se limitó a informar a sus pares, mediante un escueto comunicado, que las “complejidades presentadas en el ejercicio de la presidencia pro témpore por todos conocidas y demás dificultades” impedían la organización de la cita. No obstante, este hecho solo confirma que, en las actuales condiciones, resulta imposible entablar un diálogo centroamericano que no esté regido por el guión de Washington y las desconfianzas y recriminaciones mutuas.
Por otra parte, en los medios de comunicación hegemónicos sube cada vez más el tono de un virulento discurso anticomunista (que en Centroamérica, históricamente, no significa otra cosa sino la aniquilación de la pluralidad política y, casi literalmente, la aniquilación física del otro), lo que alienta el surgimiento de redentores de la patria entre las filas del empresariado centroamericano. De tal suerte, magnates financieros y comerciales, abogados representantes de casinos y casas de apuestas extranjeras, adalides de las oligarquías criollas o devotos funcionarios y funcionarias del statu quo, se presentan como los elegidos para conducir los destinos de una región que –insistimos- se fragmenta poco a poco.
Este nuevo escenario de “estabilidad” neoliberal/imperial y de contención social que se va imponiendo en Centroamérica, afianzará las posiciones de Estados Unidos en eso que hemos llamado la Mesoamérica “ampliada”: el territorio geoestratégico que va de México a Colombia.
La persistencia de la hegemonía norteamericana sobre nuestros países, en personajes tan oscuros como los embajadores Hugo Llorens en Tegucigalpa, o Robert Callahan en Managua, trae consigo la amenaza de nuevos golpes de Estado: ahora, con “soluciones de diálogo” incluidas, exilio forzado de presidentes, asesinato de líderes sociales, y con la comunidad internacional y los foros regionales reducidos a simples espectadores de opereta.
Quisiéramos no tener que decirlo, pero la realidad se impone: en Centroamérica, el poder sigue en las manos de los siempre, a saber, los poderes militar y económico. A 22 años de la firma de los Acuerdos de Paz de Esquipulas, nos preguntamos: ¿será posible algún día realizar transformaciones reales y profundas en paz? ¿Hasta cuándo la democracia en la región dejará de ser eso que Héctor Pérez-Brignoli llamó alguna vez “un inmenso monólogo de las clases dominantes consigo mismas”?
Los pueblos seguirán luchando, estamos seguros de ello. Pero duele, hondamente, comprobar que la historia centroamericana, una vez más, se repite como tragedia y farsa.

Terrorista Montaner defiende a bloguera

Los medios pertenecientes al SIP no son libres para decir la verdad de lo que sucede en Cuba; están amordazados y su objetivo es calumniar a todos los movimientos políticos revolucionarios alternativos al imperio.
MSc. Abner Barrera Rivera / AUNA-Costa Rica
Como ha sido señalado muchas veces, los grandes medios al servicio de los intereses imperiales en América Latina, juegan un papel denigrante cuando de Cuba se trata. Cualquier cosa que suceda en la mayor de las Antillas –que puede suceder de igual manera en otros países- es noticia en el mundo, pero presentada de manera tergiversada, exagerada y escandalosa por ese tipo de periodismo. Lo insólito de esto es que, respecto a Cuba se inventan sucesos con partida doble: para atacar a la revolución y para vender y ganar por el escándalo. Quienes ejercen este tipo de periodismo son los medios vinculados al Sistema Interamericano de Prensa (SIP); medios que levantan la bandera de la libertad de expresión, pero para defender los intereses individuales de las oligarquías y empresas privadas, pero nunca para defender los intereses colectivos de los pueblos[1].
Los medios pertenecientes al SIP no son libres para decir la verdad de lo que sucede en Cuba; están amordazados y su objetivo es calumniar a todos los movimientos políticos revolucionarios alternativos al imperio. El SIP fue creado en 1943, y en breve tiempo pasó a formar parte de los intereses de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y del Departamento de Estado en Nueva York.
Pero contra los propósitos ideológicos que éstos desempeñan, como son los de desinformar o mal informar los hechos respecto a la revolución cubana, cada vez son más las personas que descubren la realidad ocultada por ese periodismo servil; la gente ha aprendido a leer entre líneas lo que no se dice, y a entender las intenciones calumniosas que condensan.
Sabiendo que así funcionan los medios pertenecientes al SIP, no es difícil analizar el reciente hecho de la bloguera “agredida” en La Habana como noticia política/comercial orquestada desde el imperio. Estos medios tienen sus escribidores, articulistas y editorialistas a sueldo. Los cuales son aceptados por profesar ideologías conservadoras y neoliberales, pero sobre todo si tienen una posición política visceralmente contraria a la revolución cubana. El mejor –y peor- ejemplo es el caso del terrorista Carlos Alberto Montaner[2], agente de la CIA, que desde hace varias décadas se dedica a despotricar contra la revolución cubana. El prontuario violento de este facineroso -camuflado de periodista- es ampliamente conocido en círculos políticos. Basta con señalar que tiene estrecha amistad con connotados terroristas como Posada Carriles, Orlando Bosch y varios dictadores que ha habido en algunos países de América Latina.
De manera que hablar de Montaner es hablar de terrorismo, mentira, calumnia, difamación[3]. Por eso no llama la atención que sea este hombrecito decente y pacífico quien hiciera circular en días pasados un panfletillo en el que defiende a la bloguera “agredida”. Cómicamente titula su ocurrencia: “Raúl y Yoani: fin de régimen” (sic).
Mentiner[4] viene vaticinando el fin de la revolución cubana desde que fue apresado en La Habana en 1960 por tenencia de explosivos para sabotaje. Esta idea enfermiza -fin de la revolución cubana- le acompaña en todo lo que eructa. Esta vez, vuelve a escupirla, pero para ponerse de lado de la bloguera Sánchez, quien aprendió de él, a amasar dólares calumniando.
Sánchez conoce muy bien que Montaner es un capo en mentiras, difamaciones y terror; sabe que Mentiner trabaja para los órganos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Éste al defenderla, en lugar de hacerle un bien, terminó por enlodarla: Sánchez es una aliada de la política de agresión del imperio contra Cuba.
Si analizamos la escalada que caracteriza al personaje Sánchez, vemos que sigue varias etapas, dirigida cada una de ellas por la CIA. Obsérvese la ascendencia. Primero: se construye al personaje (puede ser cualquier hijo de vecino que se preste para denigrar a su patria a cambio de dinero). Segundo: se declara contrarrevolucionaria y resentida social. Tercero: lanzamiento mediático del personaje a nivel internacional. Cuarto: ser galardonada con premios internacionales (inventados por las mafias en Estados Unidos y Europa). Quinto: “inmolarse”[5], es decir, “sacrificarse”, hacer ayunos, huelgas de hambre, peregrinaciones; todas poses para las fotos de la prensa imperial.
La lógica más elemental dice: si el terrorista Montaner defiende a la agredida entonces se trata de una autoagresión. Todo este tipo de negocios sucio de la contrarrevolución, donde campea las peleas por el dinero, las simulaciones, los premios y los viajes han sido denunciados en varios libros y nadie ha podido desmentirlos[6].
Montaner ducho en maniobras macabras describe la “agresión” con el mismo guión que caracteriza todas sus calumnias e inventos contra Cuba. Sánchez no es ninguna independiente, con este defensor quedó desnuda de cuerpo entero. ¡Qué flaco favor le hizo el terrorista Mentiner!

NOTAS
[1] Un buen ejemplo de esto es la función que ejercen los consorcios y monopolios privados del periodismo en Venezuela contra la revolución bolivariana que dirige el presidente Hugo Chávez.
[2] Hijo de Ernesto Montaner, escritor que estuvo ligado al Gobierno del dictador Fulgencio Batista.
[3] Luis Ortega (periodista cubano radicado en Miami) hablando de Montaner dice: “Entre los cubanos circula un chiste muy gracioso. Se dice que cuando Montaner iba a nacer asomó primero los pies y la enfermera preguntó si era varón o hembra y el médico se limitó a responder: “No, es tramposo””. Ver Luis Báez, Miami donde el tiempo de detuvo, p. 76-77
[4] Montaner es conocido en Costa Rica como Mentiner, por las reiteradas mentiras que contienen todos los artículos que publica en el periódico comercial La Nación.
[5] Esta escalada es la misma que han seguido todos los denominados disidentes que, no son otra cosa que contrarrevolucionarios y mercenarios. No es una historia reciente. Los casos abundan: Armando Valladares, las Damas de Blanco, Raúl Rivero, Oswaldo Payá, Elizardo Sánchez. ¡Pobrecitos, todos estos se han sacrificado por el pueblo cubano!
[6] Ver Rosa Mirian, Elizalde y Luis Báez: “Los disidentes”; Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo: El camaján; Hernando Calvo Ospina y Katlijn Declercq: ¿Di$identes o mercenarios?

Obama, Bush y los golpes de Estado latinoamericanos

Lo que la derecha latinoamericana hace es sacarle ventaja a las dificultades políticas internas de Obama para forzarle la mano. Se percatan de que no cuenta con la energía política disponible para atajarlos. Además, la situación económica mundial tiende a redundar en contra de los regímenes en el cargo.
Immanuel Wallerstein / LA JORNADA
Algo extraño está ocurriendo en América Latina. Las fuerzas de derecha en la región están emplazadas de tal modo que pueden desempeñarse mejor durante la presidencia estadunidense de Barack Obama que durante los ocho años de George W. Bush. Éste encabezaba un régimen de extrema derecha que no tenía ninguna simpatía para las fuerzas populares en América Latina. Por el contrario, Obama encabeza un régimen centrista que intenta replicar la política del buen vecino que proclamara Franklin Roosevelt como forma de anunciar el fin de la intervención militar directa de Estados Unidos en América Latina.
Durante la presidencia de Bush, el único intento serio de golpe de Estado con respaldo de Estados Unidos ocurrió en 2002 contra Hugo Chávez en Venezuela y tal asonada falló. Fue seguida de una serie de elecciones por toda América Latina y el Caribe, donde los candidatos de centro-izquierda ganaron en casi todos los casos. La culminación fue una reunión en 2008 en Brasil –a la que Estados Unidos no fue invitado y donde el presidente de Cuba, Raúl Castro, recibió trato de héroe virtual.
Desde que Obama asumió la presidencia, se ha logrado perpetrar un golpe de Estado: en Honduras. Pese a la condena que expresó el mandatario, la política estadunidense ha sido ambigua y los líderes del golpe están ganando su apuesta de mantenerse en el poder hasta las próximas elecciones para presidente. Hace apenas muy poco, en Paraguay, el presidente católico de izquierda Fernando Lugo pudo evitar un golpe militar. Pero su vicepresidente, Federico Franco, de derecha, está maniobrando para obtener de un Parlamento nacional hostil a Lugo un golpe de Estado que asume la forma de un enjuiciamiento. Y los dientes militares se afilan en una serie de otros países.
Para entender esta aparente anomalía debemos mirar la política interna de Estados Unidos, y cómo afecta la política exterior estadunidense. De vez en cuando, y no hace tanto tiempo, los dos partidos principales representaban a coaliciones de fuerzas sociales que se traslapaban, y en los que el balance interno de cada uno iba de una derecha, corrida del centro, en el caso del Partido Republicano, a una cierta izquierda, corrida del centro, para el Partido Demócrata.
Debido a que los dos partidos se traslapaban, las elecciones tendían a forzar a los candidatos presidenciales de ambos partidos más o menos hacia el centro, de modo de ganar sobre la fracción relativamente pequeña de votantes que eran los independientes, situados en el centro.
Éste ya no es el caso. El Partido Demócrata es la misma coalición amplia que siempre ha sido, pero el Partido Republicano se ha desplazado más a la derecha. Esto significa que los republicanos tienen una base menor. Lo lógico es que esto significara bastantes problemas electorales. Pero, como lo estamos viendo, esto no funciona exactamente de ese modo.
Las fuerzas de la extrema derecha que dominan el Partido Republicano están muy motivadas y son bastante agresivas. Buscan purgar a todos y cada uno de los políticos republicanos a quienes consideren demasiado moderados e intentan forzar a los republicanos en el Congreso a una actitud negativa uniforme hacia todas y cada una de las cosas que proponga el Partido Demócrata y en particular el presidente Obama. Los arreglos políticos de compromiso ya no son vistos como políticamente deseables. Por el contrario. A los republicanos se les presiona para marchar al ritmo de un solo tamborilero.
Entretanto, el Partido Demócrata opera como siempre ha operado. Su amplia coalición va de la izquierda a una cierta derecha del centro. Los demócratas en el Congreso invierten casi toda su energía política en negociar unos con otros. Esto implica que es muy difícil aprobar legislaciones significativas, como lo vemos actualmente con el intento de reformar las estructuras de salud estadunidenses.
Entonces, ¿qué significa esto para América Latina (y de hecho para otras partes del mundo)? Bush podía conseguir casi todo lo que quería de los republicanos en el Congreso, en el cual tuvo una clara mayoría durante sus primeros seis años de su régimen. Los debates reales ocurrían en el círculo ejecutivo interno de Bush, dominado básicamente por el vicepresidente Cheney durante los primeros seis años. Cuando Bush perdió las votaciones para elegir congresistas en 2006, la influencia de Cheney declinó y las políticas públicas cambiaron ligeramente.
La era de Bush estuvo marcada por una obsesión con Irak y en menor medida con el resto de Medio Oriente. Algo de energía quedaba para lidiar con China y Europa occidental. Desde la perspectiva del régimen de Bush, Latinoamérica se desvanecía poco a poco hacia el fondo. Para su frustración, la derecha latinoamericana no obtuvo el tipo común de involucramiento en su favor que esperaban y deseaban por parte del gobierno estadunidense.
Obama se enfrenta con una situación totalmente diferente. Tiene una base diversa y una agenda ambigua. Su postura pública se bambolea entre una firme posición centrista y unos moderados gestos de centroizquierda. Esto vuelve su posición política esencialmente débil. Obama desilusiona a los votantes de izquierda que él movilizó durante las elecciones, y que en muchos caso se retiran de lo político. La realidad de una depresión mundial hace que algunos de sus votantes centristas se aparten de él por miedo a una deuda nacional creciente.
Para Obama, al igual que para Bush, América Latina no está en la cúspide de sus prioridades. Sin embargo, Obama (a diferencia de Bush) está luchando duro por mantener la cabeza arriba del agua política. Está muy preocupado por las elecciones de 2010 y 2012. Y esto no es algo insensato. Entonces su política exterior está influida considerablemente por el impacto potencial que tenga ésta en dichas elecciones.
Lo que la derecha latinoamericana hace es sacarle ventaja a las dificultades políticas internas de Obama para forzarle la mano. Se percatan de que no cuenta con la energía política disponible para atajarlos. Además, la situación económica mundial tiende a redundar en contra de los regímenes en el cargo. Y en la América Latina de hoy son los partidos de centroizquierda los que están en el cargo. Si Obama lograra triunfos políticos importantes en los próximos dos años (una ley de salud decente, una real retirada de Irak, una reducción del desempleo), esto mellaría, de hecho, el retorno de la derecha latinoamericana. ¿Pero logrará tales triunfos?

Amenazada la unidad latinoamericana

En el centro de este conflicto están las bases militares estadounidenses, la rehabilitación de la IV Flota y el carácter estratégico que hoy más que nunca tiene América Latina como fuente de poder para Estados Unidos.
Frida Modak / ALAI
La instalación de once nuevas bases militares estadounidenses en Colombia y Panamá ya habían tensado el ambiente latinoamericano llevando las relaciones colombo-venezolanas al punto de ruptura, cuando el presidente peruano Alan García decidió usar la cumbre de APEC para acusar a Chile de espionaje. La forma, el tono y el contenido de su acusación fueron innecesariamente agresivos y fuera de lugar, lo que origina muchas preguntas y obliga a relacionarlo con el asunto de las bases.
Colombia nunca informó que había autorizado la instalación de las bases estadounidenses en su territorio, a pesar de que en los mapas del Pentágono éstas aparecían marcadas en suelo colombiano desde el mes de enero pasado, según lo ha revelado el ex presidente de ese país Ernesto Samper. Panamá lo dio a conocer a raíz de una reunión con la secretaria de Estado estadounidense, diciendo que serían dos bases y que el convenio se firmaría en octubre, resultó que van a ser cuatro y que no se toma en cuenta la voluntad del pueblo panameño que se opone al regreso de los militares del norte.
Cuando un gobierno cree o descubre que está siendo espiado por otro, se dirige a ese gobierno le expone lo que ha encontrado y pide explicaciones. Perú optó por hacer estallar el asunto en una reunión como la del acuerdo comercial Asia-Pacífico, APEC, que se realizaba en Singapur, pudiendo haberlo hecho en la forma adecuada porque desde hace cuatro meses no sólo investigaba al presunto espía, sino que lo usaban para mandarle información falsa a quienes lo habían contactado.
¿Por qué García decidió hacerlo en esa forma y prefirió cancelar la entrevista con la mandataria chilena para regresar a su país en medio del escándalo, en circunstancias de que el 22 de septiembre pasado, cuando ya se investigaba al espía, dijo en la inauguración de un foro de televisión digital en Lima:”Saludo a mis grandes amigos, los presidentes de Chile, Michelle Bachelet, de Argentina, Cristina Fernández, y de Brasil, Luis Inacio Lula Da Silva”.
Días antes, durante el aniversario de la independencia de Chile, militares y ministros de Estado peruanos desairaron a los representantes diplomáticos chilenos, sin embargo en el foro señalado García afirmó ”Estamos aprendiendo a tomar decisiones integradoras, decisiones colectivas” y luego preguntó “¿Cuándo alcanzaremos la misma onda de la amistad perpetua, la misma onda de la relación sin amenazas entre nosotros, sin malentendidos, la misma onda de fraternidad?”
Sin duda que estas palabras no se corresponden con las que pronunció en Singapur y luego en Lima. García suele tener estos ex abruptos y no pocas veces otros funcionarios han tenido que dar explicaciones en privado. Esta vez él mismo ha tratado de bajar la tensión, pero hay otros hechos que considerar. Con su actitud el mandatario reavivó el siempre latente sentimiento antichileno en su país, el que es consecuencia de la Guerra del Pacífico librada en 1879, en la que Perú y Bolivia se enfrentaron con Chile y perdieron. Los peruanos perdieron importantes territorios en el sur del país y Bolivia perdió la salida al mar.
El armamentismo
En el centro de este conflicto están las bases militares estadounidenses, la rehabilitación de la IV Flota y el carácter estratégico que hoy más que nunca tiene América Latina como fuente de poder para Estados Unidos. Desde que se empezó a constatar que ese país estaba perdiendo su posición de potencia hegemónica, en numerosos y documentados análisis se señalaba que en un mundo multipolar el grado de poder para el país del norte dependería del territorio que controlara y ese territorio sólo podía ser América Latina.
Esta región tiene riquezas incalculables, petróleo, gas, litio, cobre y demás minerales, reservas de agua dulce y lo que esconden la Amazonia, los glaciares, los geisers y el territorio antártico, donde se encuentra el 80 por ciento del agua dulce del planeta. Por eso las bases estadounidenses a las que nos referimos la semana pasada forman un círculo que va desde el Caribe a América Central, el Pacífico y Paraguay, encerrando la Amazonia. En el territorio antártico hay bases temporales y permanentes de entre 20 y 40 países, incluidas las potencias en declive, las emergentes, los desarrollados y los subdesarrollados.
Hasta hace unos años América Latina no lograba superar el estatus de patio trasero de Estados Unidos, pero la política guerrerista de ese país lo llevó a otros puntos geográficos y cuando se hizo evidente que eso había permitido que empezáramos a autodeterminarnos, incluso diversificando la compra de armamentos, rediseñaron su presencia militar en la región.
En el nuevo contexto latinoamericano, y en particular en América del Sur, eso determinó la modernización del armamento por parte de la mayoría de los países y llevó incluso a la formación del Consejo de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR.
Ha trascendido que en la reunión de Unasur que se proyecta para fines de este mes para tratar lo de las bases en Colombia, el gobierno peruano quiere presentar una propuesta sobre cooperación en defensa, criticando la que considera ”carrera armamentista en la región” y que indirectamente estaría referida a Chile, país al que Estados Unidos autorizó la venta de radares y misiles por 665 millones de dólares, lo que fue criticado por el canciller de Perú.
Elecciones y ¿golpes de Estado?
Mientras se van decantando las situaciones señaladas, se acercan procesos electorales que podrían generar cambios o crear situaciones nuevas. El primero será el de Honduras el día 29 de este mes y que no cumplirá con los requisitos democráticos, porque se realizará bajo un régimen de facto. La mayoría de los países latinoamericanos ha anunciado que no reconocerá como válidos estos comicios y la Unión Europea se abstuvo de reconocer al gabinete de “unidad nacional” inventado por Micheletti, en espera de la restitución de Zelaya.
Las elecciones servirán para establecer la fuerza de cada sector, tanto de los que no concurrirán a votar porque demandan la restitución en el cargo del presidente Zelaya y la de los golpistas, que sí votarán. Allí suele votar alrededor de un millón 200 mil personas.
Pocos días después, el 6 de diciembre, serán las elecciones bolivianas en las que por primera vez se podrá reelegir al Presidente de la República. Al mismo tiempo se elegirá una Asamblea Plurinacional, tal como lo estableció la nueva Constitución que se aprobó en enero. Las encuestas dan como ganador al presidente Evo Morales con más del 50 por ciento y el partido de gobierno aspira a obtener las dos terceras partes del parlamento para que la nueva constitución pueda aplicarse sin dificultades.
Una semana después serán las elecciones chilenas, en las que está en duda la permanencia en el gobierno de la actual coalición. Si la derecha ganara los comicios sería un golpe rudo para los gobiernos progresistas que son mayoría en la región y que han llevado adelante los cambios a los que nos referíamos antes, especialmente considerando que a éstas seguirán otras elecciones y habrá figuras tan importantes como el brasileño Lula que no podrán reelegirse.
Pero lo mas grave es la posibilidad de un golpe de Estado en Paraguay, donde gobierna el ex sacerdote Fernando Lugo desde hace poco más de un año. Su triunfo puso término a 61 años de gobierno del Partido Colorado, la mayor parte de ellos bajo la dictadura del general Alfredo Stroessner. Ya se ha denunciado que los Colorados tienen un plan para destituir a Lugo en los próximos seis meses mediante un juicio político.
Los resultados electorales, la posibilidad de que se den nuevos golpes de Estado, unidos a la aumentada presencia militar estadounidense en nuestros países podrían provocar un retroceso dramático.
- Frida Modak, periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.

Evo Morales va por una nueva hegemonía

Frente a una oposición dividida, desorientada e impotente, el Movimiento al Socialismo (MAS) busca su reelección en las elecciones de diciembre. El triunfo del oficialismo consolidaría una nueva hegemonía, para reparar las injusticias sociales acumuladas en 500 años de historia.

Diego Ghersi / Agencia Periodística del Mercosur
Si hay algo que no puede discutirse es la legitimidad popular del actual gobierno boliviano encabezado por el presidente Evo Morales: he ahí su gran fuerza, la única que vale.
En cuatro años de gestión, el mandatario se ha sometido a igual número de consultas y sondeos, comenzando por la que lo llevara al poder -en diciembre de 2005-, cuando por primera vez un candidato lograba imponerse con más del 50 por ciento de aceptación.
Casi tres años después, arriesgando su gestión en un Referéndum Revocatorio –la valentía del presidente se cobra en factura aparte- , Morales superaba el 67 por ciento de respaldo popular.
El mandatario boliviano arrasa cuando se somete a las urnas y eso sepulta los intentos opositores de asimilar su imagen a la de un dictadorzuelo autoritario.
La otra gran crítica con pretensiones deslegitimantes de una oposición desorientada y fragmentada -el fraude electoral- acaba de ser borrada del mapa por una talentosa iniciativa del presidente: la implementación del Padrón Nacional Electoral.
El nuevo instrumento se basa en un registro biométrico de los votantes, que incorpora datos referidos a la identidad de la persona y las combina con una foto digital; huellas dactilares y firma.
Desde su aprobación el 14 de abril de 2009, el órgano electoral boliviano ha registrado a casi 5 millones de personas -incluyendo a 170 mil residentes bolivianos en el extranjero- y ha posibilitado la incorporación de pobladores rurales antes olvidados, mediante una campaña que utilizó unidades móviles de empadronamiento.
En resumen, el Padrón Biométrico ha permitido engrosar las nóminas electorales con un millón y medio más de votantes respecto de la última elección –referéndum constitucional de enero de 2009- y ha destrozado cualquier intento de apelar al fraude como argumento descalificador.
Y si faltaba algo para dar lustre a la iniciativa presidencial, funcionarios gubernamentales de Argentina y de Chile manifestaron el interés por repetir el modelo de empadronamiento biométrico en sus respectivos países.
La destrucción de los principales argumentos opositores, sumado a su pobreza franciscana para formular propuestas que no los asocien con lo más repugnante del neoliberalismo, explican que los sondeos privados otorguen al actual mandatario una preferencia electoral superior al 50 por ciento con una ventaja que oscila entre los 25 y 30 puntos porcentuales sobre sus competidores.
Y como las leyes bolivianas estipulan que si un candidato supera el 40 por ciento -con más de un 10 por ciento de ventaja sobre el segundo- evita la segunda vuelta, la fórmula oficial Morales- Linera tendría el camino allanado hacia un segundo mandato.
Esa situación de desventaja previa casi invisibiliza a los candidatos opositores Manfred Reyes Villa, de Plan Progreso para Bolivia Convergencia Nacional (PPB-CN); Samuel Doria Medina, de Unidad Nacional (UN), y René Joaquino, de la Alianza Social (AS), quienes no han podido –o no han sabido- consolidar un partido único que les permita competir más dignamente.
La violencia preelectoral acompaña la impotencia. Así, el jueves 12 de noviembre, un grupo atacó el sitio dónde se preparaba un acto proselitista a favor de Evo Morales y dónde el principal orador sería el vicepresidente García Linera.
En el lugar, emplazado cerca de la pública Universidad Gabriel René Moreno, en el centro de Santa Cruz de la Sierra, quedaron heridos y destrozos que obligaron a la suspensión del evento.
La candidata a senadora nacional Gabriela Montaño (MAS) responsabilizó por los hechos a adherentes de su homólogo por Santa Cruz, Germán Antelo (PP) –respalda la candidatura presidencial de Manfred Reyes Villa-. Esos hechos retrotrajeron al clima político reinante en Santa Cruz en setiembre de 2008, cuando se produjo el intento de golpe de Estado cívico prefectural.
La innegable ventaja de Evo Morales provocó que la pugna electoral se centre en la elección legislativa, dónde están en juego las bancas de 130 diputados y 36 senadores.
Si una oposición significativa, el gobierno hizo una firme apuesta para tenerlo todo. Pretende obtener el mayor porcentaje posible en la votación nacional, controlar al Senado y la Asamblea "plurinacional", ganar en primera vuelta y herir de muerte a la "Media Luna" -departamentos del oriente rico convertido en el núcleo de la oposición al gobierno central- hoy en su peor momento político.
En ese marco de lucha, las actividades de Evo Morales y del opositor Manfred Reyes Villa difieren notablemente.
En efecto, mientras Morales trata de convencer a sectores de la clase media de la necesidad de industrializar los recursos naturales ya nacionalizados por su gobierno, Reyes Villa intenta desesperadamente de desligarse de los vínculos que forjara con la dictadura militar que gobernó Bolivia entre julio de 1980 y agosto del año siguiente.
En realidad, las próximas elecciones bolivianas marcan una transición histórica entre una forma de régimen político, que podría llamarse “democracia de derecho”, y otro definido constitucionalmente como "plurinacional", asentado en las Naciones Originarias, cuyo modelo podría asumir el nombre de “democracia consensual” que, constitucionalizada, reemplazará al espíritu neoliberal de la anterior Constitución.
La nueva institucionalidad estatal de carácter plurinacional es revolucionaria por cuanto otorga el ejercicio del poder a las clases históricamente más postergadas del país, organizadas hoy comunitariamente y sustentadas desde lo económico por un modelo que procura el reparto igualitario de la riqueza entre todos los bolivianos.
Se trata entonces no sólo de retener el gobierno sino de obtener la totalidad del poder que permita ejecutar a Morales un programa de gobierno para los próximos 50 años. Nótese que plantear a largo plazo modelos de país es una cualidad inherente de las grandes naciones de la Tierra: China y Estados Unidos -o Inglaterra-, que así intentan proceder desde siempre. La diferencia de esos proyectos respecto del que encabeza Morales consiste en que, éste último, no presupone la explotación de pueblo alguno.
La intención de comenzar un régimen político más justo, a partir de un nuevo reparto de poder, es lo que verdaderamente ocupa el tablero de las elecciones de diciembre próximo. Ese nuevo régimen no busca otra cosa que la construcción de una nueva hegemonía.

Argentina: La Constituyente Social

La Constituyente Social se propone como un proyecto de gobernanza democrática alternativa con tres pilares: una equitativa distribución de la riqueza que supere las criminales desigualdades actuales; la afirmación de la soberanía del pueblo argentino para que éste decida sobre todos los asuntos fundamentales del país; y la constitución de una democracia participativa que supere la actual crisis de representación que aqueja al proceso político argentino
Carlos Rivera Lugo / Claridad y Rebelion
Lo que hace verdaderamente revolucionaria esta nueva era en la que habitamos es que se ha puesto sobre el tapete la posibilidad de la democracia de lo común. Me refiero al despertar de la potencialidad de la gobernanza constituyente de una verdadera democracia desde ese pueblo que hasta ahora ha estado relativamente ausente de los procesos políticos en muchas de nuestras sociedades.
Contrario a la estreñida versión liberal o neoliberal de la sociedad democrática como el gobierno de las elites económicas y políticas, este nuevo siglo se ha caracterizado, sobre todo en Nuestra América, por la progresiva materialización de unos procesos democráticos que no se reducen al mero voto cada tantos años, sino que se encarnan en el acto de decidir, como acto soberano común, sobre lo concreto en nuestras vidas cotidianas, tanto en lo individual y en lo colectivo. Quién decide y determina sobre lo concreto en nuestro diario vivir, en sus diversas dimensiones políticas, económicas y sociales, es quien realmente gobierna, es efectivamente el soberano.
Y para que la democracia sea efectivamente la gobernanza del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, tiene que forjarse una voluntad constituyente que desde la multiplicidad de voces y fuerzas que es la sociedad contemporánea, se represente de aquí en adelante a sí misma, instituyendo esta nueva democracia de lo común más allá de los límites históricos de lo privado (el mercado) y lo público (el Estado) como canales exclusivos de su autodeterminación.
La decisión soberana de lo común por necesidad trasciende incluso el marco estrecho y agotado de la legalidad capitalista vigente. El Estado liberal o neoliberal, en cualesquiera de sus formas, está ya incapacitado para ofrecer un gobierno adecuado o efectivo de lo concreto. De ahí que el poder constituyente de la nueva gobernanza democrática debe crear un nuevo Derecho a partir de los propios actos del soberano popular. En éstos es que radica de hecho la Constitución material de lo nuevo. En ello radica precisamente la condición de soberano del pueblo: la autoridad para decidir incluso más allá del Estado de Derecho vigente.
En esta nueva praxis de la libertad es que radica la fuerza revolucionaria y fundacional de esta nueva voluntad constituyente, como bien lo ejemplifican los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Haber aspirado a potenciar dicha voluntad constituyente en Honduras, fue el gran motivo tras el golpe cívico-militar y la institución de un régimen de facto que, con la complicidad de Washington, pretende aplastar a la fuerza todo asomo de constitución material de otra sociedad a partir de la amplia y férrea resistencia con que se ha confrontado.
Otra expresión de dicha voluntad constituyente la vemos hoy en Argentina, ante el desencanto que crecientemente se generaliza con un estado de cosas para el cual ya no se ve otra alternativa que el de la institución de una gobernanza democrática desde el soberano popular. Se trata de la convocatoria hecha en julio pasado a una Constituyente Social, desde la provincia de Jujuy, por una constelación de movimientos sociales y culturales, organizaciones sindicales, agrupaciones campesinas, gremios agrarios, asociaciones de pequeños y medianos empresarios, y comunidades aborígenes, entre otros. Se han pautado una serie de asambleas y reuniones a través de toda la geografía del país para culminar el próximo año 2010 en la concreción de la propuesta Constituyente Social.
Según declaran sus organizadores, a Argentina se le gobierna hoy a partir de un orden constitucional que emergió del llamado Consenso neoliberal de Washington y un pacto suscrito por las elites políticas y económicas actuales: “A partir de esa Constitución se ha construido una legalidad que vulnera los legítimos derechos de nuestro pueblo. En este país, pensado y estructurado para que un tercio de su población viva en la riqueza y dos tercios queden condenados a la marginalidad, la lucha por la universalidad de los derechos es una tarea urgente.
Poner en discusión la legalidad vigente y pensar una Constituyente Social es decidirse a contactar y vincular las miles de voluntades que se preocupan y organizan cotidianamente en pos de la defensa de la soberanía alimentaria, la soberanía energética, del destino y usufructo de nuestros recursos naturales. Es abrir una agenda para discutir una reforma agraria integral, la propiedad de la tierra, el cuidado del medio ambiente, la industrialización del país, la generación de trabajo genuino y la promoción de la cultura popular. Es confluir con todos quienes reclamamos que la salud, la educación y la vivienda sean derechos sociales plenos. Todas ellas ideas motoras que nos ponen en la misma senda de países hermanos de América Latina, como Bolivia, Ecuador y Venezuela. En síntesis, necesitamos construir capacidad, atributos y unidad para poder aportar a un nuevo movimiento histórico que definitivamente conquiste la equidad, la justicia y la felicidad para las mayorías históricamente postergadas en nuestra Patria”.
La Constituyente Social se propone como un proyecto de gobernanza democrática alternativa con tres pilares: una equitativa distribución de la riqueza que supere las criminales desigualdades actuales; la afirmación de la soberanía del pueblo argentino para que éste decida sobre todos los asuntos fundamentales del país; y la constitución de una democracia participativa que supere la actual crisis de representación que aqueja al proceso político argentino. Sobre este último punto, dice la declaración fundacional de la Constituyente Social: “Una justa distribución de la riqueza y un ejercicio cotidiano de soberanía popular sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat sólo son posibles en el marco de una transformación estructural en los modos de hacer política. Se trata de impulsar un proceso integral de Democracia Participativa, en la que los ciudadanos, las organizaciones sociales y todas las representaciones sociales estemos articulados en una nueva institucionalidad. Un modo de entender lo público, lo comunitario y lo estatal que supere la cultura de la delegación y promueva el compromiso cotidiano de los ciudadanos en la construcción del destino común, y no solamente en la elección de candidatos institucionales y partidarios”.
Según el Premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, la Constituyente Social surge como un instrumento necesario “para poder profundizar en lo que son los objetivos de un país” y articular un “proyecto de país” desde el cual abordar los diversos aspectos del modo de vida actual de los argentinos.
Por su parte, el economista argentino Julio Gambina insiste en que de lo que se trata es de “pensar en un camino propio desde los sectores perjudicados” por el sistema capitalista, que emprenda la construcción de una alternativa a dicho sistema. “Hay que generar condiciones de participación popular para transformar las decisiones económicas, por eso es necesario el desarrollo de una alternativa, incluso no-capitalista”, señala.
Gambina abunda que “en Venezuela se habla de socialismo del siglo XXI, en Ecuador también…En Bolivia se habla del ‘buen vivir’ no asociado al consumo suntuoso sino vinculado a la calidad de vida para la totalidad de la población, con satisfacción de los derechos esenciales”. Ahora bien, advierte que los procesos políticos y sociales tienen una dinámica social propia. No se trata de propiciar formas organizativas pasadas que desemboquen en la organización de un nuevo partido, un partido más: “La alternativa no es un tema de partido para una elección sino una concepción y construcción de otro orden económico, social, cultural”, desde un espacio social y político abierto que incorpore las distintas fuerzas vivas de la sociedad civil, desde sus respectivos espacios y experiencias de autodeterminación.
“Sólo el pueblo salvará al pueblo” reza con gran acierto una de las consignas de la Constituyente Social. Y se salva desde sí mismo.
El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”.

Descolonización y miedo

Estoy convencido de que parte del proceso emancipatorio que vive hoy el sur, con sus triunfos, derrotas, errores y vicisitudes, pasa necesariamente, desde las Malvinas hasta Puerto Rico, por un renovado proceso independentista. Por lo demás, me temo que el verdadero proceso de descolonización, el de las mentes, será mucho más arduo.
Guillaume Long / El Telégrafo (Ecuador)
Enfrentarse a una entrevista radial o televisiva casi siempre deja un sabor amargo. Deprime el anclaje del pensamiento único en la mente de muchos periodistas. En parte se debe a la dictadura de la billetera que norma la ideología mediática. Pero el problema es también mucho más hondo. Allí también intervienen consensos hegemónicos, ideas y prejuicios arraigados, y, en gran medida, al miedo. El miedo a la “imagen” internacional. ¿Qué pensarán de nosotros? El miedo a la relación con Irán. ¿Qué dirán los EE.UU.?
Hoy, por ejemplo, el gran problema para los medios ecuatorianos no es la traicionera cachetada de las 7 bases al histórico pero incipiente y frágil proceso de integración de la UNASUR. El problema es el cuco Chávez, el supuesto armamentismo venezolano (nunca revisan las cifras antes de hablar), el populismo.Causalidad invertida de medios perdidos en el tiempo.
Lo “normal” es la dominación de los EE.UU. y el hecho de que 5 países tienen derecho de tener armamento nuclear y un asiento permanente en el Consejo de Seguridad con el poder de vetar cualquier resolución de la ONU. Allí no hay dictadura. Lo “anormal” es el intento de diversificar nuestros lazos, de atrevernos a tener relaciones extra regionales que siempre nos han sido prohibidas por el castrante aislamiento del marco inter-americano.
Lo “normal” es que todavía existan reyes en el mundo. Reyes que heredan su corona de padre a hijo, como en los cuentos de hadas. El de España y de las Indias Orientales y Occidentales (así se llama) que nos manda a callar, por ejemplo.
Este miércoles, fueron llamados a votar los habitantes de dos pequeñas islas del Caribe, San Vicente y las Granadinas, que juntas hacen un estado, miembro de la OEA, de CARICOM, y ahora del ALBA, pero en realidad solamente parcialmente soberano, ya que 30 años después de su independencia, la Reina de Inglaterra sigue siendo su Jefa de Estado. La propuesta era cambiar la constitución, despedir a la Reina, con las gracias y todo, despedir también al “comité asesor británico” y a la corte de justicia, asimismo británica (increíble pero cierto), y remplazarla por una corte propia.
La prensa ecuatoriana nunca habló de este proceso. Un día, un conocido periodista me habló de estos nuevos socios del ALBA cuyo nombre “no podemos ni pronunciar”. ¡Qué sintomático! No son, pues, los mercados que tanto anhelan nuestras élites agro-exportadoras. No interesa si nuestros vecinos americanos siguen siendo colonizados por franceses, holandeses, ingleses o estadounidenses.
Lastimosamente, en San Vicente y las Granadinas, los candados de la mente lograron vencer a la propuesta constitucional. 55 a 43%. La gente votó por la Reina, por su blancura, y por todo lo que significa tener vínculos con la modernísima pero decadente Inglaterra.
Estoy convencido de que parte del proceso emancipatorio que vive hoy el sur, con sus triunfos, derrotas, errores y vicisitudes, pasa necesariamente, desde las Malvinas hasta Puerto Rico, por un renovado proceso independentista. Por lo demás, me temo que el verdadero proceso de descolonización, el de las mentes, será mucho más arduo. Manos a la obra, no perdamos un minuto. A vencer el miedo.

Los tres blancos permanentes en la lucha por la democracia en la información, comunicación y cultura

En la actualidad latino-americana y esta etapa del capitalismo de tipo informacional-cognitivo, la lucha contra los agentes económico-políticos representados por los medios masivos y líderes de oligopolios de comunicación social se hace cada día más urgente.
Bruno Lima Rocha / Barómetro Internacional y Alterinfos
Con este artículo intento ofrecer una visión de extensión continental, de amplitud latinoamericana, de lo que está siendo llamado la guerra de 4ª generación, o la lucha por los medios. Entiendo que si consigo mostrar aquí el marco más general, será posible hacer la conexión con lo que pasa en el Brasil, cuando estamos a menos de un mes de la 1ª Conferencia Nacional de Comunicación Social de nuestra historia (14 al 17 de diciembre, Brasilia). Para que tengamos una idea de cuan inédito es el acontecimiento, este país, que tiene una larga tradición conferencista, jamás realizó algo semejante en esta área. Entiendo que esto se da por especiales razones, y cabe que aquí encontremos a aquellas que se confirman conjuntamente con los países hermanos.
En la actualidad latinoamericana y esta etapa del capitalismo de tipo informacional-cognitivo, la lucha contra los agentes económico-políticos representados por los medios masivos y líderes de oligopolios de comunicación social se hace cada día más urgente. Esta lucha traspasa los embates contra las familias controladoras de los conglomerados (Grupos Económicos) tales como Televisa, Grupo Clarín, Organizaciones Globo, Grupo Caracol, Globovisión, de entre otros afiliados al Grupo de Diarios América y defendidos por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El combate de fondo es el no reconocimiento por parte de amplios sectores populares de que el modelo de comunicación como negocio, sea legítimo para intermediar (hacer media) junto al pueblo y las mayorías. El mito del 4º poder (de origen liberal-democrático-burgués) definitivamente ya no es un consenso entre los latino-americanos.
A partir del inicio de la década de ’90 del siglo XX, la privatización de tipo salvaje liberó la demanda reprimida por servicios de telefonía, y que, con el adviento primero de la movilidad (telefonía celular) y posteriormente con el acceso de discado a través de Internet, proporcionó a los ciudadanos latino-americanos el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) en sus vidas cotidianas por más humildes que estas fueran. Concomitantemente, la televisión por cable llevó a un número considerable de hogares el acceso a canales extranjeros y una avalancha de bienes simbólicos y productos mediáticos tuvo acceso a residencias, locales de trabajo y de ocio.
Ya en la mitad de esta primera década del siglo XXI, con la popularización de la banda ancha y el fenómeno de la convergencia – cuando todos los contenidos pasan a poder ser comprimidos y convertidos en códigos binarios (0 o 1), pulveriza y disemina el acceso de la Internet, hasta alimenta y proporciona la contestación vía media digital pero, de hecho, hace con que ambientes virtuales producidos por transnacionales de nueva tecnología atraviesen y hagan la intermediación entre las personas. Así, las sociedades latino-americanas establecen relaciones de empatía y cariño, de proximidad cotidiana, con grandes portales de telecomunicaciones e Internet, justo los que suministran herramientas y ambientes de interactividad para usos y costumbres, actividades cotidianas y también la oportunidad de nuevas relaciones personales. Esto no implica, a partir de los ambientes virtuales, de la portabilidad y de las nuevas interacciones veía TICs, crear necesariamente algo nuevo y transformador. La posibilidad está y abundan buenos ejemplos, pero la enorme mayoría de los latino-americanos hace uso de la Internet (por ejemplo) para interacciones de tipo trivial e individual.
Lo mismo se da en relación con las transnacionales de telefonía móvil, que en la mayor parte de las veces, también abarca la telefonía fija antes estatizada en la mayoría de nuestros países. Estas transnacionales de telecomunicaciones no son muchas, operando en casi todo el Continente las empresas como Telefónica de España; su socia más pequeña a Portugal Telecom (PT); la Italia Telecom (que intenta retirarse de los negocios por aquí); France Telecom; el Grupo mexicano Slim (cuya marca líder es la Claro) además de algunos capitales nacionales que pudieron sobrevivir a la entrada de estos operadores. En este ítem se destaca, en el caso brasileño, la Hola (ex-Telemar) que expande su negocio a partir de la compraventa de la Brasil Telecom (básicamente compuesta por Telecom Italia y el capital del City Group) y, como todo gran negocio (en términos de volumen y recurso esa escala de grandeza) brasileño, los recursos para la fusión-adquisición salieron de los cofres del Tesoro Nacional y fueron repasados a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, el mayor banco de fomento del mundo). Finalmente, este cuadro sólo resalta la relevancia de la necesidad de enfrentar el combate contra tres blancos simultáneos.
Uno es primario, y fácilmente identificado entre los afiliados en la SIP. O sea, deslegitimar la pretensión de los medios corporativos, de motivación económica y política conservadora, portadores de ideología capitalista por su propia naturaleza. El segundo blanco son las transnacionales de telecomunicaciones, que, a través de la convergencia se hacen esenciales en la vida cotidiana de los pueblos del Continente. La construcción de info-vías públicas, mega-vías de motivación científica y ambientes libres (tipo software libres, ambientes wikis, proveedores ilimitados) es tarea estratégica tanto para el movimiento popular como incluso para arrancar estas conquistas, en la base de la presión, de los gobiernos que se reivindican del campo Nacional y Popular. Por fin, el tercer blanco se da justamente en los Estados, que cuando manejan medios a lo hacen como medios de gobierno o medios de poderes de la república liberal-burguesa. Enfrentar las pretensiones del Estado de aplacar la iniciativa popular y sustituir el concepto de público por el concepto estatal es importante y debe ser dedicada atención a este factor por los activistas de los medios populares, alternativos, comunitarios o libres.
En el conjunto de estos tres frentes de lucha contra blancos simultáneos y en la mayoría de las veces, complementarios y aliados (gobiernos de turno + transnacionales de telecomunicación + oligarquías de la comunicación social), está el desafío permanente de crear el antídoto para la verticalidad instrumental en el acto de comunicar. Esto implica la conciencia del esfuerzo de crear y reforzar una esfera pública mediática en el campo popular, como parte fundamental de un espacio público de debates entre la multiplicidad de sujetos sociales como un frente de las clases oprimidas. Esta esfera pública de los medios de los pueblos del Continente, debe servir de soporte informacional, ideológico y cultural de las formas de poder popular que vienen siendo generadas en nuestra América. Uno de los papeles de estos nuevos medios es ir generalizándose regionalmente en nuestros países, dotándose de democracia de base y directa (y no estructurada en la forma de empresa o ejército), siendo por sí sólos ejemplo, reflejo e intención política de radicalizar la democracia política como fundamento del igualitarismo social.
Delante de la enormidad de esta tarea, entiendo que toda y cualquier publicación alternativa (impresa o electrónica), todo y cualquier programa audiovisual (sea de radio o TELE, por radiofrecuencia o vía digital), tienen peso social. En el horizonte está la perspectiva de transformar las sociedades estructuralmente injustas de la América Latina, reinventando la democracia a través de los medios entre iguales. Esta lucha recién comienza.

El dibujo secreto de América Latina

Si nuestras naciones fueron los primeros frutos modernos de la globalización, son escenarios propicios para que encontremos también sus límites. Porque la especie humana, envanecida de sus derechos, ha olvidado la pregunta por sus límites y necesita con urgencia un sentido responsable y nítido de esos límites. De esa delicada tarea, bien podría depender el destino del mundo.

William Ospina / LA JIRIBILLA
Conferencia inaugural de la Semana de Autor en Casa de las Américas
Desde los tiempos en que Bolívar escribió su "Carta de Jamaica", una tarea fundamental de este continente es el diálogo entre la unidad y la diversidad. Mentiríamos si dijéramos que nuestra América es una: por todas partes surge la evidencia de su pluralidad: desde los desiertos de coyotes de Sonora hasta los "vértigos horizontales" de la Patagonia, desde los incontables azules del Caribe hasta ese "verde que es de todos los colores" de la cordillera y la selva, desde el aire de fuego de las costas caribeñas hasta la noche blanca de los páramos, desde la fecundidad de valles y de pampas hasta lo que llamaba Neruda "el estelar caballo desbocado del hielo".
Y no hablo solo de la extraordinaria diversidad geográfica y biológica sino, en ella y sobre ella, de la diversidad de los pueblos y de sus culturas, o de algo más sugestivo aún, los muchos matices irrenunciables de una vasta cultura continental.
En esa misma "Carta de Jamaica" Bolívar afirmaba que "somos un pequeño género humano". Dos siglos después, hay que quitarle el adjetivo "pequeño" a esa frase, y afirmar que somos una muestra muy amplia de lo que es el género humano, porque tal vez en ningún otro lugar del planeta está más presente la diversidad de la especie. Alguna vez el doctor Samuel Johnson le dijo a James Boswell: "Amigo mío, si alguien está cansado de Londres, está cansado de la vida, porque Londres tiene todo lo que la vida puede ofrecer". Pero ¿qué es hoy la diversidad de Londres, de París o de Nueva York comparada con la diversidad de Sao Paulo, de México, de Buenos Aires o de las Antillas? Las viejas metrópolis se apresuran a imitarnos y se llenan vertiginosamente de inmigrantes, Londres se llena de caribeños pero sin el mar Caribe a la vista, París se llena de muecines y de senegaleses pero no tiene el desierto ni las praderas fluviales de África, Madrid ve llegar a los sudamericanos, pero siguen estando lejos los Andes y la selva amazónica.
Europa sigue siendo un continente de tamaño humano, como diría George Steiner: el continente de los cafés, el continente que fue medido por las pisadas de los caminantes, el continente que ha convertido sus calles y sus plazas en una memoria de grandes hombres y de hechos históricos, el continente que descubrió que dios tiene rostro humano. Nuestra América es definitivamente otra cosa, aquí la naturaleza no ha sido borrada, aquí sí hay verdaderas selvas y verdaderos desiertos. Allá todos los caminos llevan a Roma, aquí todas las aguas buscan el río, nada tiene unas dimensiones humanas, todo nos excede, y Dios mismo necesita de otros rostros y de otras metáforas para ser concebido, para ser celebrado.
Fue Paul Verlaine, maestro sensorial y musical de los poetas hispanoamericanos, quien escribió en su arte poético que lo importante no es el color sino el matiz, y creo que si a algo nos hemos aplicado los pueblos de este continente es a desplegar y ahondar en los matices locales y particulares de una cultura cuyos trazos generales son similares.
Quiero decir con ello que hay una característica común de la cultura latinoamericana y es que nada en ella puede reclamarse hoy como absolutamente nativo, salvo quizá esos pueblos mágicos del Amazonas que nunca han entrado en contacto con algo distinto. En otras regiones del mundo, hasta hace poco tiempo, podía hablarse de pureza, de razas puras, de lenguas incontaminadas. Aquí las mezclas comenzaron muy temprano, no para llegar a lo indiferenciado sino para producir en todos los casos cosas verdaderamente nuevas. Digamos que en nuestra cultura continental casi nada es nativo pero todo es original. Leer más...

Lezama Lima y la escritura latinoamericana (I parte)

Primera de las tres partes de “Vida de Lezama”, una historia que nos recrea al autor de "Paradiso".

Ciro Bianchi Ross (*) / Agencia Periodística del Mercosur
Desde La Habana
Cuba celebrará por todo lo alto el centenario del poeta José Lezama Lima a lo largo del año próximo. Una comisión nacional, de la que forman parte figuras relevantes de nuestras letras, organiza los preparativos. Se publicarán sus obras completas, iniciadas ya con una nueva edición de Paradiso; habrá un coloquio internacional dedicado a su figura; una multimedia sobre la revista Orígenes, que animó y dirigió durante años y, entre otros libros, aparecerán los que compilan las entrevistas que concediera, los artículos y ensayos que dejó dispersos y los poemas que se le dedicaran. Se convocará a los jóvenes a un concurso que premiará el mejor ensayo sobre el escritor y el Museo Nacional exhibirá una gran muestra de piezas de aquellos pintores que le fueron afines. Se trabaja ya en un documental sobre su vida y la casa en la que vivió el poeta y que alberga hoy su museo será de nuevo remozada. Homenaje merecido a una de las grandes figuras de las letras contemporáneas, un escritor que supo imprimir a su cubanía una gran universalidad.
¿Quién es ese hombre? ¿Cómo fue su vida? Hace poco tiempo, el realizador Tomás Piard con El viajero inmóvil, la película más atrevida y perturbadora del cine cubano, inspirada en Paradiso, recreó la existencia del escritor. Antes, Senel Paz lo había exaltado en su relato El bosque, el lobo y el hombre nuevo, una de las piezas más trascendentes de la narrativa cubana actual, y Fresa y chocolate, la película de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío inspirada en la obra de Senel, le daba carta de ciudadanía universal.
José Lezama Lima escribió para llenar una ausencia. Frecuentemente dado a las confesiones, relató que en una oportunidad, siendo niño, mientras jugaba a los yaquis con su madre y hermanas vio que las piezas al caer sobre el piso cementado del patio dibujaron el rostro del padre muerto. Lo hizo notar y todos se abrazaron, llorando. Fue entonces cuando Rosa Lima dijo por primera vez a su hijo: «Tú tienes que ser el que escriba; tú tienes que escribir la historia de la familia». Para Lezama, la muerte fue el motor impulsor de su poesía, y la madre significó la seguridad, el afianzamiento frente a la vida. Si el vacío que provocó la muerte de su progenitor lo movió a buscar la imagen a través de la poesía, el empeño y la insistencia de la madre lo obligaron a escribir.
«El mucho leer y la muerte de mi padre, el 19 de enero de 1919, me alucinaron de tal forma que me fueron preparando para escribir. El ejercicio de la lectura fue complementado por la alucinación. Mis alucinaciones se apoderaban de mi imagen y me retaban y provocarían mi mundo de madurez, si es que tengo alguno», me dijo en una ocasión y precisó: «En una palabra, la muerte de mi padre y el apegamiento con mi madre en una forma casi desesperada, como único asidero, fueron las consecuencias de aquellos ejercicios, de aquellos enigmas, de aquellas provocaciones, de aquellos paraísos…».
Como muchas veces tenía que pasar en la cama sus crisis asmáticas y la monotonía de esas horas se le hacía desesperante, empezó a leer a Salgari. Leyó después a Dumas, a quien siempre consideró como uno de los grandes historiadores de Francia por la forma en que animó períodos y personajes de ese país y cuyos libros le darían un sentido de la historia que al paso del tiempo y el recuerdo Lezama mantuvo vivo en sus eras imaginarias.
Tenía ocho años de edad cuando su madre le regaló un ejemplar del Quijote, y el niño lo leyó con dificultad. «Mi juventud parece estar representada por ese libro prodigioso, porque forma parte de lo que me ha hecho insistir, de lo que me ha hecho volver, de lo que he sintetizado en aquella sentencia: Solo lo difícil es estimulante».
Pero el joven Lezama gustaba también de los deportes, sobre todo del béisbol y era un buen field de la novena del barrio, hasta el día en que sus compañeros lo buscaron para un partido contra el equipo de la barriada vecina. «No, hoy no salgo, me voy a quedar leyendo», les dijo. Había comenzado a leer El banquete, de Platón, para hacer de la lectura a partir de ahí —tenía 15 años de edad— su ejercicio, su fanatismo más importante.
Era todavía muy joven cuando comenzó a escribir. Inicio y escape, su primer poemario, que permanecería inédito hasta después de su muerte, lo escribió entre 1927 y 1932, y es una búsqueda, dice la crítica, de la voz que se haría definitivamente propia en Muerte de Narciso, publicado en 1937, pero escrito, recordaba Lezama, alrededor de 1931.
«Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo», dice el poeta con su «rauda cetrería de metáforas», en el verso inicial de Muerte de Narciso, e inaugura una manera de decir desconocida y sorprendente en la poesía cubana, una forma lejana de «los fenómenos literarios de influencias, derivaciones o revalorización», que busca y encuentra su impulso, y se nutre, en las fuentes originarias de la lengua, y que por la libertad y la apertura de su palabra, al decir de Cintio Vitier, avisaba ya oscuramente sobre un barroquismo que no era el previsible. El poeta siempre fue consciente de eso. Muchos años después, mientras discurríamos sobre ese poemario, afirmó: «Toda la poesía de Mariano Brull, Eugenio Florit y de Emilio Ballagas, como brujas montadas en escobas, salieron disparadas por una ventana cuando yo escribí “Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo”. La poesía cubana había cambiado en una sola noche».
Aunque Lezama presumió siempre de ser habanero «y del cogollito», nació en realidad en el campamento militar de Columbia, enclavado en la vecina ciudad de Marianao, el 19 de diciembre de 1910. Hijo de José Lezama Rodda, descendiente de vascos que tuvieron y perdieron en Cuba negocios de azúcar, y de Rosa Lima Rosado, parte de una familia que, por sus ideas independentistas, debió salir de Cuba a fines del siglo XIX y que conoció y colaboró con José Martí en la emigración revolucionaria. Tres hijos nacerían de ese matrimonio: Rosa, José y Eloísa, que viene al mundo luego de la muerte de su progenitor. El padre, ingeniero diplomado en 1910, había sido de aquellos jóvenes estudiantes universitarios que en 1907 —y en calidad de segundo teniente— se alistaron en el entonces naciente Ejército Nacional. Con el tiempo, y ya con grados de Comandante, será el director fundador de la primera Escuela de Cadetes que existió en la Isla, con sede en el Castillo del Morro. En esas y otras instalaciones militares y en un ámbito de marcialidad, órdenes y disciplina transcurren los años iniciales del futuro escritor.
Recibe Lezama Rodda el ascenso a teniente coronel por su actuación en el aniquilamiento de la insurrección liberal de febrero de 1917. En enero del año siguiente asume la jefatura interina del Sexto Distrito Militar, en el campamento de Columbia, cargo que desempeña hasta el mes de julio. Luego, al frente de un grupo de oficiales del Cuerpo de Artillería, viaja a Estados Unidos donde se prepararía para marchar de guarnición a Europa con las tropas aliadas y no demora en llevar a su lado a la familia. Pero muere en un hospital víctima de la epidemia de influenza de 1919. Su muerte está narrada en Paradiso; es uno de los pasajes más patéticos de la novela.
La situación familiar cambia radicalmente a partir de entonces. La casa, siempre llena y alegre, se ensombrece. La mesa se despuebla. Rosa Lima y sus tres pequeños hijos deben desmantelar lo que hasta ese momento fue su residencia e instalarse en la casa de la madre de Rosa, la abuela Augusta de Paradiso. Deberán sostenerse ahora con una pensión que equivale a la mitad de los haberes y asignaciones de que disfrutaba el teniente coronel. En su novela, Lezama Lima presentará con absoluto realismo y crudeza los problemas económicos que aquejaron a los suyos. Hay algo peor. «La muerte de mi padre», repetía, «dejó a mi madre sin respuesta».
En 1929, concluido ya el bachillerato, se instala con su madre y hermanas y la fiel Baldomera, la Baldovina de Paradiso, en la casa marcada con el número 162 de la calle Trocadero, donde residirá hasta su muerte. También en ese año matricula la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana. Transcurre la dictadura de Gerardo Machado, y Lezama no permanece ajeno a la realidad de la nación. El 30 de septiembre de 1930 participa en una manifestación estudiantil que marcaría, a juicio del escritor, «el comienzo de la infinita posibilidad histórica de lo cubano» y daría un impulso sin precedentes a la lucha contra el gobierno. Diría años después: «Ningún honor yo prefiero al que me gané aquella mañana del 30 de septiembre de 1930». Precisaría: «Yo soy un escritor revolucionario porque mis valores son revolucionarios. Y en la raíz de mi vida y mi obra están mi participación en aquella manifestación y el orgullo de haber sido un luchador antimachadista».
Hace la carrera con intermitencias. Machado clausuró la Universidad durante dos años. Fulgencio Batista la cerraría durante tres. Lezama no pierde el tiempo durante ese lustro de vacaciones obligadas. Lee y escribe. Vuelve a las aulas cuando la casa de altos estudios reabre sus puertas en 1936 y asume la secretaría de redacción de la revista Verbum, órgano de la Asociación de Alumnos de Derecho, que logra publicar tres números entre los meses de junio y noviembre de 1937. Se trata de una publicación eminentemente estudiantil en la que Lezama se las arregla, sin embargo, para ir dando a conocer lo que escribe. Es en sus páginas donde aparece Muerte de Narciso y, entre otros trabajos en prosa, un ensayo medular, El secreto de Garcilaso. Se gradúa en 1938 con una tesis sobre la responsabilidad criminal en el delito de lesiones. Trabaja entonces en el bufete de un conocido abogado y en 1940 obtiene la plaza de secretario del Consejo Superior de Defensa Social, con sede en la Cárcel de La Habana, en el Castillo del Príncipe; empleo modestísimo pese a su rimbombancia.
Es ese un quehacer que lo agobia y atemoriza. Tiene entre sus obligaciones la de confeccionar los expedientes de los reclusos y tramitar sus solicitudes de indulto. Luego, es él quien debe comunicar al solicitante el resultado de la gestión. Si es favorable, no hay problema, pero lo aterroriza que se confunda el mensaje con el mensajero cuando el perdón es denegado. Quiere trasladarse para la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación. No obtiene el traslado. Insiste. Cuando lo consigue al fin, en 1949, debe hacerlo para una plaza con categoría y salario inferiores a los de la cárcel.
Hay múltiples testimonios sobre su penuria de esos años. En 1947, José Rodríguez Feo, codirector y mecenas de la revista Orígenes, le pide por carta que se traslade a Miami. El 21 de agosto Lezama le responde: «Mi querido amigo: Cómo voy a ir de La Habana a Miami, si a veces, a no tener transporte gratis, no podría ir de mi casa al Castillo del Príncipe». Al día 13 de agosto de 1956 corresponde esta anotación en su Diario: «Faltan tres días para que nos paguen la quincena. No sé si pedir anticipo, o pasarme tres días sin dinero, entonces mamá me dará veinte o treinta centavos. Así me siento niño…».
(Continuará).

(*) El autor es periodista y escritor cubano.

sábado, 21 de noviembre de 2009

América Latina necesita un cambio

Construir un tipo de desarrollo incluyente en el que, al decir de los zapatistas, “quepan todos”; un tipo de desarrollo distinto del que el capitalismo salvaje de corte neoliberal ha hecho campear en los últimos 25 años; un desarrollo diferente al que pregona el otrora socialdemócrata Oscar Arias, requiere la profundización de los procesos de cambio social en América Latina.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
En la república centroamericana de Costa Rica existe un diario que se llama La Nación. Es uno de los de mayor circulación en el país y su ideología es de derecha. Acorde con ella, para ilustrar a sus lectores sobre los avatares de la economía y la política, traduce y reproduce todos los días artículos del diario norteamericano The Economist, y en sus páginas de opinión encuentra siempre los brazos abiertos el cubano pagado por la CIA Carlos Montaner. Estos dos ejemplos solo pretenden mostrarle al lector el perfil ideológico de ese medio de comunicación.
El domingo 15 de noviembre, el señor presidente de la República de Costa Rica, don Oscar Arias Sáchez, publicó un artículo en ese periódico. Lo tituló Cuatro trabas culturales. En él, el señor presidente se duele que en América Latina estemos siempre culpando a otros de nuestro atraso mientras, sentados a la vera del camino, vemos pasar la “locomotora del desarrollo” que nos deja irremediablemente.
Dice don Oscar Arias que hay cuatro trabas culturales que se constituyen en anclajes que no nos permiten avanzar: 1) la resistencia al cambio; 2) la escasez de innovación; 3) el continuo desprecio por el Estado de Derecho y 4) la larga tutela militar de la región.
Uno de los argumentos centrales que nos ofrece el señor presidente de Costa Rica es que tenemos los ojos en la nuca, es decir, que vivimos mirando al pasado y no nos atrevemos a dar el paso que nos lleve a tomar medidas contra el statu quo. El mundo ha cambiado, argumenta, y nosotros debemos ponernos a tono con él. Da como ejemplos de nuestra tozudez el que amplios sectores de la población no quieran tratados de libre comercio con los Estados Unidos de América, o que no quieran eliminar los monopolios públicos en telecomunicaciones.
Es decir: somos atrasados porque le tememos al desarrollo, dice don Oscar.
El doctor Oscar Arias Sánchez es una persona preparada académicamente. Obtuvo una maestría y un doctorado en economía en la universidad inglesa de Essex en 1974, por lo que se puede suponer que tiene bien claro que, para hablar de desarrollo, hay que aclarar primero de qué tipo de desarrollo se está hablando, y después, deducir por qué hay vastos sectores sociales que no están de acuerdo con el tipo de desarrollo que él propugna.
En efecto, como parece evidente por las escuetas referencias que hemos hecho más arriba de su pensamiento, a él lo que le interesa es promover una vía de desarrollo que, a estas alturas de la historia, ha mostrado límites que han llevado a replanteársela. Pocos son los que siguen martillando con la misma cantinela neoliberal que ha llevado al mundo al borde de la bancarrota pero, como se ve, hay esquinas del mundo en el que sigue perviviendo.
América Latina, en efecto, requiere un cambio. No un cambio cualquiera sino uno radical, acorde con las profundas necesidades que la aquejan. Pero, claro está, no en la dirección a la que nos invita don Oscar Arias sino, precisamente, en una dirección totalmente opuesta.
En primer lugar, no solo tenemos que tomar conciencia de que “otros” son, en muy buena medida, causantes de nuestra situación sino que, de manera decidida, debemos tomar medidas para limitar las posibilidades de acción de ese “otro”. Medidas económicas y políticas: fortalecer nuestro aparato productivo y no entregarlo, privatizándolo, a las grandes transnacionales; profundizar la cooperación y la integración entre nosotros, los latinoamericanos, mancomunando esfuerzos para evitar que nos pasen por arriba esos “otros” que están siempre atentos.
El profesor Heinz Dieterich ha llamado esta semana nuestra atención respecto a esto último. Advierte de la reciente contraofensiva norteamericana en nuestra región, que tiene como puntales la estrategia de los golpes de Estado y el afianzamiento de bases militares en países aliados. Llama la atención sobre la poco unitaria respuesta que tal acometida ha recibido desde nuestras tierras, y pone en evidencia la desarticulación de las últimas acciones adelantadas por Venezuela, Ecuador y Brasil (Véase: “Parálisis estratégica de Chávez-Correa-Lula ante Declaración de Guerra de Obama”, en
http://radioinformaremosmexico.wordpress.com/2009/11/20/paralisis-estrategica-de-chavez-correa-lula-ante-declaracion-de-guerra-de-obama-heinz-dieterich/).
Construir un tipo de desarrollo incluyente en el que, al decir de los zapatistas, “quepan todos”; un tipo de desarrollo distinto del que el capitalismo salvaje de corte neoliberal ha hecho campear en los últimos 25 años; un desarrollo diferente al que pregona el otrora socialdemócrata Oscar Arias, requiere la profundización de los pregonados procesos de cambio social en los países mencionados más arriba, y de estrategias concertadas que no permitan que ese “otro” siga imponiendo los intereses de las grandes transnacionales. La historia nos muestra cómo, siempre, los Estados Unidos de América nos ha enfrentado entre nosotros y ha sabido sacar el mejor partido para sus intereses.
Ver hacia atrás y aprender no es tener lo ojos en la nuca.

Calderón, Arias y Uribe: trabajo de zapa

América Latina se juega buena parte de su futuro en los próximos meses. Las batallas políticas y culturales que vienen no serán fáciles. El tigre norteamericano, espantado por el fogonazo de la movilización popular antiimperialista de los últimos años, como nos lo advirtió Martí, “vuelve de noche al lugar de la presa. (…) No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo”. Sus zapadores trabajan con ahínco.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Cada vez resulta más evidente el papel que desempeñan los presidentes Felipe Calderón, Oscar Arias y Álvaro Uribe en el actual contexto regional: desde distintos frentes –económico, militar y diplomático-, hacen el trabajo de zapa que requieren los imperialistas del Norte para recuperar espacios geopolíticos en América Latina, es decir, para apuntalar las pretensiones hegemónicas de los ideólogos del Pentágono y el complejo militar-industrial sobre una región en la que Estados Unidos ha perdido influencia pero, como toda fiera, se resiste a soltar la presa.
México, Costa Rica y Colombia son Estados dirigidos por gobiernos que, lejos de defender los intereses nacionales y de las grandes mayorías empobrecidas durante las últimas décadas, representan a las elites de la tecnocracia neoliberal, y a las viejas y nuevas oligarquías.
En consecuencia, privilegian los procesos de apertura comercial e integración de las grandes empresas en el espacio económico mesoamericano, controlado por los fuerzas del capital transnacional, predominantemente estadounidense. Dóciles y obedientes a estos mandatos, esos gobiernos no escatiman esfuerzos en romper las crecientes resistencias populares (urbanas, rurales, indígenas) que se multiplican en nuestros países, aplicando en esta tarea todos los métodos posibles –lícitos e ilícitos.
Por si lo anterior no fuese suficiente, México, Colombia y Costa Rica son tres de los seis u ocho aliados que, según lo proyecta Fidel Castro en una de sus últimas Reflexiones, tendrán los Estados Unidos en América Latina antes del año 2012. Fácilmente se puede identificar a los restantes “candidatos”: la Honduras de Roberto Michelleti y el general Romeo Vásquez; el Panamá de Ricardo Martinelli; el Perú de Alan García, o el Chile de Sebastián Piñera, en caso de un eventual triunfo suyo en las elecciones del 13 de diciembre.
Incluso, de Centroamérica podría surgir un aliado más: Nicaragua, si se repite aquí la estrategia golpista hondureña de cara al proceso electoral del 2011; Guatemala, según el resultado de las elecciones del 2012; o El Salvador, si el proyecto político progresista del presidente Funes es descarrilado por las fuerzas opositoras internas y las presiones de militarización que emanan del Plan Mérida.
Para todos sus “devotos”, Washington ya tiene previsto asignarles una función específica en su política exterior que, como lo señala el Dr. Luis Suárez Salazar, consiste en “contribuir a la ‘neutralización’ de las posiciones más radicales y antiimperialistas que actualmente se debaten tanto dentro de los diferentes foros oficiales latinoamericanos y caribeños, como en diferentes ámbitos del Sistema Interamericano”[1].
Una de las manifestaciones de esta neutralización es el sistemático abandono de los empeños –siempre incompletos, pero necesarios- del proceso de integración múltiple y diverso nuestroamericano, por parte de los aliados estadounidenses. Así quedó demostrado en la última cumbre del grupo de países del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), la semana anterior, cuando el representante de México abogó por el pronto ingreso de Colombia y Costa Rica a esta organización.
Este interés por el foro APEC contrasta con el desdén con que Arias y Uribe miran el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), respectivamente. Y es que para las élites gobernantes en estos países, América Latina termina en la frontera colombo-venezolana. Más allá, como afirmó despectivamente el presidente costarricense en días pasados, lo que existe es una región donde las naciones caminan “hacia el futuro con los ojos en la espalda[2].
En el fondo, lo que queda claro es que se encuentra en marcha un proceso de reequilibrio de las fuerzas políticas en la región: entre las tendencias nacional-populares y progresistas, por un lado, y las tendencias oligárquicas y panamericanistas (pro-imperialistas), por el otro.
En este escenario, la administración Obama tiene clara su estrategia: continuar “sus acciones dirigidas a ‘contener’, aislar y, si fuera posible, derrotar (roll back) por vías predominantemente ‘pacíficas’ y ‘democráticas’ a algunos o todos los gobiernos fundadores o integrantes del ALBA-TCP. En particular, a los gobiernos de Cuba y de la República Bolivariana de Venezuela[3].
La obstinación imperial en mantener el bloqueo económico contra Cuba, a pesar del rechazo universal en la ONU; la instalación de bases militares y aeronavales en Colombia y Panamá; el golpe de Estado en Honduras y sus intentos de emulación en Paraguay; la trampa diplomática del Acuerdo de San José; o las maniobras que –a todo nivel- se realizan para forzar y “legitimar” una intervención militar en Venezuela, son muestras inequívocas de las múltiples acciones que despliega Washington en la región.
América Latina se juega buena parte de su futuro en los próximos meses. Las batallas políticas y culturales que vienen no serán fáciles. El tigre norteamericano, espantado por el fogonazo de la movilización popular antiimperialista de los últimos años, como nos lo advirtió Martí, “vuelve de noche al lugar de la presa. (…) No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo[4]. Sus zapadores trabajan con ahínco.

NOTAS
[1]Luis Suárez Salazar. «La ambivalente política hemisférica de Barack Obama». Artículo publicado por la Agencia de Información Latinoamericana (ALAI). 16 de julio de 2009. Disponible en: http://alainet.org/active/31723
[2] Oscar Arias Sánchez. “Cuatro trabas culturales”, en La Nación, 15 de noviembre de 2009. P. 31A.
[3] Luis Suárez Salazar. Op. cit.
[4] José Martí. “Nuestra América”, Hart Dávalos, Armando (editor) (2000). JOSÉ MARTÍ Y EL EQUILIBRIO DEL MUNDO. México DF: Fondo de Cultura Económica. Pág.210