sábado, 11 de septiembre de 2010

Boaventura de Sousa Santos: “El imperialismo está de vuelta y lo muestra con el golpe en Honduras”

El sociólogo portugués asegura en esta entrevista que las experiencias de Ecuador y Bolivia reinventan el Estado moderno frente a la lógica nacional, burocrática y monocultural.

Gilberto Lopes / Semanario Universidad (Costa Rica)
"Estamos viendo una remilitarización del continente, y eso no es un buen augurio”, advierte el sociólogo portugués y uno de los fundadores del Foro Social Mundial (FSM), Boaventura de Sousa Santos.
Sousa Santos, que ha estado colaborando con los gobiernos de Ecuador y Bolivia, entre otros, analizó los cambios políticos recientes en América Latina y los desafíos que esos cambios representan para una ciencia social que, desde su perspectiva, no cuenta con los conceptos adecuados para explicarlos.
A continuación un resumen de la entrevista que le hizo UNIVERSIDAD, tras visitar la Universidad de Costa Rica para impartir la conferencia inaugural “La Universidad Pública en el siglo XXI”, organizada por el Decanato de la Facultad de Ciencias Sociales.
Usted habla de reinventar el Estado, de estrategias novedosas para un tránsito hacia el postcapitalismo. ¿Cuáles son esas estrategias?
- Yo pienso que no podemos hablar de estrategias que sean un modelo. Eso es el peligro de la modernidad occidental y sus diferentes formas. La última es el neoliberalismo y las imposiciones del Consenso de Washington que buscan establecer fórmulas que se aplican sin tomar en consideración el contexto de cada país y que, por esa razón, dan lugar a efectos perversos.
Según la teoría critica, de orientación marxista, la revolución sería obra de los obreros industriales. Nunca estuvieron presentes los sujetos que han dado más impulso a las transformaciones políticas actuales, como los pueblos indígenas, que son completamente invisibilizados por la teoría, los campesinos, o las mujeres.
El otro hecho novedoso es que hablamos de nuevo, en el continente, de revoluciones, pero a partir de conquistas democráticas liberales. La revolución bolivariana; la revolución ciudadana, en Ecuador; la revolución comunitaria, en Bolivia, son todas revoluciones del siglo XXI, en la medida en que no rompieron con la institucionalidad democrática de los países, pero la usan de manera contrahegemónica.
Las oligarquías del continente están ante un problema nuevo. La democracia ha sido llevada realmente en serio por las clases populares y estos cambios se han hecho dentro del marco de la democracia liberal.
Eso nos obliga a luchar contra el surgimiento de nuevos impulsos antidemocráticos. Hay que defender la democracia representativa, y avanzar hacia formas democráticas más amplias.
El Foro Social Mundial, que cumplió diez años, es parte de esa estrategia. ¿Está funcionando? ¿Cuál es el balance de ese foro, qué lecciones ha dejado?
- En enero pasado estuvimos en Porto Alegre más de 30 mil personas haciendo ese balance. Para la gran mayoría fue un balance muy positivo. En gran parte de las luchas progresistas de la década, se ve la presencia del FSM.
El Foro permitió que los miembros del movimiento se conocieran, impulsó la lucha contra el ALCA, contra los TLC, y participó también en la movilización contra la guerra en Irak.
Otro efecto positivo es que algunas de sus banderas fueron apropiadas por el Foro Económico Mundial, como la cuestión de la pobreza, que antes no era tratada. El FSM logró cambiar las agendas de las instituciones hegemónicas. Ahora estamos en otra fase. El imperialismo está de vuelta y muestra eso con el golpe en Honduras, que pretende ser un ejemplo para otros países.
La nueva década no será de tantas conquistas como la anterior. La primera década del milenio fue una década donde el imperialismo estaba distraído en el pantano de Irak y Medio Oriente.
Las otras señales son las siete bases militares en Colombia, la conformación nuevamente de la IV Flota en el Atlántico, y ahora vemos a los marines entrando en Costa Rica. El pretexto es el combate al narcotráfico, como antes fue el combate al comunismo.
Estamos viendo una remilitarización del continente, y eso no es un buen augurio.
De los gobiernos que proponen nuevos modelos, como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia, o, de otra manera, el del mismo Brasil, ¿qué lecciones podemos aprender?
- Donde estamos reinventando el estado moderno es básicamente en Ecuador y Bolivia. Es ahí donde veo las formas más novedosas de cambios institucionales para crear una alternativa a la lógica nacional, burocrática, monocultural, del Estado moderno. Eso se está haciendo mediante cambios en las constituciones, donde se defiende un Estado plurinacional. Es una idea novedosa: todos son ecuatorianos, pero hay una manera diferente de pertenecer a la nación ecuatoriana.
La constitución de Bolivia da un paso más allá, porque dice que hay tres formas de democracia: la representativa, la participativa y la comunitaria.
La tercera es nueva y será difícil integrarla en el viejo concepto. Son también la forma de los zapatistas, de “mandar obedeciendo”.
Hay una riqueza en estas constituciones porque son populares. Se trata de un constitucionalismo transformador que empezó en el 88, en Brasil, y que culmina con las constituciones de Ecuador y Bolivia.
Por otro lado, la economía tiene otros principios. Hay un nuevo nacionalismo popular en el manejo de los recursos naturales, que no tiene un sentido anticapitalista, sino más bien nacionalista. Pero presenta la posibilidad de un desarrollo que no es capitalista, es sumak kawsay, que quiere decir “buen vivir”. Es también la consigna de los zapatistas. Son nuevos términos que apuntan a nuevos modelos de desarrollo, que no son ni capitalistas ni socialistas, en sentido eurocéntrico.
Por otro lado, está Cuba. No se trata de una propuesta nueva, la revolución cumplió ya 50 años. En su opinión, ¿sigue vigente?
- ¿Por qué Cuba se tornó un problema tan difícil para la izquierda? Escribí un texto sobre eso, que me solicitó Casa de las Américas.
Hasta el último momento la ortodoxia no dejó que se publicara en Cuba, pero sé que ha circulado muy fuertemente en el país.
Lo que digo es que Cuba, como está, no tiene futuro, es un modelo agotado. Pero es un modelo de socialismo que admite otras formas. No tiene que ser una reversión al capitalismo. Lo que hace que una sociedad sea capitalista no es que todas las relaciones sean capitalistas, sino que sea capitalista la lógica global del sistema.
Ese país es el único donde se podrían hacer experiencias del socialismo del siglo XXI, porque puede permitirse relaciones capitalistas. Puede haber hoteles privados, pero la organización puede ser socialista. Para eso propongo una serie de formas de democracia participativa, y no como ahora, que están bastante monopolizadas por el partido. Formas diversas de propiedad, incluyendo la propiedad privada, pero también la cooperativa, o la comunal, con protección especial del Estado a estas formas no capitalistas, utilizando muchas de las sinergias de la economía solidaria, que pueden ser muy productivas.
No es bueno para el futuro de Cuba que todos los cambios, que son aprobados por la opinión pública, parezcan que son una concesión a presiones externas. También hay que decir que el embargo a que los tiene sometidos los Estados Unidos es uno de los actos políticos más injustos y dañinos. Pero no explica todo.
Si en América Latina hay una búsqueda muy variada de nuevas formas de organización política, en Europa resurge un conservadurismo alimentado por la crisis. ¿Hacia dónde va esa Europa?
- Es una tragedia griega. Los principios de la UE, de cohesión y solidaridad, hoy son cada vez más problemáticos, enfrentados al neoliberalismo.
Siempre estuvo claro que una moneda única, no fundada en políticas públicas fuertes, sería siempre una moneda frágil. Durante mucho tiempo eso no se percibió debido a la debilidad del dólar.
Algunos de los problemas políticos del Medio Oriente tienen un componente casi olvidado. Sadan Hussein había decidido poner parte de sus reservas en euros, no en dólares, porque pensaba que el euro sería más estable.
China también intentó diversificar sus reservas y el euro se quedó como una alternativa al dólar.
Pero eso era imposible de tolerar para Washington, porque la economía norteamericana se sostiene sobre la base de que el dólar es la moneda internacional y Estados Unidos tiene el privilegio de imprimirla. Sin ese privilegio, la economía norteamericana no se mantiene.
La crisis del euro fue provocada por los hedge funds que, en enero del 2010, decidieron atacar el euro a través de Grecia, considerada el eslabón débil del sistema monetario europeo.
Angela Merkel decidió que era más importante ganar las elecciones en una región en Alemania que ayudar a Grecia y este retraso permitió el ataque, y que el neoliberalismo se introdujera como un caballo de Troya.
Cuando estalló la crisis del 2008, Estados Unidos prohibió que el Banco Mundial interviniera. En Europa, por el contrario, es Merkel quien llama al FMI. ¿Para qué? Para salvar los bancos alemanes, que son los titulares de la deuda griega.
El resultado puede ser un desastre. Algunos economistas ya piden que ciertos países se salgan del euro.