sábado, 18 de septiembre de 2010

Crimen organizado, violencia y los Estados Unidos

El narcotráfico y otras formas de asociación que generan violencia social, les ofrece la coartada perfecta a los Estados Unidos para tener una presencia constante en la región, presencia que es cada vez más militar, a tono con las políticas represivas y de mano dura que prevalecen.
Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
(Ilustración tomada de www.elpais.cr)
En menos de un mes, tres acontecimientos vinculados al crimen organizado sacudieron a México y Centroamérica:1) El asesinato de 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos, en tránsito hacia Estados Unidos en Tamaulipas, México; 2) La captura de dos importantes “capos” del narcotráfico también en ese país; 3) El paro de transporte decretado por las maras en El Salvador como parte de una estrategia para presionar al gobierno que estaba tramitando una ley que endurecía penas contra ellos.
La escalada de violencia desborda la capacidad de respuesta de los Estados, que optan por políticas de mano dura que, sin embargo, como se viene demostrando de forma reiterada, no dan ningún resultado porque, en vez de disminuir, los índices de violencia crecen exponencialmente no solo en número sino, también, en sadismo y perversión.
La población está asustada; ciudades como Ciudad de Guatemala, de más de tres millones de habitantes, queda casi vacía antes de las 7 de la noche porque la gente se parapeta en sus casas, sitio en los que otrora se sentían seguros pero ya no. Los niños y adolescentes de las clases medias socializan desde sus habitaciones a través de chat y las redes sociales como Facebook y Twitter. Los de las clases populares ven televisión, se juntan en las esquinas y ven con recelo a las barras de la calle de al lado.
El tercer actor en disputa en esta lid, además del Estado y el crimen organizado, son los Estados Unidos, que cada vez está más presente en la región en el papel de la caballería que salía al rescate en las películas del Oeste en el momento más crítico, cuando los apaches o los comanches estaban a punto de degollar y despojar de sus cuellos cabelludos a los pacíficos colonos portadores del progreso y la civilización.
El suyo es un papel interesado. El narcotráfico y otras formas de asociación que generan violencia social, les ofrece la coartada perfecta para tener una presencia constante en la región, presencia que es cada vez más militar, a tono con las políticas represivas y de mano dura que prevalecen.
En Costa Rica, el gobierno de la señora Laura Chinchilla le exige al gobierno norteamericano que coopere más, y le sugiere un plan similar a la Iniciativa Mérida. En ese contexto es que en la Asamblea Legislativa se aprueba la llegada de una verdadera armada norteamericana al país, misma que, hasta el momento, no ha detectado ningún alijo de droga, a ningún capo de ningún cartel local ni foráneo, ni ha provocado la disminución de la creciente violencia social.
Pero los Estados Unidos están ahí, profitando del miedo y el desabarajuste, como igual lo hicieron en Haití a cuenta del terremoto. Es una cara del smart power de Obama, la expresión contemporánea de la Doctrina Monroe de América para los Americanos y que antes se expreso en la Diplomacia del Dólar, la Política del Buen Vecino, la Política del Gran Garrote, la Alianza para el Progreso y otras.
Los norteamericanos vienen ahora como los grandes salvadores o, mejor dicho, como los únicos salvadores, y sacan a relucir sus buques, sus helicópteros artillados que, como todos saben, no tienen nada que hacer contra el narcotráfico y la violencia organizada, pero que vigilan y cercan a quienes, díscolos y rebeldes le hacen la vida imposible en América Latina.
¿Le conviene a los Estados Unidos que cese la violencia y el tráfico de drogas? No. Es por eso que no solo no los combaten efectivamente sino participan, con ellos, del negocio. No es que veamos diablos norteamericanos por todas partes y rehuyamos la cuota de responsabilidad que, eventualmente, atañe a la parte latinoamericana, pero es que el “hermano mayor” es el que marcha a la vanguardia en este tipo de cosas.