sábado, 30 de octubre de 2010

Costa Rica: ¿bregando por el retorno del ejército?

Con tesón e inteligencia, se viene haciendo en Costa Rica una campaña que apuesta por el retorno del ejército. Primero fue el tema de la inseguridad; luego fue el problema del trasiego de drogas y la necesidad de militarizar espuriamente al país a través de la presencia de una verdadera armada Norteamérica; el último incidente es la alharaca que se arma en torno a un supuesto accidente con Nicaragua debido al dragado del río San Juan, fronterizo entre ambas naciones.
Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
Una larga lista de hechos se encadena para sustentar el temor de que en Costa Rica se esté bregando, intensamente, por volver a la senda del militarismo. Como es sabido, en 1949 este país tuvo la lucidez suficiente de deshacerse de esa costosa y, las más de las veces inoperante, estructura que es el Ejército.
Fue un paso visionario dado sin mayores aspavientos, que en este país se simboliza con la figura del entonces presidente de la República, José Figueres Ferrer, dándole un mazazo a la pared de uno los cuarteles emblemáticos de la época.
Dado el papel que han jugado los ejércitos en nuestras tierras, luego de la debacle de los años duros en los que coroneles y generales se dieron a la tarea de perseguir a sangre y fuego a todo aquel que no pensara como su cavernícola cerebro dictaba, uno podría estar tentado a pensar que la decisión de los costarricenses constituyó una verdadera revolución silenciosa de profundas y duraderas consecuencias.
Porque abolir el ejército no significa solamente eliminar el aparato como tal sino, además, construir una estructura paralela e independiente que fortalezca el Estado de derecho y, más que eso, una cultura del diálogo y la negociación en la que ninguna de las partes puede acudir, aunque sea en última instancia, al garrotazo que dejé fuera de combate al contrincante. Ésta última es, sin duda, la más ardua de todas las tareas, porque se refiere a aquel ámbito de lo social que es más renuente a amoldarse de acuerdo a los cambios que eventualmente pueden darse en el orden de lo material.
Los costarricenses han hecho mucho en la construcción de ese camino civilista: hay una arraigada conciencia de las bondades que acarreó esa decisión del año 49, y han incorporado a su imaginario ideas de carácter mitológico que la aprueban y refuerzan. Así, los ticos se autocalifican como pacíficos, y buscan las raíces de tal caracterización hasta en los remotos tiempos coloniales e, incluso, en la bucólica tranquilidad de sus valles y montañas que, supuestamente, habrían perfilado un carácter nacional propicio para una introspección huraña.
La forma como se refieren a este “rasgo nacional” de su personalidad social llega casi a rozar una especie de determinismo biológico que establecería que los costarricenses son pacíficos “por nacimiento”.
Quiere decir todo esto que en el país el civilismo ha echado raíces profundas, hasta el grado de construirse un andamiaje ideológico que pone al civilismo como uno de los rasgos definitorios de la “especificidad” costarricense.
No todos, sin embargo, están contentos con esto. Los brotes militaristas aparecen aquí y acuyá con cierta frecuencia, y son de distinto orden e importancia. Por allá aparece, de pronto, un jefe policial enamorado de kepis y charreteras y no duda de exhibirse en público con su indumentaria que, vista en un contexto tan ajeno a tales embelesamientos, rápidamente es ridiculizada por la chanza popular.
Pero no todo es tan inocente. Hay otros que apuestan por algo más que la indumentaria próxima a lo circense de algún jefecito de policía. Atrás de tales intenciones hay intereses económicos y políticos para los que tener un ejército nacional puede significar un negocio con jugosos dividendos monetarios, o una forma “expedita” de burlar las a veces largas y tediosas vías de la negociación: conforme crece y se concentra la riqueza, aumenta el número de quienes se enervan por tener que compartir la toma de decisiones con los “fracasados” sin poder económico que ahora parecen ser “ingobernables”.
Pero en un contexto en el que se encuentran tan arraigadas las ideas contrarias al ejército, ¿cómo hacer?
Con tesón e inteligencia, se viene haciendo una campaña que apuesta por el retorno del ejército. Primero fue el tema de la inseguridad y de la incapacidad de la policía para hacerle frente: las casas del pequeño país centroamericano se transformaron en pequeñas fortalezas alambradas y proliferaron los condominios con guardas privados, a tal punto que hoy son más los policías de este tipo que los adscritos al Ministerio de Seguridad Pública.
Luego fue el problema del trasiego de drogas y, asociado a ello, la necesidad de militarizar espuriamente al país a través de la presencia de una verdadera armada Norteamérica que llegó a perseguir narcotraficantes con portaviones.
El último incidente es la alharaca que se arma en torno a un supuesto accidente con Nicaragua debido al dragado del río San Juan, fronterizo entre ambas naciones. Para la frontera fue enviada una pequeña “fuerza armada” costarricense, con policías en traje de fatiga, cascos y tolvas de balas atravesadas sobre el pecho, para enfrentar una amenaza que nunca apareció. En el bullicio participan interesados e ingenuos, instigadores y tontos que nunca faltan, y que siempre del lado costarricense remiten los recurrentes temas fronterizos entre ambos países a las conveniencias políticas de los nicas, perdiendo de vista lo que pasa bajo sus narices en su propio país.
Todos estos hechos deben ser entendidos en su conjunto, unidos por intenciones aviesas que buscan revertir una situación que constituye un avance social y político sin precedentes en América Latina.

Néstor Kirchner, la tercera etapa del peronismo

Kirchner fue un líder apasionado que se inmoló en el fuego de su propia pasión; frente a una condición física que le imponía reposo, prefirió el fragor de la tribuna política que lo llevó a la muerte. La trascendente repercusión de su extinción y su multitudinario velatorio son el correlato de un mandatario que ingresa por la puerta grande de la historia.
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Roberto Utrero / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Desde Córdoba, Argentina
El peronismo es el fenómeno político argentino más gravitante desde hace 65 años, más precisamente desde el 17 de octubre de 1945. Desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón, su conductor, se destacó por su profunda voluntad de cambio, hecho que ha sido el factor relevante de cada una de las etapas en que el peronismo ha ejercido el gobierno de la República Argentina y, por lo mismo, desbordado generador de amor y odio.
El período que va desde 1945 a 1955, marca un proceso histórico fundamental dentro del país, instaurando el Estado de Bienestar, haciendo posible la industrialización por sustitución de importaciones, una movilización social, tanto en lo espacial como en su ascenso vertical y una clara definición de una América Latina integrada.
La fecha de octubre aludida, que luego va a ser reconocida como el “Día de la Lealtad”, tiene que ver con la participación del entonces, Coronel Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión y sus políticas de inclusión de derechos sociales, impensados para las clases bajas y los asalariados, tradicionalmente explotados y olvidados por los gobiernos anteriores. Una serie de leyes y reivindicaciones a favor de los trabajadores, hacen que los mismos se incorporen como la “columna vertebral” del Movimiento Justicialista.
No bien llegado Perón al cargo suscribe el Estatuto del Peón de Campo, destacando su dignidad de trabajadores en relación de dependencia por primera vez, a un sector que mantenía condiciones cercanas a la servidumbre, justamente en las tareas de la actividad mejor remunerada de la Argentina y por la cual era distinguida en el mundo entero.
El fuerte impulso de la industrialización, requirió mucha mano de obra capacitada, por lo que se multiplicaron las escuelas de artes y oficios y la Universidad Obrera, hoy Tecnológica Nacional, proveyó los ingenieros. Surgieron los polos de desarrollo industrial de Córdoba y del Gran Buenos Aires, cuyos obreros fueron sindicalizados y comenzaron a disfrutar de los beneficios de las obras sociales, manejadas por los mismos gremios.
Todo un nuevo espectro social irrumpió en el país, en donde los morochos del interior llegados a la Capital, comenzaron a ser reconocidos como los “cabecitas negras” o “descamizados” y que hasta el momento habían permanecido sumergidos e invisibles. Ellos serán los que caído el régimen, serán estigmatizados bajo el perverso epíteto de: el aluvión zoológico.
Terminada la Segunda Guerra Mundial y con un contexto internacional adverso, dadas las sospechas de su relación con el nazismo, Perón intentó por todos los medios de hacer efectiva la doctrina de la Tercera Posición, de modo situarse alejado de los dos extremos en que había quedado dividido el mundo: el capitalismo Occidental, encabezado por Estados Unidos y el comunismo soviético de Stalin. Entendía, según sus propias palabras, que América Latina debía integrarse, para que “el año 2000 nos encontrara unidos o dominados”.
El ABC, fue el primer intento de integración regional, que en los años cincuenta pretendió vincular a los gobiernos de Argentina, Brasil y Chile. Bloque pequeño del cono Sur que no pudo prosperar dados los enfrentamientos internos de cada país. Estos hechos cobran tal gravedad, que lo llevan al presidente Getulio Vargas al suicidio en 1954 y a varios golpes al General Perón, hasta su caída en 1955.
Proscripto durante 18 años, el viejo líder a su regreso de España, está enfermo y agotado para poder hacer frente a los enfrentamientos que plantean los años setenta. Su rechazo a la juventud el 1º de mayo de 1974, inaugura uno de los períodos más sangrientos de la historia argentina, dando paso luego de su muerte, al fugaz gobierno de Isabel Perón y su destitución por las Fuerzas Armadas.
Este período violento no tuvo connotaciones políticas transformadoras como para considerarlo como una etapa decisiva, salvo el sacudón económico del “Rodrigazo”, y los militares que vinieron después sumieron al país en la noche más negra, cuyas consecuencias aun ahogan a la sociedad.
Con Carlos Menem, se produce una alianza popular conservadora, que habiendo subido al gobierno con el apoyo de los sectores populares, tras la hiperinflación y la debilidad de Alfonsín, puede hacer efectivo el decálogo del Consenso de Washington.
El ventarrón levantado por la globalización fue el pretexto ideológico para fundamentar las acciones emprendidas, en un mundo que se sacudía por la caída del Muro de Berlín.
Allí, a propios y ajenos nos costaba reconocer a un gobierno justicialista. Su acción transformadora atacó la estructura económica y social, continuando con lo iniciado por la dictadura militar y generando cambios sin precedentes que arrastrarán al país a la crisis del 2001.
Apertura económica, desregulación, privatización de servicios y convertibilidad, son los grandes ejes que desencadenarán desempleo, exclusión y pobreza de millares de integrantes de la clase media y asalariados. Por otra parte, esto concentró el poder de los grupos económicos tanto nacionales como extranjeros, que definieron el rumbo de la economía nacional por fuera de la política.
Pese a las graves consecuencias del modelo liderado por el binomio Menem-Cavallo, tampoco se puede dejar de reconocer en él, un fuerte liderazgo comprometido con una acción transformadora y con una inserción internacional bien definida. Las “relaciones carnales” con Estados Unidos fueron una clara opción, frente al reclamo de la contigüidad subcontinental.
Ha sido ampliamente divulgada la crisis de gobernabilidad del 2001, generada por la huida del gobierno de De la Rua, los cinco presidentes de la emergencia, hasta la asunción de Eduardo Duhalde. El posterior llamado a elecciones, la renuncia de Menem como candidato a la segunda vuelta a favor de Néstor Kirchner, abrieron la puerta a esta tercera etapa del peronismo.
El país estaba en pésimas condiciones, con más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza y con la autoestima por el suelo. Había que ponerlo de pie.
Tenía por lo tanto un tremendo desafío, que según un economista analista del modelo kirchnerista, podría sintetizarse en tres objetivos económicos: reindustrialización, generación de empleo y fortalecimiento del mercado interno.[1]
Se tomaron medidas importantes que fortalecieron al Estado y se subordinó la economía a la política. Lentamente se desplazó esa preeminencia adquirida por el mercado en los noventa y comenzó una etapa de crecimiento sostenido que aun perdura.
Crecieron las reservas y posibilitaron saldar compromisos con el Fondo Monetario Internacional, cambiando sustancialmente la situación con los organismos financieros internacionales.
Convengamos que toda interpretación es subjetiva y muchos temas importantes suelen eludirse en la emergencia, pero hay líneas importantes que nos recuerdan un retorno al modelo nacional y popular. Tanto en lo interno, retomando la construcción de la comunidad organizada, como en lo referente al concepto de Patria Grande, extendido a toda América Latina. Volvía nuevamente a reinstalarse un lenguaje que parecía sepultado por el olvido de los años neoliberales.
Cuestiones fundamentales que han tenido continuidad durante estos años de gobierno de su esposa, Cristina Fernández y que han asegurado la construcción de un modelo de sociedad seriamente defendido por los sectores populares.
Más allá de ello, es innegable la acción y liderazgo de Néstor Kirchner en América Latina, antes y después de asumir como Secretario de UNASUR. Teniendo como prueba concreta su acción frente al conflicto entre Colombia y Venezuela, hecho destacado por los presidentes de ambos países. Acá también está de manifiesto esa vocación intrínseca y cara del peronismo de los primeros tiempos.
En lo personal, Kirchner fue un líder apasionado que se inmoló en el fuego de su propia pasión, frente a una condición física que le imponía reposo, prefirió el fragor de la tribuna política que lo llevó a la muerte.
La trascendente repercusión de su extinción y su multitudinario velatorio son el correlato de un mandatario que ingresa por la puerta grande de la historia.
NOTA
[1] FRASCHINA, Juan S., El modelo económico kirchnerista, Buenos Aires, GEENaP/EC, 2010, en Realidad Económica Nº 252, pág. 257.

François Houtart: crisis de civilización y nueva utopía

Es necesario realizar una ruptura con la idea dominante que asocia “desarrollo” con “occidentalización”, y al mismo tiempo, hacer de la especificidad cultural un factor primordial de la nueva forma de pensar el desarrollo.
Andrés Mora Ramírez /AUNA-Costa Rica
François Houtart, uno de los intelectuales críticos y activistas altermundistas más reconocidos a nivel internacional, visitó Costa Rica para dictar una conferencia en la Universidad Nacional (27 de octubre), en la que reflexionó sobre los alcances de la crisis a la que nos enfrentamos, y expuso algunas propuestas o grandes ejes de pensamiento, que podrían animar y estimular la búsqueda de alternativas y soluciones.
Aunque su estadía en el país fue “invisibilizada" por los medios de comunicación hegemónicos, queremos destacar en estas líneas las principales ideas expuestas por el teólogo y sociólogo belga: un hombre que se ha ganado el respeto y reconocimiento por cultivar, a lo largo de los años, esa difícil virtud que hace de la consecuencia entre pensamiento y acción una forma de vida.
Múltiples expresiones de una crisis sistémica.
Para Houtart, asistimos hoy a una profunda crisis de la civilización occidental moderna: esa que nació con la expansión y conquista europea de los territorios del “nuevo mundo”, y al amparo del pensamiento eurocéntrico y el desarrollo del capitalismo (mercantilista, en un momento inicial; industrial-extractivista, más tarde, y financiero-informacional, en nuestros días).
Cuatro son las dimensiones más visibles, aunque por cierto no las únicas, de esta crisis: en primer lugar, la alimentaria, signada por el aumento en los precios de los productos agrícolas en los últimos años, y los movimientos de capitales especulativos hacia este sector de la economía mundial.
En segundo lugar, la crisis energética, que al ritmo de crecimiento de los niveles de consumo actuales, provocará el agotamiento de fuentes energéticas fósiles y minerales en un período de 50 años a un siglo (con el riesgo implícito de que aumenten los proyectos de explotación de la agro-energía); a ello se suma la crisis del cambio climático, cuyos efectos amenazan a grandes sectores de la población mundial, especialmente de los países más pobres e insulares, que llegarían a convertirse en migrantes climáticos.
Finalmente, la última dimensión señalada por Houtart es la crisis de hegemonía –política y económica- de los Estados Unidos, la potencia otrora dominante, que ahora afirma sus espacios de dominación a partir del despliegue de su fuerza militar: las invasiones a Irak y Afganistán, o la instalación de bases militares en zonas geopolíticas y geoeconómicas estratégicas en América Latina –una de las principales “reservas” de recursos naturales del planeta-, así lo confirman.
En el origen de estas múltiples crisis, subyace la lógica de acumulación del capitalismo, que ignora deliberadamente las consecuencias de sus actos. Siendo, entonces, una crisis civilizacional, de sistemas entrelazados e interdependientes, su lectura debe superar la estrecha interpretación que intenta caracterizarla solamente en su perspectiva financiera.
Alternativas y horizonte utópico.
Ante un panorama como este, ¿cuáles son las rutas que podríamos seguir para construir alternativas a esa civilización decadente? Un elemento clave en ese proceso de búsqueda y transformación, explicó Houtart, debe ser el replanteamiento profundo, radical, de los paradigmas dominantes de la civilización moderna, y en particular, del modelo de desarrollo neoliberal, quizá el más destructivo que ha conocido la historia humana.
Esto supone repensar los pilares de la modernidad occidental, posicionándose críticamente frente a ellos, para revertir sus efectos negativos, sus tensiones y contradicciones. Es necesario realizar una ruptura con la idea dominante que asocia “desarrollo” con “occidentalización”, y al mismo tiempo, hacer de la especificidad cultural un factor primordial de la nueva forma de pensar el desarrollo.
Así, un programa mínimo que encauce los esfuerzos de construcción del otro mundo posible requiere, en primera instancia, revertir el paradigma de la dominación y explotación de la naturaleza -que atraviesa la historia del colonialismo y el capitalismo modernos-, para forjar, en su lugar, una relación basada en el respeto y la conciencia de los vínculos profundos que existen entre el medio ambiente y el ser humano.
Además, debe aspirar a la transformación de la lógica dominante de la producción de la vida, es decir, redefinir la economía como la actividad necesaria para producir la vida material, cultural y espiritual, lo que supone, al mismo tiempo, impugnar el dogma capitalista que coloca el valor de cambio por encima del valor de uso de las mercancías.
Un tercer punto a considerar es la democratización social y política, a todo nivel: desde las relaciones humanas más básicas, hasta las instituciones políticas estatales y los organismos internacionales.
Y por último, directamente vinculado con lo anterior, la inclusión de los enfoques de multiculturalidad en “la construcción de una sociedad con oportunidad para todas las culturas, todas las religiones, todas las filosofías y los saberes”.
El plan de acción para llevar adelante este programa requiere “coherencia y unidad en el análisis y la acción”, y su objetivo final ha de ser la consolidación de un nuevo horizonte utópico: el Bien Común de la humanidad, lo que solo podrá alcanzarse mediante la complementariedad de las luchas, de los saberes y la convergencia de los movimientos sociales, si realmente se apuesta por “un proyecto de cambio de largo plazo”.
Precisamente, esta fue la gran lección de la conferencia de Houtart: la necesidad de la utopía, de no abandonar ese camino que, aunque largo y no pocas veces doloroso, ha de ser fecundado por la persistencia, sin olvidar que “lo que no existe hoy, puede existir mañana…”.

Ambiente, cultura, política

En América Latina ya está en curso avanzado el proceso de formación de una cultura capaz de encarar las preocupaciones que inspira el deterioro de la biósfera en la perspectiva de las aspiraciones a un desarrollo humano sostenible que compartimos con la comunidad mundial.
Guillermo Castro H. / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
“Toda gran verdad política es una gran verdad natural”
José Martí, Cuadernos de Apuntes, 18, 1894.
Preguntas, respuestas
La crisis ambiental – y su expresión más visible, el proceso de cambio climático – se ha convertido ya en un tema central de nuestro tiempo. Dicho esto, conviene recordar que, en su carácter y alcance, la crisis abarca una realidad aún más compleja. Así, en lo que hace a las relaciones de nuestra especie con la biosfera, si bien esta crisis no es la única que hemos enfrentado en nuestra historia, es única en múltiples sentidos.
Las anteriores – como la generada por el cambio climático que llevó al fin de la última Edad del Hielo, e inauguró la secuencia de acontecimientos que condujo a los humanos a la agricultura y la civilización – tuvieron en primer término un alcance local; afectaron de manera distinta a sociedades diferentes; afectaron a una especie que no llegaba a los 100 millones de integrantes, y tuvieron un desarrollo fue gradual - y a menudo inadvertido -, que permitió prolongados procesos de adaptación a medida que progresaba la transformación de los ecosistemas. Esta, en cambio, afecta a más de seis mil millones de humanos organizados en sociedades aquejadas por graves problemas internos y relaciones a menudo conflictivas, que no disponen ni de reservas de recursos, ni de los espacios y tiempos necesarios para desplazamientos masivos, y tiende a desarrollarse con creciente intensidad.
Por otra parte esta crisis es, también, la de la cultura y los sistemas institucionales que orientaron la creación y desarrollo de las relaciones de nuestra especie con su entorno natural cuyo deterioro nos aqueja hoy. Se trata, de una crisis de civilización, que nos presenta el desafío de construir la cultura y los sistemas institucionales que permitan, a un tiempo, mitigar el impacto del proceso de destrucción en curso, y aprovechar las oportunidades que ofrece para una adaptación exitosa al mundo que surge de ese proceso. Estamos, así, ante la disyuntiva de avanzar hacia una civilización nueva, que sea sostenible por lo humana que llegue a ser, o retroceder hacia formas cada vez más brutales de barbarie.
En lo que hace al cambio climático, por ejemplo, este deterioro de nuestra civilización en el plano ambiental se hace evidente en el hecho de que – de Rio 92 a Copenhague 2009, y de allí a Cochabamba y Cancún en 2010 – las relaciones entre las sociedades y sus Estados a escala del sistema mundial han pasado de la búsqueda de mecanismos de concertación a un creciente enfrentamiento. En el proceso, la noción misma de sistema internacional se ha visto reducida a su estricta dimensión de sistema interestatal, mientras las sociedades que esos Estados están supuestos a representar despliegan una creciente capacidad de movilización y relacionamiento en sus propios términos, en el mejor de los casos, o un creciente escepticismo respecto a los motivos y propósitos de sus Estados, en el peor.
Esta situación nos obliga tanto a introducir nuevas categorías en la discusión, como a estructurar nuestros debates en términos también nuevos. Por un lado, en efecto, el debate sobre el vínculo entre las dimensiones ambiental y civilizatoria de la crisis demanda conceptos como los de desarrollo desigual y combinado – asociado al de huella ecológica, que expresa las consecuencias ambientales de ese desarrollo así estructurado - para estimular la formulación de preguntas y respuestas realmente innovadoras. Por otro – y por lo mismo - la unidad de análisis de ese debate debe ser por necesidad el sistema mundial, asumiendo en lo más indisoluble de sus vínculos la relación entre el proceso de globalización que da vida a ese sistema, y el carácter siempre glocal de las expresiones de ese proceso en la vida de todas las personas.
En esos términos, por ejemplo, el cambio climático representa sin duda el aspecto principal de la crisis, en cuanto se trata de un proceso natural de variabilidad que se ha visto intensificado por las modalidades de interacción entre sistemas naturales y sistemas sociales que han venido a ser dominantes en nuestra civilización. En lo mejor de sí, el debate en torno a este proceso ha permitido reconocer la necesidad de mitigar sus causas, y promover la adaptación a sus consecuencias.
Sin embargo, en una perspectiva de verdadero alcance civilizatorio, la mitigación sólo será eficaz en la medida en que haga parte de una estrategia de adaptación, y ésta sólo será exitosa si de ella resulta una modalidad distinta de relación de los seres humanos entre sí, y con su entorno natural, y no el mero acomodo de los modos de vida de hoy a un ambiente peor. Allí radica, en lo más sencillo, la diferencia entre el vivir mejor de la civilización que pasa, y el vivir bien que podría dar sentido al esfuerzo que demande crear una civilización nueva.
De política y cultura
Encarar esta tarea demanda entender a la política como cultura en acto, esto es, como ejercicio práctico de los valores y los criterios verdaderamente relevantes en la vida social. Así, por ejemplo, la cultura ambiental correspondiente a la práctica política de la civilización que ha entrado en crisis es aquella que entiende el desarrollo sostenible como crecimiento económico sostenido con mitigación de lo más visible de sus peores consecuencias. Por ello, esa política no puede ir más allá de considerar variables sociales y ambientales de la política económica que esta civilización demanda, ni dejar de presentar esa consideración como prueba de su disposición a encarar los ajustes que demanda la continuidad del orden existente.
Por su parte, tanto el ambientalismo como el conjunto mayor de los nuevos movimientos sociales tienden a distanciarse del desarrollo sostenible así entendido, para ocuparse en cambio del problema de la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie ante la crisis generada por el agotamiento de la civilización que conocemos. La crítica del desarrollo sostenible hace parte, así, del proceso mismo de formación y transformación de la cultura ambiental latinoamericana, en cuanto expresa la pérdida de autoridad moral y política de las organizaciones estatales e interestatales en esta etapa de la crisis del sistema mundial.
Ese deterioro en la relación entre ambas partes se ve agravado, además, por la tendencia de las organizaciones estatales a invocar las virtudes de la ciencia para justificar tanto sus políticas como lo finalmente perverso de muchos de sus efectos. En efecto, esa visión de la ciencia- con su división básica entre lo natural y lo social – expresa en lo más esencial los valores y criterios que animaron al positivismo liberal de fines del siglo XIX. El ambientalismo reclama, en cambio, una visión mucho más integrada del saber humano y su papel en nuestras relaciones con el entorno natural.
No sólo se trata de la reincorporación de los estudios culturales y la historia al conocimiento reconocido como necesario para encarar la crisis ambiental en tanto que crisis de civilización. Se trata, sobre todo, de la demanda de una visión de la ciencia y sus tareas en la que los campos del conocimiento se definen por sus afinidades antes que por sus diferencias, e interactúan entre sí en la formación de campos nuevos mediante procesos de fertilización cruzada, como ocurre en casos como los de la historia ambiental, la ecología política, la economía ecológica y la economía ambiental.
La cultura ambiental latinoamericana en la primera década del siglo XXI
En la visión de la ciencia desde la perspectiva de la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie, la historia – y en particular la historia ambiental –debe ofrecer nuevas oportunidades de relación entre el conocimiento y una acción social orientada por fines conscientes, en cuanto no procura conocer el pasado para explicar el presente, sino comprenderlo como una fuente de opciones de futuro. Para hacerlo, define su objeto como el estudio de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales a lo largo del tiempo, y de las consecuencias de esas interacciones para ambos sistemas, y parte del principio de que nuestros problemas ambientales de hoy son el resultado de las intervenciones de nuestra especie en los ecosistemas de ayer.
Así ejercida, la historia ambiental permite abordar de manera radical – esto es, desde su más profunda raíz histórica – el hecho de que las relaciones entre las sociedades latinoamericanas y los ecosistemas que sostienen su existencia atraviesan por una circunstancia caracterizada por un incremento de conflictos ambientales asociados a la culminación del proceso de transformación masiva de la naturaleza en capital natural puesto en movimiento por la primera Reforma Liberal a mediados del siglo XIX. Esa transformación se despliega ahora con el respaldo de megaproyectos de infraestructura hidráulica, energética, de comunicaciones y transporte, y de explotación masiva de recursos naturales, renovando - a una escala tecnológica superior -, la tradición de explotación extensiva de ventajas comparativas, antes que el fomento y explotación intensiva de nuevas ventajas competitivas.
En esta circunstancia, corresponde la cultura ambiental que requerimos debe ser capaz de explorar en profundidad los vínculos existentes entre los cambios de orden social, tecnológico y político necesarios para enfrentar los desafíos relacionados con el deterioro de nuestro entorno natural y social. Esto implica, en particular, comprender y expresar mucho mejor el vínculo entre el cambio social y el cambio ambiental como una condición indispensable para crear las condiciones de gobernabilidad que nos permitan transformar las relaciones entre nuestra especie y la biosfera.
Estas tareas demandan el fomento de formas de pensamiento capaces de asumir de manera productiva la interdependencia universal de los fenómenos que dan lugar a la crisis. Esto facilitará entender, en relación al cambio climático por ejemplo, que se trata de un proceso natural que puede ser agravado o mitigado por la calidad de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales, cuya expresión es la calidad ambiental. Desde allí, resultará más sencillo entender a la gobernabilidad ambiental como la gestión de los sistemas sociales para la interacción con los sistemas naturales, y comprender que - siendo el ambiente la expresión de la calidad de las interacciones entre sistemas sociales y sistemas naturales -, si deseamos un ambiente distinto debemos contribuir a la creación de sociedades diferentes.
Para propósitos así, necesitamos una cultura ambiental que estimule el desarrollo de nuevas modalidades de organización de los sistemas sociales, que permitan establecer formas de interacción con los sistemas naturales que sean innovadoras por lo sostenibles que lleguen a ser. Y esto supone, como se ve, la necesidad de preservar la credibilidad científica del debate ambiental para garantizar la autoridad política de sus resultados, esto es, fomentando la capacidad de esa cultura para expresar, como lo reclamara José Martí, “la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros.”[1]
Ciencia y política en el debate ambiental
En América Latina ya está en curso avanzado el proceso de formación de una cultura capaz de encarar las preocupaciones que inspira el deterioro de la biósfera en la perspectiva de las aspiraciones a un desarrollo humano sostenible que compartimos con la comunidad mundial. Nuestra región ha hecho ya importantes contribuciones a esa aspiración global, desde fechas tan tempranas como 1980, cuando encontró una primera expresión de gran riqueza y complejidad en la antología Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina, editada por Osvaldo Sunkel y Nicolo Gligo, y publicada conjuntamente por el Fondo de Cultura Económica y la CEPAL.
De entonces acá, el desarrollo de nuestra cultura ambiental se nutre de una amplia gama de fuentes, que abarca desde la dimensión ética aportada por autores vinculados a la Teología de la Liberación, como Leonardo Boff , hasta los saberes populares que se expresan a través de los nuevos movimientos sociales, pasando por una tradición de pensamiento sobre el papel de la naturaleza en el desarrollo de nuestras sociedades que se remonta a fines del siglo XVIII, y alcanza momentos de especial riqueza a fines del XIX y principios del XX, en autores como José Martí. A ese patrimonio cabe agregar, también, el importante papel desempeñado en la formación de nuestra cultura ambiental por la teoría del desarrollo, como marco de referencia, primero, y como objeto de crítica permanente, después. Desde allí, nuestra cultura ambiental – forjada en sus primeras manifestaciones a partir de la actividad de grupos relativamente marginales de intelectuales de capas medias - tiende a incorporarse a la vida política de nuestros países a través de su creciente vinculación con los nuevos movimientos sociales de la ciudad y del campo, y con el debate global sobre estos temas a partir de un enfoque sistémico, inspirado en autores como Ilyá Prigogine e Immanuel Wallerstein.
Por contraste, los organismos internacionales y las burocracias estatales tienden a restringir el vínculo entre ciencia y política a la dimensión técnica de las políticas públicas y las normativas legales correspondientes. No es de extrañar, así, que la incorporación de lo ambiental a la esfera de acción de movimientos sociales de base muy amplia coincida con un intenso cuestionamiento de la institucionalidad generada por el sistema internacional a lo largo de las últimas décadas, y con el agotamiento de las formas de pensamiento, las estructuras y los procedimientos de gestión estatal que caracterizaron al Estado liberal desarrollista en la segunda mitad del siglo XX.
Hoy, por lo mismo, urge encarar y superar la tendencia a limitar los temas de la gobernabilidad a lo institucional y lo normativo, para asociarla de lleno a la gestión política de los conflictos ambientales que tienden a incrementar su número, frecuencia y complejidad en la región. La gran verdad política para la cultura ambiental de nuestra América en nuestro tiempo consiste en que, encerrada en sus capas medias de origen, deriva inevitablemente hacia un conservacionismo conservador. Si realmente aspira a contribuir a la creación de un ambiente nuevo, debe crecer con sus pueblos, para ayudarlos a crecer hasta, juntos, a la capacidad de construir la sociedad nueva de la que ese ambienta ha de ser expresión.
Santo Domingo, 14-15 de octubre / Panamá 21 – 22 de octubre de 2010
NOTA:
[1]
Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 19

Periodismo cómico e infame contra Cuba

Colgar un blog en la web no tiene nada de extraordinario, eso es comidita de todos los días. Lo extraordinario radica en el contenido ético de lo que se comunica. ¿Qué se transmite y cómo se transmite? No se trata de tergiversar la verdad.
Abner Barrera / AUNA-Costa Rica
El Comercio, uno de los diarios de mayor tiraje y circulación en el Perú, que condensa los intereses ideológicos y políticos de la derecha oligárquica limeña, es uno de los medios que a lo largo de sus años, se ha encargado de deslegitimizar los cambios sociales y las revoluciones en América Latina. No es extraño ver en sus páginas, un día sí y otro también, una escalada sistemática de satanización contra los procesos revolucionarios en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Entre sus columnistas internacionales aparecen los publicistas despintados del neoliberalismo; el elenco selecto del circo lo componen Oppenheimer, Montaner, Vargas Llosa entre otros; son los mismos que se han llenado los bolsillos de dólares, a costas de difamar a la revolución cubana.
Para El Comercio, como su nombre lo indica, el ejercicio periodístico radica en comercializar la noticia, tratando de sacar ventajas económicas y políticas, y para eso recurre al ataque calumnioso del adversario. Perversa y maniqueamente presentan al otro -en este caso Cuba-, como representante del mal y ellos -El Comercio- representantes del bien. En días recientes tuvieron que anunciar -porque nadie se había enterado-, que desde hace tres semanas tienen como columnista colaboradora a la auto declarada disidente cubana Yoani Sánchez. ¡Tremendo aporte al periodismo mercantil y contrarrevolucionario!
Se refieren a ella como “la heroína de la libertad de expresión”. Sin tapujos señalan que su columna tiene como objetivo hablar “contra la situación política de Cuba” (o sea el mismo disco vetusto y rayado de los payasos del circo nombrados en el primer párrafo). El Comercio dice que ella escribe su blog desde la isla en tono desafiante a la falta de libertades, y “pese a las amenazas oficialistas y la débil situación económica del país, la bloguera ha prometido quedarse en Cuba, para desde ahí continuar relatándonos la otra vida de la isla”.
Lo cómico es lo contradictorio de esta noticia: señalan -por un lado- que en Cuba no hay libertad de expresión y sin embargo -por otro lado-, afirman que Sánchez escribe desde la isla y lo hace para hablar contra el gobierno. Pregunta: ¿si no hay libertad de expresión en Cuba, cómo es que ella tiene libertad para escribir contra el gobierno cubano? (Como puede verse, estos profesionales de la noticia no se pusieron de acuerdo para fabricar la mentira).
Lo infame es la actitud tanto de El Comercio como de Sánchez; El Comercio, porque so pretexto de libertad de empresa privada y comercial, usa sus recursos para calumniar abiertamente contra la soberanía e independencia del pueblo cubano y no informa absolutamente nada del cruel bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos por más de cincuenta años; y de Sánchez, por su actitud mercenaria al ponerse al servicio de intereses foráneos en contra de su país.
A Sánchez y a su familia el socialismo cubano le posibilitó -y aún le posibilita- los mejores servicios educacionales del mundo y excelentes servicios de salud de forma gratuita, ella no paga vivienda, goza de trabajo y tiene seguridad social. Por lo mismo es que ha decidió quedarse en la isla. En cualquier otro país tendría que pagar por todos esos derechos que hoy disfruta en Cuba.
Sin embargo, ella se dedica a calumniar a su país, porque a cambio recibe distinciones y reconocimientos internacionales. El solo hecho de saber que en el 2008 el diario El País de España le otorgó el premio Ortega y Gasset, desnuda en cuerpo y alma quién es esta mensajera de la libertad.
Presentar a Sánchez como una gran voz disidente es sumarse al juego político contrarrevolucionario y mafioso, dirigido desde Miami. A no pocos peruanos les sorprende que hasta esos bajos fondos de infección moral pueda llegar un diario -como El Comercio- que presume de decente y democrático.
Colgar un blog en la web no tiene nada de extraordinario, eso es comidita de todos los días. Lo extraordinario radica en el contenido ético de lo que se comunica. ¿Qué se transmite y cómo se transmite? No se trata de tergiversar la verdad. En Cuba hay muchos blogueros, al igual que los hay en otros países, pero la mafia de Miami selecciona a quien le pueda ser útil a sus propósitos, por eso escoge al más servil de los mercenarios.
El Comercio, Sánchez y la mafia deberían sacar tiempo para leer el blog La Isla Desconocida de Enrique Ubieta. Si lo que quieren es conocer lo que no se dice de Cuba, ahí tienen una fuente muy rica. Ubieta habla de la isla que el imperio -con un bloqueo por más de cincuenta años- no ha podido aislar; dice lo que los grandes medios callan y ocultan sobre la revolución cubana.
El Comercio compra a la bloguera Sánchez, la cosifica, la recicla y la pone al servicio de la oligarquía limeña, para que no cese de celebrar sus orgías ideológicas contra la revolución cubana.

Dilma: asegurar conquistas y consolidar avances

Votar a Dilma es garantizar las conquistas hechas en favor de las grandes mayorías y consolidar un Estado, cuya Presidenta sabrá cuidar del pueblo, pues es de la esencia de lo femenino cuidar y proteger la vida en todas sus formas.
Leonardo Boff / ADITAL
Brasil ya dejó de «yacer tumbado en espléndida cuna». En los últimos años, particularmente bajo la administración del Presidente Lula, ha conocido transformaciones inéditas en nuestra historia. Son la consecuencia de un proyecto político que ha decido colocar la nación por encima del mercado, que concede una posición central a lo social-popular, consiguiendo integrar a millones y millones de personas, antes condenadas a la exclusión y a morir antes de tiempo. A pesar de las obligaciones que tuvo que asumir impuestas por la macroeconomía neoliberal, no se sometió a los dictámenes provenientes del FMI, del Banco Mundial y de otras instancias que dirigen el curso de la globalización económica. Abrió un camino propio, tan sostenible que afrontó con éxito la profunda crisis económico-financiera que diezmó las economías centrales y que, debido a la escasez creciente de bienes y servicios naturales y al calentamiento global, está poniendo en jaque la propia reproducción del sistema del capital.
El gobierno Lula llevó a cabo la revolución brasilera en el sentido de Caio Prado Jr. en su clásico A Revolução Brasileira (1966): "Transformaciones capaces de reestructurar la vida de un país de manera adecuada a sus necesidades más generales y profundas, y a las aspiraciones de la gran masa de su población… algo que lleve la vida del país por un nuevo rumbo". Esas transformaciones han ocurrido, las necesidades más básicas de comer, vivir, trabajar, estudiar y tener luz y salud han sido, en gran parte, satisfechas. Se ha dado un nuevo rumbo a nuestro país, rumbo que confiere la dignidad siempre negada a las grandes mayorías. Lula nunca traicionó su promesa de erradicar el hambre y de poner el acento en lo social. Su actuación ha sido tan impactante que ha sido considerado uno de los grandes líderes mundiales.
Este inestimable legado no se puede poner en peligro. A pesar de los errores y desviaciones ocurridas durante su gobierno, que hay que reconocer, corregir y sancionar, las transformaciones deben ser consolidadas y completadas. Este es el principal significado de la victoria de la candidata Dilma, que es portadora de las cualidades necesarias para «rehacer» continuadamente el nuevo Brasil.
Para esto es importante derrotar al candidato de la oposición José Serra. Él representa otro proyecto de Brasil que viene del pasado, se reviste de bellas palabras y de propuestas ilusorias pero fundamentalmente es neoliberal y no-popular, y se propone privatizar y debilitar al Estado para permitir la actuación libre del capital privado nacional, articulado con el mundial.
Los ideólogos del PSDB que apoyan a Serra consideran irreversible el proceso de globalización por la vía del mercado, a pesar de estar en crisis. Dicen: debemos insertarnos en él aunque sea de forma subalterna. En caso contrario, nos condenamos a la irrelevancia histórica. Esto aparece claramente cuando Serra aborda la política exterior. Explícitamente se alinea con las potencias centrales, imperialistas y militaristas que persisten en el uso de la violencia para resolver los problemas mundiales, ridiculizando el intento del Presidente Lula de fundar una nueva diplomacia basada en el diálogo y en la negociación sincera sobre la base del gana-gana.
El destino de Brasil dentro de esa opción, está más pendiente de las megafuerzas que controlan el mercado mundial que de las decisiones políticas de los brasileros. La autonomía de Brasil con un proyecto propio de nación que puede ayudar a encontrar un nuevo rumbo salvador a la humanidad, atribulada por tantos peligros, está totalmente ausente de su discurso.
Ese proyecto neoliberal, triunfante en los ocho años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso, realizó hechos importantes, especialmente en la estabilización económica. Pero hizo políticas pobres para los pobres y ricas para los ricos. Las políticas sociales no pasaban de migajas. Los portadores del proyecto neoliberal son sectores ligados al agronegocio de exportación, las élites económico-financieras, modernas en el estilo de vida pero conservadoras en el pensamiento, los representantes de las multinacionales con sede en nuestro país y las fuerzas políticas de la modernización tecnológica sin transformaciones sociales.
Votar a Dilma es garantizar las conquistas hechas en favor de las grandes mayorías y consolidar un Estado, cuya Presidenta sabrá cuidar del pueblo, pues es de la esencia de lo femenino cuidar y proteger la vida en todas sus formas.

Atitlio Borón: “los procesos políticos de cambio en América Latina o se profundizan o la restauración conservadora es inevitable”

Para el politólogo argentino, la lucha emancipadora tiene que ser continental y debe avanzar simultáneamente en procesos integracionistas como la ALBA, Unasur, el Banco del Sur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe.
Fernando Arellano / Cronicon.net y Rebelion
La advertencia es categórica: o se profundizan los cambios en aquellos países de gobiernos progresistas en América Latina o la derecha con la complicidad y el apoyo de Washington retomará el poder para imponer su modelo represivo en lo político, y neoliberal en lo económico. Así analiza la coyuntura sociopolítica de la región el destacado sociólogo y politólogo argentino Atilio Boron.
En el desarrollo de dos charlas que dictó durante el Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo de Buenos Aires y que recoge en esta síntesis el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano (http://www.cronicon.net/ ), Borón hizo un pormenorizado análisis de la situación política del hemisferio, sus escenarios, las amenazas que enfrentan los gobiernos progresistas, y planteó una agenda para un proyecto transformador en las naciones latinoamericanas.
La lucha emancipadora tiene que ser continental, dijo, y recomendó simultáneamente avanzar en procesos integracionistas como la ALBA, Unasur, el Banco del Sur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe.
Una independencia con mucha dependencia
Con la autoridad académica que lo caracteriza, este científico social señaló que el proceso del bicentenario de la independencia de las naciones latinoamericanas es inconcluso y que uno de los mayores obstáculos es el imperialismo norteamericano con sus aliados locales, los grupos dominantes criollos.
“La lucha por la igualdad y la democracia es muy demorada. Es una independencia con mucha dependencia, no obstante que los avances en materia de resistencia a las políticas neoliberales en varios países de la región son muy positivos”, acotó.
Su condición de observador político, catedrático universitario y analista de la realidad socioeconómica de América Latina le permite tener una visión muy certera de los fenómenos sociales que vienen suscitándose a lo largo y ancho del continente. Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Harvard, Magister en Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de Santiago de Chile, y Licenciado en Sociología con diploma de honor de la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, Borón cuenta además con una amplia experiencia como docente. Desde 1986 está vinculado con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de la cual fue su vicerrector, es Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Argentina (CONICET). Entre 1997 y 2006 se desempeñó como secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), ha sido profesor visitante de varias universidades del mundo (entre ellas, Columbia, MIT, UCLA) y actualmente se desempeña como director del PLED, el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Autor de varios libros, entre los cuales se destaca "Imperio e Imperialismo", que obtuvo en 2004 el Premio honorífico de ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas. Por su acuciante actividad investigadora y sus profundos análisis de la realidad latinoamericana, en julio de 2009 le fue concedido el Premio Internacional José Martí por parte de la UNESCO.

La batalla de las ideas es fundamental
En la guerra de los pueblos contra el neoliberalismo y la hegemonía norteamericana, Borón recuerda lo que dijo José Martí: “De pensamiento es la guerra que se nos libra; ganémosla a fuerza de pensamiento.” Es decir, dirigir esta guerra con criterio político es el único modo de ganarla, por eso, agrega, “la batalla de las ideas es fundamental para enfrentar la dominación ideológica, el control monopolista de los medios de comunicación y de las escuelas de economía”.
Pero al mismo tiempo, dice, se debe lograr coordinar la resistencia social para dar la batalla contra el capitalismo. “Los movimientos sociales y las fuerzas populares no pueden dar una lucha local, parcial y parroquial, sino que es necesario concretar una coordinación mundial de todas las resistencias a lo largo y ancho de todos los continentes”, explica.

Lo cierto, colige, es que frente a la crisis de civilización que enfrenta la humanidad, “el mundo no resiste un siglo más de explotación capitalista, porque sostener un sistema consumista como el que practica es insostenible”.
Cuatro realidades sociopolíticas en Latinoamérica
Dentro del contexto latinoamericano, Boron sostiene que claramente se pueden determinar cuatro realidades sociopolíticas:
1. Cuba constituye la excepción en el continente; una revolución triunfante que ha construido un Estado de nuevo tipo y una sociedad no capitalista.
2. Venezuela, Bolivia y Ecuador, cuyos gobiernos impulsan un proyecto radical de transformación social, política y económica pero aún en medio de un Estado capitalista y una sociedad burguesa. No hay solución dentro del capitalismo, es la convicción de estos gobiernos, algo que los distingue de los del siguiente grupo.
3. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, países gobernados por líderes de centroizquierda que no ponen en cuestión la ruta del capitalismo. Su acento está en el impulso de programas de amplio calado social y en un cierto posicionamiento internacional que, en ciertas circunstancias puntuales, los convierte en socios privilegiados de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
4. Países gobernados por la derecha: México, Colombia, Chile y Perú, que mantienen y defienden el modelo neoliberal y son obsecuentes con los dictados de Washington.
Amenazas para el proceso de transformación
Borón es reiterativo en que el principal obstáculo para el desarrollo socioeconómico de los pueblos de América Latina es la hegemonía norteamericana y sus aliados, las oligarquías locales que por proteger sus intereses tienen espíritu de cipayo.
A ello hay que agregar los gobiernos obsecuentes de Washington que en Latinoamérica son una piedra en el zapato para la integración regional como los de México, Colombia, Chile y Perú.
Con estos socios, el Departamento de Estado y el Pentágono dirigen su acción hacia “el control exclusivo de la gran cuenca amazónica, el corazón latinoamericano que alberga grandes riquezas en materia de petróleo, gas, minerales estratégicos, agua, biodiversidad y potencial alimentario”, sostiene este politólogo argentino.
Paraguay bajo ocupación
Además, Borón viene alertando sobre las acciones de ocupación que está desarrollando el gobierno norteamericano en Paraguay, sin que haya logrado despertar la suficiente solidaridad y compresión de la región respecto a lo que está ocurriendo en este país.
“Paraguay está ocupado administrativamente por Estados Unidos; sus agentes torpedean al gobierno de Fernando Lugo y han logrado parar en el Congreso de esta nación el ingreso de Venezuela a Mercosur, que es un proyecto de integración política y económica incompatible con los intereses a largo plazo de Washington”.
En efecto, explica Borón, “el gobierno de Lugo es un inaceptable estorbo para los designios estadounidenses en la región. Si bien hasta el momento Lugo se ha cuidado de mantener muy cordiales relaciones con la Casa Blanca y ha consentido el irritante protagonismo de la embajada en los asuntos internos del Paraguay, un amplio espectro del establishment estadounidense lo percibe con mucha aprensión y lo sataniza como el peligroso bienhechor que, a pesar suyo, puede convertirse en el catalizador de procesos políticos mucho más radicales, al estilo de los que existen en la vecina Bolivia o en el más lejano Ecuador. En las afiebradas alucinaciones de los halcones del Pentágono y el Departamento de Estado, Lugo aparece como una suerte de Kerensky tropical que al igual que su predecesor ruso terminará abriendo la puerta a una insurgencia plebeya de incalculables proyecciones y grávida de serias repercusiones en la geopolítica regional. Esto es así porque Paraguay ocupa un lugar privilegiado para cerrar, desde el Sur, el anillo de bases militares que rodea la gran cuenca amazónica, fuente de toda clase de recursos energéticos, biodiversidad, minerales estratégicos y agua, sobre todo agua. Esa es la razón por la que dos bases ya se han instalado en ese país, en Pedro Juan Caballero y en Mariscal Estigarribia”.
Agenda para un proyecto de transformación
No obstante las múltiples amenazas de Washington y de sus lacayos en el hemisferio, Boron considera que la vía para seguir avanzando en los procesos reformistas y de emancipación está en su profundización.
Por eso su advertencia: “Los procesos políticos de cambio en América Latina o se profundizan o la restauración conservadora es inevitable”.
En ese sentido, el desafío de los gobiernos progresistas es mostrar resultados concretos en reformas sociales, políticas y económicas, por lo cual este politólogo se permite plantear una agenda de temas para un proyecto transformador América Latina que, a manera de enunciado, comprende:
- Repudiar y anular la deuda externa.
- Modificar los regímenes tributarios regresivos, condición necesaria para la reconstrucción del Estado destruido por las políticas neoliberales.
- Profundizar la distribución del ingreso.
- Volver a convertir en bienes públicos derechos esenciales como la salud, la educación, la vivienda, la seguridad social, la recreación.
- Recuperar los recursos naturales.
- Avanzar en los procesos de integración supranacional.
- Impulsar nuevas formas de democracia participativa, que supere las formas arcaicas de la democracia liberal.
No se trata de imponer un esquema uniforme, un modelo único de cambio, porque cada país tiene sus particularidades, sus tradiciones políticas y sus propios métodos para acometer las reformas. Parafraseando el poema de Antonio Machado, Borón concluye diciendo: “militante, no hay modelo, se hace el modelo al andar”.

Pan para hoy, incertidumbre mañana

La extracción empobrece a los países productores y enriquece a las multinacionales. Paga impuestos apenas simbólicos y en ocasiones nada, ya que estos emprendimientos suelen implantarse en limbos jurídicos como las zonas francas y aprovechan todas las ventajas que les ofrecen los países propietarios de esas riquezas.
Raúl Zibechi / Rebelion
La explotación y exportación de recursos primarios o bienes comunes, está permitiendo a los gobiernos de la región atravesar la crisis global sin grandes cataclismos internos, a lo que pueden sumar extensas políticas sociales. Queda en el tintero un amplio debate sobre el modelo extractivo y sus consecuencias a mediano plazo.
El gobierno de Evo Morales consiguió acumular, por vez primera en la historia de Bolivia, reservas internacionales que superan los 9.000 millones de dólares que el próximo año superarán los 10.000 millones. En los últimos 15 años Bolivia casi duplicó el ingreso per cápita pasando de 896 dólares anuales a 1.683 dólares en 2009, aunque esas cifras no contemplan la inflación. Ambos incrementos se deben al impacto de los ingresos que percibe el país por sus exportaciones.
Hace doce años, en 1998, las exportaciones mineras e hidrocarburíferas suponían el 47 por ciento de las exportaciones de Bolivia. Hoy representan el 80 por ciento, según un reciente informe difundido por el CEDLA (Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario). Una tendencia no muy diferente a la que se registra en la mayor parte de los países de la región, donde la reprimarización de la producción y las exportaciones viene siendo la norma. Los altos precios de las commodities alientan esta tendencia que, sin embargo, augura problemas para el futuro inmediato.
Neoliberalismo y neocolonialismo
Por extractivismo entendemos la apropiación de los bienes comunes, de modo directo o indirecto, para convertirlos en mercancías. Se trata de una fase diferente del modelo neoliberal luego de la primera etapa anclada en las privatizaciones, la apertura comercial y financiera y la desregulación laboral. Forma parte del proceso de financierización de las economías, toda vez que podemos considerar el extractivismo como un proceso más especulativo que productivo: las inversiones son mínimas y el retorno del capital es tan veloz como sucede en el sistema financiero.
En la producción de soja, y en otros rubros de la agricultura, se alquilan las tierras y las máquinas, de modo que la inversión fija es muy baja en el conjunto del capital movilizado. Pero el retorno se produce en apenas una cosecha, al cabo de la cual el pool de siembra puede emigrar a cualquier otro lugar porque -precisamente- no se ha fijado en ningún espacio físico. Algo similar sucede con la minería, con la peculiaridad de que las ganancias son fabulosas.
Es un modelo excluyente porque no necesita personas. Más aún, las personas son un obstáculo. Mientras el modelo basado en la producción industrial durante la sustitución de importaciones necesitaba trabajadores calificados y gran cantidad de obreros y empleados en la producción y la distribución, y necesitaba a los consumidores de esas mercancías, con el modelo extractivo sucede todo lo contrario: la mecanización hace irrelevante el trabajo humano (la minería tiene un sistema muy similar al de las plataformas petrolíferas con alta rotación de trabajadores especializados que viven muy lejos del lugar de trabajo). Y no hay consumidores, ya que los productos primarios son exportados a países lejanos para alimentar ganado o para ser procesados.
Es un modo de producir mercancías que destruye la naturaleza. “El proceso de privatización y concesiones de lotes petroleros, gasíferos, mineros y forestales, se ha ido profundizando con los últimos tres gobiernos: Fujimori, Toledo y Alan García. Fujimori dejó el 15 por ciento de la Amazonía lotizada y concesionada; Toledo avanzó puntos más y García ha llegado a privatizar el 72 por ciento del territorio amazónico en lotes concesionados y entregados al gran capital transnacional, muchos de los cuales se superponen a las reservas territoriales de pueblos en aislamiento voluntario”, dijo el dirigente indígena peruano Alberto Pizango al cumplirse el primer aniversario de la masacre de Bagua, el pasado 5 de junio.
Pobreza y control territorial
La extracción empobrece a los países productores y enriquece a las multinacionales. Paga impuestos apenas simbólicos y en ocasiones nada, ya que estos emprendimientos suelen implantarse en limbos jurídicos como las zonas francas y aprovechan todas las ventajas que les ofrecen los países propietarios de esas riquezas.
Forma parte de lo que el geógrafo David Harvey ha definido como “acumulación por desposesión” o, si se prefiere, por robo o apropiación. Aún cuando pueda cuestionarse el desarrollismo, el exctractivismo no se inscribe ni siquiera en esa genealogía, ya que se salta el proceso industrializador en los países donde se instala. El reciente informe del Banco Mundial, Los recursos naturales en América Latina y el Caribe. ¿Más allá de bonanzas y crisis?”, afirma que los países de la región “llegaron a ser de los más prósperos del mundo gracias a la producción de metales precios, azúcar, caucho, granos, café, cobre y petróleo”.
Suena extraño que la expoliación colonial sea leída de ese modo por una institución que pretende orientar las políticas nacionales. Más aún, asegura que “las exportaciones de bienes primarios siempre han activado las economías de la región, llenando las arcas de los gobiernos”, y que América Latina “puede derivar beneficios significativos por ser la mina y el granero” de las economías centrales. Casi un insulto.
Omite, por ejemplo, la creciente militarización de áreas enteras para despejar población molesta para este tipo de acumulación, que tiene en la guerra colombiana su mayor expresión. Los territorios de la guerra son exactamente aquellos donde las multinacionales han puesto sus ojos para apropiarse de los bienes comunes como lo muestran varios estudios. En paralelo, el agronegocio se apropia de millones de hectáreas desplazando a la población campesina productora de alimentos, con lo que la seguridad alimentaria de las naciones de debilita.
En consecuencia, este modelo genera pobreza y exclusión. El economista argentino Claudio Katz recordó un estudio de CEPAL que afirma que en la Argentina el decil más rico tiene un ingreso per cápita mayor que ese mismo sector en los países anglosajones, en tanto la población con menores ingresos es veinte veces más pobre que los estratos más bajos de los países desarrollados.
Debate urgente
Esta etapa del modelo neoliberal está siendo conducida en buena medida por gobiernos progresistas y de izquierda. Desde el lado de quienes defienden los monocultivos, la minería y la explotación de los hidrocarburos pueden aportarse argumentos valiosos para establecer un debate realista sobre los problemas y ventajas del modelo extractivo. Estos emprendimientos aseguran un flujo de caja a los estados para poder cumplir con sus obligaciones, entre las que destacan el pago mensual de salarios y beneficios sociales para los más pobres. Más aún, se podría argumentar que cierto nivel de extractivismo es un “mal necesario” para amasar los excedentes que permitan dar un salto industrialista.
El informe del CEDLA sobre Bolivia señala por lo menos tres debilidades inherentes a este modelo: la volatilidad de los ingresos fiscales por la inestabilidad de los precios internacionales de las commodities; la fragilidad en la ejecución del gasto ya que “la eventual caída de estos ingresos afecta a la ejecución de proyectos estratégicos”; y finalmente que “la creciente explotación de recursos no renovables requiere de fuertes inversiones lo que conduce a que los gobiernos opten por contratan deuda externa a fin de sostener esas inversiones”.
Un problema adicional es que aún no existen actores sociales y políticos poderosos como para presionar para ir más allá del extractivismo. Durante la fase de las privatizaciones existían sujetos que pudieron resistirlas, en particular los sindicatos estatales. Ahora no existen esos sujetos, deben ser construidos en una situación muy compleja: predomina un discurso estatal “progresista” que justifica el extractivismo, pero la mayor parte de la población no puede “ver” el modelo cuyos emprendimientos están en áreas rurales lejanas a las grandes ciudades.
Como mínimo, sería deseable que se instalara un debate público sobre el tema que no se reduzca al porcentaje de impuestos que deben pagar las empresas. Algo se ha avanzado sobre el tema, sobre todo en el costado ambiental. Pero la madeja está lejos de desovillarse: el nudo de la cuestión es cómo transitar de la extracción hacia la producción, no sólo sumando algo de valor agregado (el mal menor) sino estableciendo pautas para un crecimiento autónomo de los precios internacionales, tan caprichosos en sus explosivos aumentos como depredadores en las debacles.

El SUCRE y el tiempo de la emancipación real

Estamos observando la implementación instrumental de una decisión política asumida por los presidentes del ALBA. Su puesta en marcha implica mucho esfuerzo, concertación, compatibilización política y normativa; sin embargo, es el primer intento real de emancipación económica y financiera en América Latina.
Ramiro Lizondo Díaz / ALAI
El Tratado Constitutivo del Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), fue aprobado en un tratado que lo establece como unidad de cuenta común para realizar transacciones comerciales. Fue firmado por los Presidentes del Estado Plurinacional de Bolivia, de la República de Cuba, de la República del Ecuador, de la República de Nicaragua y de la República Bolivariana de Venezuela en Octubre de 2009, y entró en vigencia el día 27 de enero de 2010, al ser ratificado por Cuba y Venezuela. En el mes de Julio de 2010 fue ratificado por Bolivia y Ecuador, y se espera la ratificación por parte de Nicaragua.
El Manifiesto de la Cumbre del Bicentenario, celebrada en Caracas, el 19 de abril de 2010, instruye al Consejo Económico del ALBA presentar un Gran Mapa de Soberanía e Independencia Económica que incluya un Plan para Acelerar la Implementación del SUCRE y ampliar el desarrollo de las Empresas Gran Nacionales y el Banco del ALBA, en una escala que impacte la vida económica de los países del ALBA.
Fue en Cochabamba, el 17 de octubre de 2009 cuando fue aprobada la creación oficial del SUCRE que comenzó a operar en enero de 2010 y la primera transacción se realizó entre Cuba y Venezuela en febrero de este año. La segunda transacción utilizando el SUCRE se realizó entre Venezuela y Ecuador en julio de 2010. Y el 8 de octubre de 2010, se realizó la primera transacción en Sucres entre Bolivia y Venezuela, cuando una empresa de nuestro país, exportó 5 mil toneladas métricas de aceite crudo de soya hacia Venezuela por un valor de 4,2 millones de Sucres equivalentes a $us. 5,3 Millones de dólares.
El SUCRE es una unidad de cuenta y de valor y no una moneda de curso legal. Por lo menos no por ahora. Su principal objetivo es el de reemplazar de manera gradual al dólar en el comercio intrarregional entre los países del ALBA. Con el inicio de las operaciones del SUCRE, la Alianza Bolivariana comienza a redefinir la arquitectura financiera regional al proponerse un Sistema de Pago Internacional al margen del Dólar. De todos los intentos de integración que se dieron en América Latina, éste es el primero que busca la construcción de un espacio regional que tenga su propia unidad de cuenta para sus relaciones comerciales. La forma como funciona este nuevo sistema de moneda virtual permite hacer pagos por operaciones comerciales en el marco del ALBA y su horizonte es convertirse en una moneda física que evite los problemas planteados por las fluctuaciones del dólar.
Estas primeras experiencias con el SUCRE muestran que se requieren esfuerzos adicionales para su implementación gradual y en el futuro abarcar la totalidad de los pagos por el intercambio de bienes y servicios entre los Estados miembros del sistema. Una de las ventajas del SUCRE como medio para direccionar el intercambio es el de orientar determinados objetivos nacionales y regionales; por ejemplo, privilegiar intercambios que vayan a potenciar la soberanía y seguridad alimentaria de los países que lo conforman. Pero todos los bienes y servicios producidos pueden ser intercambiados.
A pesar del poco tiempo de vida, se ha avanzado bastante. La institucionalidad básica del SUCRE consta del Consejo Monetario Regional, la Cámara Central de Compensación y el Fondo de Reserva y Convergencia Comercial cuya reglamentación está en proceso de aprobación. Sin embargo, aún requiere el fortalecimiento de su institucionalidad, la implementación y puesta a prueba de su plataforma tecnológica cuyos sistemas comparte con el Banco del Alba.
La implementación del SUCRE no deja de tener su complejidad. Su incorporación gradual como unidad de cuenta en las relaciones comerciales requiere de acciones concretas por parte de los organismos rectores en materia de comercio, finanzas y control de cambio en cada país miembro. Entre estas acciones están las de definir las listas de bienes y servicios a tramitar por el SUCRE. Estas listas deben ser revisadas y actualizadas en base a criterios comerciales y de reciprocidad entre importaciones y exportaciones entre los países.
Al ser el SUCRE un Sistema de Pagos, su utilidad no se asienta solamente en lograr objetivos comerciales, sino en canalizar flujos de pago. Pasa del simple concepto de administración del comercio de bienes y servicios al manejo de valores. Por eso, es importante conciliar las listas de bienes y servicios entre países con los montos subyacentes a su comercio, sobre la base del comercio histórico entre los mismos para lograr el doble objetivo de administrar el espacio comercial e impulsar su utilización.
La redefinición de listas de bienes y servicios que pueden ser intercambiados, corresponderá a la negociación bilateral entre los Estados parte del SUCRE. En todo caso, se debe ampliar la posibilidad de que las listas no sean únicas y aplicables a todas las contrapartes comerciales de cada país miembro, sino que se puedan manejar listas específicas para cada relación bilateral, ampliándose el universo de bienes, servicios y valores a intercambiarse. Esto promoverá el uso del SUCRE y la configuración de un mercado regional preferencial articulado por este Sistema como llave de entrada a futuros beneficios en la zona ALBA.
Con el SUCRE se crea una nueva alternativa para la canalización de los pagos por el intercambio comercial recíproco entre los países miembros del ALBA, con características totalmente nuevas y sustancialmente diferentes a las existentes en los mecanismos de pagos tradicionales. Las normativas comerciales, tributarias y financieras relacionadas con los pagos internacionales que en algunos casos son incompatibles con la operación de este nuevo Sistema de intercambio comercial debido a medidas como el control de salida de divisas o los regímenes arancelarios o para arancelarios por ejemplo. Hay que adecuar de forma progresiva la normativa comercial en cada país para superar el uso de los mecanismos convencionales en los pagos internacionales tanto como adecuar las regulaciones de control de uso de divisas, de tipos de cambio existentes o la asignación de liquidez en moneda extranjera para expandir el uso del SUCRE. Nunca se dijo que sería fácil, pero lo importante es que ya está funcionando.
Actualmente, el comercio existente entre los Estados miembros se desarrolla de forma directa entre sus empresas privadas, estatales y mixtas, en algunos casos definidos por convenios de cooperación bilateral. Un desafío importante es abrir este Sistema a las pequeñas y medianas empresas, las cuales dispondrán de un mecanismo de pago alternativo más eficiente y barato.
Como parte de la nueva arquitectura financiera está la participación de los Bancos Centrales de los países miembros como las entidades que realizarán los pagos a través de entidades financieras como BOAs (Banco Operativo Autorizado), que corresponderá a la entidad financiera con la que el importador-exportador trabaja en su país de origen. Esto significa que se debe lograr una vinculación activa con los bancos comerciales autorizados en la promoción y utilización del SUCRE.
Definir políticas comerciales en el marco del SUCRE, requiere de información fiable para realizar proyecciones de comercio y precisar los recursos financieros necesarios para ello. Por eso, otra acción importante es la de llevar a cabo un estudio sobre las regulaciones comerciales y monetarias vigentes en cada Estado miembro del SUCRE que permita conocer la situación comercial interregional mediante un sistema de información y análisis de datos sobre intercambio comercial y de servicios dentro de la Zona ALBA.
Otras acciones importantes son las de impulsar en el corto plazo la utilización del SUCRE por parte de las entidades y empresas de los países miembros del sistema, ampliándose a la Zona de Complementación Económica Regional a través de la participación de las empresas gran nacionales y empresas binacionales creadas en el marco del ALBA-TCP. Tanto el Banco del Alba como el SUCRE, son mecanismos e instituciones creadas en el marco del ALBA-TCP, por lo que es necesario que éstas deban incluir la posibilidad de transacciones comerciales en Sucres y estar reflejada en las Actas Constitutivas y normativas de las Empresas Gran Nacionales y Empresas Binacionales que se están creando en diferentes ámbitos.
En la VIII Reunión del Directorio Ejecutivo del Consejo Monetario Regional del SUCRE llevada a cabo en la ciudad de La Paz, se habló incluso de fomentar y apresurar la creación de empresas gran nacionales estratégicas como las de la industria forestal, de comunicaciones y de transporte aéreo. No solo para introducir mecanismos de regulación de los mercados en algunos casos con presencia de agentes monopólicos, sino para ampliar la cobertura y mejorar la calidad de los bienes y servicios que se ofertan a los ciudadanos. Esto requiere una mayor coordinación entre el Consejo Monetario Regional del SUCRE y el Banco del ALBA en función de los acuerdos de las Cumbres Presidenciales y el espíritu de este nuevo modelo de integración e intercambio.
Al alcanzar la plena operatividad del Fondo de Reservas y Convergencia Comercial, se deben promover proyectos que eliminen desequilibrios en el marco del espíritu del SUCRE y de las relaciones de colaboración, complementariedad y reciprocidad del sistema. Ampliar el alcance y la cobertura del SUCRE en el mediano plazo hasta lograr un mayor peso relativo como sistema de pagos en el comercio regional es un desafío que se puede lograr en el corto plazo. A la fecha existen al menos 17 proyectos que quieren usar este mecanismo y están iniciando sus trámites en la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Regional y los Bancos Centrales de sus respectivos países.
En todo caso, estamos observando la implementación instrumental de una decisión política asumida por los presidentes del ALBA. Su puesta en marcha implica mucho esfuerzo, concertación, compatibilización política y normativa; sin embargo, es el primer intento real de emancipación económica y financiera en América Latina.

Carlos Castresana: "Había una trama para matarme en Guatemala"

El fiscal Carlos Castresana, quien presidió hasta hace dos meses la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, afirma en esta entrevista que este país está muy mal, pero que si se organiza debidamente, tiene salvación y no está condenado a convertirse en un Estado fallido.
Jesús Duva / El País (España)
Logró sentar en el banquillo a Jesús Gil, el todopoderoso presidente del Atlético de Madrid y luego alcalde de Marbella, en lo que representó la primera batalla jurídica contra la corrupción. Impulsó el proceso contra el ex dictador chileno Augusto Pinochet. Intervino decisivamente en el procesamiento del presidente guatemalteco Alfonso Portillo por corrupción. Ha sido el azote de corruptos y narcotraficantes. Y durante los últimos tres años ha sido jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Inició una investigación que hace unos días culminó con la detención en Madrid de Carlos Vielmann, ex ministro de Gobernación, por su presunta implicación en la ejecución extrajudicial de siete presos. Hace un par de meses dejó el cargo y volvió a España, donde ocupa una plaza en la Fiscalía del Tribunal Supremo. La campaña de acoso y derribo desatada contra él, así como el serio riesgo que corría su vida, fueron el desencadenante de su regreso.
Carlos Castresana Fernández (Madrid, 1957) cree que Guatemala está muy mal, pero que si se organiza debidamente, tiene salvación y no es un país condenado a convertirse en un Estado fallido. Cuando él llegó allí en 2007 era el flamante comisionado designado por la ONU, pero no tenía personal, ni sede, ni presupuesto, ni infraestructura. Sus primeros meses de mandato los tuvo que dedicar a poner aquello en pie.
Cuando aterrizó de lleno, se dio cuenta de que la situación era peor de lo que él mismo creía: había una corrupción endémica, una situación casi de colapso del sistema de seguridad y justicia, de forma tal que el 98% de los delitos quedaban impunes. No solo las instituciones eran ineficientes, sino que estaban infiltradas y domeñadas por estructuras criminales muy poderosas que las impedían funcionar. LEA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUÍ

Puerto Rico: Se mueve hacia la izquierda

El inusual fortalecimiento simultáneo de todas las formaciones políticas de un lado al otro se hace más novedoso en los independentistas y la izquierda socialista, cuya eventual desaparición era tomada como un hecho consumado ante el avance del anexionismo y la consolidación de las posiciones conservadoras en el autonomismo.
Jesús Dávila / ALAI
El eje del discurso político en Puerto Rico da señales de estarse moviendo hacia la izquierda mientras el deterioro económico se hace más grave, los sectores partidarios se realinean con un vigor renovado y el país sigue aguardando por el anuncio de cuál será la nueva política de Washington sobre la condición de esta colonia del noreste del Caribe.
El inusual fortalecimiento simultáneo de todas las formaciones políticas de un lado al otro se hace más novedoso en los independentistas y la izquierda socialista, cuya eventual desaparición era tomada como un hecho consumado ante el avance del anexionismo y la consolidación de las posiciones conservadoras en el autonomismo.
El cambio de posición del eje político se hizo evidente cuando el Gobernador Luis Fortuño, del Partido Nuevo Progresista, anunció esta semana una reforma con el doble objetivo de imponer tributo a las corporaciones extranjeras y bajar a la mitad las tasas de los impuestos sobre ingresos. De igual forma, el Partido Independentista Puertorriqueño ha logrado un prestigio tal que ha llevado a que los medios de noticias vuelvan a darle atención destacada y se anunció la creación del provisionalmente llamado “partido del pueblo trabajador”, que se propone usar como método de organización electoral el modelo de democracia participativa ensayado por los estudiantes en la pasada huelga universitaria.
Hasta en el autonomismo, donde se reafirma la posición histórica de defensa del actual régimen denominado Estado Libre Asociado, está cuajando otro partido nuevo denominado el Movimiento Unido Soberanista (MUS) que busca convocar el voto disperso a favor de que esta nación pase a ser una república asociada de Estados Unidos. A eso, el presidente del Partido Popular Democrático, Héctor Ferrer, le da tribuna destacada a los legisladores del “ala soberanista” a la vez que le ha hecho un llamado público al MUS para que se concentre en enfrentar al Partido Independentista.
El panorama no se agota con los tres partidos establecidos en el siglo XX y los dos partidos nuevos para la competencia electoral de 2012, sino que incluye grupos como la Organización Socialista Internacional, la Unión de Juventudes Socialistas, el Partido Comunista, la Coordinadora Caribeña y otros, que salieron fortalecidos de la huelga universitaria. Hasta el clandestino Ejército Popular Boricua-Macheteros ha difundido –para sorpresa de muchos- que sus comandos ya están en posición para emprender nuevas acciones armadas.
En el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, donde todavía no hay decisión anunciada sobre si se apoyará al MUS o al partido del pueblo trabajador, está sobre la mesa también el llamado póstumo del líder patriótico Juan Mari Bras, quien pidió a través de su hijo Juan Raul Mari Pesquera, la unidad de las fuerzas independentistas y el respaldo a una franquicia unida electoral, lo que implica respaldo al PIP. Tras la muerte del veterano patriota en septiembre pasado, el copresidente del MINH Héctor Pesquera y el secretario general del PIP, Juan Dalmau, compartieron hasta bromas en una rueda de prensa conjunta previo a la conmemoración del Grito de Lares, que por primera vez en muchos años reunió en una misma tribuna a los líderes de todos los sectores.
Ese auge en las convocatorias políticas ocurre en el marco de una crisis económica galopante que se desató cuando el entonces gobernador autonomista Aníbal Acevedo Vilá decretó el cierre parcial del Estado en lo que en Wall Street se interpretó como una maniobra de alto riesgo para forzar la aprobación del impuesto sobre el consumo. Desde el siglo XVII no se producía un colapso del Estado en Puerto Rico y sus consecuencias fueron entonces tan devastadoras que en más de trescientos años ningún gobierno lo intentó.
En ese año de 2006, esta nación isleña de casi cuatro millones de habitantes en su territorio había logrado 1.293.000 puestos de trabajo, lo que desde entonces ha ido mermando para llegar al nivel registrado en septiembre pasado de 1.083.000. Esa reducción de más de 200.000 puestos de trabajo repartidos en casi todos los sectores económicos, va acompañada de la pérdida de ingreso de los trabajadores al compararse con la inflación hasta el punto de que las proyecciones de analistas internacionales para el 2011 son que mientras en las principales economías latinoamericanas se espera un crecimiento real de los salarios desde uno por ciento hasta 6,5 por ciento, los salarios contra la inflación esperados para Puerto Rico son de negativo 4,2 por ciento.
En coincidencia con la política del presidente Barack Obama de que tributen más las grandes empresas estadounidenses con filiales en el extranjero –conocidas como corporaciones foráneas- el Gobernador Fortuño aprobó sin dar tiempo para análisis y debate un impuesto temporero y decreciente a las exportaciones de esas empresas establecidas aquí. Aunque se limitará a cuatro por ciento y bajaría a un uno por ciento el sexto y último año, el Gobernador espera con eso recaudar suficiente para iniciar la reducción de las tasas de impuestos sobre ingresos –lo que incluye eximir totalmente a los de salarios más bajos- y así ayudar a reactivar la economía y por fin estabilizar las finanzas del Estado.
El PPD denuncia que el impuesto a las grandes empresas foráneas agravará más la reducción de empleos en la manufactura y la reforma tributaria no pasará de ser un truco publicitario. Por su parte, el PIP plantea que son pasos en la dirección correcta, pero demasiado tímidos, por lo que insiste en su propuesta de un tributo permanente de diez por ciento a las ganancias de esas grandes corporaciones, que de todas maneras pagan mucho más en otros países y que descuentan lo pagado en el extranjero a la hora de hacer sus declaratorias de impuestos en EEUU.
Mientras tanto, en Washington, el procurador general adjunto, Thomas Perelli, un experto en historia, latín y matemáticas muy vinculado a Obama y con quien pocos aquí –si alguno- han logrado tener contacto, sigue preparando su borrador de informe sobre la condición política de Puerto Rico.

sábado, 23 de octubre de 2010

Centroamérica y la revolución guatemalteca de 1944

¿Estamos condenados los centroamericanos a no poder ir más allá que lo que el dictum de Imperio establezca? ¿Impulsar las transformaciones que necesitan nuestros países, para estar a la altura del siglo XXI, requiere pagar el precio que paga hasta hoy Cuba?
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
El 20 de octubre de 1944 tuvo lugar, en “la pequeña y dulce Guatemala”, una revolución que pretendió abrir las puertas anquilosadas de su universo político, a los vientos de cambio democráticos que se respiraban en el mundo hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. El resultado fue la llamada Revolución de Octubre, liderada por jóvenes militares, profesionales y estudiantes que echaron por tierra la dictadura de Jorge Ubico, quien había sido presidente de puño de hierro 14 años (1931-1944).
La Revolución de Octubre guatemalteca hizo cosas que, en otras partes, serían las normales de un país civilizado: creó legislación para normar las relaciones laborales entre patronos y trabajadores, dio autonomía a la universidad, creó la seguridad social, intentó una reforma agraria. Fueron “diez años de primavera” en el país de la eterna tiranía, pues en 1954 el experimento democrático guatemalteco fue cortado de tajo por la invasión de fuerza mercenarias desde Honduras, con apoyo de la CIA norteamericana.
De ahí en adelante reinó el terror: para reprimir cualquier intento de protesta u oposición a la imposición contrarrevolucionaria, se construyó un Estado contrainsurgente, expresión local de la política de seguridad nacional concebida e impulsada desde los Estados Unidos de América para toda la región latinoamericana.
Los avances logrados entre 1944 y 1954 fueron desmantelados y todo aquel que hubiera estado ligado a su implementación, o fuera su simpatizante, fue perseguido y asesinado, entre ellos, lo más granado de la intelectualidad y de los artistas de la época, personalidades de resonancia en el ámbito de la cultura latinoamericana que se vieron compelidos al exilio, la mayoría en México. Allá fueron a dar Augusto “Tito” Monterroso, Carlos Mérida, Rina Lazo, el mismo Miguel Ángel Asturias quien, años más tarde, sería Premio Nobel de Literatura.
Época nefasta aquella, en la que el “hágase” de los Estados Unidos prácticamente no encontraba oposición, más aún en una región como la centroamericana, ubicada en su mismo patio trasero. Era casi imposible vencer al destino geoestratégico que establecía un cerrojo de hierro casi infranqueable, y que solo la radicalidad de la Revolución Cubana logró quebrar en 1959, aunque a un precio altísimo que el Imperio aún le está haciendo pagar con el bloqueo al que la tiene sometida.
Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente. En 1979, por ejemplo, triunfó la Revolución Sandinista en Nicaragua. Fueron otros diez años de intensa construcción revolucionaria, aunque en un nuevo contexto mundial que le permitió proponer e impulsar cambios más radicales. Lo que permaneció inmutable fue la acérrima oposición norteamericana que sometió al país a una guerra que lo desangró. Puestos contra la pared, los sandinistas perdieron las elecciones de 1990.
Más recientemente, Honduras asomó tímidamente las narices al concierto de naciones que, en la región, intentan construir proyectos vinculados a lo nacional-popular. No le dieron el más mínimo chance de avanzar y los militares patearon el tablero en contubernio con los sectores más retrógrados del país, bajo la aquiescencia de una administración norteamericana que, apenas unos meses antes, había despertado esperanzas de relaciones más equitables con América Latina entre ciertos sectores latinoamericanos.
¿La timidez por llevar a cabo transformaciones más contundentes en El Salvador, por parte del gobierno del FMLN, responde al temor de seguir el destino de Guatemala, Nicaragua y Honduras? ¿Estamos condenados los centroamericanos a no poder ir más allá que lo que el dictum de Imperio establezca? ¿Impulsar las transformaciones que necesitan nuestros países, para estar a la altura del siglo XXI, requiere pagar el precio que paga hasta hoy Cuba?
Como dicen los mexicanos: ¡qué desgracia estar tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!