sábado, 8 de diciembre de 2012

Por qué el neoliberalismo se deshace de la filosofía

La desaparición de las materias humanísticas es la boca de una crisis sin proporciones. La mística del neoliberalismo: privar a nuevas generaciones de la meta de convertirse en ciudadanos del universo

Urania A. Ungo / La Estrella de Panamá

El neoliberalismo deshumaniza la educación.
Reflexionar sobre las ‘perspectivas’ de la Filosofía y su enseñanza hoy, debe hacerse reconociendo algo que hace ya un tiempo acontece en muchos sistemas educativos: la sistemática eliminación de disciplinas humanísticas dentro de muchos pensum académicos tanto en el nivel medio como en el nivel superior en diversas partes del globo, como afirma Martha Nussbaum: ‘Estamos en medio de una crisis de proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial. No, no me refiero a la crisis económica global que comenzó a principios del año 2008… Me refiero a una crisis que, con el tiempo, puede llegar a ser mucho más perjudicial para el futuro de la democracia: la crisis mundial en materia de educación... Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes… en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con la capacidad de pensar por sí mismos. ...En casi todas las naciones del mundo se están erradicando las materias y las carreras relacionadas con las artes y las humanidades… 

En dicho proceso la Filosofía ocupa el primer lugar como asignatura favorecida por la exclusión. Es necesario preguntarnos las razones de tales decisiones, en qué contextos se toman, a qué criterios obedecen y a qué horizonte de futuro se dirigen.

Los sistemas educativos son los instrumentos fundamentales con los cuales una sociedad establece la ciudadanía a producir, a partir de su población y en consecuencia con lo que se establece como principios fundantes de la Educación en diversos consensos nacionales e internacionales. Así, la ONU en su Declaración de 1948 establece la obligatoriedad de la instrucción elemental y el igual acceso a los estudios superiores, así como ‘2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos...’”

Pero, como bien afirma Nussbaum se trata ahora de una visión educativa muy tecnológica, instrumental y mercantilizada, con muy poca relación con el segundo parágrafo citado. Un fenómeno generalizado en un momento crucial para la vida humana y que se produce en un contexto de crisis general y multidimensional. ¿Cuáles son los criterios que subyacen a dichas decisiones?

La Educación hoy como proceso general, desde sus niveles más elementales hasta los más avanzados, debe ser concebida como ‘Bien Público’ y como un ‘Derecho Humano fundamental’ y no como un mero servicio. Es decir, que acorde con el nivel de desarrollo tecno científico y cultural, acorde con el nivel de civilización global tanto material como simbólicamente alcanzada, la Educación debe ser concebida como un asunto de primera necesidad. Vinculado con ello debe asumirse que en el marco actual de desigualdades, exclusiones y problemas sociales crecientes en extensión e intensidad, la Educación no puede tampoco ser conceptualizada como un mero asunto de formación técnica e instrumental. Siguiendo a Nussbaum ella debe encaminarse también a la formación y enriquecimiento de ‘…la imaginación, la creatividad y la rigurosidad en el pensamiento crítico’. No un mero ajuste tecnocrático, una visión utilitaria, instrumental de la sociedad y la ciudadanía.

A contramano de lo anterior, las políticas estatales en el sistema educativo se ejecutan con un espíritu que muchas veces contraviene lo acordado. Un ejemplo es la Declaración, firmada por la Ministra de Educación de Panamá, en el marco de la XX Cumbre Iberoamericana,’, el 13 de septiembre de 2010 en Buenos Aires, en la que se sostiene lo siguiente: ‘4. Reconocer el derecho a recibir una educación en valores que contemple la solidaridad, la paz, el ejercicio de la sexualidad responsable, el respeto a los derechos humanos y la formación democrática para que cada niño, niña y joven despliegue su potencial intelectual, emocional y social.’

Pese a ello, es visible que impera en el Ministerio de Educación una concepción del mundo, evidente en su proceso ‘de transformación curricular’ según la cual la Filosofía no es importante ni pertinente y por ende es progresivamente eliminada. ¿Qué debería lograr el proceso educativo?

Hace ya varios años se incorporó una asignatura llamada ‘valores y religión’ y en algunos se le añade ‘relaciones humanas’. Loable decisión y para decirlo en breve, claramente insuficiente cuando no estéril y francamente banal. Pues no es suficiente enseñar teóricamente algunos diluidos conceptos sobre libertad, solidaridad y o justicia. Ello debe hacerse ‘carne’, vivirse… y reflexionarse críticamente. ¿Cómo se aprende ello en un ambiente hipersaturado de normas insignificantes sobre el corte de cabello o el largo de la falda en tanto la real transmisión de valores opera de otro modo no meramente enunciativo?…vale decir la ‘doble moral’ se aprende de facto…nadie, ninguna persona ha oído jamás a alguien hacerle publicidad, pero todas y todos hemos visto como opera e instrumentalmente atraviesa todas nuestras relaciones y vida social.

Filosofía no va a dejar de hacerse, porque en una universidad de Nuestra América se cierre un departamento, se clausuren carreras o se elimine de los programas de la educación media. Ha habido siempre personas que la cultivan sin que sea su modo de ganarse la vida. Al parecer todo ello no es realmente un problema. Éste se ubica en el otro ángulo de la cuestión, enunciado cómo una simple pregunta: ¿de qué se priva a las personas, sobre todo a las más jóvenes cuando se prescinde de la Filosofía?

La Filosofía logra o debería lograr fundar en los y las estudiantes una visión integral, universal, reflexiva, consciente de su ser y estar en el mundo, poniendo a su servicio y formación lo mejor del pensamiento mundial. Debe contribuir a gestar una mente crítica, informada y formada, capaz de construir criterios propios y pensamiento ordenado. La sabiduría filosófica es un patrimonio humano que induce la empatía y la comprensión de la injusticia, la apreciación ética y estética, la valoración de la libertad y la autonomía, tanto como al autoconocimiento. ¿No se propone esto el proceso educativo?
Se priva a las jóvenes generaciones de aspirar a lograr lo que las disciplinas humanísticas y particularmente la Filosofía deben alcanzar, aquello que tan bien enunciara Bertrand Russell ‘… hacernos ciudadanos del Universo’. Aquello que Nussbaum denomina ‘máquinas utilitarias’, son lo menos parecido a la ciudadanía necesaria para la vida en las actuales condiciones del mundo.

Empobrecer la Educación suprimiendo las disciplinas humanísticas y la Filosofía no va a resolver ninguna de las múltiples crisis hoy existentes. Mirado esto desde las actuales condiciones del mundo, las mayúsculas contradicciones contiguas a espectaculares paradojas sociales, tecnocientíficas, éticas y políticas se hace evidente que una mera instrucción tecnocrática e instrumental es claramente insuficiente para construir tanto la matriz conceptual como la voluntad necesaria para la ciudadanía de ésta época.

Para formar la ciudadanía que logre conjurar las múltiples crisis que hoy vivimos hace falta que la población sea más que un grupo de gente técnicamente instruida. La ciudadanía debe poseer una mente teóricamente formada para comprender que habitamos ya una época distinta, que el mundo experimenta desafíos nunca antes vistos, comprender el desafío planetario de vivir juntos y tener una visión amplia pero rigurosa, vocación democrática y sentido pluralista de la convivencia humana, ser solidaria con la gente marginada y excluida y una adecuada comprensión y empatía por la diversidad étnica, genérica, sexual, cultural, y etaria. Y con la conciencia de que los principios democráticos son no solo normas externas sino instrumentos conceptuales para ‘mirar’ el mundo y a sí mismos.

A menos que el proyecto sea la tecnocracia, una visión utilitaria, instrumental de la sociedad y la ciudadanía, no hay justificación posible para las citadas decisiones. Una ciudadanía sin formación humanista, sin los instrumentos para emprender la asunción crítica de valores y principios, solo centrada en lo tecno instrumental a la vez que sumergida en la acriticidad dogmática podrá ver esto y leer el mundo de este modo?

Desde éste ángulo es evidente que no, como también que al no poder deshacerse de toda la educación pública el neoliberalismo optó por erradicar sus dimensiones más molestas y menos rentables, la Filosofía y todo pensamiento crítico que no tenga como sentido final fortalecer el lucro.