sábado, 18 de marzo de 2017

Manifiesto latinoamericano

En las últimas reuniones del Foro de San Pablo  se ha conseguido acordar  un programa base mínimo  con contenido políticos, económicos y sociales,  para lo que debería ser una plataforma política de acción  de un gran movimiento político  social Latinoamericano y del Caribe denominado “Consenso Nuestroamericano”.

Mariano Ciafardini / Especial para Con Nuestra América
Desde Buenos Aires, Argentina

La característica estructural  de esta última etapa del capitalismo denominada globalización financiera es precisamente, en términos generales, la de la existencia de enormes masas de liquidez  dispuestas a ser  prestadas en busca de una renta de retorno lo más inmediato posible. El abuso de este recurso determinado por la ley de la competencia intercapitalista llevó a extender el préstamo en todas sus formas  y derivados  en condiciones  de alto riesgo  y escasas garantías reales de devolución, con lo que  la irracionalidad del procedimiento dejó a grandes instituciones financieras y a las arcas de varios estados poderosos en situaciones  contables netamente negativas,  que apenas se sostienen sobre la base de una emisión  sin respaldo real en  una producción de bienes equivalentes algunos, lo que determina, a su vez, la caída del valor de la moneda que se imprime , básicamente el dólar y en segundo lugar el euro  y la libra esterlina correspondientes a los estados u organizaciones  supraestatales que más han echado mano al “quantitative easing”.

Este es el escenario económico financiero mundial en que estamos hoy,  y todos estos desajustes son aprovechados por algunos grupos transnacionales para acumular y centralizar  más riquezas  y eliminar competidores , con lo que el equilibrio económico mundial se desbalancea más aun, generando una extendida recesión que lleva ya más de ocho años,  sosteniendo y agravando el injusto e irracional reparto de riquezas que es el cáncer crónico del sistema, y generador de todos los problemas políticos  y sociales  que se agudizan cada vez más. El peor de todos ellos las guerras y su consecuencia inmediata: las migraciones masivas.

Entre tanto el mundo se ha configurado de forma  que los centros industriales  incluso de la producción con alta tecnología se han radicado en determinados países que están en condiciones de producir más y a menor costo y, como los precios de los fletes, por el avance del transporte inciden  casi insignificantemente en precio final del producto,  el resto del mundo queda cada vez más  obligado a consumir  esos bienes, exportados desde esos países o regiones. Por otro lado existen, en ciertos países que alcanzaron el grado máximo de desarrollo  capitalista en el siglo XX, nichos de investigación y producción tecnológica que han avanzado de manera tan significativa  que la brecha  entre  el nivel desarrollado en ellos  es prácticamente insalvable para el resto del mundo, especialmente por los países menos desarrollados, que se han mantenido en el rango de la producción primaria o  con escaso valor agregado. Con la excepción de China y en parte Rusia que por motivos de la nueva arquitectura productiva mundial  o sobre la base de adelantos que habían logrado en el pasado sobre todo en el plano militar y espacial  están en condiciones reales de competir con la tecnología de punta.

Para los países  como  los latinoamericanos y del Caribe , fuertemente primario exportadores,  en particular de granos,  productos alimenticios, petróleo  y minerales , y con una clase trabajadora  mal paga en amplios sectores  de los servicios y la industria,  pero que mantiene, en los sectores ocupados formalmente,   niveles salariales  mayores a los de extensas regiones asiáticas  o africanas se plantea un dilema de difícil solución.

Ninguno de los países del área,  ni siquiera los más extensos como Brasil, México o Argentina, están en condiciones de competir por si mismos  con los desarrollos industriales o tecnológicos  mencionados  ni de insertarse por sí solos  en alguna cadena virtuosa de valor  a nivel mundial. Este ha sido el talón de Aquiles de los gobiernos populares surgidos en la región a partir del 2000,  algunos de los cuales han caído  por golpes institucionales  o directamente en las urnas, a manos de  grupos de derecha neoliberales,   dado que su deseo de distribuir equitativamente a la par de generar un desarrollo efectivo de sus economías,  ha chocado contra esta dura realidad global  en forma sistemática, dejándolos cada vez mas sólo con el deseo y sin oportunidades reales de dar continuidad a los impulsos redistributivos  iniciales. Se habla de errores en la gestión  o en las estrategias electorales pero el peor error sería no ver esta realidad económica estructural de fondo. Y lo grave es que todavía muchos de sus protagonistas aun no la ven.

Los pueblos que siempre son más inteligentes que sus dirigentes,  aun incluso que los grandes líderes, no están dispuestos a acompañar proyectos que intuyen, con razón, que aunque han dado algunos frutos en su momento no tienen futuro claro y que, tarde o temprano, conducirán a “más de lo mismo”,  en medio de excusas,  disculpas y explicaciones basadas finalmente en la injusticia estructural del sistema,  cosa que los pueblos no necesitan que se les explique  ya que la han sufrido históricamente  y es por lo tanto  la hipótesis de la que se parte y que se supone que la vanguardia política debería proporcionar la estrategia para superarla.

El keynesianismo, el desarrollismo, la sustitución de importaciones, el “vivir  con lo nuestro” y todas las recetas cepalianas de los 50 y 60  o los enfoques de la teoría de la dependencia tuvieron su momento de verdad cuando el capitalismo estaba estructurado como imperialismo   e imperaba en todo el mundo la impronta industrializadora y la tendencia al estado de bienestar. Pero eso ya fue. El salto del imperialismo a la globalización es un salto cualitativo dentro del sistema capitalista tan grande como lo fue el del liberalismo comercial   que reinó hasta el siglo XIX al imperialismo monopolista de estado que se impuso en el siglo XX y las posibilidades concretas de los países del tercer mundo de salir de su crónica situación de dominados y dependientes tienen frente a si un desafío distinto y mucho más complejo. Ya ha pasado el tiempo y la oportunidad de la “liberación nacional” y la posibilidad de desarrollar industrialmente en forma autónoma un país  en contra del sistema amundial. Los únicos países que lograron eso en el siglo XX fueron la URSS y relativamente China apoyada por la URSS y finalmente Cuba y Vietnam  pero también bajo el paraguas soviético  y con grandes restricciones en su capacidad de desarrollo industrial ( el boom industrial de Vietnam corresponde a otro proceso que se genera ya en la globalización).

Sin  embargo esta nueva época  de la interconexión económica mundial a una escala jamás vista antes por la humanidad  tiene, como no podía ser de otra manera, a la par de sus trampas y complejidades, sus oportunidades.

Semejante desarrollo  demográfico   y la creciente e  y la expectativa de elevar la calidad de vida de enormes masas  que se han incorporado al trabajo industrial y a los servicios en el mundo desarrollado y en las llamadas economías emergentes, necesitan de los alimentos que provee nuestra región  y semejante desarrollo de la producción industrial  y de servicios necesita imperiosamente de nuestros minerales.

Hasta ahora,  en el desorden y la irracionalidad del desarrollo capitalista mundial,  los necesitados de estos recursos los han tomado  en relaciones bilaterales con cada uno de nuestros países,  las más de la veces de forma abusiva,  aprovechando la venalidad de los gobiernos o las situaciones  de extrema necesidad de ingreso de divisas  para atender urgencias nacionales y, otras, en un comercio “normal” pero favorecido por el precio de unas materias primas que  aun en sus mejores momentos  no alcanzó a compensar  los gastos de los imprescindibles insumos tecnológicos e industriales que se deben importar para mantener un nivel mínimo de standard vital medio de la población. Todo ello a la par del aprovechamiento que han hecho las oligarquías económicas locales de estas situaciones extorsivas en que se encuentran nuestros países, para acaparar la mayor parte de la riqueza que ingresara en divisas.

Sin embargo  esta necesidad que tiene el desarrollo de la economía mundial de nuestros recursos nos pone por primera vez en la historia del sistema, en la posición  de poder aprovechar  el actual escenario recesivo mundial  del que se intentara salir,  posicionándonos como bloque  que haga de esta  situación primarista exportadora no un defecto sino una virtud.

Esto puede sonar revulsivo  luego de tantos años de pensamiento cepalino, desarrollista  y de las teorías de la dependencias que fulguraron en los años 50/70 y que impregnaron el pensamiento de izquierda y popular, como ya lo adelantáramos. Pero insistimos en que  esos  eran otros tiempos y lo acertado de aquellas posiciones puede  convertirse en una traba hoy si no entendemos  la necesidad de adecuar la estrategia al cambio mundial.

Claro que este primarismo exportador de mantenerse así como así no haría más que mantenernos en la situación actual  o llevarnos a situaciones peores, si se sigue planteando en forma aislada, país por país. Pero distinta pareciera ser  la cuestión si se lograra articular una monopolización  de estos recursos por el conjunto de los estados latinoamericanos,  como recursos estratégicos a nivel regional.

La masa de insumos  alimentarios minerales y energéticos es tan grande  que nos pondría evidentemente en una posición negociadora privilegiada.

Además una articulación económico productiva bien planteada podría lograr las tan mentadas inversiones de capitales pero no para la especulación financiera o el pago de servicios de deuda sino para un mega desarrollo infraestructural  en función de esa estrategia única exportadora y comercial.

Imagínese lo atractivo que resultaría para capitales Chinos Rusos o de cualquieras otras partes del mundo, un mega proyecto de conectividad, comunicación y transporte terrestre y fluvial  con desarrollo de puertos estratégicos en distintos puntos del continente  desde México hasta Chile y Argentina para desplegar la producción y exportación de productos que son indispensables para el desarrollo mundial. Y lo importante que sería  la realización de dicho proyecto para el desarrollo  de todos los países de la región la generación de empleo  abaratamiento de costos, desarrollo tecnológico, florecimiento de ciudades y mejoramiento acelerado del nivel de vida.

Además habría un acercamiento y una integración real de nuestros pueblos y nuestras culturas lo que potenciaría el espíritu de la Patria Grande  Nuestroamericana. La potencia de esa comunidad humana no tendría límites más que los que nosotros nos demos a nosotros mismos. Esa sería la verdadera liberación nacional de de la nación americana entera.

La cuestión política

Hay quienes ven esta opción como una utopía deseable pero concluyen en que si no podemos lograr acceder  al poder  en cada uno de nuestros países mal podemos pensar en una integración de ese tipo. Eso es cierto pero solo en parte. Este modo de pensar  está dejando de lado la visión dialéctica de que  para acceder al poder real en cada uno de nuestros países ( desde  una iniciativa popular que no termine traicionando  los intereses generales) lo primero que tenemos que tener es un programa económico creíble que muestre una verdadera perspectiva de desarrollo, y no parches o dadivas  bien intencionadas pero que se convierten en limosnas para aliviar  apenas los sufrimientos de quienes tienen que seguir esperando eternamente que las viejas recetas  sesentitstas den resultado  cuando el mundo nos lo permita.

Con eso no se puede construir ningún movimiento popular revolucionario sólido y sustentable que permita alcanzar , y mantener, verdaderamente el poder  en los países de la región y obviamente por ese camino  la gran transformación regional es imposible. Se avanza algo como hasta ahora  pero el proyecto se empantana con las primeras derrotas populares.

El gran desafío de los partidos y movimientos populares y de izquierda hoy es saber articular en la militancia  y el diálogo con las masas esta posibilidad real  de Patria Grande  Nuestroamericana con las luchas, imprescindibles e inevitables de la urgencia cotidiana, reivindicativas o electorales.

Solo si amplios sectores de los trabajadores y de los pueblos van haciendo carne esta relación imprescindible entre la lucha nacional y la lucha por el proyecto regional y lo transforman en una exigencia ante los gobiernos incluso ante sus mismos gobiernos populares y de izquierda la utopía latinoamericanista puede dar el salto hacia la concreción.

En este sentido hay ya un comienzo impulsado por el Foro de San Pablo   esa organización de partidos populares y de izquierda que se constituyó en los trágicos 90 y se mantiene firme y creciente dando muestras de una incipiente evolución hacia la conversión en algo más en un foro es decir una organización política popular y de izquierda supranacional regional nuestroamericana, lo que sería un hito histórico en nuestro continente.  

En ella revisten partidos de gobierno  de las íltimas décadas como el PT de Brasil,  el Mas de Bolivia, Alianza País de Ecuadro  el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, el Farabundo Martí Para la Liberación Nacional de El Salvador,  el PSUV de Venezuela y el Frente Amplio de Uruguay, además  todos los partidos comunistas de la región latinoamericana y el Caribe  incluido obviamente el PC Cubano,   el Partido Socialista  Chileno  y su desprendimiento el Socialismo Allendistas partidos del ex presidente y mártir chileno Salvador Allende, partidos de larga trayectoria de lucha  revolucionaria incluso guerrillera  como UNRG de Guatemala  y sus desprendimientos,  los partidos por la liberación de Puerto Rico y de Santo Domingo  y  partidos miembros del Frente para la Victoria  de Cristina Kirchner,  de la Argentina etc.

En las últimas reuniones de este Foro  se ha conseguido acordar  un programa base mínimo  con contenido políticos, económicos y sociales,  para lo que debería ser una plataforma política de acción  de un gran movimiento político  social Latinoamericano y del Caribe denominado “Consenso Nuestroamericano”. No se exagera si se considera que este es un primer paso  para la formación de una gran organización política y social regional  que consigue  un grado de concreción por primera vez en la historia Latinoamericana desde los intentos bolivarianos y sanmartinianos del siglo XIX.

Este programa que está destinado a ser un documento en permanente debate y transformación  sobre la base de sus inamovibles principios antiimperialista  y de soberanía de la región  puede convertirse en el instrumento que movilice a nuestros pueblos detrás de la conciencia de que la única salida es la regional  y que los gobiernos de nuestros estados  tienen desde ahora en más como obligación primera hacer el esfuerzo máximo por articularse en una acción programática común  que considere a la región como una unidad económica política y social,  que se debe parar monolíticamente, como tal, ante el mundo,  si se quiere salir  del crónico circulo vicioso de la pobreza y el atraso congénito . Debemos insistir en que  no existe ya, definitivamente, posibilidad alguno de  liberación nacional y social de ningún país de la región por separado, e, incluso los que la han logrado  en otros contextos históricos, como el ncaso de Cuba  y podría decirse Nicaragua,  y la mantienen a altos costos y sacrificios, no tienen garantía  alguna de poder sostenerla eternamente si no se encara este camino común de una vez y para siempre.

En su parte programática económica el documento hace hincapié rotundo e la necesidad de la integración regional y la urgencia de encarar mega proyectos financieros comerciales y productivos conjuntos  que se constituyan en una estrategia única, solidaria e internamente equitativa, ante  el resto del mundo y de  asumir la planificación de un mega desarrollo infraestructural urgente que los haga viables .

Nuestros países  con sus gobiernos populares de las últimas décadas  han avanzado  en el armado institucional supranacional a un ritmo no despreciable. Es obvio que la creación más importante  en el plano institucional regional   producto de ese avance de los movimientos y gobiernos populares de las ultimas década es la CELAC  una OEA sin Estados Unidos ni Canadá, que en cierta medida refleja en lo institucional lo que es el FORO  en lo político partidario y movimientista.

La CELAC es el ámbito en el que se debería elaborar política y técnicamente una estrategia financiera  productiva y comercial conjunta, complementaria y recíprocamente  compensatoria entre todos los países de la región,  con expertos en las distintas áreas técnicas y en la economía y la geopolítica  mundial, al calor de un espíritu autonomista liberador de la región , de redistribución y equidad, bienestar para los pueblos protección del medio ambiente y de los recursos estratégicos y profundización de la democracia y la participación popular en cada instancia que corresponda.

Una de las acciones recientes  más trascendentales del organismo, reemplazante de la pérfida OEA,  es el inicio de la construcción de una relación directa CELAC- CHINA, que  se correlaciona directamente  con la inspiración de este “manifiesto nuestroamericano” del Foro de San Pablo   en la medida que establece un plano de relación  entre bloques   y no bilateralidades totalmente desbalanceadas pero es necesario meter a los gobiernos nacionales de cabeza en la Celac  hacerlos que abandonen esa posición expectante y reticente que ha ganado a muchos de ellos. Tal vez  la salida de EEUU de la alianza transpacífica y al entrada de China en él , lo que constituye  una puesta de cabeza geopolítica de dicha alianza,  permita articular ahora si a los países  latinoamericanos que integran dicha alianza como México, Perú y Chile  con los del Mercosur  los del Alba y Petrocaribe  y los integrantes de otras alianzas  sub regionales  y empezar a concretar las acciones  imprescindibles para la salida del laberinto en que sumió a la región  el colonialismo inicial  el imperialismo norteamericano del siglo XX y el consenso de Washington y la globalización financiera .

Pero si esto no lo impulsan los pueblos difícilmente el avance venga solo de arriba. Para ello  la difusión y el debate del documento del Foro de San Pablo es una herramienta insustituible. La responsabilidad ahora es de los partidos  y los movimientos populares.