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sábado, 29 de noviembre de 2025

Argentina: A desindustrializar

 Volvemos y seguiremos reiterando... no queremos ser la colonia bananera del imperio que aplaude Milei y su gente. Queremos ser el país libre y soberano que siempre fuimos, con trabajo para todos, buenos salarios y mejores condiciones laborales.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

No bien asumida la dictadura cívico militar eclesiástica de 1976, tomó las riendas de la economía, José Alfredo Martínez de Hoz, descendiente del primer presidente de la Sociedad Rural Argentina, organización que nucleó al empresariado ganadero desde 1866, cuando comenzaba a surgir el modelo agroexportador en épocas de la reina Victoria en el imperio británico y comenzaban a rodar los ferrocarriles en el país desde las zonas productivas del interior hacia los puertos del Atlántico. Algo más de diez años después, precisamente, en 1877, nace el Club Industrial de la mano de Carlos Pellegrini, entidad que luego sería la Unión Industrial Argentina, dado que el “Gringo” Pellegrini, hombre progresista de la generación del Ochenta, pensaba que el país debía tener su propia industria.
 
A casi medio siglo del proceso de desindustrializador emprendido por Martínez de Hoz, quien decía que era lo mismo “fabricar acero que caramelos” mientras abría la economía a las baratijas chinas y comenzaba una sangrienta bisagra en aquella década a cuyos comienzos sólo había un 2% de pobreza en el país, el actual presidente, que al iniciar la dictadura tenía seis años e iba a la escuela, ahora se enorgullece de volver a las mismas políticas del dirigente ganadero, abriendo la economía, volviendo al endeudamiento y la bicicleta financiera y a favorecer a unos pocos y, sobre todo, desindustrializando al país y generando el mayor desempleo público y privado de décadas.
 
Siempre a los saltos y eufórico, alentando la nube de la Patria Digital que lo elevó a la primera magistratura y cuyas huestes aún lo veneran, aunque en menos cantidad, el presidente Javier Milei, no emite palabras ante el cierre de Whirpool, la industrial norteamericana de artefactos del hogar que deja de fabricar en Argentina y ha despedido a su personal. Industria norteamericana que el propio Donald Trump, se enorgullecía de que siguiera dando trabajo a los norteamericanos, aquellos que hicieron grande a América, como mostraban algunos reportajes en contraposición a lo realizado en Argentina.
 
En un artículo de Página 12, de fecha 27 de noviembre de 2025, nominado: “Las exportaciones expulsan a los trabajadores”, la periodista, Bernarda Tinetti, denuncia: A un mes de la victoria electoral de Milei durante los comicios intermedios, nada cambió para la economía real. Estas últimas semanas se encadenaron cierres y despidos en distintas fábricas: en Pilar, Whirlpool echó a 300 trabajadores y cerró la planta inaugurara hace apenas tres años -en 2022-, donde invirtió 52 millones de dólares, con la idea de exportar el 70 por ciento de la producción y fabricar 300 mil unidades por año. En Venado Tuerto, Corven Amortiguadores y Corven Moto dejaron en la calle a más de 100 personas y Essen a otras más de 30; en Pergamino y en Temperley, Frávega bajó las persianas y avanzan las versiones sobre 100 nuevas cesantías en los próximos días. La gestión nacional desarma el tejido industrial: entre Shein, Temu, Amazon y Aliexpress despacharon al país, en octubre, el récord de más de 4.000 productos. Ese sistema de compras trepó 237 por ciento interanual.
 
Sabemos de sobra y dolorosamente lo que sucedió después de la dictadura, en donde una democracia recuperada no pudo contra los ocho grupos emergentes de la dictadura en la que, en 1982, previo a la guerra de Malvinas, fue nacionalizada la deuda privada por Domingo Cavallo siendo presidente del Banco Central de la República Argentina. 
 
El primer presidente, Raúl Alfonsín, tuvo que entregar el gobierno antes de tiempo a Carlos Menem, quien caído el Muro de Berlín, traicionó el mandato popular otorgado en las urnas y adhirió al Consenso de Washington y privatizó las empresas públicas, dejando en la calle a centenas de miles de desempleados. 
 
Lógicamente, los nacidos después del año 2000 no tienen ni idea de aquellos hechos dolorosos, ni tampoco valoran la democracia y las instituciones republicanas, sumidos en sus pantallas y en el narcisismo individualista, transformados en sus propios patrones dentro de la Uberlandia sin fronteras, adhieren a gobiernos de ultraderecha en la que la libertad de mercado está por encima de las tradicionales libertades y derechos individuales. Total, la vida es una mercancía más...
 
Llama la atención la falta de espíritu y grandeza de la nueva derecha que se desvive por ser un esclavo subalterno, obediente y dispuesto a cumplir el capricho de sus patrones; es más, lo hemos visto en el primer magistrado que salta al primer guiño y pellizco en la cara del magnate imperial. Imposible creer que alguien sea feliz como perrito faldero. 
 
Sin embargo, su íntimo regocijo no es compartido por la inmensa mayoría de la población que lo eligió y ahora deambula por las calles sin empleo y hambreada, dada la tremenda desocupación impuesta por el topo libertario. 
 
Hemos repetido semana a semana los estragos causados por el capricho del déficit cero; porque convengamos, a esta altura de la mitad de su gobierno, nadie entiende que una recesión impuesta, configure un “plan económico”. Ni los economistas aliados entienden las mentiras de bandas flotantes del dólar del ministro de Economía, Luis “¿Toto o tonto? Caputo. Bueno ni uno ni lo otro, no le faltemos el respeto a una autoridad de la economía que le falta el respeto al pueblo argentino, trabajando para la eterna bicicleta financiera y tiene su fortuna en el exterior y, seguramente, ya ha dispuesto irse al norte, una vez cumplida su misión en la colonia subalterna, porque colonia bananera no somos, debido a que no estamos en los trópicos. Pero..., para el caso es lo mismo. Somos el patio trasero. El país de las pampas chatas del modelo agroexportador de la época victoriana que ahora trasladó su dependencia a los Estados Juntos, arrasado por una desindustrialización furiosa que primero corroyó las mentes de los teenagers y los jubilados ansiosos tras la pandemia y ahora, advierten, que imposible volver atrás. 
 
Pero bueno... había que darle una oportunidad a la disrupción ideológica, temperamental y eufórica que prometía un cambio fundamental, un modelo cultural cargado de resentimientos, odios, perversidad y burla. Allí, amparados por el “Peluca” los frustrados por el encierro pandémico, los terraplanistas negadores del calentamiento global se sintieron redimidos; el nuevo redentor judeo ¿cristiano? que prometía el edén había llegado de la mano de su hermana protectora. 
 
Ahora... a casi dos años, la calle, muestra otra realidad opuesta al país de la propaganda mileica de las elecciones de octubre, con música de Cacho Castaña. La miseria se muestra de una manera grotesca y desmesurada, como nunca se mostró desde la dictadura en adelante. Para colmo de los colmos, los únicos que aplauden el modelo macroeconómico, son los ricos. Para ellos, la desindustrialización les vino de regalo, pudieron multiplicar sus fortunas gracias a que el gobierno desarmó los polos industriales, eliminó los empleados públicos y privados, promete una reforma laboral acorde a los duros tiempos y avanza sobre la educación pública, la salud, las universidades; es decir, todo aquello que supo distinguir a Argentina como un país culto, trabajador y autosuficiente.
 
Al cierre de esta columna, se ha conocido que el titular del INDEC, Marcos Lavagna, alteró los índices para que no se notara la gran recesión de los últimos meses de 2025. Otro dato más que los hunde en un pozo del que les será muy difícil salir.
 
Las autoridades del principal organismo nacional encargado de la medición de datos estadísticos del país, salieron a evacuar las dudas sobre los trascendidos: El Indecexplicó por qué la economía evitó entrar en recesión técnica luego de que el Estimador mensual de la actividad económica EMAE de septiembre mostrara un avance mensual de 0,5%, resultado que modificó hacia arriba la serie histórica y corrigió la idea de dos trimestres consecutivos de caída. Con la nueva información, ni el segundo ni el tercer trimestre registraron retrocesos, a diferencia de lo que proyectaban consultoras privadas.
 
Más allá de los índices y los números, la realidad de la gente en la calle es espantosa. La queja es generalizada en colectivos, cada vez que uno se sube a un taxi o, los que mendigan casa por casa pidiendo algún alimento para pasar el día. La tensión va en aumento y, seguramente, aunque no lo diga, el gobierno también advierte el malestar general de la población, situación por la que armó previamente un Protocolo de Seguridad con Patricia Bullrich a la cabeza.
 
Al desindustrializar, el gobierno pretende la reconversión de las empresas y los empleados despedidos. Puede que las primeras lo hagan, aunque ensamblar sus productos con insumos importados de China le serán más baratos a pesar de que la inversión y sus plantas son recientes; en el caso de los empleados, pocos serán reasimilados, quedando la gran mayoría en la calle. Una cuestión que ya pasó en los noventa con Menem, con los cientos de miles de empleados despedidos de las empresas públicas privatizadas que no se encontraban en condiciones de reinventarse de un momento a otro. Muchos se suicidaron, otros se alcoholizaron y otros tantos, abandonaron sus hogares, destrozados por no volver a ser los jefes de hogar proveedores que eran anteriormente. 
 
La cultura, sobre todo la cultura del trabajo, es un hecho social de lenta modificación. Mucho más, cuando el cambio propuesto es estructural que modifica el corazón del modelo de acumulación. 
 
Volvemos y seguiremos reiterando... no queremos ser la colonia bananera del imperio que aplaude Milei y su gente. Queremos ser el país libre y soberano que siempre fuimos, con trabajo para todos, buenos salarios y mejores condiciones laborales. En definitiva... un país para que su gente sea feliz y se realice dentro de su territorio.

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