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sábado, 29 de noviembre de 2025

Gaza: el engaño del alto al fuego y la decisión del Consejo de Seguridad

 Un mes después del acuerdo para el alto al fuego en Gaza, se produce una resolución en el Consejo de Seguridad bastante regresiva para el pueblo palestino.

Consuelo Ahumada / Para Con Nuestra América
Desde Colombia

El 17 de noviembre pasado, mediante resolución 2803, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el plan para Gaza. Con ello dio un paso atrás en el camino hacia el reconocimiento pleno de Palestina y en su lucha contra el colonialismo de Israel.   
 
La resolución, basada en el plan presentado por Trump el 13 de octubre anterior, fue aprobada sin votos en contra, con la inexplicable abstención de China y Rusia, que de esa manera la legitimaron.
 
La decisión se produjo pocos días antes de cumplirse el 78 aniversario de la Resolución 181 de la ONU, mediante la cual en 1947 se aprobó el Plan de partición del territorio del Mandato británico, para crear el Estado de Israel, lo que meses después daría inicio a la Nakba o tragedia palestina.
 
La Resolución recién aprobada “acoge con beneplácito el establecimiento de la “Junta de la Paz”, presidida por Trump, que mantendrá el poder sobre Gaza hasta que la Autoridad Palestinacomplete unas reformas.
 
Será una administración encargada de la “gobernanza de transición”, que incluirá la supervisión y el apoyo de un comité “tecnocrático y apolítico, integrado por palestinos competentes de la Franja”, señala el documento.
 
Se plantea también el establecimiento de una fuerza internacional de estabilización (ISF) en Gaza durante dos años prorrogables. Pero no se establecen plazos concretos para las diferentes obligaciones de las partes, empezando por la retirada del ejército israelí de Gaza.
 
De ahí la satisfacción de Trump. “El Consejo (de Seguridad) reconoció y respaldó el Consejo de Paz que estará presidido por mí e incluirá a los líderes más poderosos y respetados del mundo”, señaló.
 
Por supuesto que no se establece nada frente a la responsabilidad del genocidio ni sobre el incremento permanente de los asentamientos coloniales de Israel en el territorio. 
 
 Para facilitarle todavía más el camino a su socio Netanyahu, Trump, le pidió a Herzog, presidente de Israel, que lo indultara en el triple juicio que debe afrontar por fraude, soborno y abuso de confianza. Se trata de una persecución política injustificada, señaló. Los mismos argumentos con los que defiende a Uribe Vélez y a Bolsonaro, sus compinches en otras latitudes.
 
Hamas expresó su rechazo a la resolución y al desarme exigido, mientras no exista un proceso que asegure “el fin de la ocupación y el establecimiento de un Estado palestino”.
 
La resolución no responde a los derechos ni demandas del pueblo palestino, favorece la ocupación y busca imponer una tutela internacional sobre Gaza, además de separarla del resto de Palestina. El desarme solo estará ligado al fin de la ocupación, reiteró.
 
Desde el pasado 10 de octubre, cuando empezó a operar el alto al fuego acordado, la situación en Gaza sigue siendo muy grave. No han cesado los ataques militares por parte de Israel, solo que ahora no son continuos.
 
Sus múltiples violaciones al cese al fuego han dejado en seis semanas 339 muertos en Gaza, la mayoría mujeres, niños/niñas y mayores. Mientras allí siguen cayendo bombas, las potencias occidentales continúan entregándoles armas a los genocidas.
 
Israel tampoco ha permitido el ingreso de ayuda humanitaria, que sigue suministrándose a cuentagotas. En más de dos años, sus misiles destruyeron las redes de agua y saneamiento y existen graves riesgos de propagación de enfermedades infecciosas. 
 
Durante la última semana, las fuertes lluvias han hecho todavía más difícil la situación. De las 135.000 tiendas de refugiados, el 93% son inhabitables. Por ello, el personal de la ONU describe la situación como “una miseria sobre otra”. Un territorio golpeado por la guerra, la hambruna, la destrucción y la contaminación.
 
La organización BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) llama a ejercer presión sobre los Estados para que se opongan al plan Trump-Netanyahu en todas las instancias y órganos de la ONU e impidan su aplicación.
 
Pide defender el derecho internacional y el derecho del pueblo palestino a su autodeterminación, y “responsabilizar a Israel y sus cómplices por el genocidio y el régimen subyacente de ocupación militar ilegal y apartheid mediante sanciones legales y específicas: embargos militares, energéticos y comerciales exhaustivos”.
 
En un podcast reciente, “Donde callan las armas”, Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territorios ocupados, analiza cómo opera la complicidad internacional con los crímenes israelíes y qué medidas deben adoptar de inmediato los países para cumplir con sus obligaciones legales.  
 
“El elemento más escalofriante de este plan de paz no es su huella militar sino la ingeniería social que hay debajo, que busca rendir y destruir a un pueblo de todo un mundo y de paso también acallar y silenciar la propuesta”.
 
Según la relatora, quien no puede asistir personalmente a la ONU por prohibición de EEUU, este utiliza a Israel como plataforma para controlar recursos estratégicos, disciplinar países enteros y eliminar resistencias desde el Nilo hasta Irak.
 
Palestina es el último experimento colonial europeo.
 
“Existe un apartheid global, porque Israel está protegido por una comunidad. Hay una impunidad creciente ante sus crímenes, el entorno ideal para que continúe con ellos”.
 
Albanese convoca a la movilización social mundial, a las huelgas de estibadores para bloquear el tránsito de armas, la ruptura de las relaciones con Israel, el papel de los sindicatos, el boicot ciudadano a productos fabricados en asentamientos. Llama a pasar a la estrategia de resistencia.
 
¿Qué busca entonces la resolución del Consejo de Seguridad? primero, desviar el rechazo al genocidio y el apoyo mundial a Palestina.
 
Segundo, tratar de amainar el indeclinable hundimiento de Israel y su gobierno genocida.
Es la hipocresía estructural institucionalizada a la que se refiere Albanese. Palestina es un despertar, nos ha mostrado el mundo en el que vivimos.
 
 “Si Palestina cae en silencio, caeremos todas y todos”. O como ha señalado Petro: “Si muere Gaza, muere la humanidad”. 
 
Una manifestación inequívoca del avance del fascismo en el mundo y de la necesidad de persistir en la resistencia y la movilización social.

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