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sábado, 31 de enero de 2026

Argentina: El tour del pobre diablo

Luego de pasear por el frío invierno de Davos y decretar la muerte de Maquiavelo, el pobre diablo regresó al país dispuesto a realizar una gira por la costa bonaerense, centrada en Mar del Plata, a la que denominó “tour de la gratitud”, para agradecer el apoyo de los votantes a su gestión.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Pobre diablo es una expresión tradicional para distinguir a una persona buena para nada, un inútil en última instancia. Como dirían los criollos de pura cepa, un pobre diablo como quien ocupa actualmente el sillón Rivadavia. Tal vez sin ánimo de hacer apología ni historia, el menos privilegiado por la naturaleza y eso que hemos tenido personajes como don Bartolomé Mitre, uno de los primeros conservadores constructores del Estado moderno, que no peleó en ninguna guerra, como le criticaba el General Julio A. Roca, cuyo generalato lo obtuvo a los 30 años en la batalla de Santa Rosa en 1874, a pesar de ser don Bartolo el causante de la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay en 1866. Roca, admirado por Milei, recorrió a caballo cinco veces el país durante sus campañas, algo que el actual mandatario no ha hecho ni a lomo de avión.
 
Este pobre muchacho acomplejado, traumatizado desde la infancia, siempre fue un cero a la izquierda, como él mismo lo confiesa en un reportaje que se puede rescatar en las redes: “estaba más solo que Adán en el día de la madre”. Asistido por su hermana al punto de llevarla a Secretaria General de la Presidencia, quien lo acompaña a sol y a sombra en todos los lugares donde viaja y está dispuesta a calmar sus berrinches y cambiar sus pañales cuando es necesario. Hombre raro o con problemas de temperatura, siempre anda vestido con cuatro o más camperas, incluso en pleno verano. Puede que sea exigencia de disimular un chaleco anti balas, pero... ¿quién va a gastar pólvora en chimangos?
 
Milei necesita ser el centro, estar siempre en la cresta de la ola; con un ego descomunal, requiere reconocimiento permanente, tanto como alimento para vivir. Quería el Nobel de economía y ya se ha resignado a no tenerlo. Tampoco tuvo una actuación destacada en el Foro de Davos, donde actuó de telonero con su excéntrica perorata. Razón que justificó emprender el tour de la Gratitud por la costa atlántica; gratitud propia a quienes lo votaron, cosa que él interpreta al revés, que son los votantes los que tienen que estar agradecidos, dado que según su versión y la caterva que lo secunda, cumplió con todo lo prometido, es decir, vienen a elogiarlo a agradecerle, a demostrarle eterna gratitud. Aunque por las versiones recibidas - ocultas por los medios pagos -, lo han insultado multitudes, cansadas de vivir en la miseria con que nos ha condenado.
 
Pobre diablo. Pensar que volvió a subirse a los escenarios en la Ciudad Feliz a cantar en el teatro Roxy “El rock del gato” con su ex novia Fátima Florez, quien posteriormente confesó los pagos recibidos en dólares por su rol de pareja presidencial. Cabe preguntarse ¿quién paga por tal servicio? La respuesta es simple: un pobre diablo que no tiene el menor mérito personal para conquistar a alguien.
 
Quienes mejor reconocieron sus características particulares fueron los empresarios del círculo rojo que lo pusieron en el poder para hacer la tarea sucia, como hemos manifestado en varias oportunidades. Aprovecharon su perversa crueldad y la burla a los más desprotegidos, quienes como en la ley de la selva y del mercado, no merecen ningún auxilio. Mucho menos de quienes son predadores seriales, coimeros y ladrones de guante blanco.
 
Todo esto ocurre mientras la Patagonia se debate en incendios sin ninguna respuesta del pobre diablo. Recordemos que sucedió lo mismo en el verano de 2024 cuando se inundó Bahía Blanca y apareció disfrazado con uniforme militar junto al ministro de Defensa Luis Petri. No dio ninguna respuesta porque jamás ha sentido empatía, cuestión que habrá que buscarla en su pasado, pero que en la actualidad se le requiere una acción decisiva que es imposible que la dé, a pesar que 47 millones de argentinos se la reclamen. Solo un pusilánime no asume las responsabilidades que le han sido asignadas. No hay Constitución que lo obligue porque su cerrazón es grande, al punto que habrá que analizar porque se encierra en una habitación de la Residencia de Olivos con su perro clonado. Sabemos que el perro es el mejor amigo del hombre, pero no da consejos, mucho menos a un primer mandatario. Seguramente a futuro será motivo de estudios y relatos literarios, cuando no, algún arriesgado cineasta de esos que ha castigado hasta el cansancio, le dedique un film de terror o sarcástico, porque de alguna manera, podría reactualizar una nueva versión de “Los monstruos” del cine italiano del siglo pasado.
 
Parte de la gira programada, contuvo a la Derecha Fest, organizada por el asesor Santiago Caputo. Un evento donde participaron varios de los seguidores de La Libertad Avanza y desde luego, contó con su presencia y palabra como plato fuerte, intentando juntar adhesiones para las reformas previstas en el Congreso de la Nación como la laboral o bajar la edad de imputabilidad de delitos a los 13 años, ambas seriamente cuestionadas desde diversos sectores.
 
Cerca de la medianoche, habló frente a un auditorio que no estuvo colmado: habían anunciado que esperaban ocho mil personas por hubo, como mucho, unas dos mil. Una vez arriba del escenario, dijo: “Se les está viniendo la noche a los zurdos”.
 
Sin embargo, el pobre diablo sigue embriagado en su megalomanía, conforme sus secuaces estiman, el crecimiento para 2026 será del 4%, razón por la que ha declarado a este año, “Año de la Grandeza Argentina”, leyenda que deberán llevar todos los documentos oficiales de la administración pública nacional, conforme el DNU 56/2026 presidencial fechado el 30 de enero de 2026. “Las políticas públicas adoptadas por esta gestión permitieron sentar las bases para la estabilidad y el crecimiento”, sostiene el decreto, que plantea como objetivo avanzar hacia una fase de consolidación y desarrollo con la intención de reinsertar a la Argentina en una senda de prosperidad sostenida.
 
Grandilocuente como siempre decreta antes de que comience el segundo mes del año lo que va a suceder, como si fuera un dios, un visionario. Nada más lejos de la realidad de la que está desconectado, como desconectado ha estado del país. Milei puede que sea el presidente que menos conoce su propio país, mientras dedicó su mandato a viajar al exterior decenas de veces, gastando verdaderas fortunas en vuelos y hoteles. Un tour de pobre diablo. Un pobre diablo que deberá esconderse de sus gobernados ardientes de quemarlo vivo por todas las iniquidades a los que los ha sometido. Pero bueno... ¿si él se lo cree, quiénes somos nosotros para contradecirlo?   Lo cierto es que los dos años anteriores también tuvieron sus respectivos decretos presidenciales: 2024 fue el “Año de la defensa de la vida, la libertad y la propiedad”; así como 2025, “Año de la reconstrucción de la nación argentina”. Concluidos ambos períodos, lejos de defender la vida, castigó a los más vulnerables, a los discapacitados, a los jubilados, apaleándolos los miércoles cuando se manifestaban frente al Congreso por la quita de sus derechos y bajos salarios. Miles de empresas cerraron y cientos de miles quedaron sin empleo. Cabe preguntarle al pobre diablo, ¿cuál fue la reconstrucción decretada? ¿quiénes se beneficiaron? Lo sabemos de sobra, los grandes empresarios que están detrás de su melenuda figura. Pero claro, el pobre diablo en su fuero íntimo piensa que no hace suficiente, dado que su adorado patrón del norte descontrolado y en el pináculo de su egocentrismo, modifica la Casa Blanca, cosa que no incide salvo en los amantes edilicios de Washington, pero ahora apunta sobre quienes abastecen de petróleo al pueblo cubano como si fuera poco el sufrimiento al que ha sido sometido, sobre todo después de los noventa con el derrumbe de la Unión Soviética. 
 
Muchos de los votantes de Milei asfixiados por deudas y trabajando más de catorce horas diarias, sin posibilidades de feriados y mucho menos vacaciones, en algún momento se preguntarán por qué votaron a un personaje tan disruptor, tan enajenado. Hagámoslo más simple, a un pobre diablo. Un pobre diablo que seguramente se duerme con su osito de peluche en las manos, mientras su hermana Karina le besa la frente y apaga la luz del dormitorio. 
 
Un pobre diablo acomplejado y complejo capaz de hacer daños mayúsculos sonriendo como Nerón frente al incendio de Roma, Alguien que cree tener poderes mesiánicos, un redentor como otros personajes siniestros del pasado siglo que convirtieron en infierno la faz de la tierra, matando decenas de millones de seres humanos, lanzando bombas nucleares, condenando a hambrunas a multitudes. 
 
Un pobre diablo que cree que puede detener el tiempo y no envejecer. Seguramente, alberga la esperanza de ser el personaje de Dorian Gray. Lamentablemente tampoco vive Oscar Wilde para modificar el final de aquella célebre novela, de modo que, a modo de consuelo, como todos los mortales deberá esperar el juicio inapelable de la historia...

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