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sábado, 28 de marzo de 2026

50 años del golpe militar en Argentina: Memoria, Verdad y Justicia

Este martes 24 de marzo se han cumplido 50 años del golpe cívico, militar eclesiástico ocurrido en 1976. Medio siglo tan lejano y cercano, que hizo que más que nunca la sociedad argentina en su conjunto saliera a las calles del país al grito de ¡Nunca más! 

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Sobre todo para plantarse frente a un gobierno que no lo representa y que salió con un mensaje retrógrado y perverso, como no podía ser de otra manera, intentando imponer un contenido que reflotaba la teoría de los dos demonios, equiparando el accionar de los grupos guerrilleros al terrorismo ejercido por los mecanismos del Estado manejado por las Fuerzas Armadas contra la población nacional en su conjunto, habiendo dispuesto de más de 800 centros clandestinos de tortura y reclusión donde desaparecieron a 30 mil habitantes, entre niños, jóvenes y adultos; además de expropiar grandes propiedades y distribuirlas entre sus patrocinadores.
 
Un Nunca más, puesto que a medio siglo la sombra del Plan Cóndor, vuelve a oscurecer el cielo del país con la férrea y sumisa alianza con el imperio del norte y todas las consecuencias que ya se ven venir en estos días.
 
Si bien el contexto histórico nacional y regional es diferente a los de la década de 1970, hay ciertos trazos que perduran y se ven exagerados por las pujas geopolíticas actuales, en donde el imperio agónico intenta imponer los caprichos de su octogenario conductor.
 
Argentina transitaba entonces, un periodo dictatorial con frágiles democracias iniciado con el golpe militar de 1955, pero que se remontaba a los años treinta en donde la oligarquía titubeante ante los efectos del crack de 1929 y la gran depresión que generó, hizo lo que el célebre escritor Leopoldo Lugones llamó, “La hora de la espada”, empujando a los militares encabezados por el General José Félix Uriburu a derrocar al presidente Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, iniciándose un periodo recordado como la Década Infame. Luego vino el golpe del 4 de junio de 1943, hasta que el 17 de octubre de 1945, el pueblo exigiendo la libertad del entonces Coronel Juan Domingo Perón, exigió al gobierno militar del General Edelmiro J. Farrell elecciones para el año siguiente; elecciones que consagraron el triunfo de la fórmula Perón -Quijano, siendo nuevamente reelecto en 1952, para ser derrocado tras el bombardeo de la Plaza de Mayo en junio de 1955 que culminó con la caída del gobierno democrático en septiembre del mismo año. 
 
Luego de la Constituyente de 1957, se llamó a elecciones en 1958, donde sale ganadora la fórmula Frondizi - Gómez, que contó con el apoyo de los votos peronistas, dado que el Justicialismo estaba proscripto, poniendo en marcha una gestión desarrollista que culmina en 1961, con el desplazamiento de Frondizi, donde asume José María Guido, presidente provisional del Senado, quien llamará nuevamente a elecciones en 1963. Mientras tanto, los militares se disputaban el poder entre azules y colorados, alas más o menos antiperonistas que advertían que, a pesar de la ausencia de Perón, su presencia se mantenía viva a través de la lucha que llevaban a cabo los gremios de la Resistencia peronista. 
 
En 1963 asume el radical Arturo Humberto Illía, pero luego es derrocado por el golpe nacionalista encabezado por el General Juan Carlos Onganía en 1966, quien luego será reemplazado por el General Roberto Marcelo Levingston y posteriormente, por el General Alejandro Agustín Lanusse, el verdadero caudillo militar de esa época, quien convocará a elecciones luego del regreso de Perón en 1972, para el año siguiente en la que triunfa la fórmula Cámpora - Solano Lima dado que Perón fue proscripto por no residir en el país dos años antes de aquellas elecciones. 
 
Cámpora impone un gobierno de corte socialista que dura una primavera de 49 días, en los que asume luego la fórmula Perón - Perón, siendo vivepresidente, María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabelita. 
 
Todos sabemos que Perón vino enfermo y a una edad avanzada, cuya muerte se produjo el 1° de julio de 1974 y desde entonces y tras la muerte del Secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci por parte de Montoneros y la creación de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) se desató una persecución a los ciudadanos sospechados de ideas de izquierda, anticipando la llegada de las Fuerzas Armadas al gobierno, alentada por grupos empresarios y la Iglesia. De allí que hablemos de golpe cívico, militar, eclesiástico.
 
Ahora bien, si sumamos los años transcurridos desde 1930 a 2026, tenemos 96 años, de los cuáles sólo hemos vivido en democracia, 54 años y 41 de dictaduras y democracias débiles vigiladas por las Fuerzas Armadas y sus conflictos internos de liderazgo. Cuestión que deberemos revisar dada la batalla cultural que significa unificar un relato nacional definitivo que rescate y haga efectivo el lema encerrado en la frase Memoria, Verdad y Justicia.
 
La dictadura setentista contrató a la agencia mundial Burson-Masteller para la campaña publicitaria que unificara el discurso nacional ante el mundo ocultando los secuestros y asesinatos, sobre todo ante la convocatoria multitudinaria del campeonato mundial de Fútbol celebrado en el país en 1978, donde la agencia frente a la sospecha de algunos países como Holanda que sabía lo que estaba sucediendo clandestinamente en Argentina, impuso el lema “Los argentinos somos derechos y humanos”; la misma empresa intervino en el fomento a la apertura de la economía con la famosa campaña de las sillas. Algo que se repite en la actualidad y no por mera coincidencia, fomentando el olvido de la historia a través de ejércitos de trolls que manejan las redes sociales, única fuente por la que se informa la generación zeta, de fanáticos libertarios.
 
La prepotencia de los militares una vez producido el golpe y realizada la limpieza ideológica que les reclamaba el Plan Cóndor y sus profundas convicciones de casta castrense, sobre todo el Ejército y la Armada, les permitió realizar grandes inversiones y obras públicas a su antojo, como fueron los estadios provinciales donde se realizaría el campeonato mundial de fútbol con la complicidad de la FIFA y los organismos internacionales de crédito, expropiando muchas propiedades para construir autopistas tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en las principales provincias en donde se realizarían los encuentros. La deuda externa dejada por el gobierno de Isabel Perón ascendía a 8 mil millones de dólares a comienzos de 1976 y se multiplicó ocho veces durante los siete que duró la dictadura. A ello debe sumarse la concentración operada en los ocho grandes grupos económicos favorecidos por el golpe, como también la nacionalización de la deuda privada realizada por Domingo Cavallo en 1982, cuando era presidente del Banco Central de la República Argentina. Mucho de los gastos de las Fuerzas Armadas tuvieron como pretexto el enfrentamiento con Chile en 1978 y la guerra de Malvinas en 1982, dejando una situación económica y social irrecuperable, cuyos altos y bajos se han mantenido en la recuperada democracia, cada vez desde niveles más difíciles de superar. No hace falta profundizar sobre el gobierno de Carlos Menem y el acatamiento al Consenso de Whashington, la crisis de diciembre de 2001, el gobierno neoliberal de Mauricio Macri y la asunción de Javier Milei en 2023. Todos se caracterizaron y caracterizan por un fuerte endeudamiento y fuga de capitales, apertura indiscriminada de la economía, desindustrialización y un desempleo abrumador, reduciendo el país a una república bananera totalmente dependiente del imperio norteño.   
 
Con todo, la irrupción de la sociedad argentina en todas las plazas públicas del país ha sido notoria y una fuerte respuesta a quienes pretenden desconocer el terrorismo de Estado. Las vistas sobre la Plaza de Mayo son demasiado elocuentes como para negarlas, además de haber recorrido los noticieros del mundo entero, donde también hubo manifestaciones recordatorias. Razón por la que debe destacarse que el juicio celebrado a las Fuerzas Armadas argentinas en 1985 ha sido un hecho único.
 
Quienes vivimos durante y antes de la dictadura desde nuestros lugares de trabajo y dentro de los claustros universitarios, sobre todo en las carreras sociales, podemos dar testimonio del acecho vivido durante todos esos años de plomo donde todo estaba bajo sospecha, vigilancia y una trama de delatores en todos lados acusando a quienes se les daba la gana. Todos tuvimos familiares o amigos desaparecidos, al punto de sentirnos culpables por seguir sanos y vivos. Era una situación tremenda. Una guerra interna donde todo el aparato militar y los servicios de inteligencia operaban sobre la población sin piedad. Algo horroroso sobre lo que no debe haber olvido ni perdón. Además de un ejercicio de la memoria permanente para que nunca más vuelva a suceder. Pero quienes tienen que tener más presente lo ocurrido son las autoridades gubernamentales, sean del color que sean.  
 
Con toda esa historia a cuestas... sabemos que no es así. Las actuales autoridades nacionales representan los intereses financieros de los grupos económicos dominantes relacionados con el capital extranjero, totalmente de espaldas a las necesidades del pueblo argentino y su campaña cultural va en consonancia. Lejos de hacer extensivos los beneficios de la democracia y los derechos adquiridos tras décadas de lucha, se han esmerado en suprimirlos como en las peores épocas de la oligarquía nativa.
 
Sin embargo, esta multitudinaria reacción popular puesta de manifiesto en estos cincuenta años del golpe militar, debe servir a quienes gobiernan como advertencia del poder de la voluntad masiva que siempre va exigir Memoria, Verdad y Justicia. 

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