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sábado, 16 de mayo de 2026

Cuba: “No se puede aceptar que un pueblo entero sea asfixiado”

La presión de Estados Unidos sobre Cuba entra en una nueva fase de endurecimiento. Las sanciones económicas, las restricciones financieras y las limitaciones al suministro energético agravan la situación en la isla.

Cubainformación

En esta entrevista, Salim Lamrani, especialista en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, analiza las consecuencias del bloqueo, las motivaciones de Washington y el contexto político regional.

¿Cómo analiza la situación actual de Cuba frente a la intensificación de las presiones estadounidenses?
 
Cuba atraviesa un período extremadamente difícil, probablemente el más complejo desde 1959, aparte de la crisis de 1962. Nunca antes la presión, la agresión y la hostilidad de Estados Unidos contra la isla habían alcanzado tal nivel.
 
Hay que recordar que Washington impone desde hace más de seis décadas un bloqueo económico que afecta a todos los sectores de la población cubana. Durante su primer mandato, Donald Trump endureció considerablemente estas sanciones.
 
Entre 2017 y 2021, impuso 243 medidas coercitivas adicionales. Eso representa una nueva sanción cada cinco días durante cuatro años. Estas medidas apuntaron directamente a las tres principales fuentes de ingresos de Cuba: el turismo, las remesas y la cooperación médica internacional.
 
¿Qué ocurrió después con la administración Biden?
 
La administración Biden no modificó en absoluto esta política. También mantuvo una decisión extremadamente grave tomada por Trump en enero de 2021: la reincorporación de Cuba a la lista de países patrocinadores del terrorismo.
 
Se trata de una lista unilateral elaborada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, totalmente carente de legitimidad. Basta recordar que Nelson Mandela permaneció en esa lista hasta 2008, incluso después de haber sido presidente de Sudáfrica.
 
Las consecuencias para Cuba fueron inmediatas: más de un centenar de instituciones bancarias y financieras internacionales rompieron sus relaciones con la isla. Esto complicó enormemente las inversiones extranjeras y agravó aún más la crisis económica.
 
Habla de una escalada sin precedentes. Concretamente, ¿qué significa eso?
 
La nueva administración Trump llevó la hostilidad a niveles inéditos, particularmente con el bloqueo petrolero.
 
Entre diciembre de 2025 y abril de 2026, un solo buque petrolero entró a Cuba, lo que equivale a doce días de consumo nacional. Y cuando hablamos de combustible, hay que entender las consecuencias concretas en la vida cotidiana.
 
El sistema eléctrico cubano depende en un 50 % del petróleo. Eso significa hospitales paralizados, operaciones suspendidas, transporte insuficiente, dificultades de acceso al agua potable, escuelas cerradas y graves problemas en la recolección de residuos.
 
Actualmente, alrededor de 100 mil pacientes esperan una intervención quirúrgica, entre ellos 11 mil niños. En algunas regiones, los cortes de electricidad pueden durar hasta treinta horas.
 
Son medidas unilaterales, inhumanas y totalmente contrarias al derecho internacional.
 
¿Por qué Estados Unidos mantiene esta política después de tantas décadas?
 
Cuba representa un símbolo en América Latina. A diferencia de otros países, el principal recurso estratégico de Cuba no es material, sino simbólico. Cuba logró desafiar a la principal potencia mundial en su propio “patio trasero” y construir una sociedad diferente, con educación gratuita, salud universal, acceso a la cultura y soberanía sobre sus recursos naturales. Eso es precisamente lo que Estados Unidos nunca ha aceptado.
 
Cuba demostró que era posible seguir un camino alternativo, incluso siendo una pequeña isla con recursos limitados y sometida a una fuerte presión externa. Mostró que era posible recuperar el control nacional de sus recursos y construir un proyecto soberano.
 
Eso constituía un precedente extremadamente peligroso para Washington, porque podía inspirar a otros países de América Latina. El gran riesgo histórico para Estados Unidos siempre ha sido el “efecto de ejemplo”.
 
Donald Trump declaró recientemente que quiere un cambio de régimen en Cuba. ¿Cómo interpreta esas declaraciones?
 
Creo que Donald Trump debe comprender algo fundamental: Cuba es un país independiente y soberano. El destino de Cuba depende exclusivamente de la voluntad del pueblo cubano. Ningún presidente estadounidense tiene legitimidad para decidir el futuro político de la isla.
 
Y ningún cubano digno de ese nombre debería pedir sanciones contra su propio pueblo. Nadie puede reclamar la asfixia económica de su propia población.
 
Washington suele justificar estas sanciones en nombre de los derechos humanos. ¿Qué opina al respecto?
 
Si Estados Unidos realmente se preocupara por los derechos humanos en Cuba, levantaría inmediatamente las sanciones económicas. El principal obstáculo para el bienestar del pueblo cubano es precisamente este bloqueo.
 
Hay que medir su impacto concreto: solo el año pasado, el costo ascendió a 7,55 mil millones de dólares, es decir, 20 millones de dólares diarios. Con esa misma suma, Cuba podría garantizar el abastecimiento de productos esenciales para toda la población durante seis años. Desde su imposición en 1960, las sanciones le han costado a Cuba más de 170 mil millones de dólares, y más del 80 % de la población cubana nació bajo este estado de sitio.
 
Además, las últimas medidas provocaron una caída de las tres principales fuentes de ingresos del país: menos 60 % en el turismo, menos 40 % en las remesas familiares y menos 20 % en la cooperación médica internacional.
 
Todo esto afecta directamente a la población.
 
También mencionó presiones sobre las misiones médicas cubanas. ¿Qué está ocurriendo?
 
La presión estadounidense es muy fuerte. Por ejemplo, el embajador de Estados Unidos en Cuba llegó incluso a viajar a Calabria, en Italia, para pedir a las autoridades regionales que pusieran fin a un acuerdo con médicos cubanos. Se trata de alrededor de 300 profesionales esenciales para el sistema de salud local.
 
Esto ilustra el nivel de injerencia diplomática: un embajador estadounidense que se desplaza a otro país para exigir el fin de una cooperación médica.
 
¿Qué debería hacer la comunidad internacional frente a esta situación?
 
Hace falta valentía política. Rusia ya mostró un camino enviando petróleo a Cuba. Otros países productores deberían hacer lo mismo. Brasil, Colombia y China tienen la capacidad necesaria para ayudar a la isla y resistir la lógica de la ley del más fuerte.
 
El pueblo cubano ha sido históricamente solidario con América Latina, África y Asia. Ya es hora de que el mundo le devuelva parte de esa solidaridad. El pueblo cubano no pide intervenir en los asuntos internos de Estados Unidos. Simplemente pide poder decidir soberanamente su propio destino.
 
Cuba solo desea tener el derecho de elegir cómo organizar su sociedad, sin injerencias externas.

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