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sábado, 13 de junio de 2026

América Latina: Resiliencia o entrega

 Resiliencia de la izquierda o entreguismo de la derecha: opciones actuales del juego geopolítico Latinoamericano. Y, por lo visto, no hay escapatoria que encuentre un sitio alterno. El reto se tiene que enfrentar, a costa de las intervenciones arbitrarias y poderosas si se opta por salvaguardar independencia soberana.

Luis Linares Zapata / LA JORNADA

La resistencia, es decir, el apego a los intereses populares, tiene que llevarse a cabo en medio de la confluencia de intereses internos con los del imperio. Una muy añeja pareja que conjuga a fuerzas disparejas en este subcontinente y con los resultados ya bien conocidos y explorados. Pero esas son las condiciones que rigen la actualidad. Hasta una patrocinada coalición de países, con gobiernos subyugados de la derecha criolla y externa, se formó, con sede en la “imparcial” ciudad de Miami, en espera de cualquier emergencia. Integran un frente de seguridad, presto a colaborar en la prevalencia del mando al intemporal llamado del amo.
 
Dos naciones, una colombiana, con próximas elecciones, y la otra peruana, son los teatros de este combate estratégico. Al parecer la izquierda peruana está dando cerrada pelea en el conteo de sus votos ya emitidos. Dar votos a la derecha de Fujimori equivale a contemplar un rival –por no decir enemigo– temible. La mujer lleva en su arsenal una cauda de trucos y traiciones documentadas. Esta señora, consumada perdedora pero irredenta manipuladora, mantiene el dominio del congreso, y bien se sabe cuales son las consecuencias de tal situación: llevó y mantiene en la cárcel al electo presidente Pedro Castillo, acusado de conspiración. Ahora, y a pesar del estrecho margen del virtual ganador Roberto Sánchez, haber logrado la hazaña de resistir los embates derechistas y corruptos es mérito más que sobresaliente.
 
La tarea a cumplir, además de la legítima estabilidad, implica la revisión de las ya apabullantes concesiones que la anormalidad deja instaladas. Por ahí flotan abusos trumpianos en el manejo de un puerto edificado con inversiones chinas y, en espera, las grandes concesiones mineras que serán constante preocupación y causa de protestas populares. En cuanto a Colombia, la intervención de Washington en apoyo del candidato de la derecha para hacerlo competir en la segunda vuelta, no fue más abierta porque sería abrumadora arbitrariedad. La pelea que el mismo presidente Gustavo Petro está dando puede rendir frutos indispensables para nivelar la arena.
 
Lo importante, además de lo relatado, yace un tanto más allá de esta circunstancia y tiene que ver con Brasil. Tal parece que Lula da Silva se mantiene con fuerza y perspectiva ganadora, pero no se puede descuidar ni un momento. El clan Bolsonaro conserva fuerza y bastos apoyos, no sólo al interior, sino también dentro de los clanes republicanos del norte y los intereses privados gringos. La escala de mayor interés del gobierno de Trump mira hacia México y sus elecciones electorales intermedias: ahí centran sus movimientos para debilitar el poder de Morena. Tienen, como escenario a conseguir, imprimir la imagen de una confluencia del crimen organizado con los actores políticos de nivel. Les subyuga, les ilusiona plasmar, en la imaginaria colectiva, la versión encerrada en el concepto de narcopolíticos y el dominio del crimen en la gobernanza nacional.
 
Un día tras otro, algún opinócrata muy placeado lo usará, sin faltar un columnista cuestionado que lo repita o un académico, con olor a respeto, exigiendo colocarlo conductor de programa noticioso o simple reportero asegurando que el panorama está impregnado por doquier de criminales. Lanzan sus seguridades con una pasmosa, aunque falsa seguridad de investigadores avezados, probados y conocedores hasta el mínimo detalle de tal tragedia, aunque también acarician llegar a consolidar la idea de una elite incapaz de gobernar debidamente.
 
Mostrar ese tinglado oficial ineficiente es objetivo y el elemento primario de apoyo, a tal incapacidad, provendría de una economía sin recursos para funcionar debidamente. En efecto: tratan de introducir un horizonte congestionado donde el desarrollo incluye nulo crecimiento actual y futuro. La consecuencia, inevitable, redundaría en no poder continuar con los beneficios que se han venido otorgando.
 
No crecer implica escasos recursos para la inversión, y ello condiciona la capacidad del gobierno para sostener su política social que tanto éxito ha dado a la izquierda para llegar y mantenerse en el poder. Esa será la condicionante de la derrota izquierdista venidera tal y como ha sucedido en incontables ocasiones, argumentan incansablemente.
 
Aunque también surge, desde la realidad, una imagen para contrariar tan usada consecuencia: la derecha no tiene argumentos efectivos para el convencimiento popular, y un gobierno que ha probado su identidad con las masas, conserva fuerza persuasiva y confianza de trabajo leal. Los ejemplos mencionados arriba ilustran el argumento.

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