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sábado, 27 de junio de 2026

Mientras rueda la pelota

 Mientras ruede la pelota y se distraen millones, se puede intentar soñar con la esperanza, no de lograr un título ecuménico, sino de un alivio en las sufridas multitudes del sur global.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Como decíamos en la columna anterior, el mundo sigue paralizado mientras se desarrolla el Campeonato mundial de fútbol 2026 de la FIFA en los estadios de Norteamérica. Multitudes emocionadas asisten a los encuentros, siempre que dispongan de buenos dólares para adquirir entradas volátiles que crecen al ritmo de la demanda, como indica el dios mercado. Imposible ser indiferente ante tanta bambolla expresada por los medios de comunicación ecuménicos. 
 
En consecuencia, seguirá rodando la pelota y mientras los aficionados disfrutan, quienes conducen las sociedades nacionales tienen un respiro, pero además los gobiernos de la extrema derecha extremarán recursos y medios para continuar su política predadora. Lo hacen constantemente, con ahínco y saña, de espalda a los miles de millones que padecen sus acciones malvadas y perversas que son su estilo y alegría, con ello complacen a sus fanáticos seguidores que siempre piden más, porque son insaciables y como insaciables no duermen, siempre quieren más sangre como vampiros que son. Pero bueno... no los alabemos tanto que se van a engolosinar. Sigamos que ruede la pelota a ver qué pasó en esta semana última de junio. 
 
Alta en el cielo flameaba la enseña patria el 20 de junio en el monumento a la bandera en la ciudad de Rosario. Miles de estudiantes de las escuelas primarias y secundarias juraban fidelidad ante las autoridades municipales, provinciales y nacionales convocadas a tal efecto; un acto que inspiraba a la unidad, aunque sabemos que esa utopía sólo anida en los corazones nobles de los infantes allí convocados, porque entre las autoridades se desarrollaba una batalla campal a veces no disimulada en los rostros. El presidente y la vice en filas separadas con sus respectivos séquitos y una guardia pretoriana compuesta por efectivos de diferentes armas mantenía al pueblo bien lejos, no fuera que a algunos se le diera por protestar o gritarle ladrón al Jefe de Gabinete. Además, si había manifestaciones obreras protestando y claro que las hubo de la Asociación de Trabajadores del Estado ATE, se las mantuvo a raya, a veinte cuadras y sin medios que dieran testimonio. Pero bueno... muchos optaron por refugiarse a ver algún partido y celebrar en la intimidad el encuentro.
 
Sin embargo, toda esta crónica se hizo trizas al conocer las noticias del tremendo sismo de más de 7 grados de intensidad que sufrieron nuestros queridos hermanos venezolanos este 24 de junio, en un momento que sufren terribles presiones del imperio del norte. Era horroroso ver el centro de Caracas y la ciudad de La Guaira. El evento dejó cientos de muertos, miles de heridos y una cifra de desaparecidos que supera las 50.000 personas. Las autoridades venezolanas informaron oficialmente sobre 589 víctimas fatales y 2.980 heridos, mientras que organizaciones ciudadanas afirman que la cantidad de personas sin localizar continúa en ascenso. Todos los países han salido a ofrecer ayuda humanitaria de acuerdo a sus condiciones, nivel de equipamiento y proximidad. Hemos visto a los venezolanos radicados en el país intentando comunicarse con sus  familiares y promoviendo desde acá que las organizaciones sociales comprometidas traten de llevar ayuda, dado que allá lo poco que hay es nada frente al desamparo. Mientras esto sucede con las comunidades de ambos países, el gobierno nacional tardó en tomar contacto con las autoridades venezolanas y puso de manifiesto las diferencias ideológicas, algo aberrante y vergonzoso, indigno e indignante.  Según expresó el comunicado de la Oficina de la Presidencia: “Más allá de las diferencias que puedan existir entre nuestros gobiernos, el presidente Milei extiende su mano en solidaridad con el pueblo venezolano”. No es de extrañar la falta de empatía, cuestión que no compartimos el resto de los ciudadanos argentinos.
 
Mientras nos dolía la situación de nuestro hermanos venezolanos, ese mismo día se celebró en todos lados el cumpleaños número 39 del capitán de la selección nacional, Lionel Messi y los canales nacionales y extranjeros pasaban las celebraciones en escuelas y plazas donde le cantaban el cumpleaños feliz, incluso ya se aventuran a celebrar sus cuatro décadas, ilusionados en que sea parte  de las efemérides nacionales, según proyectan sus fanáticos.
 
Mientras tanto, el presidente partió rumbo a España. El Presidente Javier Milei recibió esta mañana, en la localidad española de San Lorenzo de El Escorial, la Medalla de Honor de la Universidad de San Pablo, Madrid, donde también participó en la ceremonia inaugural de los cursos de verano y expuso sobre los principales logros de su gestión, ratificando su idea de que la eficiencia y la justicia deben ir de la mano. Las autoridades universitarias definieron que la distinción le fue otorgada por su “relevante papel como economista y docente; su destacada contribución al debate internacional sobre las políticas de libertad económica y a su liderazgo en reformas orientadas hacia la estabilidad y modernización internacional de la República Argentina”. Ante un nutrido auditorio, integrado también por el Canciller Pablo Quirno y la Ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, el mandatario explicó que decidió involucrarse en política al constatar que las cosas no se cambian gritando desde la tribuna, pero aseveró que no es sencillo estar en la función pública y, con una metáfora futbolera, manifestó que “cuando uno está en la tribuna es bastante más fácil que en el campo de juego”. Premios todos, basados en una extrema derecha petulante que se regodea de la miseria de miles de millones, mientras se enriquecen unos pocos. Pero en el caso de Milei, es mucho más notorio por su extremado egocentrismo y porque goza de los beneficios de su relación con Donald Trump y Marco Rubio. Sus cacareados logros del ajuste más grande de la historia de la humanidad, es el flagelo que puso a la Argentina en boca del mundo, pero su economía periférica y dependiente es un grano de arena frente a las economías del mundo desarrollado, comenzando por Estados Unidos que produce un cuarto del PBI mundial, a lo que hay que sumarle China, los países asiáticos y la Comunidad Europea. Argentina va a crecer si se lo permiten los otros países, nada más y mientras requieran de los productos que aquí se producen. No dependen del gran Javier, aunque él esté convencido.
 
Mientras rueda la pelota, se han conocido las cifras del desempleo y de la inflación y, aunque sabemos que son mentirosas, la situación de la gente en la calle y los testimonios que se recogen diariamente, muestran realidades inconexas. Mientras tanto, Milei y Caputo otorgaron concesiones a 30 años con la aprobación del súper RIGI a empresas privadas. Pero bueno... dejemos que el fútbol dé un respiro. 

Tan importante es la pelota y su influencia en el devenir de las sociedades que el rey Felipe VI de España accedió a la invitación de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Según las informaciones, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, recibió este jueves al rey Felipe VI de España en el Palacio Nacional en Ciudad de México, una cita que representa un paso firme en la normalización de las relaciones entre ambos países y abre la puerta a una nueva etapa de cooperación. En un mensaje en redes sociales, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México informó que el canciller, Roberto Velasco, fue el encargado de dar “la bienvenida al país al jefe de Estado español, el rey Felipe VI, en el marco de su visita oficial a México”. “México y España continúan fortaleciendo sus lazos diplomáticos en beneficio de la relación y del bienestar de sus pueblos”, añadió la Cancillería mexicana. Como parte de la ceremonia oficial de bienvenida, Sheinbaum recibió a Felipe VI en el Salón de Embajadores del Palacio Nacional, donde ambos encabezaron un breve acto protocolario antes de mantener su primera reunión privada. Más de siete años pasaron desde que el rey estuvo por última vez en México: fue el 1 de diciembre de 2018, cuando asistió a la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador quien, un año después, pidió por carta a la Corona española que se disculpara por los “crímenes y atropellos” cometidos durante la Conquista. Atendiendo a una invitación de Sheinbaum, Felipe VI realizó una escala en Ciudad de México de camino a Guadalajara para asistir al partido del Campeonato Mundial de Fútbol que disputarán este viernes la selección española y la de Uruguay. De algún modo y lo sabemos, el fútbol ha servido de pretexto para que dialoguen estos mandatarios a sabiendas de las iniquidades a la que sometió a los pueblos de este lado del mundo el imperio de Isabel la católica, hace más de cinco siglos. De modo, que  mientras ruede la pelota y se distraen millones, se puede intentar soñar con la esperanza, no de lograr un título ecuménico, sino de un alivio en las sufridas multitudes del sur global.

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