Lo que distingue al desarrollo en la historia de ese mercado es que designa las transformaciones de éste al pasar de su organización colonial de origen a la internacional que conocemos hoy, y las que buscan la forma y el sentido que demanda su transición a una nueva etapa de su historia, aún por definir. Esa primera transición generó la posibilidad de que países vinculados a la antigua periferia colonial aspiraran a iniciar un proceso de cambios que en 1980 el economista chileno Osvaldo Sunkel sintetizó en los siguientes términos:
Se entiende por desarrollo un proceso de transformación de la sociedad caracterizado por una expansión de su capacidad productiva, la elevación de los promedios de productividad por trabajador y de ingresos por persona, cambios en la estructura de clases y grupos y en la organización social, transformaciones culturales y de valores, y cambios en las estructuras políticas y de poder, todo lo cual conduce a una elevación de los niveles medios de vida.[1]
Para comienzos del siglo XXI se hizo evidente que algunos países provenientes de aquella periferia colonial habían logrado avanzar en ese proceso de transformaciones hasta conformar el núcleo del bloque de los llamados BRICS – Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica -, mientras en la mayor parte de ella persistían problemas de inequidad y dependencia, a menudo asociados a situaciones de inestabilidad política. No es de extrañar, así, que el debate en torno al desarrollo se haya ido ampliando más allá de su marco económico de origen, enriqueciéndose con la dimensión social, cultural, ambiental y política de ese proceso.
Para el siglo XXI, la Iglesia católica ha hecho dos importantes aportes a ese debate. En 2015, el papa Francisco dio a conocer la Encíclica Laudato Si’, que abordó la dimensión socioambiental de ese proceso de transición. Ahora, en 2026, el papa León XIV ha dado a conocer su encíclica Magnifica Humanitas, que aborda su dimensión sociocultural con especial referencia al impacto y los riesgos del desarrollo tecnológico, con especial referencia a la llamada Intelgecia Artificial. Esta ofrece una visión problema, que lo aborda como uno de desarrollo humano en los siguientes términos:
El desarrollo, tanto para las personas como para las naciones, es una tarea y al mismo tiempo un derecho; requiere condiciones mínimas que hagan posible a cada persona y a cada pueblo madurar según la propia dignidad, sin ser mantenidos en dependencia o excluidos del acceso a los bienes necesarios. El desarrollo es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulación de bienes, y cuando se refiere también a los pueblos, no sólo a los individuos. […] Por eso no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados impidiéndoles expresar sus propias potencialidades. El desarrollo es integral cuando no se reduce al ámbito, sino que promueve la calidad de vida en sus dimensiones espirituales, culturales, morales y relacionales, en el respeto a la Casa común, a la diversidad de los pueblos y a sus modos de vivir.[2]
Aquí no se trata de establecer cuál de estas definiciones es la más acertada. Podemos decir quizás que la de Sunkel enfatiza los aspectos cuantitativos del proceso de desarrollo, mientras la de Magnifica Humanitas enfatiza los cualitativos. Cabría agregar que ambas nos remiten a entornos distintos, aunque sin duda vinculados entre sí: Sunkel, al de la dimensión económica del desarrollo en la mejor tradición de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina (CEPAL), y Magnifica Humanitas a la sociocultural y ambiental, desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia. El hecho, sin embargo, es que cada una requiere de la otra para alcanzar la plenitud de su sentido. Lo importante, en todo caso, es lo que señala el párrafo 85 de Magnifica Humanitascuando señala que el proceso que las vincula ha de ser examinado con una pregunta decisiva sobre los cambios tecnológicos de nuestro tiempo: “¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?”
Magnifica Humanitas introduce una corriente de aire fresco en un debate que a menudo elude aquello a lo que alude: la calidad del desarrollo humano, esto es, la integralidad de ese proceso en lo que hace a sus consecuencias para la especie que somos, y a nuestras relaciones con el entorno natural del que depende nuestra existencia. Ese es su verdadero tema, aunque su asunto más importante en la coyuntura que vivimos sea el del impacto de la Inteligencia Artificial en la dimensión humana del desarrollo económico, y político, a escala global.
En esa perspectiva, el aporte mayor de Magnifica Humanitas trasciende su asunto inmediato, y nos proporciona un admirable marco de referencia para sustentar su planteamiento de la doctrina social de la Iglesia en los principios que la fundamentan, valorados a la luz de los graves problemas sociales de nuestro tiempo. Los párrafos que dedica a esos principios – el del bien común, y los del destino universal de los bienes, de la subsidiariedad, de la solidaridad y de la justicia social -, los remiten a su significado “en nuestra época, marcada por nuevas formas de poder global y por desigualdades crecientes”, en la cual
siguen siendo especialmente significativos tres principios: la exigencia de que el derecho prevalezca sobre el interés, la conciencia de que las disparidades económicas son terreno fértil para las tensiones y la violencia, y el valor de un tejido asociativo capaz de mediar entre el individuo y el Estado.
Para una América nuestra que demanda la creación de sociedades prósperas, inclusivas, sostenibles y democráticas, Magnifica Humanitas proporciona un marco de referencia y propósito de gran valor. Así encarada a la luz de nuestras circunstancias, esa doctrina social plantea la búsqueda de un desarrollo humano integral, entendido como “un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro también a las generaciones venideras”. Con once años de diferencia, Laudato Si’ y Magnifica Humanitas convergen al expresar lo mejor de nuestro tiempo en la tarea mayor de crear las condiciones que demanda el desarrollo al que nuestra América aspira.
Alto Boquete, Panamá, 19 de septiembre de 2026
[1] Sunkel, Osvaldo (1980:10): “Introducción. La interacción entre los estilos de desarrollo y el medio ambiente en América Latina”, en Sunkel, Osvaldo y Gligo, Nicolo (selección): Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina. 2 tomos. CEPAL / Fondo de Cultura Económica, México.
[2] León XIV (2026: 83): Magnifica Humanitas. Carta Encíclica del Santo Padre León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario