sábado, 11 de febrero de 2017

El lacerante mundo de hoy

¿Cómo podemos seguir construyendo una sociedad donde, de mantenerse las tendencias actuales de consumo, necesitaremos dos planetas para atender las demandas en recursos naturales en el año 2030 y tres en el 2050, según el informe 2010 de “Planeta Vivo” realizado por el Fondo de Conservación de la Naturaleza?

Pedro Rivera Ramos / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Según la teoría más popular y difundida, hace aproximadamente 65 millones de años, una gigantesca nube de polvo y humo cubrió totalmente el Sol, luego que un asteroide de grandes proporciones impactara en lo que es hoy, la península de Yucatán. Ese cataclismo universal tan impresionante, hizo desaparecer a todos los dinosaurios sobre la Tierra. Por otro lado, tan sólo en cuatro millones de años se estima la antigüedad del homínido Australopithecus, predecesor del Homo sapiens, que viene a aparecer entre 250 mil y 50 mil años atrás. De modo que el hombre moderno, el Homo sapiens sapiens, es decir, nuestra especie, tiene una edad de unos 35 mil años. Existencia excesivamente corta si consideramos que millones de años antes, ya habían seres vivos sobre la Tierra y que como especie requerimos un millón de años, para alcanzar una población de mil millones.

Por tanto, lo expresamos con crudeza: nuestros niveles de contaminación, depredación de los recursos naturales e injusticias por doquier, junto a una creciente mentalidad hedonista y utilitarista, nos hacen semejar más a una devastadora plaga que a una especie dotada de raciocinio e inteligencia. Y es que hoy es evidente que los seres humanos estamos acercándonos a los bordes físicos de nuestro planeta, estamos en el momento menos racional de la historia humana. Nos encontramos, como diría Leonardo Boff, en su “Ética del nuevo milenio: justa medida y cuidado esencial, en una travesía peligrosa, de un Viernes Santo purificador”.

No es una alarma ni infundada ni exagerada. Vivimos en un mundo sumergido en los absurdos y en las contradicciones. Devastamos un país para luego reconstruirlo, de la misma forma que destruimos los ecosistemas y luego organizamos tours, para presenciar el deshielo de los polos. Hay en todo esto una regresiva racionalidad que supone la pérdida de derechos humanos, colectivos y como especie, para priorizar los derechos y la codicia de las corporaciones.

Nuestra humildad y grandeza no puede sólo descansar en nuestra certeza actual, que basta el doble de genes de un gusano para construir un ser humano promedio, ni que sepamos que nuestro patrimonio genético es 97% similar al de los gorilas. Con ello no basta. Necesitamos comprender que las injusticias y la inequidad en el mundo, hacen que un niño muera de hambre cada 5 segundos y que en ese lapso la Humanidad se gaste 150,000 dólares en armamento; mientras que menos de dos dólares diarios, sea el ingreso de la mitad de los habitantes del planeta. Asimismo, que el fenómeno de la desnutrición en los distritos indígenas de nuestro país, oscile entre el 55% y el 72% y que de cada 10 panameños, 4 sean pobres, en un país cuya economía viene creciendo desde hace décadas, a un ritmo promedio de entre 4% y 5%.

Veinte días de gasto militar en el mundo, son suficientes para satisfacer las necesidades básicas de los más de mil millones de hambrientos. Ellos son los mismos que la FAO asegura que con tan solo un presupuesto anual de 30 mil millones de dólares, los haría felices. Esta cifra es modesta, si recordamos que en sólo dos años, la ayuda económica a la banca internacional entre el 2007-2010, superó los 17 trillones de dólares, es decir, 17 millones de millones. Y que para tener una idea aproximada de esa exorbitante suma, diríamos que representa casi 99 veces más, que el peso que en toneladas se le calcula a la Luna. ¿Qué lógica humana es ésta que condena a tantas personas a la muerte segura, para salvar a un sistema financiero tan injusto? ¿Cómo podemos seguir construyendo una sociedad donde, de mantenerse las tendencias actuales de consumo, necesitaremos dos planetas para atender las demandas en recursos naturales en el año 2030 y tres en el 2050, según el informe 2010 de “Planeta Vivo” realizado por el Fondo de Conservación de la Naturaleza?

Esta dramática realidad bien pudo haber servido para llevar al Premio Nobel de Literatura, José Saramago, durante la conmemoración de los cincuenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para sentenciar: “Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se expande. La misma esquizofrénica humanidad capaz de enviar instrumentos a un planeta para estudiar la composición de las rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas a causa del hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestros semejantes.”

No hay duda alguna que el mundo tal como está siendo levantado no es ni ética ni ecológicamente sostenible. Las injusticias y desigualdades tan lacerantes que existen, confrontan diariamente nuestra noción sobre el ámbito que realmente alcanza a todo lo que hemos concebido como humano y nos aproximamos peligrosamente a un estado de deshumanización sin precedentes en la historia. Ya en el Informe de la Comisión sobre Educación de la UNESCO de 1996, más conocido como el Informe Delors, se nos revelaban datos tan dramáticos como injustificables. Allí, aprovechando a Javier Gorostiaga en la “Civilización de la copa de champagne” se afirma que:

“EEUU utiliza el 25% de los recursos mundiales cuando sólo tiene el 5% de la población mundial.
Los 225 individuos más ricos del mundo, de los cuales 60 son norteamericanos, tienen una riqueza combinada de más de mil billones de dólares, igual que el monto de los ingresos anuales del 47% de la población más pobre del mundo entero.
Las 3 personas más ricas en el mundo tienen más riqueza que el producto bruto combinado de los 48 países más pobres”. Hace más reciente, en su Informe “Una economía para el 99%”, la organización OXFAM International, estimaba que “solo ocho personas, y todos hombres, tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial”.

Estas realidades que siguen identificando al mundo del siglo XXI, tienen también su expresión concreta en países como el nuestro. Aquí la pobreza y las desigualdades sociales han venido siendo construidas, por un sector minoritario de la población que se resiste a compartir la riqueza producida por todos. Hace algunos años y durante la presentación en nuestro país de un Informe Mundial de Desarrollo Humano, se revelaba que contábamos con cerca de 420 mil panameños que sobrevivían con menos de un dólar diario y que el 32% de la población vivía en condiciones de pobreza o pobreza extrema. Todo esto acontece en un país, que según el mismo Informe, cuenta con uno de los promedios de ingresos más altos de la región latinoamericana. De allí que Kim Bolduc, Coordinadora Residente del Sistema de Naciones Unidas en Panamá al comentar está injusta situación refiriéndose a está injusta situación ese día, expresara: “La pobreza es intolerable en un país de tanta abundancia”.

1 comentario:

Rebeca Vega-Gonzalez dijo...

Tanta verdad la deshumanizacion de la gente del planeta tierra y ahora el presidente Trump: "Declara que todo lo del calentamiento global es un cuento"...Tamaña estupidez...la comunidad cientifica se ha paralizado y no nos damos cuenta que en esta barco estamos TODOS, TENMOS QUE TRABAJAR JUNTOS... o ninguno tiene futuro...