Bajo un calor agobiante -que ha servido para que la FIFA haga cortes “de hidratación” que posibilitan que las televisores pongan más anuncios-, el campeonato mundial de fútbol avanza entre polémicas, acusaciones, lágrimas y euforia desbordantes.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
No hay evento colectivo que tenga más impacto en el mundo de hoy. No hay, tampoco, mecanismo más poderoso para poner en funcionamiento ese viejo aparato, que a veces parece oxidado y demodé, que es el nacionalismo.
Es impresionante ver las pantallas al aire libre en el Cairo o en Oslo, con decenas de personas con el rostro expectante, ansioso, asustado o eufórico. Unidos todos como uno solo, cuando en la vida diaria están separados y hasta enfrentados por razones políticas, de género, de clase, étnicas o condición migratoria.









