sábado, 11 de julio de 2026

Argentina: In-dependencia

Este nueve de julio se cumplieron doscientos diez años de la declaración de nuestra Independencia.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

En efecto, en San Miguel de Tucumán se celebró el 
Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica para limar asperezas entre Buenos Aires y las provincias, cuyas relaciones estaban deterioradas. Cada provincia eligió un diputado cada 15.000 habitantes. Las sesiones del Congreso se iniciaron el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados de un territorio bien diferente de lo que hoy es Argentina. Charcas, por ejemplo, que hoy es parte de Bolivia, envió un representante. En cambio, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe no participaron del Congreso porque estaban enfrentadas con Buenos Aires y en ese entonces integraban la Liga de los Pueblos Libres junto con la Banda Oriental, bajo el mando del Gral. José Gervasio Artigas. Todos los congresales eran monárquicos, no conocían otro régimen. Incluso se sugería una monarquía incaica. 

 

Según Dardo Pérez Guilhou, reconocido constitucionalista mendocino, quien me honró con su amistad:Finalmente, desde el punto de vista institucional, la monarquía ya de por sí traía inconvenientes, como quiera que hubiera sido indispensable modificar la Constitución del 19 para adaptarla, si se llegaba a materializar el plan. En la sesión secreta del 3 de noviembre de 1819, los congresistas observaron la incompatibilidad que existía entre la entronización del príncipe francés “con la forma de la constitución política del estado que estaba ya sancionada y publicada”. 

 

La batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820, con el triunfo de los caudillos, sobre el gobierno nacional, puso fin a la política del directorio y del Congreso y con ella al intento de implantar la monarquía. Venció la idea republicana federal, que constituída ya en nueva realidad nacional, borró la posibilidad del intento Monárquico.”[1]

 

En la historia de las ideas políticas el concepto de «independencia» apareció entre las colonias británicas en América del Norte para reaccionar contra el colonialismo europeo, en el cual las decisiones que afectaban a los pobladores americanos eran troilos llevados del chiras también tomadas en Gran Bretaña, sin ninguna participación de aquellos. El impuesto del té que generó la revolución es un claro ejemplo de ello.

 

El concepto político de dependencia se opone al de independencia. A su vez, las ideas de dependencia e independencia están íntimamente relacionadas con la idea y el fenómeno de nación y se refieren constantemente a ella y a sus derechos. El estado-nación moderno, como derecho de los pueblos a su autodeterminación, y la igualdad jurídica de los estados-nación entre sí, son consecuencias directas de la dinámica independencia-dependencia que llevó al fin del colonialismo.

 

Casualidad o causalidad, el pasado 4 de julio se cumplieron 250 años de la Independencia de los Estados Unidos de América de Inglaterra, apenas 40 años antes de la que luego sería Argentina. La independencia lograda por las posesiones inglesas en Norteamérica en 1776 fue un faro para los revolucionarios del Río de la Plata. 

 

Sin embargo, ese origen compartido no se tradujo en una relación estrecha entre Washington y Buenos Aires. Ni en una esperable solidaridad durante las luchas anti-coloniales. 

 

Recordemos que EE UU se anticipó a reconocer la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1822, un año antes de la doctrina Monroe, con su celebre imposición “América para los americanos”, donde prácticamente se adueñaban de la América hispana. Como sabemos, a partir de entonces también, el control de la opinión pública a través de los medios de comunicación, fue una constante disputa entre los sectores de poder. El nacimiento de los grandes periódicos tuvo ese cometido.

 

Por otra parte, la historia muestra una recurrente tensión, plagada de controles y represiones, entre el poder político y los medios de comunicación, que han soportado agresiones de gobiernos cualquiera fuera su signo. Mucho más ahora, en que la era digital sobre pasó medios escritos y noticiarios televisivos.

 

¿Por qué con sus altos y bajos ocurren los ataques al periodismo en la forma de una nutrida batería de injurias emanadas del Gobierno? Para quien se asoma al presente con ánimo optimista, tal escenario es quizás inesperado; para quien explora, en cambio, la historia podrá comprobar una recurrente tensión, plagada de controles y represiones, entre el poder político y los medios de comunicación. Esa fricción ahora se instala en una mutación civilizatoria impulsada por transformaciones científico-tecnológicas que parecen invadir el espectro entero de las relaciones sociales. ¿Qué nos pasa entonces cuando desde el poder se vocifera e insulta al periodismo, principal actor de la libertad de prensa? No hay que engañarse. Hasta uno de los más entusiastas defensores de dicha libertad en los orígenes de la tradición republicana retaceó, tal el caso de Thomas Jefferson, a aquella robusta confianza en el papel impreso cuando le tocó desempeñar el cargo de presidente. El padre de la independencia de los Estados Unidos no soportó la crítica de los periódicos transmisores, a sus ojos, de mentiras y hostigamientos. Entre nosotros estos episodios se repitieron a lo largo del último siglo. ¿O, acaso, no cabe recordar la autoritaria imposición de la censura que se desplegó sin cesar involucrando a tirios y troyanos? Ninguna primicia para quien observa este ánimo inquisitorial en circunstancias cambiantes. Las circunstancias -el periodismo y sus lectores- las vivimos a diario; los cambios de marras tienen al contrario un alcance mucho más amplio porque se insertan en la continuidad que muestra el asedio secular al periodismo, nos apunta el notable analista Natalio Botana, cuya familia estuvo ligada al periodismo desde la década del veinte del siglo pasado.

 

“In” en inglés funciona como una preposición “dentro de”. En lo político, la dependencia, es una situación de sujeción en la que se encuentra una entidad estatal o una comunidad nacional, de otra entidad estatal, de tal modo que su voluntad se encuentra anulada o limitada para tomar decisiones fundamentales. De acuerdo al tipo de sujeción se distingue entre dependencia política propiamente dicha, dependencia económica, y dependencia cultural. Sin embargo, en lo práctico, consiste en deuda. De allí el título aparentemente contradictorio de la columna: “In - Dependencia”. 

 

Razón por la que me escapo a ver series, por sugerencia de un artículo de Marcelo Figueras en El cohete a la luna del pasado domingo, me enganché con una película reciente que recrea el juicio a los jerarcas nazis que, entre fines del '45 y fines del '46, sostuvo en vilo al mundo: Nuremberg, dirigida por James Vanderbilt. No interesa el hecho histórico en sí mismo, ni la Segunda Guerra, altamente explotada por la industria del cine a nivel mundial. Interesa porquehabla del pasado, y nada más. La primera plana nazi estaba compuesta de lúmpenes, fruto de la República de Weimar, (cuya Constitución socialista es objeto de estudio en materia de derechos sociales). Hitler lo era. Göring era hijo de una campesina, que corneaba a su padre con un empresario judío. Himmler era hijo de un maestro. Goebbels era hijo del empleado de una fábrica. Cuando esos figurones cayeron en desgracia, nadie los defendió. Nuremberg se centra en la relación entre Göring (Russell Crowe) y el psiquiatra Douglas Kelley, que lo trató y estudió durante los prolegómenos del juicio. Sobre el final, Kelley, interpretado por Rami Malek, insiste en que Göring & Co. no tenían nada de excepcional. Eran ejemplares típicos, promedio, de la sociedad que los había engendrado. Dados los tiempos convulsos que vivimos, propuestos por la derecha internacional y su manipulación mediática, es recomendable verlo.

 

Coincidentemente en “La tierra elegida”, el escritor Juan Forn, rescata en un pasaje Kafka me dijo, un relato ocurrido en la República de Weimar, donde se gestaba el nazismo y los personajes involucrados en el film Nuremberg aludido. Gustav Janouch conoció al doctor Franz Kafka en1924. El 14 de mayo el padre de Janouch se había quitado la vida; el 3 de junio Kafka murió en un sanatorio privado de Kierling, cerca de Viena. 21 días separaban a ambas muertes. “La historia del libro y la del propio Janouch desde aquel día de 1924 son igualmente impresionantes. Para Janouch, como par Europa entera, las dos décadas siguientes fueron ‘un prolongado alejamiento de todas las posibilidades de evolución de una personalidad íntima.’: la caída de Weimar, el advenimiento del nazismo, la guerra. Aunque Januoch combatió en la Resistencia, al volver a la clandestinidad fue sometido por el nuevo régimen a quince meses de ‘prisión preventiva’ en la prisión de Pankrác por sus ideas anticomunistas.”

 

Max Brod, el amigo editor de los libros de Kafka, nunca recibió el cuaderno escrito de las Conversaciones con Kafka, Jana Vachover quien los pasó a máquina, los había traspapelado. Finalmente, “Gustav Januoch logró morir en paz, en Praga, durante aquella primavera de 1968 gloriosa y luego oprobiosa para Checoslovaquia, poco después de que alcanzara a tener en sus manos la nueva edición de su libro, ahora completa.” (págs. 61/67)

 

La historia es un argumento sin final, es una frase de Peter Geyl utilizada por el cientista social, Vicente Massot para presentar su reciente ensayo que invita a repensar la Independencia argentina: Guerra, política y diplomacia. La independencia reconsiderada.

 

In - Dependencia, Milei es el primer presidente en celebrar en la Embajada norteamericana en Argentina los 250 de su independencia, es decir, estuvo en territorio yanqui, ocupado por su amigo Peter Lamelas. Al ritmo de YMCA, la cortina de los mítines trumpistas, la sede estadounidense en Buenos Aires reunió a funcionarios del gobierno, dirigentes (peronistas excluidos), empresarios, un imitador de Elvis Presley más un invitado que sirvió de co-hostJavier Milei.

 

Al cierre, en la noche del 8 de julio Milei fue acompañado por 14 gobernadores aliados a la Casa de Tucumán. El mandatario utilizó el 9 de julio, día de la Independencia, para mostrarse con un grupo de gobernadores a dos años de la firma del Pacto de Mayo. “Es momento de hacer una renovación de los votos”, expresó jocoso, como si los gobernadores estuvieran casados con él. Los mandatarios provinciales, más allá de que muchas provincias están siendo asfixiadas presupuestariamente hace más de dos años, aplaudían cada frase del Presidente, incluso cuando se jactó de hacer “el ajuste más grande de la historia”. También festejaron cuando Milei dijo que sus ministros se parecen “a los patriotas de 1816″, y cuando opinó que su gobierno “se asemeja a una segunda independencia”olvidando que ya había sido declarada: fue en 1947 y la hizo el entonces presidente Juan Domingo Perón. Paradoja siendo que es el mandatario más cipayo y lamebotas que hemos tenido en toda nuestra existencia como país independiente.

 

Recordemos que el gobierno neoliberal de Macri quiso anular la historia, sólo le importaba el futuro en su cruzada cultural e intentaba borrar su fortuna familiar crecida en el segundo gobierno peronista. El pseudo doctor Javier Gerardo Milei, cuyo padre hizo fortuna con subsidios al transporte en gobiernos peronistas también, pretende directamente, en su libre interpretación del pasado, volver al siglo XIX y al modelo agroexportador de Julio Argentino Roca, el general oligárquico creador del Partido Autonomista Nacional PAN, pan para unos pocos, digamos, transformándolo en colonia exportadora de bienes primarios, importando bienes secundarios producidos en el imperio británico, como los ponchos rojo punzó de los mazorqueros de Juan Manuel de Rosas. Pero bueno... como dijimos más arriba, la historia se reescribe en todo momento.

 



[1] Dardo PÉREZ GUILHOU, Las ideas monárquicas en el Congreso de Tucumán, Buenos Aires, Depalma, 1966. Pág. 6.

 

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