sábado, 28 de marzo de 2020

Después de la emergencia, ¿qué nos corresponde hacer?

Esta emergencia mundial ha sido pródiga en información de todo tipo: científica, política, social y económica y geopolítica. Como estamos encerrados, a nuestros servidores y celulares llega de todo y nos enteramos de mucho. Pero, sobre todo, excelentes análisis de situación que nos permiten dimensionar, desde perspectivas distintas, el contexto y la coyuntura en que vivimos.

Jaime Delgado / AUNA-Costa Rica

Dos son los ejemplos que voy a atreverme a subrayar. El primero,  el del Dr. Manuel Alcántara, un politólogo colombiano, conocido en nuestro medio intelectual, con su artículo “Es el Estado, ¡Estúpido!”, que le publica Latinoamérica 21 (18/03/20). Después de juzgar los múltiples recetarios de neoliberalismo hacia nuestros países, que nos advierten de las falencias del estado y las virtudes del mercado, el autor nos pone frente a la situación actual de emergencia mundial en donde son precisamente los estados y no otro ente (privado) los que están dando la batalla y a los que les corresponde hacer la tarea para enfrentar el porvenir inmediato.

Solo cito el final del valioso artículo:

“Solo una sanidad pública aupada sobre la lógica del asistencialismo universal que requiere de políticas públicas de largo alcance, con planificación y cobertura presupuestaria suficiente sabe dar una respuesta justa y adecuada a la pandemia suscitada. Solo una coordinación desde un poder ejecutivo legítimo es capaz de atemperar el desconcierto y el desorden social inicial utilizando resortes de diversa naturaleza entre los que destacan la información y el conocimiento, las fuerzas de seguridad, así como la red de comunicaciones y de transporte. Solo un orden político basado en la solidaridad y firme defensor de los principios de igualdad, libertad y justicia puede articular respuestas que mitiguen diferentes daños causados en el tejido productivo en distintos sectores de la economía al igual que en el ámbito laboral. Todo ello requiere de la presencia del Estado, sea cual sea su configuración: supranacional, nacional, regional o local. Si hace tres décadas se hizo famoso que era la economía quien tenía la última palabra hoy es el Estado el que tiene la respuesta.”

Solo reiter
o: se “requiere de la presencia del Estado, sea cual sea su configuración: supranacional, nacional, regional o local”, pues la tarea es del estado.

El segundo es un artículo “La economía después de la catástrofe” del politólogo argentino Atilio Borón, crítico señero del neoliberalismo y fuente de abundante optimismo a pesar de la frustrante historia reciente de Nuestra América. Es del día de ayer (21/03/2020) y lo instala en su página web Atilio Borón. Atilio construye su artículo a partir de lo que ha sido, a nivel global, la realidad del estado desde la Gran Depresión de los años 20 del siglo anterior. Afirma, con datos cómo el Estado no ha dejado de ser un actor importante en la vida económica y social de los países centrales del capitalismo mundial y que, en esa medida riñe, esa práctica, con los discursos neoliberales que nos recetan frecuentemente.

Ese análisis desemboca en la coyuntura actual y nuestra perspectiva una vez salidos de este atolladero. Solo cito su conclusión: 


“Ese es el mundo que se vendrá una vez que la pandemia sea un triste recuerdo del pasado. Claro que para ese momento las fuerzas populares tendrán que estar muy bien organizadas y concientizadas (y articuladas internacionalmente) porque estos cambios no vendrán como el obsequio de una burguesía imperial arrepentida de sus crímenes y deseosa de abandonar sus privilegios, sino que deberán ser conquistados a mediante grandes movilizaciones y luchas sociales para imponer un nuevo orden económico y social poscapitalista. Habrá que tener valor para pelear por la construcción de ese nuevo mundo, pero también inteligencia para estimular la conciencia crítica de las grandes masas populares y evitar que caigan, una vez más, en las trampas que los hechiceros del neoliberalismo ya están preparando. 

Ellos tienen muy claro su objetivo: después de la pandemia, que todo siga igual. Nosotros debemos estar dispuestos a enfrentarlos y encargarnos de lograr precisamente lo contrario: que nada siga igual, alumbrando con nuestras luchas y nuestra conciencia los contornos de la nueva sociedad que pugna por nacer. Una sociedad, en fin, en donde la salud, los medicamentos, la educación, la seguridad social, la vivienda, el transporte, la cultura, la comunicación, la recreación, el deporte y todos los componentes que hacen a una vida digna dejen de ser mercancías y adquieren su imprescindible condición de derechos universales. Y esta será una gran oportunidad para intentarlo.”

Y subrayo: para cuando la pandemia haya pasado, “las fuerzas populares tendrán que estar muy bien organizadas y concientizadas (y articuladas internacionalmente)…” Es pues, una llamada de atención para todos, ahora que, en los encierros domésticos, nos comunicamos con el mundo y, a través de las redes sociales estimulamos conductas y prácticas de solidaridad inéditas.

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