sábado, 2 de mayo de 2026

Crisis planetaria: escatología y salvación

Como se sabe, el Antropoceno designa una época geológica en la cual la especie humana ha alcanzado la capacidad de una fuerza natural que incide directamente en  el funcionamiento del Sistema Tierra. Con ello, altera –a través por ejemplo del cambio climático– las condiciones que hasta ahora han permitido el desarrollo de la especie humana a lo largo de los últimos 11,700 años, correspondientes a una época anterior, el Holoceno, que ha favorecido ese desarrollo.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

Ese uso del término fue propuesto en el año 2000, y despertó a partir de allí un largo debate. Para el 2024, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas rechazó su utilización como categoría científica en ese campo. Para entonces, sin embargo, ya había encontrado una amplia acogida en otros campos del saber y había contribuido a establecer nuevas formas de diálogo y colaboración entre las ciencias de lo natural y las de lo social. Así, si hoy no designa oficialmente una época geológica, culturalmente nos remite a una época histórica comprendida a partir de formas innovadoras del conocer y el comprender nuestro lugar con el Sistema Tierra del que hacemos parte. De este modo, si bien el término hoy carece del sentido de novedad que lo caracterizó en su fase inicial – que tampoco fue universal, pues impactó sobre todo en la cultura Noratlántica y mantuvo un lugar marginal, por ejemplo, en la de nuestra América -, su presencia hace parte ya de un vasto proceso de renovación de las estructuras del saber, que seguirá en curso en el futuro previsible. 

 

A esa tendencia de largo plazo se refiere un texto de la filósofa polaca Ewa Binczyk titulado “¿La más importante discusión del siglo XXI? El debate sobre el Antropoceno reflejado en siete puntos”, que publicara en 2019 The Anthropocene Review, de especial relevancia en este campo.[1] Para Binczyk, los siete puntos a que se refiere su trabajo incluyen 1) la confrontación entre marcos de referencia históricos; 2) el drama relativo a la pérdida de futuro; 3) una importante reinterpretación de conceptos filosófico básicos; 4) la unificación de diferentes disciplinas en torno a una agenda común de investigación; 5) el problema central de la irreversibilidad; 6) la dimensión escatológica del debate, y 7) la visión del debate como medio de advertencia y catalizador para el cambio político.

 

No es el caso aquí de reproducir el detalle de ese planteamiento. Basta con decir que el concepto de Antropoceno vincula estrechamente entre sí la historia del planeta Tierra – de unos 4.5 mil millones de años - con la de la vida en éste – de unos 3.5 mil millones -, y ambas con la del desarrollo de la especie humana a lo largo de unos dos millones de años y, en particular, con los de ese desarrollo en los 11 mil años del Holoceno antes mencionado. 

 

El punto aquí es que en el marco de esa relación la constante interacción de la especie humana con sus entornos naturales ha venido a generar – entre otros - efectos geológicos de larga y muy larga duración. Con ello, nuestra crisis ecológica global presenta una escala que puede desorientarnos “y podría tener incluso un efecto aturdidor, pues los cambios que enfrentamos son asombrosamente intensos y destructivos” en lo que hace a nuestro desarrollo como especie.  Ese efecto desconcertante se hace sentir en lo que Binczyk llama “el riesgo de perder el futuro”, en cuanto altera el marco de referencia lineal de una visión de la historia como un proceso progresivo, y genera en cambio la posibilidad de una crisis de civilización asociada al deterioro de las condiciones naturales necesarias para ese desarrollo.

 

Por otra parte, los hechos del Antropoceno obligan a ver en la naturaleza y la sociedad dos elementos que se condicionan mutuamente. Con ello, la separación –cuando no el conflicto– entre naturaleza y sociedad, y la aspiración misma a dominar a la naturaleza para ponerla a nuestro servicio (construyendo por ejemplo un canal a través del Istmo de Panamá) cede su lugar a la comprensión de ese mutuo condicionamiento como el marco fundamental en el desarrollo de la especie humana que no se limita a utilizar los recursos de la naturaleza, sino que la transforma mediante el trabajo socialmente organizado para adaptarla a sus necesidades. Así, se renueva el cuestionamiento a la prolongada separación del conocer en los campos de lo natural y lo social, en cuanto se hace evidente nuestra capacidad social para incidir en lo ambiental más allá de lo que antes imaginamos.

 

Esta constatación cuestiona por un lado la organización tradicional del conocer en nuestra cultura, mientras por el otro crea posibilidades inéditas para construir agendas comunes para la investigación de problemas que interesan a las dos partes cuya relación es el objeto de ese conocer. Con esto, el Antropoceno abre posibilidades que confirman las intuiciones geniales de científicos como Vladimir Vernadsky, que en la década de1930 vinculó el concepto de biosfera al de noosfera – como esfera vital creada por el conocer. Así, dice Binczyk, los humanos nos vemos unidos por la desestabilización de los sistemas planetarios generada por el tipo de desarrollo social dominante, el cual se ve amenazado a su vez por esa desestabilización.

 

Esto tiene su importancia ante el hecho de que las consecuencias de la crisis socioambiental tienen un carácter irreversible por su magnitud y su complejidad. Así, “mientras el problema de la irreversibilidad implica que las posibilidades de la acción humana se estrechan y el conjunto de opciones disponibles se cierra”, esto implica también que “cada decisión económica y política, y aun la pasividad (el costo de la inacción) adquiere una importancia sin precedentes”, en la medida en que “la intensificación del impacto humano sobre los sistemas planetarios lleva a cruzar muchos puntos de no retorno a un mismo tiempo.”

 

En ese sentido, el Antropoceno “tiene un aspecto escatológico en la medida en que se refiere a lo que a menudo es percibido como la última oportunidad para una humanidad situada al borde del olvido para protegerse a sí misma del riesgo de la desestabilización de los sistema planetarios.” Aquí, dice la autora, 

 

ya no hablamos de un riesgo a ser manejado o contenido, o del optimismo con respecto a prácticas de desarrollo sostenible que estén siendo implementadas. En vez de eso, la discusión se concentra en la desestabilización irreversible del clima, las extinción masiva y de atravesar límites planetarios, todo ello de una naturaleza mucho más paralizante.

 

Todo esto plantea la necesidad de encarar un debate que sirva a un tiempo para advertir la gravedad de los problemas que enfrentamos, y para catalizar el cambio político. Al respecto, para Binczyk

 

El potencial de la idea del Antropoceno tiene sus raíces en la posibilidad de que cristalice una nueva perspectiva: una que hará posible para nosotros liberarnos del marasmo. Esto involucra varias cosas: 1) una visión integrada de los sistemas planetarios, liberada de visiones disciplinarias; 2) la admisión de que los humanos se ven amenazados con perder el futuro y con una cascada de pérdidas irreversibles ocaionadas por la actividad humana; 3) la idea de un ‘nosotros’ planetario, como fundamento crucial para definir objetivos políticos sin demora. […] La idea del Antropoceno, y el debate, pueden revelar que, ante las crisis de los sistemas planetarios, nuestra manera actual de pensar ha probado ser inadecuada.

 

En suma, “hay una dimensión sediciosa en el debate analizado. ¿Es el debate sobre la era del hombre capaz de inducir cambios ambientales decididos, políticos, favorables al ambiente? El tiempo dirá si la discusión sobre el Antropoceno nos ayudará a escapar del marasmo que caracteriza a la actual política sobre el clima.” Esa conclusión es de especial importancia para la cultura Noratlántica, cuna al mismo tiempo del humanismo liberal y de los peores excesos de racismo y discriminación, que se renuevan en la crisis actual. En estas cosas, siempre será mejor estar con el mundo que apartarse de él, para percibir la crisis que compartimos con el resto de la humanidad, y actuar en consecuencia. Lo que sigue pendiente es saber si las sociedades que tenemos están en capacidad de encarar ese debate, o si la creación de esas condiciones es la principal tarea política de nuestro tiempo en el planeta entero.

 

Alto Boquete, Panamá, 30 de abril de 2026



[1] Binczyk, Ewa (2019): “The most unique discussion of the 21st century? The debate on the Anthropocene pictured in seven points.” The Anthropocene Review, 2019, Vol. 6 (1-2).

https://www.academia.edu/39282302/The_most_unique_discussion_of_the_21st_century_The_debate_on_the_Anthropocene_pictured_in_seven_points 

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