sábado, 7 de noviembre de 2026

Estados Unidos, un respiro

La derrota que ha sufrido el trumpismo en Estados Unidos muestra que la prepotencia, la ineptitud y la deshonestidad en el ejercicio del poder a la larga colma la paciencia de la gente y recibe castigo. Eso es lo que acaban de hacer los estadounidenses en sus elecciones de medio término.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Al igual de lo que pasa en países de América Latina, en donde sus imitadores de mala calidad han llegado al gobierno, el trumpismo es expresión concentrada del miedo y la disconformidad producto de años de aplicación sistemática de políticas que han llevado a la polarización social. 
 
Como nunca antes, el sistema y sus aberrantes contradicciones se ha mostrado descarnadamente en estos años. Los grandes ricos ostentan sin pudor su poder y lo utilizan para impulsar las agendas más retrógradas. Incluso, son invitados a participar activamente en política, como lo ha hecho Trump con su amigo Elon Musk, y muestran abiertamente sus simpatías por las expresiones más retrógradas de la política mundial.
 
Los grandes capitales son los invitados de honor en actos oficiales. Sus cabezas visibles están en primera fila en los momentos más importantes de la agenda política y, cuando son necesarios, actúan impunemente en favor de sus intereses políticos haciendo uso del poder que les confieren sus empresas. Ya lo vimos claramente en las elecciones brasileñas, aunque así ha sido en todas partes y aún en nuestra vida cotidiana, en donde utilizan el poder de los algoritmos para resaltar u ocultar lo que les place.
 
Lo que suceda en Estados Unidos es muy importante para todos, independientemente de la mayor o menos simpatía que sintamos por su país. El influjo de lo que ahí pasa se resiente en todo el mundo. Un observador atento identificará en nuestros países tendencias, estrategias y narrativas políticas que son copia, a veces calcada, de lo que se hace en Estados Unidos.
 
Cortos de vista, usualmente no vemos más allá del aspirante a dictadorcillo local, y le atribuimos la iniciativa de sus políticas retrógradas y de sus maneras chabacanas. No es así. En todas partes se repite la agenda que surge en Estados Unidos y que se copia calcada en nuestros países, y siempre el resultado es el mismo. 
 
Nos llenamos en puestos de decisión gubernamental de ineptos superfluos con la cabeza llena de ocurrencias cuya mayor virtud es alabar y decir que sí a quien esté a la cabeza de la banda. Se afianzan los puntos de vista más reaccionarios y las ocurrencias se convierten en políticas gubernamentales. 
 
Todo es resultado de la descomposición del sistema capitalista en su etapa neoliberal que cada vez más concentra el poder económico y político en menos gente. Un puñado de supermillonarios (millonarios es poco decir) concentran el capital que podría ayudar a solucionar algunos de los más ingentes problemas de la humanidad, mientras miles de millones de personas sufren hambrunas, guerras o las consecuencias del cambio climático. El trumpismo y sus secuelas mundiales se muestra como la respuesta, así como en su momento, en medio de otra crisis devastadora, el nazi-fascismo se erigió en la solución. El paralelismo no es gratuito. Su influjo no solo crea polarización económica, política y social, sino que expande el surgimiento de “soluciones” autoritarias y guerreristas.
 
Europa es hoy un buen ejemplo en este sentido. La Unión Europea arrastra a un continente que se precia de ser “el jardín” del mundo hacia la guerra. Alemania, su motor económico, promueve la transformación de su poderosa industria automotriz, incapaz de competir con China, en industria armamentista. Su retórica belicista es cada vez más agresiva. 
 
Al igual que en Estados Unidos, que ha dado el campanazo en estas elecciones, la gente muestra su descontento. En Europa a través de sublevaciones masivas que son reprimidas con violencia inusitada basándose en la retórica trumpista del terrorismo infiltrado.
 
Estando en una época en la que prevalece el ofuscamiento, la rabia y la inestabilidad, la derrota del trumpismo en Estados Unidos es una buena señal en medio del caos. Es una batalla importante ganada en un proceso en el que habrá avances y retrocesos en el futuro. Pero no es cualquier batalla la que los estadounidenses han ganado. Es una ejercerá su influjo en todo el mundo.

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