Las instituciones republicanas, en especial el Poder Legislativo y el Poder Judicial, deberían poner freno al mal cotidiano producido por los excesos del Ejecutivo y todos los que les dependen, porque sus efectos a futuro en materia de violencia y degradación serán irreversibles, habrán destruido a la Argentina antes de terminar su mandato.
Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina
La pesadilla argentina requiere, como toda pesadilla, el mal de cada día, para retroalimentarse y seguir adelante. Mentir, mentir y volver a mentir para fortalecer o forzar un relato de realidad distante de la realidad de millones de habitantes. No es que sea nuevo, la historia humana es rica en sucesos parecidos. Pero nunca jamás se ha impuesto un ministerio de la verdad orwelliano con la porfiada fortaleza de engañar a esa misma población que se castiga a la miseria y el dolor, al punto que, el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, era el vocero presidencial y legislador electo, corroborando que nunca fue un adorno, sino un engranaje fundamental de la batalla cultural libertaria.
Las derechas mundiales para mantener en vilo a las poblaciones cada vez más empobrecidas deben renovar el espectáculo, como en el circo romano, solo que aquellos repartían pan. Acá ya no hay panes ni esas “porquerías que comen los pobres” al decir del personaje Mafalda del inolvidable Quino. La mayoría de las urbes del mundo desarrollado cuando cae la noche se llena de sombras hambrientas que rondan los basureros. Es un fenómeno de la modernidad capitalista, una cachetada al sueño americano, el que aseguraba en su momento la igualdad de oportunidades, que era un modelo de democracia representativa. La democracia emergente de la revolución francesa hace agua por todos lados, se ha regresado al imperialismo despótico de los que más tienen, quienes a su vez disponen de un discurso violento que garantice el temor de las mayorías, como hicieron los romanos, valga la redundancia, con la rebelión de Espartaco y la crucifixión colectiva en la Vía Apia.
Mientras más bruto y exagerado el gesto del que sostiene el garrote, la reacción masiva se viraliza, poniendo de manifiesto que todo puede ser peor. El amo torpe como un cíclope avanza destruyendo todo a su paso; sus movimientos lentos por el paso de los años, causan más estragos en su diario derrotero maligno, goza desperdigando los liliputienses a su alcance y a los más lejanos, les envía misiles, drones o tropas de ocupación. Los que estamos en el patio trasero aunque muy distantes, debemos acatar todas sus decisiones por unos pocos dólares en prueba de simpatía, que no es más que una estrategia de seguridad de provisión de tierras raras a futuro, intentando desplazar al gigante asiático que con su paciencia milenaria lo rodea lentamente con sus infinitos tentáculos.
El mal se retroalimenta de más mal, como una serpiente que se come la cola. De allí la crónica semanal de las pampas chatas que siempre se está superando, como esta vez a través del tratamiento de la Reforma laboral en el Congreso. El gobierno logró aprobar la reforma con 42 votos positivos por sobre los 30 negativos. Hecho que tuvo una tremenda manifestación fuera con heridos de ambos lados y un puñado de lanzadores de bombas molotov, bien protegidos por las autoridades nacionales, hasta por los camiones hidrantes que les esquivaban curiosamente los chorros de agua. Pero bueno... Argentina se supera cada día y el mal cotidiano intenta hacer retroceder la legislación laboral más de un siglo, con ganancias inéditas para las grandes empresas y pérdidas cuantiosas para pequeñas y medianas empresas y los trabajadores. Hasta la ridícula propuesta de cobrar mucho menos en caso de enfermedad o accidente por presunción culposa.
Simultáneamente en México, el Senado de la República aprobaba en lo general y en particular la reforma constitucional que reduce la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, modificando el célebre artículo 123 de la Constitución de Querétaro, cuya aplicación será en forma gradual entre 2027 y 2030. Un nuevo triunfo de la presidenta Claudia Sheimbaum, en las antípodas de Javier Milei.
Sin embargo, el mal cotidiano se alimenta del sufrimiento humano, de ese dolor coagulado a través de años de frustración y padecimientos, cuestiones de larga historia, pero que las instituciones fundamentales, la familia o la escuela daban la respuesta didáctica y formativa, fundamental en los primeros años de la niñez. Con el tiempo perdieron su rol fundamental y derivó en falta de empatía colectiva. Se naturalizó el dolor social y la indiferencia. Lo que ocurre en las calles con gente sufriente nos es indiferente, puertas adentro debemos practicar un hedonismo individual, lograr el cielo propio. Esto trae consecuencias colectivas terribles, las luchas por los derechos carecen de sentido, como concurrir a una manifestación y luchar por derechos adquiridos. Todo da igual. Un triunfo silencioso y subrepticio de las ultraderechas odiadoras, que ahora tienen apoyo de aquellos jóvenes sufrientes que no supo contener la familia ni la escuela.
El mal cotidiano también lo ejercen los medios de comunicación con su cuota de odio y difamación. Saben hacerlo desde siempre, amparados en la libertad de expresión que no es tal. Envenenan con dosis constantes y diarias, cosa de mantener en vilo a las multitudes. No les interesa la verdad, sino la versión del patrón de turno. Un patrón cada vez más violento que, en su ensañamiento reiterativo, va abarcando cada vez más a profesionales “ensobrados”, llegando a la contradicción de condenar públicamente a aquellos que hasta ayer eran aliados incondicionales del presidente Milei, incluso esos que lo hicieron famoso, desde donde saltó del anonimato a personaje público y candidato político. Es parte de la dinámica perversa ejercida por los mandamases contemporáneos, cuya cima se encuentra en tierras del Tío Sam. Todos sus lacayos serviles de la región intentan imitarlo, aunque el nuestro se lleva todas las cucardas...
Pero la degradación constante que esto significa, la pauperización extrema y el violento cambio cultural que esto conlleva, impone en cada individuo adquirir alguna estrategia de sobrevivencia diversa y emergente, innovar en el día a día otra salida al agobio mental y el ánimo derrumbado. Pocos son conscientes de esta situación, la mayoría sumergida en los arrabales, como en las minas de carbón del siglo XVIII, que con llegar al día siguiente o descansar en la noche, se conforma. El verdugo cambió de apariencia y de látigo, ya no es un monstruo feroz con un látigo como el knut ruso o el flagrum romano, capaces de mutilar en pocas descargas como en épocas pasadas; hoy usa traje y su castigo es financiero, con efectos letales para las generaciones futuras.
Concluyó esta semana la misión del Fondo Monetario en Argentina, llegada a principios de febrero, la visita se centró en el seguimiento de los objetivos que se acordaron en abril del año pasado durante la suscripción del Servicio Ampliado del Fondo (EFF) por u$s 20.000 millones. La misión técnica estuvo encabezada por Luis Cubeddu y Bikas Joshi y abarcó también la consulta encuadrada dentro del Artículo IV. En ese marco, se reunieron con autoridades del Gobierno y del BCRA.
La misión encabezada por Cubeddu, director adjunto del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, y de Joshi, jefe de la misión para Argentina, tuvo como eje central las metas cuantitativas del acuerdo vigente, por el cual ya se giraron u$s14.000 millones a las arcas nacionales. Se trata de una revisión del resultado de las cuentas primarias, que arrojaron un superávit del 1,4% del PBI, y de las metas de acumulación de reservas. El éxito de los números habilitaría un próximo desembolso de algo más de u$s1.000 millones.
Razón de más para apretar las tuercas de las reformas, tanto laboral como la baja de la imputabilidad de menores a 14 años, tal como se aprobó ayer jueves, con unos argumentos tan falaces como perversos, sacándose de encima la responsabilidad de cientos de miles de chicos que no tiene oportunidades, porque les falta recursos a sus familias, no les pueden brindar una buena educación que les garantice un trabajo bien remunerado en el futuro.
El mal cotidiano es más sencillo de realizar que obrar con grandeza, una grandeza que sólo ha sido posible desde las políticas públicas de toda la vida, comenzando por la Ley 1420 de 1884.
El mal cotidiano arroja números que hacen más visible la desgracia argentina, saltó a 5,8% el índice de la Canasta Básica Alimentaria CBA en enero, muy por encima del Índice de Precios al Consumidor IPC, que fue del 2,9%. En tanto, la Canasta Básica Total CBT, que incluye además bienes y servicios no alimentarios, aumentó el 3,9% en el mismo mes. Siguiendo estos datos, hacen falta dos salarios mínimos ($ 341.000 para trabajadores mensualizados de jornada completa) para cubrir únicamente la canasta alimentaria y no ser considerado indigente.
Pero esto no le preocupa al presidente libertario que sigue mintiendo cifras y deja su agenda nacional, incluida la visita a Mendoza y la celebración nonagésima de la Fiesta de la Vendimia, para participar de la nueva asociación trucha creada a imagen y semejanza del patrón del norte. El 19 de febrero participará con Donald Trump y 26 líderes mundiales de la inauguración de la Junta de la Paz en Washington. Allí Milei compartirá escenario con el emir de Qatar, el presidente de Paraguay y el primer ministro Turquía entre otros jefes de Estado.
Nadie puede ser feliz en esta pesadilla donde el mal es cotidiano, un experimento macabro, sumamente estudiado que intenta brutalizar la sociedad, acostumbrarla a la indignidad para que consienta la miseria, la injusticia y la violencia, como si no hubiera otra forma de vivir. Una sociedad despiadada y maldita donde no germine el amor entre las personas, el sentimiento más sublime, capaz de transformar hasta el más rebelde y retorcido de los seres humanos. El mal cotidiano destruye la subjetividad, la intimidad más íntima de las personas.
En su artículo, La montaña. Lo que está en peligro es nuestra humanidad esencial, del 8 de febrero 2026, publicado en El cohete a la luna, Marcelo Figueras, decía crudamente: “No existe forma de explicar personalidades como la de Trump y Milei en los términos exclusivos de la geopolítica, y ni siquiera del psicoanálisis. Se los eligió, presumo, porque no tenían prurito alguno, y se los sabía capaces de hacer cualquier cosa. Pero entre las cosas que acometen desde el poder, además de aquellas que responden al plan de sus mandantes aparecen otras, que contienen la simiente de su autodestrucción. Los financiaron y los sostienen porque no tienen freno. Al llevarse todo por delante, permiten colar medidas que una política liberal, por conservadora que fuese, no lograría imponer. Pero los frenéticos no son selectivos. No sólo se desmadran cuando conviene a sus mandantes. Una vez acostumbrados a desbocarse se abalanzan siempre, aunque sus exabruptos se demuestren cada vez más contraproducentes.”
Las instituciones republicanas, en especial el Poder Legislativo y el Poder Judicial, deberían poner freno al mal cotidiano producido por los excesos del Ejecutivo y todos los que les dependen, porque sus efectos a futuro en materia de violencia y degradación serán irreversibles, habrán destruido a la Argentina antes de terminar su mandato.

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