Se trata de debatir un nuevo concepto académico de universidad fundada en la autonomía plena, el conocimiento, la reflexión crítica, cuyos componentes académicos básicos se definan por el papel estratégico que la investigación tendrá en una nueva universidad acorde a las actuales condiciones históricas de país.
Enoch Adames M. / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá
Está asentado el carácter virtuoso de la relación ciencia, reflexión crítica y sociedad. Sin embargo, este virtuoso proceso por su naturaleza transformadora solo se sostiene, si está dotado de una institucionalidad autónoma; y con actores capaces de posicionarse como partes actuantes de un proceso social emancipador. Actores preparados para incidir en las políticas públicas de un Estado-nación en constante transformación.
Las políticas públicas en un entorno colonial inicial (1903) y neocolonial posterior, son parte de un proyecto político inscrito en un inacabado proceso estatal en permanente disputa. Es en este contexto conceptual donde la fundación de la Universidad de Panamá (UP) en 1935, marcó un hito académico e histórico como primera universidad pública del país, en una etapa clave en la formación del Estado nacional.
La construcción estatal nacional
No fueron los comerciantes ni los casatenientes asentados en las riberas del Canal—quienes pactaron el cuasi protectorado con la separación colonial—, los que promovieron y establecieron la Universidad Nacional. El impulso y la concreción del proyecto académico universitario recayó en la pequeña burguesía y sectores medios que emergieron socialmente tras la huelga inquilinaria de 1925 y accedieron al poder en 1930. La Universidad Nacional (UP) fue creada el 29 de mayo de 1935 mediante decreto presidencial de Harmodio Arias Madrid e inaugurada el 7 de octubre de ese mismo año.
Importancia analítica tiene la valoración de ese nuevo contexto de poder político y social, que crea la Universidad en 1935. Es el bloque de poder que negocia la eliminación del Artículo VII del Tratado Hay-Bunau Varilla en 1936, y que otorga “derecho y autoridad” para la intervención norteamericana en el territorio. Es preciso mencionar, que el artículo 136 de la Constitución de 1904 que legalizaba la intervención norteamericana en el territorio, “fue para siempre derogado mediante el Artículo I del Tratado de 1936. Y luego, con la reforma constitucional realizada en 1941, durante la administración presidencial del doctor Arnulfo Arias” (Panamá y los EEUU. 1903-1953).
El cuasi-protectorado
En esta relación Universidad de Panama (UP) y contexto nacional, es importante discernir la naturaleza de ese poder que surge con la separación pactada en 1903. Para Charles Tilly (sociólogo e historiador) el Estado moderno es producto de la guerra, pero también consecuencia de ella. Célebre concepción que tiende a poner en perspectiva, la también célebre concepción de Max Weber del Estado, como monopolio de la violencia legitima. No lejos está Marx cuando considera a estado como poder y fuerza concentrada. Extendiendo la concepción de Tilly más allá del caso europeo, serán las guerras de independencias las que constituyen a los estados latinoamericanos como modelos de coerción, de una coerción históricamente situada como “caudillismos presidencialistas”.
No obstante, el poder que emerge de la separación pactada de Colombia carece del monopolio de la coerción, soberanía y fiscalidad. Es un proto-estado en su contenido, que se extiende hasta la década de los años 30. Es en este contexto histórico donde hay que situar la creación de la Universidad de Panamá (UP), y el papel estratégico que jugará años sucesivos en las luchas nacionalistas, y en el proceso de construcción estatal nacional.
Las tareas de hoy
Cerca del centenario de su creación y ante una renovación de sus autoridades en el transcurso del 2026, la visión transformadora de la UP, su compromiso histórico con las tareas por la soberanía y el desarrollo cobran vigencia hoy día. Vigencia ante los retos que establecen las exigencias de una sociedad amenazada en su constitución como estado soberano; y fuertemente fracturada por la desigualdad social, regional y la exclusión.
En nuestro país al igual que ayer, como en el resto de América latina, las universidades son parte de los procesos de construcción, consolidación y desarrollo de los estados nacionales. Especial mérito tiene la UP en el aporte a la identidad nacional y la fragua de profesionales comprometidos con la construcción estatal-nacional. El cambio de época obliga a redirigir nuestra universidad, no sólo en sus aportes al crecimiento económico y al desarrollo inclusivo; también contribuir con el conocimiento a la defensa y consolidación de la plurinacionalidad, las identidades, y los derechos de todos los sectores de nuestra sociedad.
Se trata de debatir un nuevo concepto académico de universidad fundada en la autonomía plena, el conocimiento, la reflexión crítica; cuyos componentes académicos básicos se definan por el papel estratégico que la investigación tendrá en una nueva universidad acorde a las actuales condiciones históricas de país. Ello obligará a un proceso de clarificación de políticas, a una redefinición del nuevo sentido que en ellas tendrán—investigación, docencia, extensión, gestión administrativa—en un nuevo encuadre institucional acordes a las nuevas exigencias nacionales: soberanía e inclusión social.
Nuevas Responsabilidades
Nuestras universidades requieren transformaciones, especialmente la universidad insignia del país. Hemos avanzado al siglo XXI, con las mismas estructuras del transitismo histórico. Se trata de cuestionar una institucionalidad que enfatiza una economía que sigue demandando profesiones cuyas competencias instrumentales enfatizan estructuras políticas normativas, agro-comerciales y financieras-administrativas del transitismo como estructura socio-económica hiper-especializada.
Se trata también de redefinir y proponer conceptos y estructuras de la educación superior, acordes a nuevas exigencias de articulación socio productiva, tanto económica como social del país. De impulsar una transición desde una educación profesionalizante, hacia una educación basada en el conocimiento y en la investigación. Vivimos un cambio de geoeconomía, cambios en la cultura y en instituciones de educación superior. Es responsabilidad de la academia proponer los necesarios cambios, especialmente en un país donde su proyecto nacional ha sido problemático y complejo.
La Universidad Necesaria
En ese sentido, la investigación científica y la transferencia del conocimiento es consustancial al quehacer de la universidad del siglo XXI. Es misión de la universidad articular los soportes del conocimiento (educación-investigación-innovación) con los de la innovación (ciencia-sociedad-empresa).
La transferencia de conocimiento, producto de una investigación científica institucionalizada y continua, tiene un impacto fundamental, tanto en el ámbito público como en el privado. Entre sus principales aportes se encuentra el incremento significativo del conocimiento y la información respecto a las complejidades sociales, económicas, medioambientales y empresariales. El aumento en la comprensión de los problemas del país permite que el conocimiento generado derive en respuestas innovadoras, orientadas a la solución de problemáticas urgentes que enfrenta la sociedad.
A través de la labor investigativa, se impulsa la construcción y divulgación de nuevas metodologías e instrumentos científicos, elementos esenciales para la evolución y actualización de los procesos académicos y productivos. Además, se amplía la capacidad para la resolución de problemas mediante la aplicación de procesos científicos y tecnológicos, lo que fortalece el desarrollo y la competitividad del país.
En el ámbito empresarial, la investigación universitaria aporta nuevos soportes científicos que benefician la gestión empresarial, promoviendo una mayor eficiencia y adaptabilidad a los constantes cambios del entorno. Por otro lado, mediante la formación crítica y el aprendizaje técnico, la universidad forma profesionales orientados científicamente, capaces de responder a las exigencias de un mercado laboral cada vez más especializado, dinámico pero diversificado.
Corolario final
La transformación institucional, expresión de una política científica debe reconocer la importancia de las ciencias sociales, naturales y exactas; como también, de los saberes humanísticos, en la construcción de una nueva visión de universidad y sociedad.
La UP y su refundación como universidad necesaria para el conocimiento y la transformación productiva debe forjar nuevas articulaciones. Nuevas sinergias entre ciencias, disciplinas y saberes, en función de la construcción de una gestión institucional interdisciplinaria para la producción científica. Requiere de alianzas con sectores públicos, productivos, mundo del trabajo, comunidades y actores medio-ambientales. Todo ello exige una nueva universidad, y nuevas relaciones sociales e institucionales acordes al cambio de época,
El autor es sociólogo. Docente e investigador de la Universidad de Panamá

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