sábado, 5 de septiembre de 2026

Argentina: Elogio al olvido

Recordar y olvidar siempre tienen sus riesgos; en lo personal lo hacemos inconscientemente todo el tiempo como una necesidad de protección ante las desgracias privadas. Sin embargo, en lo colectivo, la memoria y el olvido, como extremo opuesto, tienen un significado político, por las manipulaciones que hace de ellos quienes ostentan el poder en ese momento.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

De allí, que se debe destacar, sobre todo en tiempos en que peligra la libertad de prensa y sufre el periodismo al intentar decir la verdad, cuestión que desde luego, molesta. Tal vez por eso precisamente e inspirado en un artículo del periodista, escritor y guionista Marcelo Figueras, publicado en El cohete a la luna, bajo el título Elogio de la desobediencia, haciendo un llamado a desobedecer a los poderosos cuando sumisamente dejamos que arrasen con nuestros derechos. Sin embargo, lejos de elogiar o promover el olvido, veo que tengo que insistir con la memoria, para no perder la identidad de los que fuimos y somos en la actualidad, a pesar de la degradación cotidiana a la que somos sometidos.
 
No es ajeno a nadie que en épocas de la digitalización de las comunicaciones, hay ejércitos invisibles tratando de distorsionar la realidad para que no se vea el lado oscuro de la existencia. Es más, nunca como ahora los gobiernos han avanzado en la educación tratando de eliminar el pasado a través de sacar de las escuelas la celebración de las efemérides. Si se crece sin pasado no hay identidad nacional y pertenencia a la misma, da igual un lugar que otro y en aras de la universalidad que predican los poderosos, los derechos de los ciudadanos logrados a través de siglos de ejercicio democrático, se escurren por los sumideros del olvido. 
Sin embargo y muy a pesar nuestro, elogio del olvido es lo que debemos practicar los argentinos si queremos preservar la escasa salud mental que nos va quedando, envueltos en la atmósfera nauseabunda a las que nos somete el disruptor estrella que eligieron los mercados y los bienaventurados votantes que esperaban una revolución para que los ricos derramaran el maná del cielo; una particular teoría del derrame económico que jamás dio resultado y que a treinta meses de mandato, los únicos beneficiarios han sido los funcionarios, como el ministro de Economía, cuyo patrimonio no termina de crecer fuera de las fronteras del país.
 
Elogiar el olvido es algo realizado por otros pensadores, cito el caso de David Rieff (Boston, 1952) quien escribe “El elogio del olvido”, ensayo que, en la edición castellana, ha sido subtitulado “Las paradojas de la memoria histórica”. Ante las frecuentes tergiversaciones y falseamientos de la historia en nombre de la “rememoración”, Rieff propone, no sin muchos matices, una actitud de olvido. Dos ideas de fondo: la primera, que con el tiempo, todo será olvidado. Cuando se procura mantener vivo el recuerdo, a cualquier precio, también camina en paralelo el de la falsificación, lo que se hace, en realidad, manipular el pasado para servir al presente. Licenciado en historia por la Universidad de Princeton, es analista político y crítico cultural, hijo de la escritora y pensadora Susan Sontag y del sociólogo y crítico cultural Philip Rieff; conoce bien varias culturas, metodologías y países, domina la crónica y el ensayo y es políglota. También ha escrito, Una cama para una noche. 
 
En Elogio del olvido, cuestiona aquella célebre frase de George Santayana “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, esencialmente su idea es que todo será olvidado, con el paso del tiempo todo será olvidado por los hombres o bien resignificado, hasta algunos hechos célebres o centrales dentro del pasado histórico de un lugar o una nación, para esto cita algunos ejemplos de la historia de Estados Unidos, relacionados con la Guerra Civil y otros más recientes de Francia y Australia. Estamos de acuerdo entonces con su mirada y planteamiento, cuya coherencia la extiende al lugar de su nacimiento que, en nuestro caso, debe ser sin lugar a dudas, este extenso triángulo austral que muchos definieron en el pasado como el culo del mundo. En este sentido Rieff entiende que “la importancia histórica de un acontecimiento en su época o en las décadas que siguen no dan garantías de que serán recordado un siglo después y menos cuando hayan pasado varios siglos”(Rieff, 2017, 32), por trascendental que aparente ser un hecho o proceso histórico para el presente o sus contemporáneos no hay certeza alguna de que puedaser recordado o rememorado en los siglos siguientes más aún, podría pensarse que en posteriores rememoraciones su significado cambie notablemente de los planteamientos originales. Además de esa certeza de que todo será olvidado, el autor nos alerta sobre los peligros de la memoria colectiva, siguiendo a Maurice Hallbwachs, entiende que esta es una“reconstrucción del pasado a la luz del presente”.
 
Tanteando en las penumbras, no todo debe ser olvido: debemos preservar la memoria necesaria para no perdernos en los vericuetos de la batalla cultural que las innovaciones tecnológicas pretenden inducirnos camino a la esclavitud perpetua, disimulada bajo reformas laborales, nuevo modelo de acumulación y cambio drástico de escenario geopolítico, donde enemigos aparentes nos acechan, mientras se resquebraja la unidad regional presionada por el patrón del norte. 
 
Dentro de ese espectro significativo, en estos días se conmemoró el Día de los Ferrocarriles en Argentina, por la llegada del tren el 30 de agosto de 1857. Medio de transporte terrestre que modernizó la circulación de bienes y personas, fue una verdadera revolución tecnológica a mediados del siglo XIX y que aún lo sigue siendo en los países europeos y asiáticos donde su economía, baja contaminación y sus altas velocidades lo hacen más beneficioso que el transporte aéreo, al menos entre densas zonas urbanas. 
 
Tampoco debemos olvidar el frustrado atentado a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner ocurrido el 1° de septiembre de 2022, hace cuatro años, cuyo descenlace puso en evidencia una trama siniestra, que dio lugar al libro: Muerta o presa, de la periodista argentina Irina Hauser, una minuciosa investigación a un año del intento de asesinato, en la que no solo reconstruye los hechos sino, además, “la trama violenta detrás del atentado”. “¿Quién estuvo detrás del atentado contra la principal líder política del país? ¿Qué le prometieron al hombre que intentó cometer el magnicidio?” Como sabemos, terminó presa en su domicilio con una tobillera y el resto de la investigación sobre el atentado lejos de aclararse camina por los senderos del olvido.
 
Volvamos a Rieff, según sus propias palabras: (…) pienso que en sociedades en las cuales la democracia ha sido vencedora, algo que con todos sus problemas podemos decir de la Argentina, de Chile, de Uruguay o de Sudáfrica, tal vez es mejor el recuerdo, al menos en las décadas inmediatamente después de la dictadura. Pero la gran mayoría de las guerras y dictaduras no terminan con un vencedor. Por el contrario, si hablamos de los Balcanes o de Irlanda del Norte, vemos situaciones de empate. Lo mismo vale para Israel y Palestina: es imposible imaginar reconciliar las dos versiones de la historia. Yo no niego ni por un segundo la posibilidad de que en algunos contextos puedas lograr la paz y la justicia, pero creo que en muchos casos no es posible, y es entonces que tenemos que elegir entre las dos.
 
Sin embargo, como advertimos cada semana, Argentina es una caja de sorpresas y el advenimiento del mes de la primavera austral nos impone dejar el olvido de lado y recordar las grandes tragedias de la humanidad, como es un nuevo aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, dado que un 1° de septiembre de 1939, la Alemania nazi invade Polonia y tres días después, Gran Bretaña y Francia, aliadas a Polonia, le declaran la guerra a Alemania, dando comienzo a un período de casi seis años donde decenas de millones de habitantes son barridos de la faz de la tierra, en su mayoría civiles, incluido el holocausto. Además se usa por primera vez la energía nuclear; dos bombas atómicas son lanzadas desde el aire para destruir las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki, dos poblaciones del agonizante imperio del sol naciente de aquellos tiempos. Nada de lo que podamos estar orgullosos como especie humana, dado que el orden económico y político mundial originado hace ochenta años, ahora hace agua. Razón de más para recordar, dado que ésta no es una paradoja de la historia, como nos recuerda Rieff, sino una obligación para que las nuevas generaciones no caigan sobre los mismo, porque está en riesgo la destrucción de la humanidad.  
 
Otra fecha célebre, este 2 de septiembre, se celebró en el país el Día de la Industria nacional, un trance difícil para la Unión Industrial Argentina UIA, La entidad fabril celebra su jornada anual con la actividad manufacturera un 11% por debajo de los niveles de 2022 y una relación con la Casa Rosada que nunca terminó de reconstruirse la actividad manufacturera acumula una caída del 2,2% en el primer semestre y el sector perdió 52.000 empleos directos en el último año. La Unión Industrial Argentina (UIA) se plant en este acto con un mensaje preparado para el Gobierno y con la expectativa de que la cita sirva para instalar una agenda de cambios. Con la apertura a las importaciones en estos meses desde que asumió el gobierno libertario y el cierre de tantas empresas, podemos hablar de una desindustrialización galopante como la ocurrida en la dictadura y otros gobiernos semejantes, que harían enrojecer al Gringo Pellegrini, creador del Club Industrial en el siglo XIX, quien decía: “El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos.” 
 
Con todo, en vista de promover su reelección, Milei les contestó que no cambiará en nada su política y se jactó de haber sido más duro que la dictadura militar. Pero veamos por qué se celebra el Día de la Industria. la «primera exportación argentina» encubre un acto de contrabando y comercio ilegal.  Efectivamente, el 2 de septiembre de 1587, zarpó desde el fondeadero del Riachuelo, que hacía las veces de puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio, rumbo al Brasil. Llevaba en sus bodegas cubrecamas, frazadas, otros tejidos, sombreros y bolsas de harina, producidos en Santiago del Estero. Pero en su interior, camufladas, según denunció el gobernador de Tucumán Ramírez de Velasco, también cargaba barras de plata provenientes de Potosí, cuya exportación estaba prohibida por Real Cédula. El desarrollo industrial en estos territorios tardaría siglos en llegar. Recién hacia fines del siglo XVIII arribaron a Buenos Aires las primeras manufacturas inglesas, pero la masiva penetración de bienes importados imposibilitó el desarrollo industrial, que debió esperar largamente hasta entrado el siglo XX. El debate entre librecambistas y proteccionistas se extendió largamente durante los siglos XIX, XX y continúa en nuestros días. No obstante, el Día de la Industria se celebra en el país desde 1941, a pesar de todo lo expuesto en los párrafos precedentes. 

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