La falta de claridad y la confusión caracterizan la actual situación política venezolana, pero lo que sí es claro y evidente es el radical cambio de rumbo del proceso bolivariano.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
Las palabras con las que encabezamos este artículo son del secretario de Energía de Estados Unidos, Christopher Wright, de visita de trabajo en Caracas en estos días para la firma de una decena de acuerdos de explotación petrolera. Son palabras que no hacen más que corroborar, por si hiciera falta, que lo que ha sucedido en Venezuela desde el 3 de enero, cuando Estados Unidos irrumpió cruentamente en Caracas y secuestró al presidente Maduro, no es más que cuestión de petróleo o, más específicamente, de apoderarse de las mayores reservas petrolíferas del planeta.
Se trata de una operación con un profundo valor geoestratégico, que le permite a Estados Unidos seguir gravitando como superpotencia mundial a pesar de los conflictos en el Medio Oriente y la rivalidad con China.
Es posible que la presencia de Nicolás Maduro impidiera que se llevara a cabo esta operación de largo aliento. Decimos que “es posible” porque no podemos asegurarlo. Lo que ha sucedido en Venezuela está teñido por la falta de claridad y los bulos, y las suposiciones y las hipótesis se difunden por todas partes.
Respecto a Nicolás Maduro los hechos que tenemos hasta ahora son que saludó sonriente y en inglés a las cámaras que lo captaron cuando lo desembarcaron en Estados Unidos, que transmite mensajes con contenido religioso, que parece aprobar el rumbo que lleva Venezuela y que ante el juez que lo juzgará se declaró inocente de los cargos que se le achacan y remarcó que sigue siendo presidente de Venezuela.
Maduro había expresado reiteradamente, antes del ataque norteamericano del 3 de enero, que estaba dispuesto a negociar y a comerciar normalmente con Estados Unidos, pero parece que a él no le creyeron y por eso lo quietaron del medio. Por su parte, el actual ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, que en su programa de televisión Con el mazo dando, había dicho que a Estados Unidos no se le daría ni un solo barril de petróleo, hoy forma parte del triunvirato que dirige al país.
Lo cierto, sin embargo es que, como todo mundo ha podido constatar por las noticias que se han difundido esta semana, Estados Unidos obtendrá de Venezuela más de un barril de petróleo, para ser más exactos, alrededor de 65,000 millones de barriles, una cifra a ojos vista mucho mayor que la que Cabello decía que no se le daría al país del norte.
Así como no hay claridad y sí mucha confusión respecto a los acontecimientos del 3 de enero, tampoco los hay ahora con este nuevo trato. Según Donald Trump y su secretario de Estado, este tendrá una duración de 100 años, pero la presidenta interina de Venezuela dice que será de 25 años. Es decir, 75 años de diferencia, que no es poco decir.
Hay otros aspectos cruciales que no parecen estar muy claros. Delcy Rodríguez, en alocución televisiva dijo que Venezuela mantenía la soberanía sobre las reservas petroleras de su subsuelo, pero Trump ha dicho que el acuerdo otorga a Estados Unidos el control mayoritario sobre los 65.000 millones de barriles antes mencionados.
Y así podríamos seguir citando versiones distintas sobre este acuerdo que el presidente norteamericano califica como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”.
Como era de esperarse, si el secuestro de Nicolás Maduro y la actitud de colaboración de la administración de Delcy Rodríguez con la de Donald Trump despertó polémica, este nuevo panorama ha suscitado acaloradas discusiones y discrepancias tanto fuera como dentro de Venezuela.
Dentro de Venezuela el Partido Comunista hizo público en su sede central en el edificio Cantaclaro que estaba radicalmente opuesto al acuerdo. Consideran que es inconstitucional y que pasa por sobre la soberanía de Venezuela.
Asimismo, el Centro de Estudios para la Democracia Socialista (CEDES) se ha convertido en un centro de aglutinamiento de quienes se oponen fervientemente no solo a estos acuerdos, sino que además siguen con desconfianza las decisiones tomadas por la Asamblea Nacional que ha modificado una serie de leyes para que estos acuerdos sean posibles. En este centro se expresan personalidades que han apoyado al chavismo como Elías Jaua y Luis Britto García. Otro opositor al rumbo actual del gobierno interino es Mario Silva desde su programa La hojilla.
Pero, al mismo tiempo hay quienes apoyan irrestrictamente lo que está sucediendo. Debe mencionarse en primer lugar a los diputados de la Asamblea Nacional, que han aprobado leyes como las anteriormente mencionadas, entre los cuales se encuentra el mismo hijo de Nicolás Maduro.
Asimismo, en un comunicado de hace tres días, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido oficial del chavismo venezolano, respaldó el camino trazado por el gobierno interino y las declaraciones de Delcy Rodríguez.
Internacionalmente hay un sentimiento extendido que atribuye el secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero, la inacción de las Fuerzas Armadas venezolanas esa madrugada y el rumbo tomado por la administración interina de Delcy Rodríguez a una traición que se habría gestado en conversaciones sostenidas en Doha, Catar. En este sentido, se considera a Venezuela un país ocupado cuyo rumbo es determinado en Washington.
Los hechos confirman, efectivamente, un brusco cambio de rumbo del proceso bolivariano, tan brusco que podríamos decir que se orienta ahora en una dirección totalmente opuesta a la que siguió hasta el 3 de enero pasado.
Por su parte, quienes en el exterior justifican este viraje recuerdan estrategias que consideran similares en procesos revolucionarios anteriores. Una es la adoptada por los bolcheviques comandados por V.I. Lenin con la NEP (Nueva Política Económica) en 1921, que significó un “regreso” a un capitalismo de Estado ante la ruinosa situación en la que se encontraba el país a raíz de la Primera Guerra Mundial. En su trabajo Un paso adelante y dos pasos atrás, Lenin dice que en ciertas oportunidades los revolucionarios tienen la necesidad de dar marcha atrás porque retroceder “Es algo que sucede en la vida de los individuos, en la historia de las naciones y en el desarrollo de los partidos”.
Otros recuerdan el gran viraje de la economía china propiciada por Deng Xiaoping, que orientó el desarrollo del gigante asiático hacia una economía socialista de mercado, que ha propiciado el espectacular despegue de ese país hasta situarse como segunda economía del mundo.
En conclusión, podemos decir que la falta de claridad y la confusión caracterizan la actual situación política venezolana, pero lo que sí es claro y evidente es el radical cambio de rumbo del proceso bolivariano. Su antiimperialismo, que se encontraba en el núcleo central de su proyecto, ya no existe, y el gobierno se alinea en consonancia con la política internacional norteamericana. ¿Serán los dos pasos atrás venezolanos?

No hay comentarios:
Publicar un comentario