Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá
Rachel Carson era ya una científica conocida por su trabajo en biología marina y su capacidad como divulgadora del conocimiento científico. Esa labor incluía por ejemplo la publicación en 1951 de su libro El Mar que nos Rodea, que sigue siendo una obra ejemplar en ese campo. Esa trayectoria culminaría en 1963, pocos meses antes de su fallecimiento víctima del cáncer, con su conferencia “La contaminación de nuestro ambiente”, que pronunciara en San Francisco, California.[1]
Comprender el alcance de la obra de Carson demanda recordar que los eventos culturales siempre expresan procesos históricos más amplios y complejos. Así, La Primavera Silenciosa logró vincular el estado del conocimiento científico ambiental de su tiempo con el sentido común de una clase media educada, que para la década de 1960 luchaba por liberalizar un entorno político conservador e incidir en el desarrollo de una sociedad democrática. Esto, en una circunstancia histórica en que coexistían el acelerado crecimiento de la economía global con el endurecimiento de las relaciones internacionales en el marco de la Guerra Fría y su permanente amenaza de un holocausto nuclear.
Ese vínculo de la obra de Rachel Carson con su sociedad nos remite a lo dicho por Antonio Gramsci al señalar que este tipo de eventos expresa cómo “nace un nuevo modo de concebir el mundo y el hombre”, que “no se halla ya reservada a los grandes intelectuales, a los filósofos de profesión, sino que tiende a hacerse popular, de masa, con carácter concretamente mundial, modificando (aun con el resultado de combinaciones híbridas) el pensamiento popular, la momificada cultura popular.”[2] Aquí convendrá recordar que, en este campo, empezaba por entonces a momificarse el concepto de desarrollo como ideal colectivo en la geocultura global, en la medida en que el progreso del mercado mundial de la época iba resaltando de manera cada vez más evidente su carácter necolonial, desigual y combinado, y agresivo hacia el entorno natural.
En esa circunstancia, La Primavera Silenciosa llegó a sus masas en alas de una cultura ambiental que para 1956 había producido un simposio internacional dedicado al papel del hombre en la transformación de la faz de la Tierra, en el que fueron planteados en lo esencial muchos de los grandes temas que animarían el desarrollo de la moderna cultura ambiental.[3] Una científica como Rachel Carson no pudo dejar de reconocerse en lo planteado allí, por ejemplo, por el geógrafo Carl Sauer, al decir que “vivir por encima de nuestros medios se ha convertido en una virtud cívica, y el incremento del ‘rendimiento’ en el objetivo de la sociedad”, para concluir que
Los altos momentos de la historia no han llegado cuando el hombre estaba más preocupado con las comodidades y los goces de la carne, sino cuando su espíritu se vio estimulado a crecer en donosura. Lo que necesitamos más, quizás, es una ética y una estética bajo las cuales el hombre, al practicar las cualidades de prudencia y moderación, pueda en efecto legar a la posteridad una buena Tierra.
En esa circunstancia, Rachel Carson supo enfrentarse a un estado de cultura que encaraba las primeras grandes manifestaciones de la crisis de la fe en el poder omnímodo de la tecnología para garantizar tanto el crecimiento económico sostenido, como la solución de los problemas ambientales generados por ese crecimiento. Esa crisis encontraría sus primeras grandes manifestaciones en el periodo inmediatamente posterior a la muerte de Rachel Carson, en lo que fue de las manifestaciones masivas del primer Día de la Tierra en 1970 a la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente Humano, realizada en Estocolmo, Suecia, en 1972. Desde esa perspectiva, adquiere especial importancia lo planteado por Rachel Carson en su última conferencia al señalar que
Cuando miro hacia atrás a través de la historia, encuentro un paralelo. Les pido que recuerden el alboroto que siguió al anuncio de Charles Darwin de sus teorías de la evolución. El concepto del origen del hombre a partir de formas preexistentes fue negado acalorada y emocionalmente, y las negaciones provinieron no solo del público profano sino también de los colegas científicos de Darwin. Solo después de muchos años se establecieron firmemente los conceptos expuestos en El origen de las especies. Hoy en día, sería difícil encontrar a una persona educada que negara los hechos de la evolución. Sin embargo, muchos de nosotros negamos el corolario obvio: que el hombre se ve afectado por las mismas influencias ambientales que controlan la vida de todas las miles de otras especies con las que está relacionado por lazos evolutivos.
Me parece fascinante especular sobre qué miedos ocultos en el hombre, qué experiencias olvidadas hace mucho tiempo, lo han hecho tan reacio a reconocer primero sus orígenes y luego su relación con ese entorno en el que todos los seres vivos evolucionaron y coexistieron. Ante los conceptos darwinianos, los victorianos finalmente se liberaron de los miedos y supersticiones que los hacían retroceder conmocionados y consternados. Y espero con ansias el día en que nosotros también podamos aceptar los hechos de nuestra verdadera relación con nuestro entorno. Creo que sólo en ese ambiente de libertad intelectual podremos resolver los problemas que tenemos ahora ante nosotros.
Tales fueron algunos de los puntos de partida en el camino que hizo del ambientalismo un movimiento de masas, diverso y polémico como todo movimiento de ruptura con una larga tradición en vías de agotamiento. Tenemos mucho que aprender de personalidades como las que animaron los orígenes de ese movimiento, en particular aquellas que lo dotaron de una base cultural y moral a un tiempo amplia y sólida, como debemos aprender de los eventos que esas personalidades animaron, y de los procesos en que participamos a partir del aporte que ellos nos legaron. Participamos de la creación de un mundo nuevo, que vincula lo mejor de los logros del pasado con las esperanzas que nutren nuestras aspiraciones de futuro. Porque en efecto crecemos con el mundo, para ayudarlo a crecer.
Alto Boquete, Panamá, 4 de septiembre de 2026
[1] Lost Woods: The Discovered Writing of Rachel Carson - Rachel Carson, Linda Lear (1999). Part IV, Chapter 30. “The Pollution of Our Environment.” https://publicism.info/environment/woods/31.html
[2] Gramsci, Antonio, 2003: El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires. “II: Algunos problemas para el estudio de la filosofía de la praxis”, p. 113.
[3] Al respecto, Sauer, Carl (1956): “La gestión del Hombre en la Tierra”. Conferencia ofrecida en el Simposio El Papel del Hombre en el Cambio de la Faz de la Tierra, Princeton, New Jersey, 1956. Traducción de Guillermo Castro H., Panamá, 15-10-2004. https://es.scribd.com/document/220898587/Carl-O-Sauer-La-Gestion-Del-Hombre-en-La-Tierra

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