Vale preguntarnos: ¿por qué la salud pública es cómo es? ¿Por qué los laboratorios premian/incentivan a los médicos que más medican? ¿Hay tantas, pero tantas enfermedades mentales realmente, como nos dicen los tratados de psicopatología?
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
¿Enfermedad o negocio? ¿Dónde está el límite?
Si entendemos por salud mental un «adecuado y productivo equilibrio con el medio», puede verse que, para las grandes mayorías del mundo, en su cotidianeidad existen innumerables factores que conspiran contra ello. Es más que evidente que sobran problemas en el día a día: una pobreza que no baja a nivel global, la tensión de vivir en grandes urbes, la violencia que se va normalizando como conducta regularizada, la simple angustia de tener que manejar demasiadas presiones, en muchos casos la falta de perspectivas a mediano y largo plazo, las guerras, la desesperanza. Todo eso no significa, mecánicamente, que entonces una muy buena parte de la población va a estar «enferma» en términos psicológicos. Digámoslo claro: va a tener una pésima calidad de vida, que es otra cosa. La resignación ante todo ello es lo que prima; no es cierto que todos andamos cerca del suicidio: resistimos, aunque la calidad de vida sea muy cuestionable. Afirmémoslo de entrada: ¡no estamos todos locos!






