sábado, 22 de enero de 2022

El desempleo, rostro dramático de una pandemia extenuante

 A nivel de género, la crisis seguirá golpeando en particular el empleo femenino. Por su parte, a largo plazo, el cierre de instituciones de educación y formación provocará un efecto dominó en la juventud, en particular entre quienes no tienen acceso a Internet.

Sergio Ferrari / ALAI


La pandemia sigue marcando la dinámica mundial. La nueva variante Ómicron de contagio virulento – aunque de menor mortalidad – no da respiro. La crisis económica y el desempleo en aumento son las agujas del reloj de un planeta que desde hace dos años no tiene respiro. Y las previsiones futuras no son nada buenas, en particular para las regiones periféricas y los marginados en los países “ricos”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) rebajó las previsiones de recuperación del mercado laboral para el año en curso.

 

Las previsiones indican 52 millones de puestos de trabajo (a tiempo completo) adicionales que se perderán en 2022, prácticamente el doble de lo que proyectaba la misma OIT en mayo del 2021.

 

El desempleo mundial alcanzará este año 207 millones de puestos de trabajo – con la referencia de una semana laboral de 48 horas. Lo que significa un aumento de 21 millones de puestos de trabajo perdidos en relación a la situación pre pandémica de 2019. Así lo afirma el Informe Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. Tendencias 2022, publicado el lunes 17 de enero por la Organización Internacional del Trabajo en su sede de Ginebra.

Las previsiones de la organización onusiana indican que el desempleo en la escala planetaria se mantendrá como mínimo hasta 2023 por encima de los niveles anteriores al coronavirus.

 

Asimetría internacional de la crisis

 

La OIT advierte sobre las marcadas diferencias de los efectos de la crisis entre grupos de trabajadores y a nivel internacional. Lo que agudiza las desigualdades a lo interno de cada nación y, también, entre países, “debilitando el entramado económico, financiero y social de casi todas las naciones, independientemente de su nivel de desarrollo”.

 

En el contexto internacional, si bien los efectos de la crisis se hacen sentir a nivel general, el panorama más negativo corresponde a América Latina y el Caribe, así como a Asia Sudoriental. En tanto Europa y América del Norte presentan los indicios de recuperación más alentadores. A nivel nacional, la recuperación del mercado de trabajo más fuerte se observa en los países de ingreso alto, mientras que las economías de ingreso mediano-bajo son las que salen peor paradas.

 

La pérdida del empleo y la reducción de horas de trabajo han provocado una significativa reducción de los ingresos. En los países en desarrollo, según la OIT, se agravaron las dificultades financieras de los hogares que ya eran vulnerables antes de la pandemia con “efectos en cascada sobre la salud y la educación”.

 

La crisis sanitaria ha llevado a millones de niños a la pobreza, subraya el organismo internacional, que calcula que, en 2020, al menos 30 millones de adultos más cayeron en la situación de miseria (o pobreza extrema), y debieron vivir con menos de 1,90 dólares diarios. Así mismo, el aumento de los precios de los productos básicos y los bienes esenciales, incrementa el costo de la crisis. El aumento de la inflación es una realidad en muchos países y dado la “naturaleza asimétrica de la recuperación” el endurecimiento de las políticas va afectar con mayor rigor a los hogares de ingresos bajos.

 

Futuro incierto

 

Las previsiones futuras no son mejores: “es probable que se necesiten años para reparar este daño. Las consecuencias a largo plazo sobre la participación en la fuerza de trabajo, los ingresos de los hogares y la cohesión social y, posiblemente, sobre la cohesión política, podrían durar años. Esta perspectiva laboral, por cierto, lúgubre, “representa un deterioro sustancial con respecto a las proyecciones que presentaba la misma OIT en 2021”, y tira por tierra sus cálculos más optimistas del año pasado en la dirección que en 2022 se podría alcanzar una reducción del desempleo con respecto a las cifras de fines del 2019.

 

A nivel de género, la crisis seguirá golpeando en particular el empleo femenino. Por su parte, a largo plazo, el cierre de instituciones de educación y formación provocará un efecto dominó en la juventud, en particular entre quienes no tienen acceso a Internet.

 

“Tras dos años de crisis, la perspectiva sigue siendo frágil y la vía hacia la recuperación es lenta e incierta”, afirmó Guy Ryder, director general de la OIT, al. “Ya estamos observando daños potencialmente duraderos en el mercado de trabajo, junto con un preocupante aumento de la pobreza y la desigualdad”.

 

En cuanto a las perspectivas de futuro la Organización Internacional del Trabajo enfatiza que “no puede haber una verdadera recuperación de esta pandemia sin una amplia recuperación del mercado de trabajo”.

 

Y recuerda que, en la Conferencia Internacional del Trabajo de junio de 2021, los 187 Estados Miembros luego de debatir las respuestas a la crisis consensuaron un Llamamiento Mundial a la acción para la recuperación en la perspectiva que ésta sea inclusive, sostenible y resiliente. Para lograrlo se acordaron cuatro pilares esenciales, enfatiza la OIT: el crecimiento económico y el desarrollo inclusivos; la protección de todos los trabajadores; la protección social universal y el diálogo social.

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