sábado, 18 de julio de 2026

Amenazas de la extrema derecha

 El imperialismo estadounidense busca avanzar en la reconfiguración del orden geopolítico -esto tampoco es nuevo-, particularmente, el giro de la correlación de fuerzas en varios países latinoamericanos y caribeños que ha dado lugar al retorno de gobiernos ultraconservadores y neofascistas.

Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.

El secretario de Estado imperialista, Marco Rubio, convocó a representantes de 66 países de América, Europa y Asia a una cumbre cuyo pretexto -nada nuevo- era “combatir el terrorismo”, y de manera particular el “resurgimiento del extremismo político trasnacional y las redes violentas de extrema izquierda”, dicho así tal cual, por quien encabeza en la segunda administración de Donald Trump la agresión y asfixia al pueblo cubano luego del incremento del bloqueo genocida desde enero contra la isla, y además siendo Rubio quien, sin reparo, ha hablado de una intervención militar contra Cuba, sabiendo que eso significaría una gran pérdida de vidas para ambos lados. Y así, como siempre, el discurso bélico usado por el imperialismo estadounidense es presentado como una medida supuestamente “justa”, aunque todos sabemos bien que eso solo es desvergüenza inhumana. En enero, en Venezuela, comprobaron ellos mismos ser los terroristas al secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores estando en funciones, asesinando a militares que los custodiaban y violando el Derecho internacional.
 
El imperialismo estadounidense busca avanzar en la reconfiguración del orden geopolítico -esto tampoco es nuevo-, particularmente, el giro de la correlación de fuerzas en varios países latinoamericanos y caribeños que ha dado lugar al retorno de gobiernos ultraconservadores y neofascistas en naciones como Chile, Ecuador, Argentina, Bolivia, Perú, y próximamente Colombia, así como en Centroamérica donde las fuerzas progresistas o de izquierda se han visto mermadas, le permite idear un avance más abierto para retomar parte de la hegemonía que ya ha perdido ante China y Rusia, sobre todo en cuanto al dominio de los mercados, donde precisamente se sostiene el sistema capitalista y por ende el imperialismo. Sin olvidar, en este contexto, los ataques imperialistas contra Irán con el objetivo de controlar regiones como el estrecho de Ormuz, cuyo paso es de suma relevancia para la economía en la región, y desde luego intentando incrementar el control del petróleo a nivel global. 
 
La cumbre en cuestión resulta significativa, no solo por lo ya dicho del reacomodo de los mercados en regiones como Latinoamérica, sino porque la guerra cultural implementada por la derecha ha logrado impactar a algunos sectores poblacionales que han salido a votar por propuestas ultraconservadoras y abiertamente neoliberales, como se observó recientemente en Perú y Colombia, o en Argentina, donde Javier Milei se sostiene no solo por la violencia represiva utilizada contra los sectores de trabajadores en lucha y contra los jubilados y pensionados que reclaman sus derechos, sino porque todavía la inercia de la caída del progresismo sigue impactando en la población, o también en Chile, donde después de la derrota a raíz de la insatisfacción con el gobierno de Gabriel Boric, el pueblo optó por un representante de la dictadura de Pinochet que nuevamente reprime a la juventud y al pueblo que se moviliza. En pocas palabras, el giro político nos ha colocado casi donde iniciamos hace al menos un par de décadas, cuando el progresismo pareció ser la salida ante la crisis sistémica agudizada en 2008, pero hoy ya se cuenta con la experiencia -una más- y el ejemplo de que si se le permite, la derecha devorará todo sin reparo, sin importar que diga estar “combatiendo el terrorismo”. 
 
Hace unos meses, trece mandatarios latinoamericanos se arrodillaron ante Trump al instaurase lo que llamaron “Escudo de las Américas”, evento donde el mandatario estadounidense se burló sin reparo de toda la identidad latinoamericana y caribeña, en particular del idioma español, sabiendo que es símbolo y síntesis cultural de nuestros pueblos, y ahora sin pena alguna felicita al ICE mientras asesina a inmigrantes latinos, lo cual es sumamente grave para los derechos humanos, sobre todo para la democracia y las libertades, ya que justamente al interior de la Unión Americana el autoritarismo avanza galopante con un rostro mucho más neofascista, y, como un botón más de muestra, sírvase ver cómo las campañas contra el voto femenino ganan terreno mediático e intentan imponer una narrativa que si no es combatida, pronto dará marcha atrás a ese y otros derechos ganados por las luchas feministas y proletarias, pero ya no solo en los Estados Unidos sino en el mundo, pues en países como México, la ultraderecha ya ha propuesto la eliminación del voto de la mujer; y el peor error es desestimar este discurso sin hacerle frente como se debe. Todo lo anterior es parte de la guerra cultural de la derecha con la que gana un poco de terreno, pues como sabemos los grandes monopolios de la comunicación están al servicio de los intereses del imperialismo.
 
Además, sería imperdonable obviar algo evidente para cualquiera que desee ver la realidad, Marco Rubio –vocero de Trump- habla de que combatirán el “terrorismo”, y lo primero que salta a la luz es la continuidad del terrorismo inhumano usado por el principal aliado estadounidense, Israel, con campañas de hambre, bombardeos, persecución, asesinato, bloqueos a la ayuda humanitaria, y la ocupación ilegal de territorios palestinos mientras comenten los sionistas un genocidio contra Palestina subsidiado por los Estados Unidos con recursos de su pueblo, el cual no fue consultado si deseaba o no que sus impuestos y la riqueza de su nación sea usada para tratar de exterminar a otra, favoreciendo este hecho únicamente a la alianza yanqui-sionista, que es el verdadero ente terrorista de nuestro tiempo que amenaza a toda la humanidad. Y por si lo anterior fuera poco, también debemos citar la continuidad del terrorismo que desde hace más de seis décadas ejerce Estados Unidos contra Cuba, siendo que el propio Trump ha reconocido que han usado todas la formas posibles para derrocar a la Revolución, y esas formas no son otras que los atentados terroristas con pérdida de vidas humanas, la invasión militar a Bahía de Cochinos, la subvención económica a grupos contrarrevolucionarios, el bloqueo económico que cuesta a la isla millones de dólares al año por la pérdidas que ocasiona y que ahora cobra la vida de cubanos por la falta de medicamentos, junto a la propaganda distribuida en todo el mundo contra el gobierno revolucionario, y todo por el simple hecho de que Cuba, las y los cubanos con la Revolución pusieron un alto a la injerencia imperialista y decidieron ejercer su derecho a la autodeterminación y soberanía. 
 
Y en el caso particular de México, la avanzada de la ultraderecha es cada vez más abierta, los ataques al gobierno federal carecen de razón o lógica y se centran en descalificaciones llamándolo “narco-gobierno”, o en ataques personales a la mandataria, aunque justo ahí está el peligro, pues la narrativa de asociar al narco con el gobierno y hablar de organizaciones “terroristas” al interior del país construye la supuesta “justificación” para acciones bélicas y políticas imperialistas contra nuestra soberanía. La derecha solo tiene un plan de gobierno; y ese es el despojo de los derechos humanos y del bienestar social, pero a la hora de la guerra cultural eso no importa a los sectores insatisfechos o desgastados por narrativas que se alejan de las condiciones objetivas de la vida, y ahí es donde la ultraderecha avanza en muchas ocasiones, pues el progresismo y la izquierda en el poder en las décadas pasadas en América Latina fortaleció muchos aspectos sociales y regresó la esperanza a millones de seres humanos, pero ante sus propias contradicciones abrió caminos peligrosos que en México no debemos permitir que se generen. 
 
En general, para la izquierda, esta cumbre es otra llamada de alerta, debido a que los ataques se incrementarán, así como la persecución, particularmente contra las fuerzas comunistas y antisistémicas. Por eso, ante la amenaza de la extrema derecha en el mundo, se requiere mayor conciencia de clase y más unidad por el bien de los pueblos. 

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