Hablar de los eventos que se escenificaron en la ciudad capital frente a la Asamblea Legislativa en la tarde de ese memorable 26 de Abril de 1973 e, incluso, en los días que la precedieron, es para el actual magistrado Dr. Fernando Cruz, rememorar un episodio inolvidable de su propia vida y que la marcó por siempre a manera de un destino helénico.
Arnoldo Mora Rodríguez / Para Con Nuestra América
Suelo decir que un libro se compone de tres elementos básicos, que son indispensables para evaluar su importancia. Estos tres elementos son los siguientes: el autor, el contenido y el formato. Evidentemente, el más importante de los tres es el segundo, el contenido, por ser el que le confiere el mayor peso a la obra. Sin embargo, ante la opinión, ante los ojos inquisitivos del eventual lector, ante la mirada pletórica de curiosidad de quien ve la obra en un estante de una biblioteca pública o privada, o exhibido en un sitio o vitrina de venta de una librería, el factor que, para bien o para mal, goza de mayor influencia en la imaginación y motivación del lector, y en los criterios que lo inducen a evaluar a simple y primera vista una obra, es el primero: el autor; como dicen los libreros, su solo nombre vende; cuando de un autor famoso se trata, basta con leer su nombre en la portada para que el presunto lector se forje un (pre)juicio de la obra e incline su actitud al leerla; el autor es el mayor atractivo de una obra, dado el prestigio o desconocimiento que el presunto lector tenga de quien ha escrito una obra, cuya carátula deslumbra su mirada aunque ignora su contenido.
