sábado, 8 de agosto de 2026

De las raíces de nuestro ambientalismo

 El ambientalismo latinoamericano contemporáneo tiene raíces más profundas en su entorno regional de lo que a veces imaginamos. Una de ellas es la que lo vincula – a menudo sin que lo sepamos - con el vínculo entre la sostenibilidad del desarrollo humano y la prosperidad equitativa y democrática a la que aspiramos para nuestras sociedades.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

"Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.  Y calle el pedante vencido;  que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo  que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.”

José Martí, 1891[1]


De eso trata, por ejemplo, en su lectura contemporánea, la Introducción con que el economista chileno Osvaldo Sunkel presentara en 1980 la extraordinaria antología dedicada a la interacción entre los estilos de desarrollo y el medio ambiente en nuestra América, publicada medio siglo atrás por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Fondo de Cultura Económica de México.[2]

           

El planteamiento de Sunkel se inicia con una definición clara y concisa del desarrollo como categoría de análisis – uno de los temas más constantes y polémicos en nuestra cultura económica. Así nos dice que

 

Se entiende por desarrollo un proceso de transformación de la sociedad caracterizado por una expansión de su capacidad productiva, la elevación de los promedios de productividad por trabajador y de ingresos por persona, cambios en la estructura de clases y grupos y en la organización social, transformaciones culturales y de valores, y cambios en las estructuras políticas y de poder, todo lo cual conduce a una elevación de los niveles medios de vida. (Sunkel, 1980:10)

 

Ese proceso tiene lugar en una constante interacción entre la sociedad y la naturaleza, dando así lugar a un medio ambiente entendido como “el ámbito biofísico natural y sus sucesivas transformaciones artificiales, así como su despliegue espacial.” (Sunkel, 1980: 13) En esas relaciones entre la sociedad y la naturaleza, añadía Sunkel, destacan 

 

tres aspectos, en que se producen las principales superposiciones, duplicaciones e interacciones entre sociedad y naturaleza: las actividades de extracción de materia y energía de la naturaleza y su transformación, acumulación y consumo; la generación simultánea de desperdicios y desechos que vuelven a la biosfera; y la ordenación territorial de ambos tipos de actividades. (Sunkel, 1980: 15)

 

Y en el desarrollo de esas relaciones entre la sociedad y su entorno natural destacaba, además, el hecho de que

 

las diferentes formas de organización social que se dan en una comunidad incluyen no sólo las relaciones entre individuos, grupos y clases – que es lo que habitualmente se destaca en las ciencias sociales – sino también los modos en que dichos individuos, grupos y clases llevan a cabo la apropiación de la naturaleza. Puesto que la vida humana depende enteramente de la disponibilidad de numerosos elementos extraídos de la naturaleza, uno de los aspectos clave de la organización social es precisamente el modo de apropiación social de los elementos de la biosfera que son esenciales para la supervivencia de la sociedad en su conjunto, y que influye en alto grado en la ubicación de los individuos, grupos y clases dentro de la sociedad. (Sunkel, 1980: 16)

 

La forma en que cada sociedad define esas relaciones entre sus integrantes y con la naturaleza establece a su vez un estilo de desarrollo, que Sunkel definiera como “la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales con objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios”, o “la modalidad concreta y dinámica adoptada por un sistema en un ámbito definido y en un momento histórico determinado.” (Sunkel, 1980: 25) Y agregaba enseguida dos observaciones relevantes para la comprensión del origen y las modalidades de desarrollo de esos estilos en cada caso.

 

Por un lado, dice, es necesario distinguir “entre ‘estilo’ como interpretación coherente e inevitablemente simplificada de ciertas tendencias ascendentes o dominantes a nivel regional o mundial, y ‘estilo’ como la concreción nacional de procesos complejos y contradictorios”. (Sunkel, 1980: 26). Por otro, es necesario tener presente que el término “estilo de desarrollo” puede aplicarse “también no a lo que es, sino a lo que debe ser, a juicio de algún actor social. En este caso, se trata de formular ‘estilos alternativos’, ‘proyectos nacionales’, o ‘utopías relevantes’”. (Sunkel, 1980: 27)

 

Para 1980 estaba ya en crisis un estilo de desarrollo en América Latina forjado tras la Segunda Guerra Mundial, que buscaba la industrialización de nuestras sociedades mediante la inversión estatal en infraestructura básica y la sustitución de importaciones mediante la creación de una oferta nacional de bienes de consumo. Al respecto, Sunkel señalaba la presencia de un estilo transnacional ascendente en el mercado mundial, el cual se definía por características que vendrían a expresarse en su plenitud para fines del siglo XX, una vez que ese estilo alcanzara su madurez (y quizás su propia crisis) con el proceso de globalización.

 

En ese sentido, las características más relevantes de aquel estilo ascendente iban desde el papel dominante de las empresas transnacionales “en la difusión y fortalecimiento del estilo”, hasta “la generación de cambios casi irreversibles en las economías y las sociedades nacionales; la disminución de las opciones que se abren a los gobiernos para establecer estilos autónomos de desarrollo” y la transformación de la división internacional del trabajo, “sobre todo a través de las internacionalización de la producción industrial”, la innovación tecnológica “intensa y continua” y la formación de una “élite transnacional, compuesta no sólo de los gerentes, administradores y técnicos de las empresas transnacionales, sino de funcionarios de gobierno, profesores universitarios, investigadores científicos, periodistas y publicistas, identificados con la ideología del estilo y con sus patrones de consumo y cultura.” (Sunkel, 1980: 27-28) Y todas estas transformaciones tenían ya entonces

 

un efecto considerable sobre el medio ambiente: la explotación de los recursos naturales (tanto renovables como no renovables) se ha intensificado y ha sufrido fuertes transformaciones, habiendo habido también una intensa renovación tecnológica; se ha producido una redistribución espacial de la actividad humana y una fuerte concentración industrial; y se ha desarrollado un proceso nuevo y sin precedentes de generación altamente concentrada de desechos y contaminación industrial, tanto urbana como agrícola. (Sunkel, 1980: 35)

 

A medio siglo de entonces, lo que pueda haber de útil en estos planteamientos se refiere sobre todo a la caracterización de nuestro presente y de nuestras opciones de futuro. Puede decirse, por ejemplo, que la formación de la plataforma de servicios globales de Panamá a partir del año 2000 consolidó entre nosotros el estilo transnacional de desarrollo entonces ascendente a partir del fortalecimiento de un estilo transitista de desarrollo dominante en el Istmo desde el siglo XVI, que aún está pendiente de ampliación con el agregado de un componente interamericano a su tradicional organización interoceánica.

           

Lo importante es entender que el sistema mundial ha ingresado en una nueva etapa de desarrollo, en la que el estilo transnacional – aún concentrado en el polo Noratlántico del sistema – deberá encontrar términos de ajuste con el estilo multilateral que viene tomando impulso en el siglo XXI. En esta transición, el tránsito interoceánico – y ojalá el interamericano – seguirán desempeñando un papel de primer orden en el desarrollo de Panamá, y lo que corresponde será orientarlo en el sentido en que lo entendiera Sunkel en su Introducción. En esa dimensión es donde se ubican las tareas fundamentales en el desarrollo político y cultural de la lucha por la sustentabilidad del desarrollo humano en Panamá.

 

Alto Boquete, Panamá, 1 de agosto de 2026

 


[1] “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. VI, 18. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

[2] Sunkel, Osvaldo (1980): “Introducción. La interacción entre los estilos de desarrollo y el medio ambiente en América Latina”, en Sunkel, Osvaldo y Gligo, Nicolo (selección): Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina. 2 tomos. CEPAL / Fondo de Cultura Económica, México.

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