En agosto de 2009 afirmaba que el Parlacen nació como una hermosa ilusión. Ilusión primero de los dirigentes de la Comunidad Europea, que creyeron que, trasplantando a nuestro istmo una copia del Parlamento Europeo, crearían las bases para un buen Gobierno en nuestra región. Craso error. Se les olvidó que Centroamérica no tiene casi nada en común con Europa occidental por la mentalidad de sus pueblos.
Omar Jaén Suárez/ La Estrella de Panamá
Agradecemos el envío a nuestro colaborador Guillermo Castro Herrera
La evolución distinta de ambos parlamentos y de ambas regiones ha terminado por desmentir rotundamente el proyecto ultramarino. Error también al obviar su propia historia, puesto que la Comunidad Europea antes de crear su Parlamento regional laboró arduamente durante muchos años para lograr la integración económica, elemento crucial y preliminar para avanzar con paso firme en la integración política. Ilusión nuestra, de los centroamericanos a los que nos añadimos después los panameños, que creímos que cumpliendo con la desiderata de los europeos llovería la abundancia sobre nuestros pueblos paupérrimos, y de los políticos locales, quienes se regodeaban con el esperado maná de diversas monedas antes del euro. Esa ilusión se convirtió en pesadilla para nosotros, cuando nos percatamos de que el costo-beneficio nos era ampliamente adverso.




