El
mantenimiento de la militarización de la guerra antidroga por los sucesivos
gobiernos estadounidenses de Reagan al presente, demuestra la prioridad que le
otorga la élite del poder del Estado-Nación-Imperio, a la guerra contra las
drogas en la política exterior y de seguridad hacia “Nuestra América”.
Alejandro L. Perdomo Aguilera / Especial
para Con Nuestra América
Desde La Habana, Cuba
Introducción
La
Administración de Barack Obama asumió el gobierno con el reto de cambiar, al
menos en términos de imagen pública, el rostro militarista y unilateralista de
su predecesor, George W. Bush (2001-2009). Para ello, su gobierno ha aplicado
como doctrina de la política exterior y de seguridad, al “poder inteligente”
(smart power) [1] y las
tres D, entendiendo la Diplomacia y el Desarrollo como complemento de la
Defensa.
En tal sentido, el gobierno de Obama ha intentado complementar los retos
de la economía, con las acciones en los campos diplomáticos y de seguridad. Con
ello se concibe que si bien la economía está en el centro de la política
exterior y de seguridad, se utiliza la diplomacia y los acuerdos de seguridad
para fortalecer la economía, consolidar la hegemonía y renovar el liderazgo
estadounidense en “Nuestra América”.
