El mayor beneficio económico en el menor tiempo posible es el único Evangelio del capitalismo. Las energías alternativas sólo serán aplicables a corto plazo gracias a incentivos fiscales que las hagan más ventajosas, o a políticas públicas que las vuelvan obligatorias.
Luis Britto García / www.luisbrittogarcia.blogspot.com
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Las resoluciones del Acuerdo de París y de la Cumbre de Glasgow exigen, según resume la ONU, que las emisiones de CO2 “se reduzcan alrededor del 45 % para 2030 y que se alcance el cero neto hacia 2050” (https://www.un.org/es/climatechange/net-zero-coalition). Una masiva campaña propagandística pretende que es posible prescindir como por arte de magia del consumo de energía fósil en ese limitado plazo. Para juzgarla, recordemos que el denigrado CO2, o anhídrido carbónico, es el gas que expulsa la respiración de los animales, y que sin él no existirían las plantas, que lo descomponen para producir oxígeno. Cero neto de CO2 sería asimismo cero vegetales y animales. Miremos las cosas en perspectiva.
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