Los patrones patriarcales autoritarios siguen siendo la matriz que marca las relaciones entre los géneros, en distintas partes del mundo, y de modo muy marcado en Guatemala o, en general, en Latinoamérica. Las conductas sexuales están regidas en muy amplia medida por esos esquemas.
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
“Mi padrastro era alcohólico y le daba unas cachimbeadas bárbaras a mi nana. Me crié con seis hermanos más. Yo, según me cuenta mi ruquita, soy de otro padre. En realidad, según lo que ella me dijo, soy producto de una violación. A mi mero viejo nunca lo conocí. De mis medio hermanos, dos eran mareros, y la hembra menor, la Yuleisy, era puta. A ella la mataron el año pasado. En mi colonia solo había cacos y drogos. Me acuerdo que la chante donde vivíamos era de lámina, en el puro barranco. Había una letrina asquerosa. A mí me daba asco ir ahí, pero… ni modo. Yo empecé con la mota a los doce años; después le entré a la piedra. Recuerdo que el barrio nunca había agua. Me bañaba una vez por semana… con suerte. Me decían “El Shuko” de sobrenombre. Mi primera cacha fue a los trece. De ahí ya no paré. ¿Por qué lo maté a ese vato? Mire, Lic.: yo a los veinte, después de haber estado varias veces en el reformatorio y después, ya de adulto, en el bote, traté de regenerarme. Fui a Remar. Ya tenía como seis meses limpio, sin güeviar y portándome bien.
