sábado, 14 de septiembre de 2019

Tratando de asfixiar a Cuba

La administración de Donald Trump ha definido con claridad quiénes son, en América Latina, los miembros del eje del mal: Cuba, Venezuela y Nicaragua. Demócrata convencido, paladín de la libertad como es, ha venido apretando tuercas para asfixiarlos.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Como ya personeros de su gobierno y él mismo han declarado, sin descartar nunca una opción militar lo que busca es generar malestar entre la población para que se subleve.

Las artimañas utilizadas son muchas y variadas. Enumerarlas sería largo y cansino, y a pesar del enorme sufrimiento que causan, no le han dado resultado.

Cuba tiene un larguísimo historial de hostigamiento. Han intentado de todo, hasta lo inimaginable; a veces, rayando en lo ridículo. Su largo y continuo fracaso es una muestra de su prepotencia, que no les permite entender la realidad con la que se enfrentan.

Ahora míster Trump, cual John Wayne asediando a salvajes piel rojas, obstaculiza el trasiego de petróleo entre Venezuela y Cuba: compañía que haga el servicio, compañía que es sancionada. Son medidas comprensibles del campeón del libre comercio.

En ese contexto, los cubanos deben racionar el combustible. Se reduce al mínimo el transporte público, la industria marcha a media máquina, hay cortes de energía eléctrica.

La población se enoja, como es normal, pero la mayoría entiende de dónde vienen los tiros. En todos afloran los tremebundos recuerdos de los años noventa, cuando la isla perdió a su principalísimo socio comercial y solo su temple de acero permitió que sobrevivieran.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel informaba a los cubanos sobre la situación en el programa Mesa Redonda de la televisión cubana, cuando la red Twitter anunció que cancelaba las cuentas de ese mismo programa en el que estaba hablando el presidente y de otros proyectos comunicativos como Cubadebate; la de Raúl Castro, su hija Mariela, la de algunos periodistas del equipo del presidente. ¿El argumento de Twitter?, que ha habido un “uso abusivo y violación de políticas de la plataforma”.

¡Alabao! dirían los cubanos. El más abusivo, malcriado, manipulador y mentiroso usuario de Twitter, el señor presidente de los Estados Unidos, debe estarse frotando las manos de contento. Mientras sostiene su hamburguesa con una mano, y tuitea con la otra lanzando imprecaciones y amenazas a diestra y siniestra, agradece haber nacido en el meollo mismo de la libertad de expresión y, por lo tanto, estar seguro que por más sandeces que escriba nunca le cerrarán su cuenta.

Quienes creen que las redes sociales constituyen el paradigma de la libertad de expresión deberían parar la oreja y escuchar lo que musita a su oído el ejemplo de los cubanos: usted será tolerado sí y solo sí no se salga del molde, y si llega a hacerlo, aténgase a las consecuencias.

Las grandes compañías como Twitter y Facebook juegan un papel crucial en la política contemporánea. En Cuba, en la medida en que puedan servir para propalar noticias falsas y rumores que solivianten a la gente, el gobierno norteamericano aboga por su expansión. La política de Barak Obama iba en ese sentido. Pero si las redes son instrumento para la defensa de los intereses del gobierno revolucionario, para que sus dirigentes tengan una vía rápida y expedita para comunicarse con su gente, entonces las cosas cambian.

Esta misma revista digital en la que ahora escribo, Con Nuestra América, que sábado a sábado hacemos llegar a la bandeja de su correo y que amigos de toda América Latina nos ayudan a difundir, se ha visto bloqueada en dos ocasiones.

Así están las cosas, señoras y señores, y así seguirán mientras la prepotencia sea la que gobierne el mundo. Los que estamos al otro lado de la barrera, a resistir. Ya llegarán otros tiempos.

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