sábado, 2 de mayo de 2020

Argentina: Al momento, ¿quiénes están ganando?

A esta altura de la pandemia alguien está ganando además del virus. Siempre alguien saca provecho de la desgracia ajena. La gran mayoría, confinada como pollos de criadero ,aguarda a ver qué sucede cada día que pasa. 

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Esa multitud agazapada y a la espera, ansiosa, prendida a las ventanas mira tras los vidrios la vida pasar. Vida que según los especialistas, puede ser portadora inconsciente, incubando la muerte que acecha. De allí la necesidad de continuar aguantando, aguardando soluciones que tardan en llegar. 

Mientras tanto, 8 de cada 10 familias argentinas quedaron endeudadas en abril, según el Centro de Economía Regional Experimental CERX. Cada una tiene una deuda promedio de 150 mil pesos. La mayor parte de la misma es bancaria: tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos hipotecarios y prendarios. Luego le siguen alquileres, círculos de automotores y finalmente, préstamos familiares y amigos imposibles de cobrar. Terreno fértil para la aparición de esas aves carroñeras que acechan a los necesitados que son los usureros, esos oportunos prestamistas que pululan alrededor de la miseria humana.

Familias golpeadas de manera extraordinaria en estos años de liberalismo que dejó un 40% de pobreza, la que por los efectos de la pandemia podría llegar al 45% a fin de año. Cifra consecuente con todo lo ocurrido y de una retracción progresiva del PBI por la paralización de las actividades económicas que, según reiteradas manifestaciones del actual gobierno, eran de esperar; porque insisten y ratifican convencidos, primero es la salud.

Descuentan las pérdidas económicas que significa la paralización de actividades, sobre todo aquellas industriales que concentran muchos trabajadores en una planta y no son bienes prioritarios al momento, otros como textiles recluidos en talleres, muchas veces hacinados o de obras públicas de discutida continuidad. 

No son tontos, mucho menos incautos. Ocasión que se ha aprovechado para la renegociación de la deuda estimando las posibles ventajas de este momento tan insólito.

Mientras esto pasa otros ganan. Ganan los poderosos, aquellos que lograron quedarse con el dinero casi total de la humanidad y que, como la escoria, sobrenadan la superficie de todos los países del mundo. 

Unos más visibles que otros, muchos escondidos en fideicomisos offshore, tenedores de bonos de la deuda, esos que se pasan pirateando todo el tiempo, como lo han hecho siempre.

Está en el Congreso el impuesto a la riqueza. Una brizna que ni cosquillas le hace a los 10 mil afortunados desafortunados que han puesto el grito en el cielo. Grito amplificado a rabiar por los medios, quienes ven el peligro comunista en esto. Que este arrebato nos llevará a Cuba o Venezuela. 

Gracioso, pero vergonzoso y vergonzante, porque saben bien que los países escandinavos superan una presión tributaria cercana al 50% de los sueldos más altos. Antecedente jamás ejercido en estas pampas chatas, donde las fortunas gozan del beneplácito de las clases medias y la vista gorda de la administración tributarias.

Este recurso está siendo analizado en varios países europeos y latinoamericanos para enfrentar la crisis generada por el coronavirus. 

Recomendado por el Financial Times, principal diario financiero londinense que viene sugiriendo desde principios de abril un rol activo en la economía en la que la redistribución deberá estar entre los principales temas, como también los impuestos a la renta y la riqueza.

En consonancia el Departamento de Asuntos Fiscales del FMI recomienda aumentar las tasas más altas del impuesto a las ganancias, sobre la renta y la riqueza. Paralelamente este organismo viene observando la imposibilidad de los pagos de la deuda de los países emergentes luego del impacto en sus economías por el coronavirus. Razón de más para anticiparse ante mayores problemas.

España, Italia, Alemania, Francia, el Reino Unido y Rusia por un lado van a recurrir a esos impuestos con el objeto de reforzar las políticas sociales. La Unión Europea va a disponer de 100 millones de euros para enviar a sus miembros más afectados. Acción impensada luego que en la crisis de 2008 ayudaran a los bancos dando la espalda a los ciudadanos arrasados por el sistema financiero.

Lo mismo están haciendo algunos países de la región con gobiernos no precisamente adeptos a las políticas sociales: Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, intentando imitar a su manera el ejemplo argentino conforme las particulares posibilidades y los lineamientos políticos que sustentan una mayor acción del Estado; una respuesta más keinesiana conforme lo que se observa en estos primeros cien días de la pandemia. 

Como exponen muchos analistas actuales, el coronavirus ha cambiado algunas cabezas menos la de los que tienen la sartén por el mango. Ellos aprovechan estos acontecimientos catastróficos para rediseñar sistemas económicos sociales, promover reformas impopulares o directamente apropiarse de bienes públicos, amparados por la oportunidad que se le presenta al mercado, como expresara Naomi Klein en La doctrina de shock[1].

La periodista canadiense expresa que esto ya pasó anteriormente y pone dos casos como ejemplo: las dictaduras genocidas de Argentina y Chile en los 70, donde el miedo por la feroz represión política impuso drásticas reformas económicas, cuyas consecuencias sociales están a la vista y, el tremendo tsunami de 2004 en Sri Lanka, donde los pescadores paralizados por lo ocurrido vendieron regalados sus terrenos y actualmente sobre ellos se erigen complejos turísticos exclusivos, altamente rentables. La vieja picardía oportunistas de los buitres que están al acecho.    

La pandemia produce un rechazo general por el hipercapitalismo anárquico – según nos recuerda Ignacio Ramonet[2]–, un modelo bañado en sangre–, como agrega Naomí Klein–, que deberá responder una vez atenuado su efecto. 

La sociedad comienza a despertarse y reconocer que la solidaridad es la única alternativa de construcción posible. Una esperanza en la que al menos intentan ganar todos. Un freno a la voracidad de esos pocos miserables que siempre acechan.


[1] Naomi Klein, La doctrina del Shock, Edit. Ramdom House, Canadá, 2007.
[2] Ignacio, Ramonet, Coronavirus: La pandemia y el sistema mundo, Página 12, 30 de abril de 2020.

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