El avance de los sectores conservadores en América Latina podría enfrentar mayores límites políticos y electorales de los previstos inicialmente por parte de algunos analistas regionales.
Indiana Ubelhartt* / Escenario Mundial
De acuerdo al analista brasileño Oliver Stuenkel en Estadão, aunque durante los últimos años la derecha logró importantes victorias electorales en varios países de la región, algunos gobiernos y líderes de ese espacio comenzaron a mostrar señales de desgaste acelerado en medio de las dificultades económicas, los conflictos sociales y repetidos cuestionamientos políticos. Tal es el caso de Argentina con Javier Milei y Bolivia con Rodrigo Paz.
Con anterioridad, el llamado “giro conservador” fue interpretado como una posible transformación política profunda, que fue impulsada por factores como el aumento de la preocupación por la seguridad pública, el crecimiento del electorado evangélico (en el caso de Brasil) y el impacto regional del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Sin embargo, los acontecimientos recientes en Sudamérica muestran un escenario más inestable y menos lineal de cara a los próximos ciclos electorales en la región.
Desgaste político y límites del ciclo conservador
Entre los casos se puede mencionar el de Javier Milei en Argentina, cuyo gobierno enfrenta tensiones por el impacto social de las reformas económicas, las disputas parlamentarias y un cúmulo de denuncias de corrupción que afectan a integrantes claves de su administración como son el jefe de Gabinete de Ministros y la secretaria General de la Presidencia de la Nación. Además, existe otro factor de deterioro político regional que se ve marcado por la inflación, la conflictividad social y serias dificultades para responder a los problemas estructurales como la inseguridad, la pobreza y el bajo crecimiento económico.
En el caso de Ecuador, se identifica al gobierno de Daniel Noboa como uno de los ejemplos más representativos de la crisis de los nuevos liderazgos conservadores. Aunque el mandatario llegó al poder con un discurso centrado en la lucha contra el crimen organizado, el país sigue enfrentando altos niveles de violencia vinculada al narcotráfico y a su vez, crecieron las críticas opositoras por presuntas tendencias autoritarias dentro del Ejecutivo.
Sin embargo, en los últimos días tomó relevancia otro caso que se suma a la lista de desgastados gobiernos de derecha, el caso de Rodrigo Paz en Bolivia. La crisis que atraviesa el gobierno de Paz expone con claridad los límites de los nuevos liderazgos de centroderecha en contextos de fuerte deterioro económico y alta conflictividad social. A pocos meses de haber asumido, el mandatario enfrenta una escalada de protestas, bloqueos y enfrentamientos protagonizados por sectores sindicales, mineros, campesinos, transportistas y organizaciones populares que cuestionan las medidas de ajuste, la crisis de combustibles y el aumento del costo de vida. La situación derivó en problemas de abastecimiento de alimentos, medicamentos y oxígeno, además de un creciente cerco sobre La Paz, lo que obligó al Ejecutivo a anunciar corredores humanitarios para intentar garantizar la circulación de bienes esenciales.
El caso boliviano también muestra que el desgaste de los oficialismos no depende únicamente de la orientación ideológica del gobierno, también de su capacidad para construir gobernabilidad en sociedades atravesadas por demandas sociales acumuladas. Paz, que llegó al poder tras casi dos décadas de predominio del Movimiento al Socialismo, enfrenta ahora una presión simultánea desde las calles, desde sectores vinculados al viejo bloque popular y desde una economía golpeada por la inflación, la escasez de dólares y las tensiones por el retiro o la reducción de subsidios. En ese marco, las protestas debilitan la imagen inicial del gobierno y reactivan la centralidad de actores sociales históricamente decisivos en Bolivia, como los sindicatos, los mineros y las organizaciones campesinas, confirmando que cualquier intento de reordenamiento político conservador en el país puede encontrar límites rápidos si no logra ofrecer respuestas concretas a la crisis económica y social.
Volatilidad electoral y reconfiguración política regional
Por otra parte, visto desde una perspectiva más amplia, el contexto internacional también influye sobre la dinámica política regional. El regreso de Trump fortaleció discursivamente a varios sectores conservadores latinoamericanos, aunque también provocó reacciones nacionalistas y tensiones diplomáticas en distintos países. En Brasil, por ejemplo, algunos sectores interpretan que las disputas comerciales y políticas con Washington terminaron favoreciendo parcialmente la posición del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de cara al escenario electoral brasileño.
Lo cierto es que uno de los principales rasgos políticos de América Latina continúa siendo la volatilidad electoral y el desgaste de los oficialismos, más que una consolidación ideológica estable hacia la derecha o la izquierda. En ese sentido, mientras la región no logre atravesar un período prolongado de crecimiento económico sostenido y una mejora social, cualquier “ola” política seguirá siendo vulnerable a cambios rápidos en el humor social y electoral.
También es posible afirmar que estos casos muestran la dificultad de los nuevos gobiernos conservadores para transformar sus victorias electorales en ciclos políticos estables. Aunque el malestar social, la inseguridad y el agotamiento de experiencias progresistas abrieron espacio para liderazgos de derecha o centroderecha, esos mismos gobiernos enfrentan rápidamente el costo de administrar economías frágiles, sociedades movilizadas y expectativas de cambio difíciles de cumplir. Así, más que una consolidación definitiva de un nuevo ciclo conservador, el escenario latinoamericano parece marcado por una alta volatilidad política, donde el voto castigo, la crisis económica y la conflictividad social continúan condicionando la gobernabilidad de oficialismos de distinto signo ideológico.
*Redactora Asociada en Escenario Mundial. Se especializa en política exterior y América Latina con experiencia directa en la investigación académica. Escribe analíticamente sobre la relación América Latina-China-Estados Unidos y cuestiones de seguridad internacional.

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