sábado, 20 de junio de 2026

IA: las contradicciones

Las primeras contradicciones formales de la inteligencia artificial (IA), anticipos de aquellas de carácter estructural que se avecinan, no se han hecho esperar. El gobierno de Estados Unidos ha prohibido el acceso de dos nuevos modelos de Anthropic a todo ciudadano extranjero, dentro y fuera del país, incluidos los empleados no estadunidenses de dicha empresa. 

Pablo Gómez / LA JORNADA

Ésta, por su lado, ha manifestado su imposibilidad de hacer de momento ese filtro, por lo cual ha desactivado tales modelos para el conjunto de su clientela mientras resuelve la forma de acatar la orden de exclusión de extranjeros. El motivo manifestado de la prohibición gubernamental es no propiciar que, desde fuera de la jurisdicción de Estados Unidos, mediante los nuevos modelos, se detecten y aprovechen los fallos de ciberseguridad de equipos estadunidenses con rapidez y precisión sin precedente.
 
Dario Amodei, de la empresa Anthropic, está pidiendo un régimen de auditorías obligatorias para los modelos más potentes de IA, pero dentro del “marco de un procedimiento legal, transparente, justo y claro, basado en hechos técnicos” y sin uso de “controles facultativos” como el operado por el presidente Donald Trump, con los cuales, en los hechos, éste ha entrado en el concurso monopólico de la IA del lado de quienes procuran que no se promulguen nuevas leyes como productos del debate parlamentario abierto, sino seguir con puras órdenes oficiales, es decir, que no haya reglas. 
 
Dentro de este marco, el mismo presidente ha encargado un estudio sobre posibles inversiones gubernamentales directas en las grandes empresas de IA, con el propósito de anclarlas a Estados Unidos al darle al gobierno presencia corporativa dentro de las mismas. El proyecto en estudio de Trump no es semejante a la propuesta de Bernie Sanders, senador socialista, en el sentido de establecer un impuesto de una sola vez de 50 por ciento de las acciones de las grandes compañías de IA para que una representación popular pueda imponer a esas corporaciones condiciones y límites de mandato legal. 
 
El problema no sólo se ubica en las definiciones político-legislativas que son parte del boom de la IA, sino también en el financiamiento de las inversiones requeridas por parte de las grandes empresas. Luego de que Alphabet consiguiera en el mercado bursatil ampliaciones de capital por 85 mil millones de dólares (Warren Buffett entró a la compra de esas acciones con 10 por ciento) y que Space X (Elon Musk) lograra captar 75 mil millones con una oferta pública de inicio en bolsa (a pesar de haber tenido pérdidas netas por casi 5 mil millones el año pasado), Open AI y Anthropic están por lanzarse también a fuertes ampliaciones de capital por la vía de emisión de acciones. 
 
Antes, otras grandes empresas habían logrado fuertes préstamos de los mayores bancos bajo métodos de disposición diferida programada por el mismo prestatario. Así, el mercado financiero se está colmando de inversiones accionarias y de créditos cuando apenas empieza la revolución de la inteligencia artificial. Tal vez se pudiera llegar muy pronto al millón de millones de dólares de incrementos de capital, tan sólo en Estados Unidos, efectuados en unos cuantos días.
 
De esta manera se advierte la ampliación del campo de las inversiones de la IA. Dentro de todo esto destaca la actual política de la Casa Blanca de buscar que dentro de la estructura monopólica de la IA predominen los intereses estadunidenses frente a las otras potencias económicas, China y Europa. Este predominio llevaría a Estados Unidos a ocupar un lugar mucho más importante en el mercado internacional, es decir, en las exportaciones directas, y a un liderazgo técnico, incluyendo control de patentes, que podría traducirse en una más elevada captación de los excedentes económicos. 
 
La tendencia hacia el abandono de la globalización económica conlleva una acentuada rivalidad en materia de inteligencia artificial, una nueva estructura que conspira contra el superimperialismo unificado que se procesó después de la Segunda Guerra Mundial, para volver a un esquema de confrontación entre potencias. Este fenómeno no sólo responde a problemas de déficit de la balanza estadunidense, que se expresan en el empleo y la productividad del trabajo, sino que es una cuestión de poder mundial… otra vez en la historia. 
 
La revolución técnica que está empezando ocurre en un mundo ya compartido entre países imperialistas y, además, con potencias en surgimiento, destacadamente China. Parece que un nuevo reparto se ha ido haciendo necesario ante las disparidades desarrolladas en el siglo en curso y que ponen en situación insostenible los lugares anteriores ocupados por Estados Unidos y Europa, los cuales no parecen poder seguir siendo tan aliados como hasta hace poco. 
 
Una rivalidad entre potencias imperialistas no sería necesariamente tal como lo fue durante la primera mitad del siglo XX, pero es un fenómeno que puede ser advertido como una nueva fase del capitalismo, en el que la disputa tiene contenidos de dominación y de control de los elementos naturales y humanos que demanda el progreso material y de la disposición de los recursos necesarios para sustentarlo. La IA habrá de traer nuevas contradicciones dentro de muchos países y entre no pocos de éstos, sin duda.

No hay comentarios: