El problema realmente no es la tecnología en sí, sino sus actuales tendencias que no dan margen a un uso social y transformador, que mejore el mundo actual en beneficio de las grandes mayorías.
Pedro Rivera Ramos / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá
Hay en el mundo actual una compleja y poderosa infraestructura digital global, que usando algoritmos informáticos extraen y procesan los datos que cedemos, a través de un engañoso consentimiento como si fueran de su propiedad, que luego monetizan y los ponen en venta o los usan en sus procesos productivos y de innovación, sin que los generadores de los datos recibamos alguna compensación, más allá de permitirnos usar aplicaciones y servicios “gratuitos”, que son utilizados generalmente para predecir nuestros comportamientos, a través de la revelación que hacemos de nuestros sueños, hábitos, dudas, miedos e inclinaciones, que de ese modo pasan a la esfera mercantil.







