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sábado, 13 de diciembre de 2025

¿Repúblicas bananeras?

El imperialismo norteamericano está mostrando los dientes y sintiéndose bravucón en un grado sumo como una forma de exhibir potencia y soberbia, entrometiéndose desvergonzadamente donde sea, sabiendo que, lenta pero inexorablemente, está perdiendo su papel hegemónico.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

“Somoza es un hijo de puta. Pero es ‘nuestro’ hijo de puta.” 
Franklyn D. Roosevelt

“La expresión peyorativa
 “república bananera” -acuñada a inicios del siglo XX por O. Henry, humorista y escritor de cuentos cortos estadounidense- se utiliza para describir un país que es considerado políticamente inestable, pobre, atrasado y corrupto. En el país bananero por lo general no se respetan ni leyes ni reglas, considerándose una virtud saltarse las reglas, mientras que cumplirlas no es valorado socialmente. Por lo general el país bananero tiene una economía que depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), y es gobernado por un dictador legitimado de manera fraudulenta o una junta militar, o es sometido a la hegemonía de una empresa extranjera, bien sea mediante sobornos a los gobernantes o mediante el ejercicio del poder financiero.” (Wikipedia) 

sábado, 8 de agosto de 2020

Estados Unidos: ¿del imperio a la Banana Republic?

No debiera sorprendernos, entonces, que, en un futuro no muy lejano, la gestión de Trump sea recordada como aquella que resultó decisiva para la caída del imperio, de la Roma Americana. Y de esto dan cuenta sus recientes insinuaciones sobre la posibilidad de “postergar” las elecciones presidenciales programadas para el mes de noviembre.


Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica


La administración del presidente Donald Trump parece condenada a pasar a la historia más por su legado de infamias, conspiraciones, arbitrariedades e intrigas palaciegas, que por sus aportes a la búsqueda del bienestar del pueblo estadounidense, y de la humanidad en general -como correspondería a una potencia de su calibre-, en un coyuntura de alta complejidad como la que vivimos en nuestro tiempo. Como les ocurrió a los últimos emperadores romanos, nostálgicos de glorias pasadas e incapaces de controlar siquiera sus pasiones -porque el gobierno de las fronteras y regiones ya lo habían perdido-, Trump hace todo lo que está a su alcance para acelerar y profundizar la crisis de hegemonía en que se encuentran sumidos los Estados Unidos desde hace varios lustros, fenómeno acicateado por el ascenso de China y otros competidores globales.