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sábado, 13 de agosto de 2016

Aniversario de las bombas atómicas en Japón: Aún seguimos esperando las disculpas

¿Pedirán perdón alguna vez los dirigentes estadounidenses por esa inmoral masacre cometida en Japón en 1945? Es lo mínimo que se podría esperar de un país civilizado.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

Olvidar es repetir
Inscripción en la entrada del Museo del Horror de Auschwitz

Todos los imperios son detestables. Todos, absolutamente todos por igual. Lo son no sólo porque impongan a los dominados su cultura, su modo de vida, su cosmovisión, porque los expolien económicamente, porque los degraden en términos humanos. Son detestables, además, porque basan su dominio en la fuerza bruta. En ese sentido ningún imperio se diferencia de otro. Su mensaje es violento, y la violencia engendra más violencia: círculo vicioso del que es muy difícil salir.

¿Es Estados Unidos más malvado que el Imperio Romano? ¿O que la Confederación Inca en su expansión por medio continente sudamericano? ¿Quiénes fueron más despiadados: el católico reino de España en su conquista de América o las hordas de Gengis Khan en Asia Central? En definitiva, ¿no estaban alentados por similar ansia de poder los faraones egipcios que la "raza superior" de los nazis? Entramos al tercer milenio de ¿civilización? y la fuerza bruta sigue siendo la que marca la diferencia entre los pueblos. En ese sentido: ¡el tamaño sí importa! Continúa imponiendo las condiciones, igual que en la época de las cavernas, el que detenta el garrote más grande. Lo patético es que hoy ese garrote se llama energía nuclear, y con eso estamos eternamente ante un barril de pólvora, siempre listos para la catástrofe atómica que puede extinguir a la Humanidad en su conjunto y toda forma de vida sobre la faz del planeta.

viernes, 28 de agosto de 2015

Alemania y Japón preparan su revancha

En términos conceptuales, el revanchismo es la política desarrollada por un país derrotado en una guerra para tratar de recuperar a toda costa, las posiciones perdidas,  incluso, sin detenerse en desencadenar una nueva guerra.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

Tal política está fuertemente ligada con prácticas chovinistas que sirven de preparación a la agresión, bajo el subterfugio de venganza o revancha. Si nos atenemos a la definición de Clausewitz de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, por tanto la guerra es un tipo de acción política, en aquellos casos cuando se hayan limitado las posibilidades de desarrollar el conflicto en términos bélicos, es probable que se exacerben acciones de carácter político que conduzcan a los mismos resultados.

El pensamiento revanchista asume un discurso patriótico nacionalista que se nutre de la suposición de que una situación creada por la finalización de una guerra en que no se han conseguido los objetivos propuestos, han conducido a una imposición injusta de medidas tomadas con el objetivo de que tal posibilidad no vuelva a surgir. Existen elementos de carácter geopolítico, económico y racial  que impulsan este sentimiento, el cual se manifiesta como una posición inquebrantable en defensa de la búsqueda de crear condiciones para lograr en una nueva oportunidad los resultados no obtenidos.