sábado, 10 de octubre de 2026

Segunda vuelta en Brasil ¿por qué la gente vota por el neofascismo?

 Si el pesimismo que puede tenerse en este momento se vuelve realidad en el ballotage del domingo 25 de octubre, el neofascismo habrá triunfado en la mayor parte de América Latina. Solamente quedarán México y un distante y pequeño Uruguay en el mapa progresista posneoliberal que hasta 2025 dominaba todo el panorama latinoamericano.

Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Las encuestas en los días previos a las elecciones del 4 de octubre en Brasil le otorgaban a Luiz Inácio Lula da Silva una ligera ventaja sobre el candidato neofascista Flavio Bolsonaro. Datafolha le concedía 42% a Lula sobre 38% a Bolsonaro; BTG/Nexus 46 y 44%; Dados ABC 46.4 y 42.8%, Encuesta+Tendencia 45.45 y 44.51%. La diferencia a favor de Lula era mínima, iba del 1 al 4% en el mejor de los casos. Los resultados ahora los sabemos: 47.15 para Bolsonaro y 45.02 para Lula. En términos absolutos de votos Bolsonaro obtuvo 57.104,503 votos y Lula 53.879,538 lo que significa una diferencia de 2.224, 965 votos. Los restantes siete candidatos obtuvieron entre todos 7.75% de los votos lo que significó 9.262,149 votos. La mayor parte de los restantes candidatos tienen un perfil de derecha.  Desde el restablecimiento de las elecciones presidenciales directas en 1989, ningún candidato que ha quedado en segundo lugar en la primera vuelta ha logrado ganar la segunda vuelta presidencial. 
 
Con optimismo y humor, en el discurso que dio el 4 de octubre al saberse los resultados electorales, Lula dijo: “El pueblo gusta de que yo dispute la segunda vuelta. Y soy muy bueno en el mata-mata”. Aludía al hecho de que Lula nunca ganó la presidencia en primera vuelta. La diferencia en relación con 2002, 2006 y 2022 cuando ganó, es que en esas elecciones Lula ganó las primeras vueltas. Ahora tendrá que remontar en las próximas semanas los 2.2 millones de diferencia que tiene Bolsonaro, más los votos de los otros candidatos derechistas que llamarán a votar por Bolsonaro. Francamente, posible pero poco probable.
 
Si el pesimismo que puede tenerse en este momento se vuelve realidad en el ballotage del domingo 25 de octubre, el neofascismo habrá triunfado en la mayor parte de América Latina. Solamente quedarán México y un distante y pequeño Uruguay en el mapa progresista posneoliberal que hasta 2025 dominaba todo el panorama latinoamericano. Además de estos dos países estará Cuba en una situación de extenuante asedio, Venezuela convertida en un protectorado y Nicaragua que a muchos nos provoca sentimientos mixtos. Las elecciones de Brasil, en las que una derecha nueva, de carácter neofascista, resulta triunfante nos lleva a la pregunta ¿por qué la gente vota por el neofascismo?
 
Los logros del gobierno de Lula resultan impresionantes: durante los dos primeros mandatos de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), cerca de 30 millones de personas salieron de la pobreza en Brasil. Estos resultados sufrieron una involución con los gobiernos de derecha que vinieron después de Lula y Dilma Rousseff. En su tercer gobierno, el presidente Lula volvió a avanzar en materia de pobreza: más de 8.6 millones de brasileños superaron el umbral de la pobreza general, de los cuales cerca de 6 millones salieron específicamente de la pobreza extrema. La tasa de desocupación en Brasil experimentó una caída sustancial del 9.3% registrado a mediados de 2022 al 5.4%. Se trata de uno de los niveles de desempleo más bajos en tres décadas.
 
 De acuerdo con los informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Brasil logró salir formalmente del Mapa del Hambre. El porcentaje de subnutrición crónica y de inseguridad alimentaria severa en la población total descendió por debajo del 2.5%, revirtiendo el repunte crítico que el país arrastraba antes de 2023 El índice de Gini —el indicador global para medir la desigualdad de ingresos— se redujo notablemente hasta alcanzar un mínimo histórico de 0.506. Los avances en el poder adquisitivo, la salud pública y la continuidad educativa elevaron el Índice de Desarrollo Humano de Brasil a un valor de 0.805. Al superar el umbral de los 0.800 puntos, el país ingresó estadísticamente a la categoría internacional de desarrollo humano muy alto. Se promulgaron e implementaron regulaciones de vanguardia para asegurar la igualdad salarial obligatoria entre hombres y mujeres en puestos de trabajo idénticos.
 
Pese a ello, Lula no pudo ganar la primera vuelta. Y si ganara la segunda vuelta enfrentará una situación todavía más difícil que en el periodo 2022-2026: en la Cámara de Diputados las distintas agrupaciones de izquierda tendrán 124 diputados, los de la derecha tendrán 130 mientras las distintas agrupaciones autodenominadas de centro (que se volcarán a la derecha en no pocas ocasiones) contarán con 259. En el Senado la situación es todavía peor:  la izquierda contará con 20 senadores, el centro con 17 y la derecha con 44. De las 27 gubernaturas que estuvieron en disputa, 20 fueron electas en esta primera vuelta de las cuales solamente 3 las obtuvo el PT, mientras que el centro obtuvo 5 y los distintos partidos de derecha obtuvieron 12. De las siete que irán a segunda vuelta solamente en dos (Distrito Federal y Río Grande del Norte) el PT entrará en la disputa.
 
Muchas razones se han dado para la derrota de Lula en esta primera vuelta entre ellas el que el discurso soberanista del presidente no fue tan poderoso como se pensaba; que debería haber hecho énfasis en el tema de seguridad; el que ha habido Lula mucho tiempo; el intervencionismo estadounidense; su campaña debería haber sido más agresiva con respecto a las regresiones de Bolsonaro padre; su moderación en algunos temas sociales. En mi opinión hay una razón sobresaliente: en Brasil como en otros lados la batalla cultural la está ganando la derecha y lo está haciendo a través de las redes sociales y el crecimiento notable de la influencia del protestantismo reaccionario en el cual ocupa un papel decisivo el neopentecostalismo.
 
Las cifras del porcentaje de católicos y protestantes en Brasil entre 1980 y 2025 son elocuentes. En 1980 el 89% de la población era católica y solamente el 6.6 era protestante. En 2025 la población católica ha bajado a 56.7 mientras que la protestante ha subido a casi 27%. En el país existen entre 110,000 y 125,000 templos evangélicos lo que implica un templo por aproximadamente 2,000 habitantes. La bancada evangélica cuenta con más de 200 diputados y 26 senadores. Los pastores y líderes eclesiásticos tienen una altísima capacidad para movilizar y direccionar el voto de sus fieles desde los púlpitos. Este respaldo masivo fue un pilar fundamental en el auge del bolsonarismo y fue el epicentro de la disputa presidencial cuya primera vuelta recién concluyó. 
 
A esto hay que agregar la poderosa campaña en redes utilizando el algoritmo, la inteligencia artificial y la presencia de  influencers como Nikolas Ferreira. Los evangélicos controlan una de las cadenas de televisión más poderosas de América Latina como es Record la cual pertenece a la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), fundada y liderada por el obispo Edir Macedo. A diferencia de los canales religiosos tradicionales de baja audiencia, Record opera como una televisora comercial masiva. Es la segunda cadena de televisión más grande de Brasil, superada únicamente por la gigante corporación TV Globo.
 
En los últimos tres años la derecha neofascista ha ganado en Argentina (2023), El Salvador (2024), Panamá y Ecuador (2024), Chile, Bolivia y Honduras (2025), Costa Rica, Colombia y Perú (2026). Lo que resulta inquietante y digno de investigar, es por qué se han observado estos triunfos reaccionarios cuando el proyecto neoliberal de la derecha ya había mostrado una profunda crisis en la región y dado lugar a los dos ciclos progresistas posneoliberales en el primer cuarto del siglo XXI. Me parece que pueden ser algunos de los factores explicativos de los reveses el uso masivo de las redes, inteligencia artificial, el poder del algoritmo, el intervencionismo estadounidense, el protestantismo reaccionario, la división de la izquierda (Bolivia), el desgaste oficialista y la ausencia de figuras nuevas.
 
No hay duda de que ha habido un vuelco fundamental en el panorama Latinoamericano desde 2025 a la fecha. No obstante, cabe resaltar que pese a esa situación en Perú, Colombia y Brasil las fuerzas contendientes se reparten el 50% de los votos cada una, en Argentina, Ecuador y Chile el progresismo posneoliberal ha obtenido entre 40 y 45% de los votos. Y como lo ha mostrado Chile, Bolivia y también Colombia, es acelerado el desgaste de los triunfadores.
 
El neofascismo está avanzando en todo el mundo. Esto indica que por diversas razones ha convencido a la mayoría de los electorados. Su gran fortaleza es su potencia mediática y los dispositivos de masas que ha construido. Su gran debilidad es que su proyecto es el ultraneoliberalismo, que es una gran fábrica de rebeliones. Basta ver lo que hoy ocurre en Francia y España.

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