En unos días Morena navegará por las procelosas aguas de la política con la ausencia del que ha sido su máximo timonel. Por ello los discursos emitidos el domingo 22 de septiembre hicieron énfasis en lo que se debe hacer para mantener (en gran medida volver a) la esencia del partido.
Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América
Desde Puebla, México
Los principales discursos emitidos en el VII Congreso Extraordinario de Morena -me refiero a los de Andrés Manuel López Obrador (leído por Alfonso Durazo), Claudia Sheinbaum y Luisa María Alcalde- de manera implícita subrayaron el principal reto de dicho partido: cómo mantener al partido en los linderos de su esencia política, ideológica y ética a partir de la próxima semana. Es decir, cuando deje de existir la personalidad a la cual Morena le debe en gran medida su existencia y rumbo. Porque eso será lo que suceda el próximo 1 de octubre. Andrés Manuel de acuerdo con lo que ya ha dicho y repitió en su discurso de despedida en el Congreso, se retirará de la política, de la vida pública y de la militancia partidaria. López Obrador no volverá a ser visto, al menos en mucho tiempo. No recibirá a ninguno de sus amigos y amigas ni “para jugar dominó”. Por supuesto que lo verán su esposa e hijos, pero les prohibirá hablar de política. Se retirará de las redes sociales y la televisión la atenderá solo para ver partidos de béisbol. Eso es lo que ha dicho y después de verlo de cerca y de lejos, yo le creo.
