Invocar que la esperanza de vida al nacer en Panamá supera ya los 76 años, para justificar el aumento de la edad de jubilación de manera directa o disfrazada es absolutamente perverso.
Pedro Rivera Ramos / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá
Todavía existen algunos pueblos que creen que sus gobernantes son elegidos para trabajar en beneficio de toda la sociedad y no de grupos reducidos de privilegiados. Esperanzas y sueños son depositados, junto al voto, por seres comunes que esperan pacientemente que sus demandas históricas sean por fin atendidas. Aun cuando no es una novedad que estos pueblos sucumban ante candidatos descafeinados, precedidos de promesas deslumbradoras que desde su origen se saben esencialmente falsas, o como ha venido ocurriendo en estos tiempos, candidatos exentos de lustre que desde muy temprano exhiben un talante francamente provocador; lo cierto es que, para todos, afortunadamente, esta conducta comienza a declinar.

