sábado, 19 de febrero de 2011

El difícil paso del tecnozoico al ecozoico

El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Las grandes crisis conllevan grandes decisiones. Hay decisiones que significan vida o muerte para ciertas sociedades, instituciones o personas. La situación actual es la de un enfermo al cual el médico le dice: O controla usted sus altas tasas de colesterol y su presión o tendrá que enfrentarse a lo peor. Usted elige.

La humanidad como un todo tiene fiebre y está enferma; debe decidir: o continuar con su ritmo alucinado de producción y consumo, garantizando siempre el crecimiento del PIB nacional y mundial, ritmo altamente hostil a la vida, o enfrentarse dentro de poco a las reacciones del sistema-Tierra que ya ha dado claras señales de estrés global. No tememos un cataclismo nuclear, no imposible pero sí improbable, que significaría el fin de la especie humana. Recelamos, eso sí, como muchos científicos advierten, de un cambio repentino, abrupto y drástico del clima que diezmaría rápidamente muchísimas especies y pondría en grave peligro nuestra civilización.

Esto no es una fantasía siniestra. El informe del IPPC de 2001 indicaba ya esta eventualidad. El informe de la U.S. National Academy of Sciences de 2002 afirmaba «que recientes evidencias científicas apuntan hacia la presencia de un acelerado y vasto cambio climático; el nuevo paradigma de un cambio abrupto en el sistema climático está bien establecido por la investigación hace ya diez años, sin embargo este conocimiento está poco difundido y es escasamente tomado en cuenta por los analistas sociales». Richard Alley, presidente del U.S. National Academy of Sciences Committee on Abrupt Climate Change comprobó con su grupo que, al salir de la última glaciación, hace 11 mil años, el clima de la Tierra subió 9 grados en solo 10 años (datos tomados de R.W.Miller, Global Climate Disruption and Social Justice, N.Y 2010). Si eso sucediera con nosotros tendríamos que enfrentarnos a una hecatombe ambiental y social de consecuencias dramáticas.

¿Que es lo que está en juego con la cuestión climática? Están en juego dos prácticas con relación a la Tierra y a sus recursos limitados, que fundan dos eras de nuestra historia: la tecnozoica y la ecozoica.

En la tecnozoica se utiliza un potente instrumento, inventado en los últimos siglos, la tecnociencia, con la cual se explotan de forma sistemática y cada vez con más rapidez todos los recursos, especialmente en beneficio de las minorías mundiales, dejando al margen a gran parte de la humanidad. Prácticamente toda la Tierra ha sido ocupada y explotada. Ha quedado saturada de toxinas, elementos químicos y gases de efecto invernadero hasta el punto de perder su capacidad de metabolizarlos. El síntoma más claro de esta incapacidad suya es la fiebre que se ha hecho presente en el Planeta.

En la ecozoica se considera a la Tierra dentro del proceso evolutivo. Desde hace más de 13,7 mil millones de años el universo existe y está en expansión, empujado por la insondable energía de fondo y por las cuatro interacciones que sostienen y alimentan cada cosa. Es un proceso unitario, diverso y complejo que produjo las grandes estrellas rojas, las galaxias, nuestro Sol, los planetas y nuestra Tierra. Generó también las primeras células vivas, los organismos multicelulares, la proliferación de la fauna y de la flora, la autoconciencia humana por la cual nos sentimos parte del Todo y responsables del Planeta. Todo este proceso envuelve a la Tierra hasta el momento actual. Respetado en su dinámica, permite a la Tierra mantener su vitalidad y su equilibrio.

El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre.

Si no damos este paso difícilmente escaparemos del abismo que espera delante de nosotros.

sábado, 12 de febrero de 2011

Honduras: vocación de traspatio

Honduras se convierte nuevamente en plataforma para las acciones militares norteamericanas en la región. Es un papel en el que los militares y la oligarquía hondureña parecen sentirse cómodos. Es casi una vocación que renuevan periódicamente, cada vez que los Estados Unidos necesitan un lugar en el cual recalar para de ahí desplegarse.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

(Fotografía: el presidente de Honduras, Porfirio Lobo –derecha-, “saluda” al Embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens).

La ubicación geográfica de Centroamérica la ha marcado de por vida. Región estratégica para los intereses estadounidenses, no ha habido momento de su historia en la que la gran potencia del Norte la haya perdido de vista. Cuando, en la década de los 80, Nicaragua parecía salirse del redil, sin vacilación ni contemplaciones pusieron en marcha todo el aparataje bélico y político con el que cuentan para acosarla hasta dejarla exánime.

En aquellos años, la presencia norteamericana fue avasalladora, incluso en el orden militar. La excusa era la “amenaza comunista” que acechaba no solo desde Nicaragua sino, también, desde Guatemala y El Salvador, en donde los sectores populares, organizados bajo la dirección de la URNG y el FMLN, habían logrado avances significativos que hacían temblar a las oligarquías locales.

Las condiciones internacionales de la década del 90, signadas por el destramamiento del campo socialista en Europa, cambió la correlación de fuerzas mundial y llevó a la firma de los acuerdos de paz entre las fuerzas insurgentes y los gobiernos de turno. Se abrió así una época que no pocos han caracterizado como de “transición” hacia la democracia. Tal transición ha durado ya, a estas alturas, casi 20 años en El Salvador y 15 en Guatemala, y no han sido pocos los que, decepcionados, constatan que poco ha cambiado en esa nueva etapa, manteniéndose y, a veces profundizándose, las condiciones estructurales que dieron pie a la insurgencia popular de la década de los 80.

La Centroamérica de la posguerra, en la que intenta implantarse la democracia liberal que se contenta con que haya elecciones y partidos políticos, ha visto como se profundizan viejos y recurrentes problemas. Los de la violencia y las migraciones son dos de ellos. Los de la exclusión y la profundización de las brechas sociales otros.

Siendo los dos primeros objeto de preocupación constante de los centroamericanos, los Estados Unidos de América encuentra en ellos la excusa perfecta para mantener su presencia militar en la zona.

Preparando la visita que próximamente realizará el presidente Barak Obama a América Latina, en donde hará una escala en El Salvador, una delegación estadounidense ha visitado en estos días varios países centroamericanos. El Salvador y Honduras han disputado protagonismo. El primero porque, según lo dicho por su presidente Mauricio Funes, quiere intentar lo que la alianza de derecha que le precedió en el poder político no logró nunca: una alianza estratégica con los Estados Unidos. La segunda porque, acorde con el tradicional papel que siempre ha jugado en el istmo, ha sido elegida para ser sede principal de la nueva Iniciativa de Seguridad Regional para Centroamérica (CARSI) que la hace acreedora de una suma cercana a los 200 millones de dólares.

Para quienes no tenían claro si la actitud “displicente” de Washington durante el golpe de Estado perpetrado contra Zelaya era falta de voluntad política o parte de un plan pre-establecido, valga el sitial privilegiado que ahora se le asigna en la política estadounidense para comprender por qué el Zelaya constituía una piedra en el zapato.

Honduras se convierte así, nuevamente, en plataforma para las acciones militares norteamericanas en la región. Es un papel en el que los militares y la oligarquía hondureña parecen sentirse cómodos. Es casi una vocación que renuevan periódicamente, cada vez que los Estados Unidos necesitan un lugar en el cual recalar para de ahí desplegarse.

Según el jefe de la misión de marras, el subsecretario antidrogas adjunto de los Estados Unidos, el señor William Brownfield, el dinero que están ofreciendo a los hondureños llegará a través del BID y la OEA. Que nosotros sepamos, Honduras sigue fuera de la OEA, por lo que el anuncio de Brownfield podría estar anunciando esfuerzos tendientes a revertir esta situación.

Quedamos avisados.

Si tuviésemos el respaldo de Washington…

El Plan Centroamérica, anunciado el 9 de febrero por el Subsecretario Antidrogas, William Brownfield, desde la “ejemplar” democracia hondureña posgolpista, viene a sellar la dominación estadounidense de espectro completo -control político, económico y militar- del eje mesoamericano.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

(Fotografía: el Subsecretario Antidrogas, William Brownfield, estuvo “escoltado” en Honduras por el Ministro de Seguridad, Oscar Álvarez –izquierada- y por el embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens -a la derecha-).

Un imperio que lanza promesas de seguridad y prosperidad económica a sus empobrecidas neocolonias del sur, pero que se muestra incapaz de resolver los problemas más acuciantes de su propia sociedad: por un lado, según cálculos de la organización Brady Campaign to Prevent Gun Violence, en Estados Unidos cada día mueren 86 personas por heridas con armas de fuego y “hay suficientes pistolas y rifles en manos civiles como para armar a todo adulto de su población”. Y por el otro, encontramos un modelo económico que reproduce, en el corazón del mundo libre, la desiguadad social y la pobreza y las lleva a niveles históricos: datos del Economic Policy Institute demuestran que el 1% más rico del país, recibe el 23% del ingreso total nacional; mientras tanto, el 14,3% de los estadounidenses viven en condición de pobreza; 50 millones de hogares no logran satisfacer sus necesidades de alimentación y 15 millones de personas permanecen desempleadas a inicios del año 2011 (La Jornada, 19-01-2011 y 26-01-2011).

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Una guerra al filo de la legalidad y el sentido común, que se dice contra el narcotráfico, pero cuyos combates solamente se libran fuera de los Estados Unidos: al costo de la cuasi militarización de amplias regiones del territorio mexicano, contra cárteles de la droga que compran armas legalmente en los bien nutridos y tolerados mercados de Texas y Arizona, y con un saldo de más 30 mil muertos en el ultimo lustro.

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Un alto funcionario del ejército estadounidense, Joseph Westphal, que hace público un secreto a voces: “hay una forma de insurgencia en México con los cárteles, que está justo sobre nuestra frontera. Esto no se trata sólo de drogas e inmigrantes ilegales. Esto es, potencialmente, sobre una toma de un gobierno por individuos que son corruptos” (La Jornada, 09-02-2011). Aunque luego se disculpó por el desliz, palabras más, palabras menos, las de Westphal son preocupaciones casi idénticas a las expresadas recientemente por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y su vocero Philip Crowley, y que insisten en identificar a México como un Estado fallido, y a los cárteles de la droga como “una amenaza a la seguridad nacional” estadounidense. La conclusion es obvia: la intervención armada se prepara y asoma en el horizonte.

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Otro alto funcionario estadounidense, el Subsecretario Antidrogas William Brownfield, que anuncia en su visita oficial a Honduras –en un gesto de reconocimiento formal del regimen de Porfirio Lobo- el lanzamiento de un plan estratégico para Centroamérica en la guerra contra el narcotráfico: “una nueva estructura, un tipo de sombrero por encima de todas las iniciativas existentes [Plan Colombia y Plan Mérida]” (elfaro.net, 09-02-2011).

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La apuesta, otra vez, por las armas y los dólares para combatir el narcotráfico y la violencia (en Tegucigalpa, Brownfield habló de un aporte inicial de $200 millones de dólares para los gobiernos, policías y ejércitos de la región). Y junto a ello, el golpe de Estado en Honduras (uno de sus ejecutores, el General Miguel García Padgett, dijo una en una ocasión que las fuerzas armadas hondureñas actuaron para impedir que “el narcotráfico y el terrorismo” llegaran a Estados Unidos); los permisos otorgados por el gobierno de Costa Rica para la presencia de buques de guerra y marines en el territorio nacional; la instalación de bases aero-navales en Panamá; y los tratados de libre comercio firmados o negociados con México, Centroamérica y Colombia: son estos algunos de los elementos que conforman la dominación estadounidense de espectro completo -control político, económico y militar- del eje mesoamericano.

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Con ese imperio y su modelo económico, a esa guerra, por las decisiones de esos funcionarios proconsulares, bajos los términos y condiciones de sus planes estratégicos, para proteger intereses que no son los de nuestros pueblos, sino los de unas élites civiles y militares desprestigiadas, transnacionalizadas y sumisas, marchan México y Centroamérica en el siglo XXI.

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Las palabras de Oscar Álvarez, el polémico y cuestionado Ministro de Seguridad de Honduras, retratan de cuerpo entero los sueños imperiales de esas élites: “Hemos hecho cosas maravillosas sin mucho apoyo y haríamos más si tuviésemos el respaldo de Washington” (La Nación, 10-02-2011).

Macabro.

A los 45 años del asesinato de Ben Barka: su imagen y pensamiento tricontinental

Defensor de la solidaridad internacional contra la dominación neocolonial y conocedor de las acostumbradas artimañas empleadas por los imperialistas para fomentar en los países que aspiran a la independencia la división entre las fuerzas progresistas, Ben Barka defendía la idea de que los pueblos eran más eficaces en sus luchas por la independencia cuando entre estos se manifestaba la unidad.

Reinaldo Morales Campos / Especial para CON NUESTRA AMERICA

Desde La Habana, Cuba.

Dos lúcidas configuraciones artísticas enardecen el jardín de la sede de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), en el capitalino barrio de El Vedado, en La Habana.

Una es la escultura erigida por la destacada artista de la plástica Rita Longa, significando un brazo del líder Fidel Castro empuñando en alto su fusil con mirilla telescópica, que utilizó en la Sierra Maestra, durante la lucha revolucionaria contra el dictador Fulgencio Batista (1952-1959)

Esa imagen formó parte del fotograma de un documental que realizaron los periodistas norteamericanos Robert (Bot) Taber y Wendell Hoffman en el Pico Turquino, el 28 de abril de 1958, el que resume el espíritus de la victoria de la Revolución cubana.

La otra creación es el busto esculpido por el pintor y escultor José Delarra, sobre un pedestal, de El Medi Ben Barka, dirigente de la Unión Nacional de las Fuerzas Populares de Marruecos y Presidente del Comité Internacional Preparatorio de la Primera Conferencia de los Pueblos de África, Asia y América Latina.

El destacado líder revolucionario fue secuestrado, torturado y asesinado el 29 de octubre de 1965, en Paris, con la intervención de Mohamend Oufkir; ministro de interior de Marruecos, Ahmen Dimi; jefe de la seguridad marroquí, Louis Souchon; agente de la Policía de Francia, Antonio López; de los Servicios de Contraespionaje y Seguridad Exterior de Francia y la contribución de la Agencia Central de Inteligencia (CIA); de Estados Unidos.

Ben Barka: defensor de la solidaridad internacional

Aunque ambas figuras escultóricas irradian convergentes dramatizaciones alusivas a la lucha por la independencia de los pueblos y la unidad revolucionaria contra el imperialismo, al cumplirse en el 2010 el 45 aniversario del asesinato de Ben Barka, le dedicamos una puntual reseña de su imagen y pensamiento político.

Defensor de la solidaridad internacional contra la dominación neocolonial y conocedor de las acostumbradas artimañas empleadas por los imperialistas para fomentar en los países que aspiran a la independencia la división entre las fuerzas progresistas, Ben Barka defendía la idea de que los pueblos eran más eficaces en sus luchas por la independencia cuando entre estos se manifestaba la unidad. Además, insistió en que en la lucha antiimperialista era necesario reflejar la acción revolucionaria como opción de política global. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

El octubre árabe

En dieciocho heroicas jornadas de lucha el pueblo egipcio fue el gran protagonista de un acontecimiento que el viejo Hegel no hubiera dudado de caracterizar como de significación “histórico-universal”. Sin embargo, no se conquistó todavía la democracia. Se ganó una primera gran batalla, pero vendrán muchas más.

Artículos relacionados:

Egipto: la sombra de Nasser (de José Steinsleger)

Egipto: la hora del pueblo (Editorial de LA JORNADA)

Egipto, Cuba y The Wall Street Journal (de Arnaldo Hernández)

Atilio A. Boron / Página12

La renuncia de Mubarak significa no sólo su desaparición de la escena pública egipcia sino algo mucho más importante: el derrumbe de un régimen que poco después de la muerte de Nasser, en 1970, se había convertido en el gran gendarme regional de los Estados Unidos y en el paraguas protector de Israel, convalidando con su ascendiente sobre el mundo árabe el lento genocidio de la nación palestina. Tal como lo escribiera uno de los ideólogos del imperio en The New York Times, Thomas Friedman, “Egipto ya nunca volverá a ser lo que fue”. Efectivamente: y ése es el dolor de cabeza que tienen hoy los administradores imperiales porque el delicado tablero geopolítico de Medio Oriente saltó por los aires. Era una mesa de tres patas: Irán, Egipto e Israel. La primera pata fue quebrada por la revolución islámica en 1979; con dos, su inestabilidad se hizo crónica. Removida la pata egipcia, el tablero de la región crucial del planeta en materia petrolera se desbarató irreparablemente. Estados Unidos, sostén financiero y político del régimen por cuarenta años, demostró su impotencia cuando las masas egipcias se adueñaron de calles y plazas y tuvo que resignarse a ser un sorprendido espectador de la crisis, una lección de la cual los pueblos de todo el mundo deberían tomar nota.

Ahora, el tantas veces mentado “efecto dominó” dejó de ser una pesadilla de los imperialistas para convertirse en una realidad: no había pasado una hora de conocida la noticia de la renuncia de Mubarak cuando las masas copaban las calles de las principales ciudades de Medio Oriente, y de manera multitudinaria en Argelia, para celebrar la caída del régimen. Ya los tiranos de Jordania y Yemen se habían visto obligados a hacer algunas pequeñas, oportunistas y demagógicas concesiones y en la mismísima Arabia Saudita –donde los partidos políticos están expresamente prohibidos– anteayer se anunció públicamente la formación de uno que, para estupor universal, no fue inmediatamente disuelto y sus líderes encarcelados por el régimen. El rey Abdullah, gran amigo de EE.UU. y a quien, para delicia del complejo militar-industrial, le acaba de adquirir armamentos por valor de 60 mil millones de dólares, está oportunamente poniendo sus barbas en remojo para evitar ser afeitado en seco por sus opositores.

En dieciocho heroicas jornadas de lucha el pueblo egipcio fue el gran protagonista de un acontecimiento que el viejo Hegel no hubiera dudado de caracterizar como de significación “histórico-universal”. Le puso una bisagra a la historia moderna del mundo árabe. No se conquistó todavía la democracia, cuyo logro requerirá enormes esfuerzos: una presencia constante en las calles, perfeccionar las estructuras organizativas y forjar una conciencia política, todo lo cual impediría que la victoria popular sea escamoteada por las fuerzas de la reacción, aún agazapadas entre las ruinas del régimen, o en los titubeos de un sector de la oposición que simplemente aspira a liberalizar módicamente al régimen político preservando el modelo neoliberal causante del holocausto social del Egipto contemporáneo. Se ganó una primera gran batalla, pero vendrán muchas más. Este febrero del 2011 bien podría resultar la reedición de otro, acontecido en 1917, en Rusia, donde también se ganó una crucial batalla que ocho meses más tarde daría nacimiento a una revolución que, con sus logros y sus defectos, cambió el curso de la historia contemporánea. Es demasiado pronto para formular pronósticos de largo plazo. Pero, ¿quién podría ahora atreverse a descartar la posibilidad de que el mundo árabe también tenga su octubre?

México, entregado por su propia clase política a la intervención de Estados Unidos

En los días que corren, la intervención extranjera resulta particularmente inocultable en materia de seguridad y de combate a la delincuencia y al tráfico de drogas. Es el sometimiento voluntario a Washington por parte de políticos representantes populares, funcionarios, mandos policiales y castrenses, así como de algunos comentaristas y directivos de medios.
Pedro Miguel / LA JORNADA

Nadie resiste el llamado: gobernantes y opositores, funcionarios y empresarios, jefes de policía y cabezas de ONG, periodistas y encuestadores, todos por igual, acuden ante diplomáticos de Estados Unidos para contarles lo que deseen saber sobre los asuntos de México. La embajada y los consulados de Washington son confesionario, diván, ventanilla de gestiones y paño de lágrimas, para la clase política y para los notables. En no pocas ocasiones, políticos y altos funcionarios comunican a los diplomáticos estadunidenses cosas que no se atreverían a sostener en público; les adelantan, además, intenciones legislativas, les consultan esbozos de programas oficiales o les exponen situaciones de las que la sociedad mexicana no tiene conocimiento. Los representantes de Estados Unidos acreditados en México son, en conjunto, el más importante interlocutor en la vida institucional de este país. Posiblemente no sea una revelación, pero resulta, en todo caso, una confirmación de lo que siempre se ha sospechado y dicho, y que ahora se documenta en un paquete de dos mil 995 cables informativos, redactados por diplomáticos estadunidenses de diverso rango. y que fueron enviados al Departamento de Estado desde México o desde terceros países.

Este material informativo fue proporcionado a La Jornada por Sunshine Press Productions, que preside Julian Assange, portavoz y fundador de Wikileaks, y abarca cables fechados desde 1989 hasta 2010. 24 de ellos están clasificados como “secretos”; 461 se consideran “confidenciales”; 870 son “clasificados” y mil 588 han sido “desclasificados”. Es razonable suponer que se trata de un segmento de algo más amplio; así lo deja ver la disparidad numérica por años de emisión (un solo cable de 1989, 38 de 2005 y mil 206 de 2009, por ejemplo) y las referencias a documentos que no están en el conjunto. El material recibido consiste, en su gran mayoría, de reportes sobre pláticas con personalidades políticas, administrativas, mediáticas, policiales y militares, informes de reuniones, análisis regionales o temáticos de distinto calado y extensión, apuntes sobre pequeñas gestiones o bien simples reseñas insípidas de los medios nacionales. Lo que los documentos revelan, en forma aislada o leídos en conjunto, es lo siguiente… LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI

El Salvador: ¿Es posible sellar una alianza estratégica con el imperialismo?

El representante principal de la primera potencia mundial visitará nuestras tierras, luego de ir a Brasil y a Chile. Para algunos es la visita del siglo y ya preparan las carrozas y los disfraces. Para otros es una visita funesta. Es la visita del gobernante que mantiene el bloqueo sobre Cuba, agrede a Venezuela y ha sembrado de bases militares al continente, afectando incluso a la “pacífica” Costa Rica.

Roberto Pineda / ALAI

"¡Que suave honor el andar del brazo, / brazo con brazo, del tío Sam!" - Nicolás Guillen

Durante esta semana el canciller de la republica ha sostenido reuniones en Washington para preparar la vista del presidente Barack Obama a nuestro país [en marzo], así como fortalecer lo que él califica en sus declaraciones como sellar una “alianza estratégica” con los Estados Unidos, en las áreas de seguridad regional, combate a la pobreza, comercio, migración y energía.

Frente a tales declaraciones y su múltiples significados una reflexión inicial sería la de clarificar la naturaleza de la relación a nivel internacional, hay relaciones entre aliados, pero hay también relaciones entre mandatorios y súbditos. El súbdito obedece instrucciones del superior, mientras que el aliado busca acuerdos con base a intereses comunes. ¿Qué somos nosotros?

Las lecciones de la historia

Históricamente, hemos sido y seguimos siendo un país dependiente, colonial. Desde tiempos inmemoriales nuestro destino como país ha estado sujeto a la voluntad de la potencia invasora o dominante. Tribus aztecas sometiendo y desplazando a los mayas y lencas; arcabuceros españoles masacrando a indígenas pipiles; filibusteros mexicanos de Iturbide, corsarios ingleses invadiendo nuestras costas, luego asesores militares estadounidenses garantizando el TLC, la ILEA y la Base Militar de Comalapa. Nos impusieron el idioma, la religión, la economía y el sistema político.

En relación con los Estados Unidos, en 1824 nuestros próceres intentaron anexarnos al “Norte revuelto y brutal.” (Martí). Luego ante el golpe del General Martínez de diciembre de 1931, optaron inicialmente por negarle el reconocimiento, y a partir del estallido de la Guerra Mundial en 1941, los Estados Unidos se establecieron como la potencia dominante. Han sido setenta años de dominación imperial aún vigente. Desde entonces, los Estados Unidos han respaldado a los diversos dictadores militares que han ensangrentado nuestra patria, desde Martínez hasta Romero en 1979.

Posteriormente ante el surgimiento de una poderosa insurgencia armada unificada en el FMLN, los Estados Unidos proporcionaron una colosal ayuda militar de contrainsurgencia para evitar el descalabro de regímenes títeres como lo fueron los de Magaña y Duarte, en los años ochenta del siglo pasado, e incluso estuvieron a punto de intervenir militarmente alegando el presidente Reagan que este era su “patio trasero.” Duarte llegó al colmo hasta de besar la bandera estadounidense, en un triste gesto de sumisión colonial.

Luego de doce años de guerra, los Estados Unidos se vieron obligados a permitir la firma de un acuerdo de paz, que modificó el sistema político pero a la vez fortaleció a la elite económica y le permitió transformarse en elite financiera. Y de nuevo, durante veinte años, de 1989 al 2009, los Estados Unidos dieron su respaldo a cuatro gobiernos de ARENA, que obedientemente impusieron un modelo neoliberal que ha hundido al país en su más grave crisis, porque desmontó diversos mecanismos históricos de compensación social y destruyó el eje agrícola, propiciando así una nueva fase de acumulación basada en la exportación esta vez de “mano de obra barata” hacia Estados Unidos. Hoy una tercera parte de nuestra población vive en el Norte y esto es un factor importantísimo y quizás determinante de nuestra realidad.

Hubo un presidente de ARENA que incluso para complacer a su “amigo en la Casa Blanca”, envió tropas a Irak. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

Panamá: El acuerdo minero Martinelli-Lee

Panamá inauguró el siglo XX concediendo la ruta de tránsito a EEUU para que construyera el Canal de Panamá. Ahora a principios del siglo XXI, el gobierno pretende cederle el subsuelo del territorio nacional al gobierno de Corea del Sur.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

El acuerdo minero (2011) entre los presidentes Ricardo Martinelli y Lee Myung-Bak (de Corea del Sur) tiene similitudes con el Tratado del Canal Hay-Bunau Varilla (1903). En primer lugar, la concesión minera de Panamá a favor de Corea, acordada por los ejecutivos, debe ser aprobada por la Asamblea de Diputados. En segundo lugar, los diputados tienen que cederle a Corea parte de la soberanía panameña, prohibido expresamente por la Constitución Política. El proyecto de ley minero, actualmente debatiéndose en la Asamblea, permitiría que una bandera extranjera se izara soberana en una parte de nuestro territorio. Además, tiene otros dos problemas que han sido denunciados por los panameños sin que el gobierno quiera escuchar: El proyecto permite la depredación de la naturaleza y no contempla el desarrollo social y económico del país.

El proyecto de ley minero refleja la tendencia anti-nacional de los últimos gobiernos, llevada a su extremo por el gobierno del presidente Ricardo Martinelli. Ignora la importancia del concepto de soberanía que fue defendida por todas las generaciones de panameños en el siglo XX. Entrega los instrumentos legales a gobiernos extranjeros para que exploten los recursos del país sin retribución alguna. Destruye el ambiente panameño, poniendo en peligro el Canal de Panamá y todas las actividades económicas del país.

La contradicción constitucional estriba en que “la propuesta permite a gobiernos extranjeros participar de empresas privadas, eliminando la prohibición actual”. El proyecto ignora el artículo 290 de la Constitución que dice: “Ningún gobierno extranjero podrá adquirir dominio sobre parte del territorio nacional”, definido “dominio” como “la facultad de aprovechar las utilidades o beneficios de las cosas”.

Panamá inauguró el siglo XX concediendo la ruta de tránsito a EEUU para que construyera el Canal de Panamá. Ahora a principios del siglo XXI, el gobierno pretende cederle el subsuelo del territorio nacional al gobierno de Corea del Sur.

Además, el artículo 20 reescribe el texto constitucional y asegura que “los recursos minerales de todo tipo, podrán ser explotados directamente por el Estado, a través de empresas estatales o mixtas, así como para formar empresas privadas para este propósito o participar dentro del capital accionario de empresas privadas” (Artículo 257). El abogado Harley Mitchel plantea que “la ley solo puede reglamentar ‘las distintas formas de explotación señaladas en este ordinal’, no sobre las maneras en que el Estado puede explotar las minas. El mismo Estado crearía empresas mineras, con dinero público, cuyo patrimonio no sería del Estado, sino de la empresa, la cual puede trasladar acciones a otras empresas con capital y apoyo público de otros países”.

Desde el punto de vista económico, el proyecto de ley le entrega directamente a concesionarios extranjeros las riquezas del país. Según el economista Alessandro Ganci, las empresas que operan en el país proyectan una producción anual equivalente a 2,300 millones de dólares a partir de 2016. (Una producción anual de 255 mil toneladas de cobre, 90 mil onzas de oro y 1.5 millones de onzas de plata). Panamá recibirá sólo un 4 por ciento en regalías, es decir, 92 millones de dólares al año. Chile recibe el 14 por ciento en regalías de las empresas cupríferas que explotan a cielo abierto las minas en el desierto de ese país. Los países del llamado primer mundo reciben el 50 por ciento o más por concesiones de este tipo.

El proyecto de ley pone en peligro el ambiente al modificar reglamentos y ordenamientos institucionales para favorecer a las empresas mineras. Por un lado, transfiere las responsabilidades ambientales de la ANAM a la Dirección de Recursos Minerales del Ministerio de Comercio e Industrias. Por el otro, el proyecto ordena a la ANAM a realizar auditorías ambientales, sin que exista regulación al respecto, toda vez que no es este organismo, sino la Contraloría General de la República la que tiene la potestad gubernamental para hacerlo. Además, impide que las instancias gubernamentales puedan suspender las actividades de las mineras que no cumplen con sus responsabilidades ambientales.

El proyecto también promoverá la corrupción entre los funcionarios públicos, colocados en posiciones de mando, quienes puedan enriquecerse en forma contraria a las leyes. Según la Alianza Ciudadana, “el proyecto deroga el artículo 165 del mismo Código, que ordena colocar en Gaceta Oficial los nombres y domicilios de los servidores públicos que reciban las solicitudes de concesión y sus correspondientes pagos, mientras evita el derogar artículos que posibilitan que personeros de gobierno mantengan intereses en concesiones mineras”.

Venezuela: Un Polo para descongelar la Revolución

Chávez alienta “enfrentar la cultura capitalista, favoreciendo el contacto directo con el pueblo, interpelándolo, pero sobretodo dejándose interpelar por él”. Hay muchos, alrededor del poder, que no lo escuchan. O prefieren no hacerlo.

Aram Aharonian / Revista Sur y Sur (www.surysur.net)

Al iniciar el duodécimo año de gobierno, el 54,7 por ciento de los venezolanos aprueba la gestión del presidente Hugo Chávez, cifra que representa un incremento de 17 puntos en comparación con el 2010, cuando en Venezuela se registró una crisis de energía eléctrica producto –entre otras causas- de una intensa sequía.

Esta alza del respaldo popular está vinculada sin duda con el manejo de la situación de los damnificados por las lluvias registradas a finales de diciembre de 2010, las cuales afectaron a uno de cada tres venezolanos.

“Yo recibí una Venezuela quebrada en pedazos y en el suelo, hoy no es que estemos en el nivel óptimo, pero cómo ha cambiando para bien. Yo recuerdo que en los años 80 se disparó el consumo de perrarina (alimento para perros), la desnutrición campeaba, reinaba el desempleo, faltaba la salud, ir a un médico era un lujo, la gente hacía cola en el hospital militar”, recordó el mandatario.

Hay dos líneas de acción en la oposición, dos estrategias que aunque parezcan enfrentadas, tambien pueden ser complementarias. Una, acrecentar el trabajo político de estilo “ciudadano”, con epicentro en los medios de comunicación y los debates en la Asamblea Nacional; la otra el plan conspirador desestabilizador que adelanta desde hace ya una década.

En este estilo ciudadano cabe la utilización de organizaciones fantasmas, disfrazadas de ONGs con fuerte apoyo financiero externo, como las llamadas asambleas de ciudadanos, organizaciones seudo-juveniles como la JAVU, para dar a sus operaciones cierto tinte independiente y popular (el ya remanido estilo de las llamadas revoluciones de colores en la Europa oriental)

La estrategia apunta a lanzar acciones que parezcan despojadas de ideología y de tinte político, coordinadas con agrupaciones de clase media -y también de zonas populares como Petare-, que muestran una decisión de transitar también el trabajo político, desligándole –a priori- de los partidos políticos de oposición, que se abstienen de opinar sobre estas manifestaciones “ciudadanas”.

Pero hay más escenarios en el trabajo del enemigo.Por un lado, en la senda del chavismo sin Chávez, con cuadros castrenses y del propio PSUV, alentando el posible surgimiento de candidatos; por otro el trabajo con las bases alentando y capitalizando protestas (a veces justas) y trabando la puesta en marcha de proyectos y planes anunciados desde el Ejecutivo desde dentro mismo de la estructura burocrática oficial.

Pero también en la labor interna de alentar propuestas neoliberales para los problemas económicos, financieros y de planificación del Estado, impidiendo, en los hechos, el avance de la praxis socialista.

Mientras tanto, los partidos, por ahora, siguen deshojando la margarita sobre candidato que enfrentará a Hugo Chávez en las presidenciales del año próximo (nadie espera otro candidato desde el bolivarianismo) y la decisión sobre si habrá selección interna y quién las organizará. Lo único que sigue uniendo a la oposición, a falta de ideas y programas, sigue siendo Chávez. Hoy, menos del 40% de los venezolanos piensa que la oposición está preparada para gobernar.

Obviamente, de ganar la derecha las elecciones de 2012, el paso atrás de Venezuela será grande: se privatizaría la industria de los hidrocarburos, la educación, la seguridad social, la salud y se clausurarían los grandes programas sociales del gobierno actual. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

Ecuador: Consulta popular

Discutir la consulta popular solo jurídicamente es una trampa, porque el asunto no es solo “técnico”, sino político.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo

La consulta popular convocada por el presidente Rafael Correa puede ser analizada desde una triple perspectiva: jurídica, política e histórica. 

Abogados y juristas discuten la consulta como si fuera un asunto estrictamente legal. Derrochan palabras y citan artículos constitucionales para defender sus tesis a favor o en contra. De esta manera la ideología jurídica, como suele ocurrir ante acontecimientos sociales de significación histórica, deforma la realidad y pretende que los hechos sociales siempre se ajusten a las normas legales. Pero hay momentos históricos en los cuales los hechos superan a las leyes y hasta producen su quiebre. Así ocurrió con la Revolución de Independencia del Ecuador iniciada en Quito en 1809, la Liberal (1895), la Juliana (1925) o la Gloriosa (1944); y también con el proceso de retorno al orden constitucional en 1979 o con las rebeliones populares que derrocaron a Bucaram (1997), Mahuad (2000) y Gutiérrez (2005).

Aunque muchas veces parece no existir conciencia sobre el asunto, las argumentaciones jurídicas entre abogados y juristas responden a visiones políticas. 


Los artículos y argumentos legales no solo se refieren a la consulta, sino que se dirigen a favor o en contra del presidente Rafael Correa, su impulsador. Por ello, discutir la consulta solo jurídicamente es una trampa, porque el asunto no es solo “técnico”, sino político.

A diario la clase política y todos los ecuatorianos que defienden o atacan la consulta se valen de argumentos provenientes de los generadores de ideología jurídica. Pero, además, crean los suyos propios y a su estilo. Por sobre las preguntas de la consulta, todos encuentran otras intenciones desde el gobierno.

Para bien o para mal. Y como la costumbre política nacional es “personalista”, el presidente Correa, según los gustos políticos de quien hable, puede lucir como “salvador” de la patria o como “dictador” y “totalitario”, empeñado en controlarlo todo.

Desde la perspectiva histórica, la consulta popular, como ha ocurrido en todas las consultas impulsadas por distintos gobiernos desde 1979, es un nuevo momento de confluencia de las confrontaciones por el poder. Y además un nuevo momento de movilización para el pueblo ecuatoriano, que tendrá que definir los resultados. Es, pues, otra oportunidad para la democracia directa, guste o disguste.

Histórica y políticamente, más allá de cualquier argumento, lo que está atrás es el juego de intereses sociales. Antiguos poderes se han visto afectados con el inicio del nuevo ciclo gubernamental abierto en 2007. Otros están readecuándose. La economía empresarial heredada de los años 80 y 90 cambió. Y en esa transición hacia un nuevo modelo de sociedad, la lucha política se polariza. Provoca definiciones individuales, así como de los partidos, movimientos y organizaciones. Incluso en las propias filas de Alianza País se producen tomas de posición. Es que la consulta popular no solo tiene que ver con la Constitución y la juridicidad existente. Involucra una alteración de realidades estatales, conceptos y principios antes tenidos como infalibles y sacrosantos.

¿Es necesario un foro social en América Latina?

La impresión es que los foros sociales han cumplido su ciclo y han dejado de ser espacios de intercambio e interconocimiento entre movimientos de base y activistas. Sin embargo, algún tipo de coordinación, encuentro, intercambio y debate sigue siendo necesario entre los movimientos antisistémicos y entre los activistas anticapitalistas.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

El escenario político-social ha estallado en múltiples partículas al punto que, por lo menos en América Latina, se va conformando una gruesa nube, o neblina, que desfigura la realidad. La situación es tan compleja que no es sencillo encontrar un eje analítico capaz de dar cuenta del conjunto o que pueda mostrar que existe una realidad única. El escenario de los últimos meses incluye desde amenazas de invasión a México por Estados Unidos hasta un amague de estallido popular contra el gobierno de Evo Morales, pasando por la prisión de líderes indígenas en Ecuador acusados de terrorismo hasta el ascenso de un destacado dirigente de la izquierda colombiana como vicepresidente del ultraderechista Juan Manuel Santos.

Si posamos la mirada en el Foro Social Mundial (FSM) reunido en Dakar, Senegal, las contradicciones no desaparecen. Un año atrás la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, que protagonizó la resistencia a las multinacionales en junio de 2009 en Bagua con un saldo de decenas de muertos, pidió apoyo para exigir la salida de la petrolera brasileña Petrobras de la selva amazónica. Pero Petrobras es una de las que financian el encuentro.

En esta undécima edición del foro los movimientos han pasado a un tercer lugar, detrás de los gobiernos y las ONG. Éstas son protagonistas desde la primera edición y los gobiernos han ido ganando espacio en la misma proporción que se fue vaciando la participación. No tiene mucho sentido echar culpas, sino esforzarse en comprender las razones que llevaron al FSM a su realidad actual y cuáles pueden ser los caminos para coordinar resistencias.

El problema más importante que enfrenta el foro es la confusión en torno a quiénes son los sujetos de los cambios, aunque debe decirse que esta confusión está presente en toda la izquierda y en buena parte de los movimientos. Muchos intelectuales, dirigentes políticos y de movimientos sostienen que ahora son los gobiernos los encargados de construir un mundo nuevo o el “otro mundo posible”. No es lo mismo la competencia interestatal para transitar de un mundo unipolar a otro multipolar que la lucha por la emancipación y la autonomía de los oprimidos. En el primer escenario es posible considerar a Petrobras como un aliado, pero en el segundo es un enemigo, se lo mire por donde sea.

El segundo problema es la división entre lo político y lo social. No es cierto que los movimientos sean “sociales”. Son esencialmente políticos, y en esa confusión tienen un papel muy considerable los intelectuales que se han rendido al eurocentrismo y repiten las más trilladas teorías académicas sin atenerse a la realidad de lo que sucede en el abajo que se organiza y se mueve. El concepto de movimiento está en disputa, no sólo por la cuestión de si son “sociales” o “antisistémicos”, sino por la concepción misma de lo que es un movimiento: si se trata de un aparato, una estructura organizativa o algo más complejo y abarcativo. Comprobar que muchos movimientos han devenido meras organizaciones sociales, con dirigentes separados de las bases, con locales bien equipados y prácticas similares a las de las ONG, debería llevarnos a reflexionar acerca de qué hablamos cuando decimos “movimientos”.

La tercera cuestión que debemos zanjar es cómo entendemos el patrón actual de acumulación de capital. Si los problemas se reducen a los países del norte, como señaló Lula días atrás en Dakar, dejamos de lado nada menos que el extractivismo, que es la forma que asume el modelo neoliberal en el periodo actual. Y omitimos problemas como la explotación de la Amazonia por “nuestras” multinacionales y por “nuestros” gobiernos, con emprendimientos hidroeléctricos como Belo Monte y Río Madera, entre muchos otros, que sacrifican pueblos enteros en el altar del desarrollo.

Por último, desde los movimientos debe admitirse que no tenemos un modelo alternativo y viable al extractivista pero debe forzarse un debate abierto, que no excluya a los gobiernos, sobre los caminos posibles para salir del modelo actual, como primer paso para comenzar a pensar estratégicamente. La filosofía del buen vivir aún no se ha convertido en alternativa política, no ha encarnado en la vida real, y las más de las veces se reduce a discursos que encubren prácticas afines a la acumulación de capital.

La impresión es que los foros sociales han cumplido su ciclo y han dejado de ser espacios de intercambio e interconocimiento entre movimientos de base y activistas. La profesionalización de los foros los ha convertido en espacios mediáticos que poco tienen que ver con las preocupaciones y necesidades cotidianas de los movimientos reales del abajo. Sin embargo, algún tipo de coordinación, encuentro, intercambio y debate sigue siendo necesario entre los movimientos antisistémicos y entre los activistas anticapitalistas. Que se encuentren, por ejemplo, piqueteros y sin techo, comunidades en resistencia contra la minería de Perú, Argentina y Ecuador, y así. Un problema es el formato. Encuentros demasiado grandes implican presupuestos que los más necesitados no pueden afrontar. Los temas no pueden ser muy pretenciosos, ya que suelen quedarse en cuestiones demasiados generales.

Tenemos, no obstante, abundantes experiencias. Desde el Encuentro por la Humanidad y contra el Neoliberalismo de 1996 y el Festival de la Digna Rabia de 2009 convocados por el EZLN, hasta los encuentros semestrales de la Unión de Asambleas Ciudadanas contra la minería en Argentina y las actividades contra la represa de Belo Monte que estos días llegaron a las 500 mil firmas de rechazo. O las diversas coordinaciones contra la ocupación “progresista” de Haití. Hay mucha actividad por abajo que no espera la convocatoria de grandes sucesos. Fue el impresionante ciclo de protesta nacido con el caracazo y los diversos ¡Ya basta! lo que abrió espacios para los foros. Ese ciclo terminó, y ahora es necesario arar a ras de suelo para seguir sembrando.

Peligros para la integración latinoamericana

Actualmente se presentan algunas señales poco alentadoras para la continuidad del proceso integracionista.

Eduardo Paz Rada / ALAI

Después de una década de importantes avances en el discurso, las iniciativas políticas y gubernamentales y los proyectos que permiten establecer las bases de la unidad e integración latinoamericana y caribeña en una Patria Grande, para los siguientes años, se advierten peligros de estancamiento debido a las tendencias mundiales, regionales y nacionales marcadas por distintos grados de crisis económica, procesos políticos internos conflictivos, desmovilización social, inciertas elecciones, controversias internacionales y presiones extra regionales.

Los hitos de avance fueron, por una parte, la constitución de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), con iniciativas de complementación financiera y comercial a través del Banco del Sur y la creación de una moneda común: el Sucre; de seguridad y defensa regional con la complementación de las Fuerzas Armadas de los países de la región al margen del siniestro Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) apadrinado por Estados Unidos; y de seguridad energética con Petrosur aún en etapa muy preliminar de implementación. Por otra parte, con principios programáticos más avanzados políticamente, se formalizó la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), bajo el timón de Hugo Chávez y la República Bolivariana de Venezuela junto a los gobiernos de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Dominica y Honduras, sin embargo, después del golpe de Estado y la crisis política en este últimos país, el gobierno de Tegucigalpa desistió de su participación. Y, finalmente, los procesos integracionistas del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) mantuvieron, con avances y retrocesos, sus acciones de complementación subregional.

El impulso, triunfo electoral y carisma de los liderazgos de Lula Da Silva, Hugo Chavez, Fidel Castro, Néstor Kirchner, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa fueron muy importantes para la realización de varios encuentros y cumbres en los cuales los proyectos de integración se presentaban como prioritarios y a la orden del día, en medio de un debate público y abierto a los medios de comunicación, como nunca antes se había realizado. Los encuentros personales de los mandatarios también mostraron la afinidad e intención de acciones comunes, recuperando un discurso integrador y bolivariano.

En muchos casos el discurso antiestadounidense y la crítica al intervencionismo de la potencia del norte en la política interna latinoamericana y caribeña marcó la agenda de los distintos países, llegando inclusive a plantear la superación de la etapa de vigencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), para ser sustituida por un nuevo organismo regional, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que inició sus actividades en la Cumbre de México de febrero de 2010 y deberá realizar próximamente una trascendental Cumbre.

Sin embargo, actualmente se presentan algunas señales poco alentadoras para la continuidad del proceso integracionista. Si bien fueron reelectos Chávez, Morales y Correa, las elecciones de nuevos Jefes de Estado en Chile, Brasil y Colombia y las futuras elecciones en Perú y Argentina avizoran una mayor heterogeneidad de conductores políticos, algunos de ellos muy condicionados por el gobierno de Washington o, en su caso, adheridos a corrientes más conservadoras y tradicionales.

La crisis y el desequilibrio entre las economías de los países de la región marcan un indicador negativo para la complementación comercial y económica, sobretodo porque Brasil ha desarrollado, en coordinación con grandes corporaciones transnacionales, un potencial muy superior a los otros países, con elevadas inversiones en Argentina, Uruguay, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela. Las primeras señales del gobierno de la nueva Presidenta Dilma Roussef parecen orientarse hacia la reducción del ritmo de acercamiento político a los otros países y la priorización de las relaciones económicas desiguales.

Por otra parte, se advierte que el Presidente de Venezuela Hugo Chávez ha reducido sus iniciativas regionales en función de priorizar la política interna con miras a profundizar su proyecto del “Socialismo del Siglo XXI” y las elecciones presidenciales que deben realizarse el próximo año. En el caso cubano se están produciendo reformas que tienden a una mayor apertura al libre mercado y en Bolivia y Ecuador los problemas internos han limitado las iniciativas externas de sus mandatarios.

Corresponderá a la Segunda Cumbre Presidencial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a realizarse a mediados de 2011 en Caracas, Venezuela, la adopción de decisiones trascendentales sobre el futuro regional de sus miembros, 32 países, casi 600 millones de habitantes y grandes y estratégicos recursos naturales, muy importantes en la economía y el comercio internacional, en una coyuntura mundial en la cual se posicionan económica y geopolíticamente los grandes bloques económicos y políticos de Asia, como China, Japón y la India, de la Unión Europea, del Mundo Árabe y de los Estados Unidos.

Se trata de una oportunidad para retomar las iniciativas colectivas e impulsar la unidad de América Latina y el Caribe, tomando en cuenta que del CELAC participan y han manifestado su compromiso los países mas fuertes de la región, como son Brasil, Argentina, Venezuela y México, con importante peso subregional en lo político y económico.

Visión latinoamericanista en un Martí itinerante: "Guatemala"

"Guatemala" en su conjunto nos regala a un Martí que, a pesar del importante espacio dedicado a la engrandecedora valoración de las riquezas y exotismos guatemaltecos, no ignora la obligatoriedad de la unión continental, las necesidades libertarias o el mestizaje como identidad común.

Claudia Torras Mendoza / Librínsula (Cuba)

Hablar de latinoamericanismo, independentismo o antimperialismo como pilares ideológicos de una gran parte de la obra martiana, resulta fundamental en la exploración de su constante visión integracionista, cuyo eje principal se constituye sobre la búsqueda de concierto entre las naciones de nuestro continente, sostenida en la defensa de una identidad propia. Esta indagación de por sí implicaría –en su caso– el estudio en conjunto de una serie de realidades americanas bien determinantes para sus destinos futuros: geografía, sistemas económicos y políticos más acordes, complejidad racial, entre otros.

Dicha faceta de su creación cobraría una singular vitalidad en los textos de corte ensayístico, en los que quedaran más que subrayados sus urgentes intereses en los órdenes político y diplomático. Ensayos como Nuestra América (1891) o el discurso Madre América (1889), han devenido clásicos en cuanto al examen del pensamiento martiano, como modelos de una madurez intelectual y un mayor énfasis en la problemática americana. Sin embargo, desde fechas algo más tempranas ya son notables sus manifestaciones ideológicas en torno a lo que más adelante se concretaría como su ideario latinoamericano. Este sería el caso del texto Guatemala, completado entre finales del año 1877 y principios de 1878.

Guatemala surge como proyecto a raíz de la estancia de Martí en dicha tierra hacia el año 1877, luego de un primer asiento en México. Ambos países fungirían como los primeros destinos americanos visitados por él luego de haber sido deportado desde Cuba hacia España en 1871, y pasarían a ser las primeras experiencias de estudio de lo que luego se convertiría en un propósito por conocer la esencia americana y ampliar sus márgenes al resto del mundo. La concepción del documento contaría con la corrección y los trámites de impresión del amigo Manuel Mercado y de Ramón Uriarte, que fungía como embajador de Guatemala en México para esa fecha, y que colabora con el prólogo de la obra, en el que ya queda por sentado el papel de la literatura como la única vía eficaz hasta ese momento para el estrechamiento de los lazos interamericanos y donde por demás señala el papel destacado de Martí en este estudio consciente sobre su país y sobre la necesidad del conocimiento de las Repúblicas latinoamericanas como un todo. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

sábado, 5 de febrero de 2011

América Latina: ¿qué viene?

Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela: la pugna por los procesos de cambio sigue abierta y solo de la fortaleza y organización de los sectores populares dependerá qué rumbo tomen estos países en el futuro.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

El caracazo venezolano de 1989 marcó un hito en la historia reciente de América Latina. Fue la clarinada de que el aguante de los sectores populares ante las reformas neoliberales estaba tocando un límite infranqueable. De ahí en más se sucedió toda una serie de alzamientos que desembocaron más tarde en gobiernos de mayor o menor radicalidad, lo cual quiere decir mayor o menor acercamiento con la necesidad de construir modelos de desarrollo alternativos al neoliberal.

Mucho se ha discutido en estos últimos 10 años sobre el carácter de estos regímenes. Uno de los temas centrales ha sido el de si realmente han podido dar el salto hacia algo que podríamos llamar posneoliberalismo o socialismo (con el apellido que sea), o si solo se trata de gobiernos que, aunque le atribuyen una mayor importancia a las políticas sociales en sus programas de gobierno, éstas no alcanzan como para romper con el viejo modelo haciéndolo, incluso, más eficiente en algunos casos. Las ganancias récord obtenidas por los banqueros venezolanos en el 2010 sería un ejemplo de ello.

No se trata, claro está, de desvalorar los avances y los logros de estos gobiernos. Con ellos, en América Latina se ha inaugurado una nueva etapa que tendencialmente lleva en una dirección distinta a la del período de las reformas neoliberales. Pero ciertos acontecimientos recientes muestran que aquellos sectores sociales que fueron la gasolina que alimentó los movimientos que los llevó al poder del Estado están alertas y no necesariamente contentos.

Si, por ejemplo, algunos de los movimientos opositores, muchas veces violentos, de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina, tienen tras de sí la mano siniestra de la derecha más reaccionaria, vinculada a los intereses norteamericanos en la región, otros no tienen ese cariz y responden más bien a la frustración por lo que interpretan como inconsecuencia de los dirigentes con los intereses y necesidades de los sectores sociales que los encumbraron.

El caso más claro es el del llamado gasolinazo en Bolivia. La ira popular fue la reacción ante una medida que fue interpretada como una traición. No solamente no se discutió previamente, sino que se impuso en circunstancias que recuerdan las peores prácticas de la política tradicional, un 25 de diciembre por la noche, cuando todo el mundo se encuentra en medio de las celebraciones de fin de año, con la atención volcada hacia cualquier lado menos la política.

Evo Morales y su gobierno han pagado caro este craso error político. Las encuestas muestran el derrumbe que ha tenido su popularidad. Tal vez esto signifique que, tal como el mismo Evo lo ha dicho en algunas oportunidades, el poder solo lo tienen prestado, es decir, mientras muestren y demuestren con hechos concretos que se encuentran encarrilados en una dirección coincidente con lo que dicen sus discursos.

En Venezuela también han aparecido signos que pueden leerse en el sentido que venimos apuntando. Las últimas elecciones legislativas fueron menos positivas para el oficialismo de lo que éste esperaba y deseaba. La oposición sigue disgregada y sin proyecto propio, pero aún así han logrado aglutinar a sectores descontentos que les han permitido mirar con cierto optimismo las elecciones presidenciales del año entrante.

Entendemos que la composición social de quienes se han manifestado en ambos casos es diferente. Los protestantes bolivianos tienen un perfil popular que no poseen los venezolanos; pero en ambos casos se pone en jaque a los proyectos que, en esta etapa de la historia latinoamericana, constituyen la punta de lanza en el proceso de búsqueda de modelos alternativo de desarrollo. Si hablamos de ésta como una etapa, también pensamos que pueden y deben venir otras, de profundización de los cambios, de mayor alejamiento del modelo neoliberal.

Lo que ha mostrado Bolivia es que la pugna sigue abierta, y que solo de la fortaleza y organización de los sectores populares dependerá qué rumbo tomen estos países en el futuro.