La esperanza suele ser interpretada por una gran parte de la población como un sentimiento o una idea intangible, se asume como una forma de pensar el andar individual o colectivo, sin que esto necesariamente represente la posibilidad real de alcanzar aquello que se proyecta, dejando así en el terreno de lo insustancial el camino que por delante nos aguarda.
Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.
Pero también la esperanza es ideada como algo posible por quienes hacemos de ella la razón de nuestros actos y la proyectamos más allá del terreno de lo inmaterial, para convertirla en nuestro objetivo de vida y razón esencial del porvenir que deseamos, y si bien no cabe duda de que aún así el sendero siempre tendrá instantes de incertidumbre y oscuridad, la confianza puesta en los actos colectivos revierte cualquier temor a lo desconocido. La esperanza es uno de los elementos motores de la historia humana y sus formas son variadas, pero en su interior, refiere sin titubeo elementos que aglutinan sentimientos puros por el bien común.