sábado, 22 de agosto de 2009

América Latina, los nuevos discursos y el lenguaje de la guerra fría

Acostumbrados como estamos a los discursos melifluos, carentes de contenido, vacuos y aburridos, dirigidos a los sectores populares casi solamente en las plazas públicas previas a las elecciones en las que se necesitan sus votos, los discursos de Fidel y de Chávez suenan totalmente disonantes: porque son pedagógicos en el más amplio sentido de la palabra.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
El portal virtual de BBC Mundo pone a discusión la opinión según la cual América Latina sería una región “rezagada” desde el punto de vista ideológico, porque en ella sobreviven visiones y posiciones típicas de la Guerra Fría. “¿No cayó el Muro de Berlín para América Latina?”, se pregunta, y resalta la frase de alguien llamado Francisco N. quien, desde los Estados Unidos, opina que: “con tristeza veo que Latinoamérica tendrá que madurar durante varios años en medio de altercados norte/sur, comunismo/capitalismo, derecha/izquierda, que el mundo ha ido solucionando desde hace décadas”.
Una de las ideas que plantea BBC Mundo es que la “retórica” de este tipo responde más a intereses y necesidades de gobiernos en países “inestables”, que a realidades. Cita, en este sentido, la opinión de Alberto Spíndola, de la Universidad de Bradford, Inglaterra, quien considera que “donde se ven resabios de las etiquetas de la Guerra Fría es en los países en los que hay más inestabilidad”.
Estos “resabios” sobrevivientes en países inestables son característicos, certifica el mismo Spíndola, de aquellos procesos en los que es necesario buscar un enemigo que amalgame lealtades. Considera que el antecedente más resaltable de este tipo de estrategia discursiva y política en América Latina es Fidel Castro, y su mejor pupilo en nuestros días, Hugo Chávez.
Está claro: la denuncia del imperialismo y de las amenazas golpistas, el llamado a la unidad latinoamericana, son estratagemas de retórica ideológica para mantener en ascuas a las masas, aglutinarlas, enardecerlas y manipularlas.
Acostumbrados como estamos a los discursos melifluos, carentes de contenido, vacuos y aburridos, dirigidos a los sectores populares casi solamente en las plazas públicas previas a las elecciones en las que se necesitan sus votos, los discursos de Fidel y de Chávez suenan totalmente disonantes. Pedagógicos en el más amplio sentido de la palabra, porque explican y enseñan en lenguaje llano, movilizadores porque muestran con claridad la senda que se propone seguir, son discursos de nuevo tipo que logran calar en los más amplios sectores de la población, despertando adhesiones no solamente para quien los dice sino, en primer lugar, para lo que dicen, por el proyecto que proponen, por las líneas que dan, por las metas que se plantean.
Discurso de nuevo tipo porque moviliza no solo por lo anteriormente dicho sino, en primer lugar, porque guarda una estrecha relación con lo que pasa, con lo que se hace, con lo que se construye. Nadie que no tenga una práctica política que no sea acorde con lo que se dice tendría legitimidad a través solamente del discurso. Éste es cristalización, concreción de lo que está en marcha, y por ello sacude, incita a la acción y, efectivamente, en buena medida lo logra: estremece a la sociedad y la pone en movimiento. Eso es sinónimo de “inestabilidad” para quienes están acostumbrados a presenciar la manipulación aletargante, la que incita a la pasividad, al no hacer enajenado.
En efecto, los discursos de los dirigentes de “los países del Alba”, como dicen los interlocutores de BBC Mundo, son herramientas de movilización, azuzamiento a la acción y, también, enseñanza y explicación. Quienes recorran hoy en día el espectro del discurso político latinoamericano descubrirán en él esas características, que hoy se ven potenciadas por la cada vez más consciente utilización de los medios de comunicación contemporáneos.
Fue con el Movimiento Zapatista que se evidenció, por primera vez de forma diáfana, que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tenían un potencial que no podía ser desdeñado. Ya los sectores dominantes las venían utilizando como herramientas de enajenación, pero no es sino hasta la década de los noventa, con la utilización de Internet por parte de los zapatistas, que muestran todo su potencial dinamizador a favor de las causas de los sectores populares. Más adelante, las llamadas para protestar en contra del Foro Económico Mundial y para realizar el Foro Social Mundial no dejaron dudas al respecto.
Nuevos discursos en el marco de la era de la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación. Discursos anclados en una práctica transformadora y, por lo tanto, discursos movilizadores. Son discursos de una nueva época en América Latina, discursos del presente que apuntan hacia el futuro y no resabios del pasado como pretenden hacer creer estos “analistas” desde sus poltronas académicas desde la vieja Europa.

Poder mediático y democracia en América Latina

El poder mediático, que emerge y se consolida a partir de esta comunión entre el poder político y el poder económico, no busca más que un solo objetivo: garantizarse que la democracia –con todas sus limitaciones en la región- siga siendo manipulada desde arriba.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
“La historia política de América Latina es la historia de la usurpación del poder por pequeñas elites que, aunque reivindican las ideas constitucionalistas y democráticas, hacen escarnio tanto de las constituciones como de la soberanía popular que invocan”. La contundente frase del politólogo mexicano Gustavo E. Emmerich ofrece un sugestivo punto de partida para la reflexión sobre la actualidad (geo)política de la región, y la magnitud de los desafíos que se advierten en su horizonte inmediato.
Desde hace un poco más de diez años, en la que ha sido llamada la década progresista o del cambio de época, nuestra América experimenta una importante recomposición de su mapa político y de los equilibrios de poder, lo que es visible en distintos aspectos como la democratización de los procesos electorales, con resultados favorables a movimientos y partidos de izquierda y centro-izquierda en un importante número de países; la fractura de la hegemonía estadounidense, cuyo momento simbólico fue la derrota del ALCA en la Cumbre de las Américas de 2005, en Mar del Plata; el protagonismo de los movimientos sociales y el ascenso de las ideas latinoamericanistas, antiimperialistas y bolivarianas, que reivindican la soberanía de nuestros pueblos sobre su destino; y finalmente, el impulso dado por distintos líderes regionales a dos proyectos clave de integración: la Alianza Bolivariana y la Unión de Naciones del Sur.
Sin embargo, estos fenómenos han encontrado una furiosa oposición entre algunos sectores de las sociedades latinoamericanas –y por supuesto, en la norteamericana-, precisamente en esas pequeñas elites a las que se refiere Emmerich: grupos que no han escatimado esfuerzos desestabilizadores para frenar los procesos de cambio político, social y cultural, especialmente en Guatemala, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Paraguay.
En cada uno de estos casos, las pequeñas pero poderosas élites reaccionarias se aliaron a los grupos de comunicación hegemónicos, locales y regionales, siendo uno de los casos más visibles el del Grupo de Diarios de América –con sede en Florida, Estados Unidos- y sus empresas afines en Centro y Suramérica.
Los medios de comunicación se han convertido, de facto, en el nuevo espacio de confrontación y deliberación, más virtual que real, sobre lo público. De esta forma, asistimos a una tensa disputa por la hegemonía del sentido común dominante y la legitimación de los procesos de cambio entre, por un lado, los nuevos sujetos sociales y actores populares que reclaman justicia y solidaridad desde lo nuestro, y por el otro, el desprecio de las élites ante el reordenamiento de las fuerzas políticas en América Latina.
Esta situación hace cada vez más necesario el estudio de las relaciones entre los poderes político y económico y los medios, no solo en la academia sino también en los distintos movimientos y organizaciones sociales, como parte de las estrategias de lucha.
En las actuales condiciones, esas relaciones se manifiestan de dos maneras: una, en el ataque sistemático a las democracias participativas –allí donde empiezan a construirse, como Bolivia, Ecuador o Venezuela-; y otra, la instauración, en la práctica, de democracias mediáticas, donde los medios “producen” consensos sobre decisiones de orden público, pero que se resuelven fuera de las instituciones democráticas y se ocultan a la ciudadanía.
Este riesgo es particularmente alto en muchos de nuestros países, donde los medios de comunicación y los partidos políticos tradicionales se convierten en simples extensiones del poder de unos y otros, y en voceros de sus propios intereses.
El poder mediático, que emerge y se consolida a partir de esta comunión entre el poder político y el poder económico, no busca más que un solo objetivo: garantizarse que la democracia –con todas sus limitaciones en la región- siga siendo manipulada desde arriba.
Es sintomática y característica de esta pretensión la doble moral con la que los grandes medios juzgan la realidad latinoamericana: denuncian como atropellos a la libertad de expresión el hecho de que la Asamblea Nacional de Venezuela legisle para regular el espectro radioeléctrico, pero no cuestionan “la dictadura duopólica mediática” que ejercen Televisa y TV Azteca en México, y cuya alianza contra Andrés Manuel López Obrador “ocultó” el fraude electoral del 2006 y permitió el espurio ascenso a la presidencia de Felipe Calderón.
Ejemplos como el anterior abundan, y una lectura crítica de la prensa escrita, la radio y la televisión nos permitiría encontrar, a diario, muchos otros.
Es por eso que mientras en nuestra América, la América de los de abajo, las voces de los pobres y los excluidos, de las mujeres, los pueblos indígenas y afroamericanos, o de aquellos que cometen el “pecado” de desafiar el pensamiento único, sigan siendo nada más que tenues murmullos, datos estadísticos que deglute el sistema, o presencias invisibles rescatadas del anonimato de vez en cuando –según lo requiere el rating-, mucho restará por hacer para alcanzar una auténtica democracia de las comunicaciones, donde los puntos de vista de todos los sectores y grupos puedan hacerse oír, en virtud de su condición humana y no por su capacidad de consumo.
Y es entonces cuando, muy a pesar de lo que diga el poder mediático, la metáfora del desalambrado del latifundio mediático deja de ser una construcción retórica y se constituye en una exigencia ética para posibilitar un desarrollo realmente democrático, con justicia social, tolerancia, pluralidad y equidad en las sociedades latinoamericanas.

Reflexiones sobre el pensamiento de Manuel Mora Valverde: fundador del Partido Comunista de Costa Rica. A cien años de su natalicio.

El pensamiento y la acción política de Manuel Mora, durante la primera mitad del siglo XX, son parte de un proceso que contribuyó a la transformación de la sociedad costarricense.
Germán Chacón Araya* / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Este costarricense nació el 27 de agosto de 1909, en la ciudad de San José, en una familia de clase media. Hijo de Lydia Valverde y José Rafael Mora, un maestro de obras y dirigente de un grupo de obreros josefinos.
Manuel Mora Valverde estuvo ligado a la vida política del país desde sus primeros años. En 1917, con menos de 15 años, tuvo que enfrentar el exilio de su padre Rafael Mora, obrero organizado de lo que hoy se conoce como el Ministerio de Obras Públicas y Transportes, después de que su casa y su familia sufrieran un atentado.
Ese año, Federico Tinoco y su hermano José Joaquín dieron un golpe de Estado al gobierno de Alfredo González Flores e instauraron una dictadura militar. José Rafael Mora estuvo vinculado a González Flores y tenía afinidad con sus ideas. Como hemos dicho, abandonó el país con rumbo a Nicaragua y organizó, desde allá, un movimiento armado junto a su grupo de obreros, con el fin de derrocar la dictadura de los Tinoco. Por esos días, también mueren dos hermanas de Manuel Mora, por carecer la familia de fondos para atenderlas adecuadamente.
Siendo estudiante del Liceo de Costa Rica, Manuel Mora comenzó a asistir a reuniones políticas con los grandes intelectuales de la época, entre los que destacan escritores como Carmen Lyra, Joaquín García Monge, Carlos Luís Sáenz, Rómulo Betancourt y otros miembros de la liga antiimperialista, quienes eran mayoritariamente profesos militantes de la tradición ácrata, socialista libertaria, propia de nuestra América.
Mora cursó sus estudios en la Universidad de Costa Rica, donde se tituló como licenciado en Derecho, continuando con su participación política y su compromiso con la justicia social. Fue expulsado de la Universidad dos veces por persecución a sus ideas. Recibió la Orden de la Amistad de los Pueblos, distinción entregada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La República Democrática Alemana lo distinguió con la Orden Carlos Marx. La República de Bulgaria le entregó la orden George Dimitrov y la República de Cuba le impuso la orden Playa Girón. En 1993, le fue otorgado el premio Rodrigo Facio de la Universidad de Costa Rica, y en 1994 la Universidad Estatal a Distancia (UNED) le otorga el Doctorado Honoris Causa. Finalmente, el líder político murió el 29 de diciembre de 1994, a la edad de 85 años. La Asamblea Legislativa de Costa Rica le otorgó el título de Benemérito de la Patria.
El filósofo Arnoldo Mora Rodríguez, en su libro la Historia del Pensamiento Costarricense (1993), expone algunas de las características de Manuel Mora: entre las que destacan el ser un notable orador y un verdadero revolucionario (Mora, 1993:155). Este autor presenta a Mora como un pensador del siglo XX quien, a partir del marxismo, logra hacer una lectura de la realidad nacional, al contar con la participación de los comunistas en la construcción de la democracia y elaborar el concepto de comunismo a la tica.
La participación política de Manuel Mora y la proyección de su pensamiento en el ámbito nacional y latinoaméricano, constituyeron un momento histórico significativo, en el cual se reflejaron las ideas filosóficas y políticas que permitieron al dirigente comunista desarrollar un pensamiento particular, influenciado por las teorías de la doctrina social de la Iglesia, la corriente marxista humanista característica de América Latina y por pensadores como Marx, Engels y Lenin, entre otros. Mora hizo acopio de este pensamiento revolucionario para analizar, a partir del contexto mundial, la especificidad de la realidad cosatarricense.
El pensamiento de Manuel Mora siguió un derrotero teórico ideológico bien definido, en su afán de comprender la política como una sucesión de procesos que surgen de la realidad. Ello le permitió hacer una identificación y sistematización de esa realidad, al utilizar el marxismo-leninismo como una guía, mediante la que estableció su desarrollo argumentativo. A partir de éste, buscó dar respuesta a las demandas de un grupo, sector, clase, organización social, o institución de forma particular (y) o global.
Consideró la sociedad dentro del marco de las posibilidades de un país o región, contó para ello con el parlamento y la estructura partidaria, con el fin de alcanzar un programa o propósito de Partido. Además, tomó en cuenta la situación interna y externa, así como las posibilidades del Estado y el grado de desarrollo alcanzado por las instituciones públicas y privadas.
El pensamiento de Manuel Mora estaba constituido por un cuerpo de principios humanistas y marxistas-leninistas que, al no ser rígido, permitió hacer una interpretación de la realidad costarricense y sirvió para establecer una corriente política, la cual llamó Comunismo a la tica. Este influyó en las organizaciones, en los partidos políticos, en la institucionalidad y finalmente se tradujo en leyes y documentos que llevaron a la transformación del modelo político nacional, es decir, a la construcción del Estado costarricense.
Al analizar la vigencia de su pensamiento, se hace necesario considerar la teoría marxista, en su corriente humanista (tal como lo hizo notar Pablo Guadarrama en 2006). Desde la tradición marxista, Manuel Mora practicó la reformulación de la teoría del Estado, no solo con el afán de comprender la forma efectiva de la dominación por simple gusto gnoseológico, sino, también, de configurar alternativas viables para la revolución social. En la comprensión de la esencia de la dominación, de sus mecanismos y características, está implícito el diseño de la estrategia viable para su transformación económica y social.
“En cuanto a las luchas antiimperialistas, desarrolladas desde principios de siglo, la segunda mitad de esta década fue rica. La Sección costarricense del APRA, en la cual estaba Carmen Lyra, Luisa González y Gonzalo González; La Liga Cívica Juan Rafael Mora, en la que participaban Alejandro Alvarado Quirós y Ricardo Fournier crearon una conciencia sobre la defensa de los recursos y de la soberanía nacionales. Así Manuel impulsa también la Sección costarricense de la Liga Antiimperialista de las Américas, organización que se suma a esas tradiciones haciéndola un instrumento importante de lucha orientada a salvaguardar la identidad nacional de América Latina, cuando el continente era presa de constantes intervenciones norteamericanas, como la que sufría entonces Nicaragua que dio origen a la gesta heroica de Augusto César Sandino, en 1927”( De la Cruz,1985:13).
A lo largo de su trayectoria política, Manuel Mora Valverde, participo en la fundación y desarrollo de organizaciones revolucionarias en Centroamérica desde la década de 1930. En 1931 fundó el Partido Comunista de Costa Rica, del cual fue secretario general por varias décadas. En la década de 1950 fue uno de los principales ideólogos de la segunda fundación del Partido Comunista de Honduras. Participó junto a los partidos comunistas de Centroamérica y el Caribe en la tarea de establecer el socialismo en la región a partir de la realidad de cada país, y fue un inclaudicable amigo de la Revolución Cubana.
En 1961, con motivo de la conferencia para valorar la situación internacional y enfrentar las posiciones que enarbolaba el Partido Comunista de China, con Mao Tse Tung, en la cual participaron 81 partidos comunistas del mundo, Mora fue convocado a formar parte de la comisión que analizó la situación. Tal como lo anota De la Cruz, de los dirigentes comunistas de América Latina, don Manuel era de los de mayor trayectoria de lucha y prestigio.
El pensamiento de Manuel Mora propuso, desde los primeros años del siglo XX en Costa Rica, un proyecto alternativo: planeamientos que van a contribuir significativamente en las transformaciones más importantes en el modelo de Estado liberal en Costa Rica vigente desde 1871. Producto de las reformas sucesivas, como la promulgación de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo, parte de una gran reforma constitucional que llevó a un cambio en el plano político, social y económico de la república, su pensamiento se expresa en las instituciones del Estado que buscaban la justicia social y el beneficio de las mayorías, al tener como fin el ser humano.
Partimos de que las ideas de Manuel Mora elevaron la política costarricense a la categoría de ciencia (tal como lo ve Konstantinov en 1957), al fundamentar su accionar en el materialismo histórico, como su posición epistemológica al entender “por tanto, que la fuente de las ideas socialistas, las concepciones sociales, las teorías e instituciones políticas, deben buscarse en la condiciones de la vida material de la sociedad”.
Manuel Mora tomó en consideración estas formas de hacer política y a partir de ahí conforma la organización para establecer la estrategia del partido, frente al aparato estatal, en tanto representante de la clase dominante; y distinguió en este, a la burocracia, la administración, la policía y el ejército, como lo exponía Carlos Marx.
Su pensamiento, entonces, respondería al grado de reflexión sobre las contradicciones fundamentales de esa época. Se puede hablar de un marxismo criollo humanista, en el sentido de que dentro del pensamiento crítico del continente americano, el marxismo ha sido un elemento evidentemente central, enriquecido, particularizado, con aportes locales directos o indirectos; podemos pensar, por ejemplo, en José Carlos Mariátegui y en otros pensadores, sobre todo del sur del continente y del Caribe latinoamericano, al utilizar el marxismo como herramienta de lucha.
El eje del pensamiento de Manuel Mora estuvo ligado como cuestión central al Estado. Ello resulta fundamental porque el Estado es el gran tema del marxismo y del Partido Comunista costarricense.
De esa manera, se empezó a generar una conciencia social que se profundizó con la crisis del decenio de 1933, producto de la recesión económica y la baja en los precios de las exportaciones, y sobre todo en el año 1934, cuando los obreros dirigidos por el Partido Comunista derrotan las políticas de United Fruit Company (UFC). Durante la década de 1940, resultado de la política de alianzas, el Partido Comunista, junto a la Iglesia Católica y el presidente Calderón Guardia, promovieron la reforma social más radical del país, con la creación de instituciones públicas que son referente obligado de la democracia costarricense, tales como la Universidad de Costa Rica, en 1940; la Caja Costarricense del Seguro Social, en 1941; la promulgación de las Garantías Sociales, el Código de Trabajo y la Ley de Casas Baratas, en 1943.
Los cambios sucedidos en la década de 1940 marcaron el derrotero por donde transitó el Estado Costarricense durante casi todo el siglo XX. La habilidad política de Mora se hizo evidente en el Congreso, del cual fue diputado durante cinco periodos legislativos. Su último período inicio en febrero de 1970. Don Manuel nos decía en esa época: “Nos falta una concepción nueva y revolucionaria de la política. Necesitamos un Gobierno de nuevo tipo, un Gobierno realmente del pueblo y dispuesto a apoyarse en el pueblo para enfrentarse a la cobardía y la falta de visión a fin de acabar con los viejos métodos de gobernar. Necesitamos unirnos alrededor de una propaganda realista y audaz, formar un bloque poderoso de fuerzas democráticas y patrióticas para eliminar todo lo que está podrido, para transformar todo o que esta caduco, para defender y fortalecer todo lo que es noble y todo lo que tiene vitalidad, y para reconstruir nuestra Patria sobre bases nuevas de justicia, democracia y dignidad, es decir de una patria socialista”.
También destacó en la plaza pública, donde quedó manifiesta su capacidad para lograr consensos, los que posibilitaron las reformas necesarias en las leyes que permitieron la consolidación de un tipo de Estado que abriera el camino al socialismo. Estas leyes deben ser consideradas parte de una revolución en las ideas desde el punto de vista ideológico, como un pensamiento alternativo.
El pensamiento y la acción política de Manuel Mora, durante la primera mitad del siglo XX, son parte de un proceso que contribuyó a la transformación de la sociedad costarricense.
Ambos, pensamiento y acción, son ejemplo de un pensar y actuar basados en el respecto a dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad, desde una cosmovisión comunista. Manuel Mora creía en la libre determinación de los pueblos, y sobre el particular decía:
“Creemos que cada pueblo tiene el derecho de darse el régimen social y el Gobierno que mejor le plazca y que ninguna potencia tiene derecho a interferirlo. Si tal es nuestro pensamiento, es lógico y comprensible que estemos de acuerdo en que se coordine la solidaridad de todos los países sojuzgados o interferidos por el imperialismo para poder desarrollar con éxito la defensa común. Pero eso no significa que estemos de acuerdo en que se imponga desde fuera a ningún pueblo el método que debe seguir para independizarse del imperialismo o para defender sus riquezas o su soberanía. Tampoco creemos que pueda o deba indicársele desde afuera a un pueblo, o a sus dirigentes, el momento y la forma de hacer una Revolución Social. Nosotros sabemos que la Revolución no se importa ni se exporta. La Revolución se desarrolla en cada medio de acuerdo con sus características, y son los respectivos pueblos los llamados a realizarla, cuando lo juzguen conveniente, y sin imposiciones externas. Nosotros tenemos una concepción clara y definida de la lucha política y social en nuestro país…” (Mora, 1981:572)
Manuel Mora es de esos hombres que nunca mueren porque viven en el corazón del pueblo.
* El autor es sociólogo costarricense. Académico del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional.

¿La culpa de Chávez?

Es verdad que los últimos años han visto un marcado incremento del gasto militar en América Latina. Pero tratar de culpar a Chávez por ese armamentismo es un sinsentido o bien ignorante o malintencionado. Resulta claro que es Colombia, y no Venezuela, la que intenta regionalizar su conflicto interno. Es Colombia, y no Venezuela, la que exporta una preocupante violencia política y delincuencial a sus vecinos.
Guillaume Long / El Telégrafo (Ecuador)
La mayor fortaleza de los mal llamados “centristas” es pretender que son observadores equilibrados y objetivos. Y el típico escenario que permite reproducir su supuesta neutralidad centrista es la mal llamada escalada militar entre Chávez y Uribe. Los dos presidentes, de acuerdo a estas versiones, son a final de cuentas, las dos caras de una misma moneda populista y armamentista. La estrategia es por lo tanto culpar a los dos mandatarios por igual, pues fomentan de forma imprudente un nefasto armamentismo en los Andes.
De acuerdo a esta lógica “centrista”, las 7 bases norteamericanas en Colombia son iguales que las maniobras militares de Venezuela y Rusia. Se ignora de manera descarada cualquier diferencia de escala entre, por un lado, la presencia del mayor ejército del mundo en 7 bases suramericanas, y, por otro lado, maniobras militares bastante comunes, que EE.UU. realiza, asimismo, con frecuencia con varios países de la región.
Al poner a Colombia y Venezuela en el mismo saco, se ignora también que las Fuerzas Armadas de Colombia tienen a su disposición 285.554 efectivos militares, más 152.519 policías nacionales que, al mando del Ministerio de Defensa, también cumplen un rol esencialmente militar. Sin contar los miles de paramilitares cuyo papel bien se conoce, se trata, entonces, de más de 437.000 hombres armados al servicio del gobierno colombiano. En contraste, Venezuela sólo cuenta con 130.000 soldados, es decir, apenas un tercio del contingente colombiano.
Colombia, además, gastará en el 2009 entre 5 y 6 mil millones de dólares en defensa, un gasto que en los últimos años ha sido estimado, según versiones, entre el 3.4 y el 5% de su Producto Interno Bruto (PIB).
Venezuela, con ese “temible” militar al mando, presupuestó para el 2009 (y como cada año) cerca de la mitad de lo presupuestado por Colombia. Asimismo, Venezuela viene gastando entre el 1 y el 1.5% de su PIB en defensa a lo largo de los últimos años, es decir, muy por debajo del promedio regional del 1.7% del PIB. Esto significa que Venezuela es, por el contrario, uno de los Estados que, proporcionalmente, menos gasto militar tiene en una región que, no lo olvidemos, mantiene un gasto de defensa notoriamente bajo en relación con el resto del mundo.
Es verdad que los últimos años han visto un marcado incremento del gasto militar en América Latina. Pero tratar de culpar a Chávez por ese armamentismo es un sinsentido o bien ignorante o malintencionado. Resulta claro que es Colombia, y no Venezuela, la que intenta regionalizar su conflicto interno. Es Colombia, y no Venezuela, la que exporta una preocupante violencia política y delincuencial a sus vecinos.
Es, por otro lado, muy poco sorprendente que Venezuela muestre preocupación por bases militares en manos de los EE.UU. Recordemos que ya quedó comprobado que tanto Colombia como EE.UU. apoyaron al fallido golpe contra Chávez en el 2002. De este apoyo puede dar fe el líder golpista y presidente por un día, Pedro Carmona, que hoy vive en un caudaloso barrio de Bogotá, pero que sigue misteriosamente callado.
No caigamos en un nuevo engaño del mal llamado “centro político”. El origen del armamentismo es bastante claro.

"Uribe maneja el tinglado y se queda"

El congresista del Polo Democrático de Colombia, Germán Navas Talero, afirma que si la Corte Constitucional admite ahora la posibilidad de una tercera reelección, luego "vendrá la cuarta, la quinta, y si bien los pueblos se entregan inicialmente a los dictadores como pasa en Colombia, llegará un momento en el que estalla. Claro que entonces habrán pasado 20 años de dictadura".

Helda Martínez / IPS

Mientras la legalidad de la primera reelección de Álvaro Uribe como presidente de Colombia sigue en cuestión, todo indica que sorteará de nuevo los escollos para poder competir por un tercer mandato consecutivo. La posibilidad ha puesto en pie de guerra jurídica al diputado opositor Germán Navas Talero.
Esto "no es extraño en un país que empieza a acostumbrarse a la dictadura", criticó duramente Navas Talero, quien como abogado penalista ha presentado varias demandas consecutivas ante la justicia en 2008 por presuntos delitos cometidos en el proceso para habilitar la segunda reelección.
Presentaciones hechas "con ánimo de jurista y sentido patriótico", enfatiza Navas, diputado del izquierdista Polo Democrático Alternativo (PDA), quien explica que su interés opositor a la intención de Uribe trasciende la oposición política.
"He votado proyectos gubernamentales cuando considero que le sirven al país, pero este caso (reelección) no le sirve. Esta es simplemente una forma vulgar de corromper la democracia y eso me ensoberbece", dijo Navas Talero.
La estrategia para lograr la segunda reelección presidencial consecutiva del derechista presidente Uribe tuvo su primer capítulo en octubre de 2007 con la recolección de firmas de respaldo por parte del ex parlamentario Luis Guillermo Giraldo, que a la postre logró cinco millones de voluntades, de las que fueron avaladas un poco más de cuatro millones por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
La recolección se desarrolló pese a que estaba en auge el escándalo motivado en la habilitación parlamentaria para la primera reelección de Uribe en 2006. Estalló cuando la ex legisladora Yidis Medina denunció incumplimiento en las promesas hechas para retirarse de sala en el momento de la votación, facilitando así su aprobación.
Medina y su colega Teodolindo Avendaño, también involucrado, están presos, mientras se mantienen en ejercicio público quienes serían los oferentes de prebendas: Sabas Pretel, entonces ministro de Interior y Justicia y actual embajador en Italia, y Diego Palacio, aún ministro de Salud.

IPS: ¿Cómo se entiende esa situación?

GERMAN NAVAS TALERO: Soy profesor de derecho penal hace 39 años y no he podido explicarle a mis alumnos ni a diputados extranjeros, que me consultan, cómo se condena a quien recibió la dádiva por el cohecho, pero no al oferente.

Desde el punto de vista práctico, el hecho obedece a competencias. Los parlamentarios son juzgados por la Corte Suprema de Justicia (CSJ), y los ministros por la Fiscalía General de la Nación (FGN).

La Fiscalía se ha convertido en un apéndice del Poder Ejecutivo, por lo que no tiene mayor interés en tocar temas que harían sentir mal al presidente.

Sin embargo, cuando la Corte condenó a Yidis y Teodolindo demostró que hubo vicio en la reforma anterior.

Pero la Corte Constitucional (CC) salió por el camino fácil, argumentando que, si bien el delito pudo suceder, el pueblo refrendó la voluntad popular con su voto. Las dictaduras juegan con la incultura de los pueblos.

IPS: En octubre de 2007, Giraldo conformó con 10 socios la organización Colombia Primero para la recolección de firmas, que fue objeto de denuncias por presuntas irregularidades por corrupción y por su vinculación con la firma financiera DMG, de David Murcia Guzmán, hoy procesado con prisión por supuesta captación ilícita de dinero. ¿Cuál fue su intervención en esa situación?

GNT: Denuncié a los promotores del referendo y con documentos demostré fraude procesal y el doble juego de Colombia Primero. Entregué la documentación y el caso lo tomó una fiscal que trabajó en forma autónoma, alcanzando a citar a imputación de cargos. Pero el Fiscal (Mario Iguarán) la sacó del caso por razones que nunca supe: me dijo que era su potestad, y punto. El caso fue entregado después a un fiscal amigo del apoderado de DMG y de Giraldo, y desde entonces no ha pasado nada. Es necesario entender que en este momento casi todo el poder está en manos del presidente, y él maneja el tinglado.

IPS: A fines de 2008 usted demandó a 86 parlamentarios que participaron en la votación del referendo reeleccionista. Sin embargo, la conciliación de los textos aprobados en Senado y la Cámara de Diputados, que diferían en el año en que podría ser reelegido el presidente, en 2010 o 2014, avanza. ¿Qué espera de la decisión que deberá tomar la Cámara de Diputados la próxima semana?

GNT: He presentado razones jurídicas que ellos no quieren entender. El 17 de diciembre les dije que ese proyecto de ley no podía votarse en esas condiciones so pena de cometer delito de prevaricato según lo dispone la ley 134 de la Constitución para el trámite de este tipo de proyectos.

Hicieron caso omiso (los parlamentarios), mientras el país veía cómo cumplían las órdenes de los ministros (Fabio Valencia, de Interior y Justicia, y Diego Palacio, de Protección Social), presentes en el recinto.

Aún me queda por establecer qué pasó con un recurso de apelación que me fue negado y al que volví a recurrir.

Ese recurso debe ser aceptado o negado en plenaria de la cámara baja. Me da la impresión de que no ha tenido un trámite correspondiente, porque de lo contrario ellos no podrían estar estudiando el proyecto.

También tengo la sospecha de que, si no hubo quórum en la sesión del miércoles, mal podría ordenarse extensión válida a la lectura de proyectos para la próxima sesión.

Obviamente, podría ser otro vicio para tumbar el proyecto en la Corte Constitucional. Pero no vaticino nada. Soy abogado, he sido juez y procurador de distrito y entiendo que cualquier vaticinio puede ser especulación.

IPS: Se afirma que su demanda causa temor, porque en caso de ser responsables de prevaricato perderían el escaño y se limitaría por varios años la realización de contratos públicos. ¿Será suficiente para que el proyecto no pase?

GNT: Dudo mucho del componente humano de la Cámara de Diputados. Son personas diversas, y muchos han llegado ahí de carambola: porque el titular renunció o está en la cárcel, de manera que no tienen mucho que perder políticamente.

No los asusta un proceso penal, porque muchos tienen varios encima, y saben que la justicia se demora en llegar o nunca llega.

IPS: Si el proyecto reeleccionista es aprobado en el Congreso, la Corte Constitucional tendrá cuatro meses para definir su posición. ¿Qué pasará?

GNT: La Corte Constitucional controla posibles vicios de forma. Sin embargo, y por tratarse de una ley que reformaría de nuevo la Constitución, podría mirar un fondo que les daría dolor de cabeza. Claro que para eso tienen aspirinas.

Pero tendrían que recordar que en la sentencia anterior dijeron que la reelección era válida por una vez y no por dos veces.

Y si dejan pasar esta, vendrá la cuarta, la quinta, y si bien los pueblos se entregan inicialmente a los dictadores como pasa en Colombia, llegará un momento en el que estalla. Claro que entonces habrán pasado 20 años de dictadura.

IPS: La actitud dócil de los últimos días de Uribe con el presidente de Ecuador, Rafael Correa, con quien está enfrentado, ¿tendrá interés reeleccionista?

GNT: El señor Uribe tiene temores ante el escándalo internacional por los derechos humanos y las ejecuciones sin juicio de parte del ejército, llamadas falsos positivos, y sabe que mientras sea presidente no lo pueden tocar.

Pero es astuto, y cuando se ve cogido por la declaración del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cuando dijo que no consideraba un tercer periodo, Uribe saca un as que ellos querían hace rato, y es el reemplazo de la base de Manta, en Ecuador, por uno o varios lugares en Colombia.

Uribe les ofrece así siete bases. Recordemos que también tuvieron a (Manuel Antonio) Noriega, y a (Fulgencio) Batista. En este momento de debilidad para ellos, Uribe les sirve y no lo van a desperdiciar.

IPS: Entonces, ¿Uribe se queda?

GNT: Veo que tiene la fuerza y el poder. Puede que no tenga el derecho. Pero el derecho se cambia casi siempre por la fuerza y el poder.

La derecha paraguaya quiere convertir a Lugo en otro Zelaya

Más allá de los magros resultados de un año de un gobierno del que se esperaba mucho, los partidos tradicionales, y casi toda la prensa nacional, han intentado encorsetar al presidente para evitar que realice cambios. Todos los medios de prensa nacionales funcionan como voceros de la oposición y cada nota periodística es una editorial contra el gobierno, algunas veces con un claro llamado a terminar, por la vía parlamentaria, con el mandato de Lugo.
Ricardo Daher / ADITAL

El pasado sábado, Fernando Lugo cumplió un año al frente del gobierno de Paraguay haciendo un llamado para profundizar la democracia y hacerla más participativa. Un día antes, la mayoría de los partidos políticos representados en el Congreso firmaron una "declaración demócratica" en la que reiteraban que la única democracia posible es la "democracia representativa" descartando la posibilidad de consultar a la población mediante plebiscitos como en alguna ocasión planteó el presidente Lugo. La similitud con el caso hondureño no pasó desapercibida, y el mandatario paraguayo debió declarar que no iba a ser desplazado de su cargo como hicieron con Manuel Zelaya.
Más allá de los magros resultados de un año de un gobierno del que se esperaba mucho, los partidos tradicionales, y casi toda la prensa nacional, han intentado encorsetar al presidente para evitar que realice cambios. Todos los medios de prensa nacionales funcionan como voceros de la oposición y cada nota periodística es una editorial contra el gobierno, algunas veces con un claro llamado a terminar, por la vía parlamentaria, con el mandato de Lugo.
El presidente Fernando Lugo no cuenta con apoyo parlamentario. Sólo tiene tres senadores en un total de 48, y apenas dos diputados en un total de 80. El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) del vicepresidente Federico Franco, que tenía la mayor bancada del gobierno (14 senadores y 29 diputados), rompió con la coalición Alianza Patriótica para el Cambio, y se acercó en el parlamento, a UNACE, una escisión del Partido Colorado, liderado por el ex general golpista, Lino Oviedo.
Las presiones para que Lugo renuncie y no culmine su mandato, provienen de todos los campos, y hasta el encuestador Enrique Chase, autor de un último sondeo que le atribuyó al mandatario una popularidad del 40%, adelanta el fin anticipado del gobierno. "La percepción de la gente es que no terminará su mandato", remarcó el encuestador. Mientras, el vicepresidente, Franco, subraya en cada oportunidad, que "estoy preparado para gobernar".
Tras la reciente jugada de la declaración democrática, que el presidente Fernando Lugo no respaldó, el presidente del Congreso, Miguel Carrizosa, acusó al mandatario de ponerse al margen de la Constitución, y sostuvo que "debería renunciar". El también influyente líder de Unace, Lino Oviedo, también dijo que el presidente actuaba de "manera inconstitucional" al no firmar el documento, y no descartó iniciar movilizaciones contra el gobierno. Otros dirigentes políticos no descartan promover en el futuro inmediato un juicio político al presidente en el parlamento -controlado por la oposición- después de haber descartado esa opción cuando los escándalos políticos por la paternidad no reconocida del presidente.
Democracia es solo votar cada cinco años
En el pasado mes de julio, desde el Congreso se comenzó a manejar el concepto de impulsar "una agenda país" por la cual el poder Ejecutivo y el Legislativo se pusieran de acuerdo en temas comunes. El principal impulsor de la iniciativa, el presidente del Congreso, Miguel Carrizosa, del minoritario Partido Patria Querida (PPQ), le ofrecía un cuestionado apoyo parlamentario para ciertos temas. En declaraciones a la prensa mencionó la seguridad, el desarrollo, la defensa de la propiedad privada y el compromiso de respeto de la democracia.
La primera iniciativa concreta de esa agenda, fue la presentación del documento de "compromiso democrático". El presidente Lugo, carente de respaldo parlamentario, inició la negociación con el parlamento, y contrapuso su propia declaración de compromiso democrático. Pero estaba visto que el documento presentado por el congresista, además de reiterar conceptos ya incluidos en la Constitución del país, y por lo tanto redundantes, tenía una pequeña trampa: hacer que el presidente renunciara a toda iniciativa de consulta popular.
La exigencia se parecía demasiado al planteo del Congreso de Honduras con el que se justificó el golpe de Estado en ese país. El presidente Zelaya había convocado a una consulta no vinculante a la ciudadanía, y eso sirvió para que los golpistas lo desplazaran del poder. La iniciativa planteada por Carrizosa deja bien claro que la participación ciudadana en la democracia se limita al sufragio, y que serán después las autoridades de los partidos y sus representantes en el parlamento, los que tomen las decisiones.
En su contradocumento, el Ejecutivo reclamó la exigencia de que ambos poderes fortalezcan los canales políticos y sociales de participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones. Con ese planteo, Lugo estaba siendo fiel a lo expresado tanto en la campaña electoral que lo llevó al poder, como después de haber asumido la presidencia, es decir, que la participación ciudadana no se limita al solo hecho de votar.
Aunque la Constitución admite la posibilidad de la consulta popular, el acordar un documento en que los partidos representados en el parlamento y el presidente de la república se comprometían a sostener sólo la democracia representativa, estaba limitando al presidente a recurrir al mecanismo de la consulta popular. El proyecto de Carrizosa, aprobado por todos los partidos de la oposición, dice que los partidos políticos son los canales adecuados para la participación política, para la representación ciudadana y para la conciliación de los intereses nacionales.
La soberanía está en el pueblo
Cuando era evidente que con el documento sólo buscaban comprometer a Lugo para que abandonara toda intención de consulta popular o democracia participativa, el mandatario anunció en una carta al presidente del Congreso que no iba a acompañar con su firma. "El contenido del documento propuesto no condice con nuestra mirada esencial del concepto democrático que no se debe basar solamente en la representatividad como medio y fin sino en el ideal de la participación de la ciudadanía como protagonista y beneficiaria de un compromiso democrático".
"La democracia representativa, participativa y pluralista es un principio constitucional. Es absolutamente cierto que el artículo tres de la Constitución Nacional dice que el pueblo ejerce el poder público por medio del voto, pero no podemos olvidar que el artículo dos dice que el pueblo es quien ejerce la soberanía. El voto no es el fin de la democracia, es el principio".
Lugo argumentó que "diferencias conceptuales y de fondo hacen que hoy replanteemos este propósito anteponiendo prioritariamente el debate del contenido de la democracia que queremos y a la participación ciudadana en la reformulación de dichos contenidos, de cara al pueblo y con estricta obediencia al mandato del 20 de abril", añadió.
Lugo también ratificó "con firmeza" su compromiso de respetar el pluralismo político e ideológico, y llamó a "hacer realidad la democracia", no solo con discursos sino con acciones de inclusión social y participación ciudadana. Señaló que su compromiso es "hacer que la democracia sirva, que haya pan, trabajo y libertad".
Finalmente el documento fue firmado el pasado viernes por los titulares de los partidos políticos: Pedro Fadul (PPQ), Lilian Samaniego (ANR, Colorado), Lino Oviedo (Unace), Gustavo Cardozo (PLRA) y los presidentes de ambas cámaras del Congreso: Miguel Carrizosa y Enrique Salyn Buzarquis, además de los líderes y vicelíderes de bancadas, y del vicepresidente de la república, Federico Franco, en carácter de "testigo". En momentos en que se llevaba a cabo el acto oficial, el jefe de Estado se reunía con indígenas, que estaban participando del Segundo Congreso de Educación para nativos que se lleva a cabo en Chaco’í.
Ahora que renuncie
Tras la firma del documento, los principales voceros de la clase política comenzaron a reclamar la renuncia del presidente, abriendo el camino para acciones futuras. "Si no le gusta y no está de acuerdo, debería renunciar, porque ésta es la democracia que lo llevó a la presidencia", respondió dijo Miguel Carrizosa, presidente del Congreso gracias a los votos de Unace del senador y ex general, Lino Oviedo. Carrizosa emplazó al presidente a decidir sobre el estilo de democracia a seguir, "movernos al estilo Chávez o basados en la necesidad y realidad de la gente". "Si él quiere basar su gobierno en el populismo que sólo genera el atraso, es problema suyo".
El vicepresidente de la república también se sumó al campo opositor. "El partido no va a acompañar ningún proceso que pretenda salir de la democracia y la democracia representativa", aseguró Federico Franco. "Como vicepresidente pretendo convertirme en una bisagra. Voy a hacer un trabajo duro por la democracia. Me van a encontrar al lado de los demócratas de mi país", sentenció. Además añadió que si él fuera el jefe de Estado, no se perdonaría ausentarse a una cita con la democracia como fue la firma del documento.
El titular del partido Patria Querida, Pedro Fadul, dijo que Lugo quiere "solapar al autoritarismo, al no querer aceptar lo que dice textualmente la Constitución Nacional". Señaló que si el presidente de la República no quiere la democracia tal cual dice la Carta Magna, entonces "está planeando lo que hace Hugo Chávez en Venezuela".
Asimismo, Lino Oviedo acusó al presidente de actuar de manera inconstitucional al no refrendar el Compromiso Democrático. Al ser consultado sobre si es probable que organicen movilizaciones contra el gobierno, el general retirado señaló que eso no se puede descartar. En tanto, uno de sus senadores, Enrique González Quintana dijo que Lugo "no sólo se quitó su sotana, también se quitó su máscara para mostrarnos dónde está". "Nosotros no estamos en el mismo camino de Lugo, al parecer no nos vamos a entender nunca", y añadió, "nosotros decidimos seguir el camino de la Constitución y el presidente no quiere andar por ese camino".
En tanto, el periodista Carlos Peralta llamó indirectamente desde el diario La Nación, a promover el juicio político al presidente de la república. Su nota sobre la firma del "Compromiso democrático" es un claro ejemplo de los medios de comunicación jugando de voceros del establishment.
"El presidente usó esta democracia informal, esta democracia de maquillaje, como le gusta decir, para llegar al poder. Usó a un partido centenario, tradicional, como el Liberal Radical Auténtico para que le aporte su estructura, sus votos, sus recursos, su gente. No sintió molestia porque los burgueses aportaban para su campaña y no arrugó la nariz para recibir el dinero proveniente de la clase alta, adinerada, ni de los empresarios agro exportadores o industriales".
"Hizo lo mismo que hicieron en su momento, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua o Manuel Zelaya en Honduras hasta que fue echado por los militares de su país".
"Apenas se asientan en el poder muestran sus reales intenciones. Se rodean de gente violenta, a los que otorgan privilegios que pocos tienen en sus países y son los encargados de alinear a los rebeldes que creen que a través de las instituciones democráticas pueden conseguir sus propósitos".
"Nadie piensa en el juicio político por ahora, pero los vientos que soplan en el Parlamento no le son precisamente favorables" concluyó el "periodista" en un solapado llamado a emplear el juicio político para destituir a Lugo.
Composición del Congreso Paraguayo
Camara de Diputados
Asociación Nacional Republicana Partido Colorado - ANR (30)
Partido Liberal Radical Autentico - PLRA (29)
Partido Patria Querida - PPQ (4)
Partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos - PUNACE (15)
Partido Democrático Progresista - PDP (1)
Movimiento Popular Tekojoja - MPT (1)
Cantidad de Diputados: 80
Cámara de Senadores
ANR 15 senadores
PLRA 14 senadores
PPQ 4 senadores
Unace 9 senadores
MPT (Teko Joja) 1 senador
PPS 1 senador*
PDP 1 senador*
(*Los ex presidentes Nicanor Duarte y Juan Carlos Wasmosy)
Total : 48

¿Una Silva sucesora de un Silva?

¿Quién es la persona con carisma, con base popular, ligada a los fundamentos del PT y que se ha hecho icono de la causa ecológica? Es una mujer, siringueira, de la Iglesia de la liberación, amazónica. Ella también es una Silva, como Lula. Su nombre es Marina Osmarina Silva.
Leonardo Boff / ALAI
(En la fotografía, Marina Silva, dirigente del PT).
No estoy ligado a ningún partido político, pues para mí, partido es parte. Como intelectual me intereso por el todo, aunque, de hecho, sepa lo que pasa con la parte. Tal posición me da libertad de poder emitir opiniones personales y sin compromiso con los partidos.
Anticipadamente se lanzó la cuestión: ¿quién será el sucesor del carismático presidente Luiz Inácio Lula da Silva?
De antemano afirmo que la elección de Lula ha sido una conquista del pueblo brasileño, principalmente de aquellos que siempre estuvieron situados al margen del poder. Lula introdujo una ruptura histórica como nuevo sujeto político, y eso parece ser irreversible, pero no consiguió escapar a la lógica macroeconómica que privilegia el capital y mantiene la base que permite la acumulación de las clases opulentas. Introdujo la transición de un Estado privatista y neoliberal, a un gobierno republicano y social que da centralidad a la cosa pública (res publica), lo que ha beneficiado a varios millones de personas. La primera tarea de un gobernante es cuidar de la vida de su pueblo, y eso Lula siempre lo ha hecho sin traicionar nunca sus orígenes de superviviente de la gran tribulación brasilera.
Después de ocho años de gobierno, se lanza la pregunta que seguramente interesa a la ciudadanía y no sólo al PT: ¿quién será su sucesor? Para responder a esta pregunta, necesitamos tomar altura y darnos cuenta de los cambios ocurridos en Brasil y en el mundo. En ocho años muchas cosas han cambiado. El PT ha sido sometido a duras pruebas, y hay que reconocer que no siempre ha estado a la altura del momento y de las bases que lo sostienen. Todavía estamos esperando una vigorosa autocrítica interna a propósito de la presumible compra de votos de diputados conocida con el nombre de «mensalão». Los ciudadanos no perdonamos esta falta de transparencia y de coraje cívico y ético.
El PT se ha vuelto en buena parte un partido electorero, interesado en ganar elecciones a todos los niveles. Para eso se obligó a hacer coaliciones muy cuestionables, en algunos casos, con la parte peor de los partidos, en nombre de una gobernabilidad que frecuentemente se puso por encima de la ética y de los propósitos fundacionales del PT.
Hay una ilusión que el PT debe romper: la de imaginarse a sí mismo como la realización del sueño y de la utopía del pueblo brasilero. Seria rebajar al pueblo, pues este no se contenta con pequeños sueños y utopías de horizonte tacaño. Yo que, en función de mi trabajo, circulo por las bases de la sociedad, veo ya no se discute sobre «qué Brasil queremos», discusión que animó durante decenios el imaginario popular. Ha habido una despolitización innegable, por el hecho de que el PT ha ocupado el poder. Hizo lo que pudo cuando podía haber hecho más, especialmente en lo que se refiere a la reforma agraria y a la inclusión estratégica (y no meramente puntual) de la ecología.
Por lo tanto, el sucesor no se puede contentar con hacer «más de lo mismo». Hay que introducir cambios. Y el gran cambio en la realidad y en la conciencia de la humanidad es el hecho de que la Tierra ya ha cambiado. La rueda del calentamiento planetario ya no puede pararse; sólo se puede retrasar en su velocidad. Desde el 23 de septiembre de 2008 sabemos que la Tierra como conjunto de ecosistemas con sus recursos y servicios es ya insostenible, porque el consumo humano, especialmente el de los ricos que derrochan, ya ha sobrepasado en un 40% su capacidad de reposición.
Esta coyuntura, si no se toma en serio, puede llevarnos en los próximos decenios a una tragedia ecológico-humanitaria de proporciones inimaginables, e incluso -allá por el final del siglo- hasta a la desaparición de la especie humana. Hay que reconocer que el PT no incorporó la dimensión ecológica en el corazón de su proyecto político. Y Brasil será decisivo para el equilibrio del planeta y para el futuro de la vida.
¿Quién es la persona con carisma, con base popular, ligada a los fundamentos del PT y que se ha hecho icono de la causa ecológica? Es una mujer, siringueira, de la Iglesia de la liberación, amazónica. Ella también es una Silva, como Lula. Su nombre es Marina Osmarina Silva.
- Leonardo Boff, teólogo, es autor del libro Que Brasil queremos? Vozes 2000.

América Latina, del imperialismo histórico al imperialismo permanente

La realidad ha cambiado sustancialmente en cuestión de veinte años. Pero el sistema capitalista, y sus ideólogos, siguen creyendo que sus viejas soluciones son todavía posibles. Por eso es decisivo volver a las propuestas de los clásicos, en asuntos tan verdaderos y fundamentales como el del imperialismo.
Rodrigo Quesada Monge / rcci.net/globalizacion
Pienso, como muchos otros autores y estudiosos de estos temas, que ha llegado el momento de hacer un balance crítico general sobre los aciertos de la teoría del imperialismo, y de su utilidad verdadera para la nueva realidad que enfrentan nuestros pueblos en América Latina. El mundo ha entrado en una etapa del desarrollo capitalista, en la cual, no sólo resulta ridículo afirmar el fin de la historia, sino que incluso el triunfalismo de la burguesía mundial, y de la latinoamericana en particular, denota una ceguera inicial, después de la caída del socialismo real, a todas luces irresponsable e irracional.
Nunca antes como ahora, el sistema capitalista había dado muestras tan contudentes de su desorden estructural, lo que resulta paradójico a la luz del despegue producido por la vía libre que había dejado el desplome histórico del socialismo. La orgía financiera que esta situación detonó, enervó los mecanismos sociales y políticos mediante los cuales, cada cierto tiempo, el sistema buscaba equilibrarse a sí mismo; pero en esta ocasión los grupos dominantes del capitalismo central, se hallaron con la situación de que muchas de las herramientas analíticas utilizadas en el pasado no funcionaban con la misma efectividad en el presente. Es curioso cómo los economistas burgueses han olvidado una parte importante de su propia batería teórica sobre las crisis y cómo solventarlas, aunque no prevenirlas. La algarabía por la desaparición del socialismo histórico ha sido tal que no se han percatado de las proporciones que tiene la crisis capitalista en el presente, y que amenaza con traerse al suelo todo el carnaval que han montado desde 1991. El problema está en que el colapso del capitalismo central, en las nuevas condiciones de mundialización, imposibilita que los capitalismos de la periferia escamoteen la crisis, y como siempre, es aquí donde el impacto es mayor, no tanto en términos técnicos, sino esencialmente humano. Es ahora, en el momento en que el capitalismo parecía proclamar su triunfo histórico definitivo, cuando la situación en Asia, África y América Latina se ha tornado insostenible para los más pobres. Las hambrunas, las pandemias, el tráfico internacional de trabajo esclavo de los niños y de las mujeres, el juego vergonzosamente usurario con las aguas en países como Etiopía, el narco-imperialismo y otras lacras del sistema se exacerbaron durante las últimas dos décadas, de una forma tan penosa, que cualquiera podría pensar en un retroceso denigrante hacia los peores momentos de la vieja revolución industrial inglesa, aquella tan magistralmente descrita por Charles Dickens en la Inglaterra del siglo XIX.
Para la intelectualidad anti-capitalista nada de esto es nuevo. Son asuntos que de una u otra forma, hombres y mujeres como Marx, Lenin, Trotsky, Luxemburgo, Bakunin, Kropotkin, Boockchin, Chomsky, Amin y otros describieron y analizaron por años. Retomar esta cuestión es urgente, puesto que la revitalización de la misma- en realidad aquí no hablamos de actualización- nos permitirá redescubrir que los viejos problemas del capitalismo siguen con nosotros, sólo que ahora sufrimos el desamparo de no contar con los contra pesos, lentos y torpes pero bien intencionados, del socialismo real.
Pero no es con buenas intenciones como se hará la revolución en América Latina. Menos hoy, cuando se piensa que la proposición de “hacer la revolución” pertenece a épocas nostálgicas y melancólicas carentes de toda lógica social y política. La burguesía constantemente hace lo mismo, sueña también con aquellos capítulos de su propia historia en que la explotación de los trabajadores era ilimitada, la jornada laboral era de dieciséis horas diarias, el trabajo de las mujeres y los niños no estaba reglamentado y otras reliquias socio-económicas similares la hacían feliz y sentirse dueña del planeta, como en realidad sucedía. La llegada del socialismo detuvo estos desmanes al menos por algunos años, pero es a partir de ahí que la burguesía hace también ideología. De tal manera que es absurdo que se acuse de nostálgicos a los revolucionarios de nuestros días, cuando ellos, los burgueses, tienen siglos de estar soñando en algo, que hoy, cada vez se parece más a la realidad, su idea de un mercado perfecto, mecánico y totalmente liberado de impurezas estatales o de intervenciones externas. Aquí la cuestión se zanja, como dirían los clásicos del marxismo, dilucidando históricamente cuál es más válida, en términos humanos y de civilización: ¿su moral o la nuestra?
La realidad ha cambiado sustancialmente en cuestión de veinte años. Pero el sistema capitalista, y sus ideólogos, siguen creyendo que sus viejas soluciones son todavía posibles. Por eso es decisivo volver a las propuestas de los clásicos, en asuntos tan verdaderos y fundamentales como el del imperialismo. A pesar de que algunos intelectuales de izquierda del pasado, hoy travestis de la política en favor de sus antiguos enemigos, nos quieran hacer creer que estos temas han perdido su vigencia.
Pero la discusión de nuevo cuño sobre la teoría del imperialismo deberá darse sobre el plano de los cambios que se han operado en ese objeto, aparentemente abstracto y elusivo, que es la realidad económica, social y política del presente, con toda su fragmentación, su profunda deshumanización, y su vocación de cataclismo.
Por lo tanto, con este ensayo, pensamos hacer una contribución, modesta y sucinta, pero no menos seria, sobre la utilidad de la teoría del imperialismo para la mejor comprensión de nuestros asuntos más apremiantes, sin perder de vista la perspectiva latinoamericanista fundamental que debe predominar en este tipo de análisis. Leer más...

La integración regional como vía para alcanzar la autonomía

Se ha abierto un proceso que apunta hacia la autonomía política y económica de la región latinoamericana y caribeña, debido a las luchas de los movimientos sociales y la activación de las sociedades civiles, la renovación de las elites políticas partidarias y la constitución de un ciclo político de gobiernos de izquierda moderada.
Alberto Rocha Valencia / ALAI
América Latina y el Caribe (ALC), desde los años sesenta, es una región en proceso de formación y, ahora, desde inicios de los años 2000 es una región en proceso de autonomización. El progreso en el proceso de integración regional, sobre todo desde el año 2000, ha puesto por delante la promoción del proceso de autonomización de ALC. Esto es, cuando se plantea en serio la integración de la región, como modo de alcanzar el desarrollo económico-social y la unidad, ésta tiende a desplegarse, configurarse y posicionarse en el mundo.
En la actualidad, la integración regional se nos presenta como la vía para alcanzar la autonomía de la región. Ahora bien, esta realidad regional se encuentra atravesada por dos procesos opuestos y en disputa, se trata del ciclo político neoliberal y el del ciclo político de izquierda moderada; el primero cuenta con más de 30 años y declina y el segundo con solo 10 años emerge y se emplaza.
El ciclo político de izquierda moderada se hizo manifiesto desde el arribo al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela en 1998, seguido por la instalación de otros gobiernos semejantes en numerosos países de la región, hasta el triunfo de Mauricio Funes en El Salvador en 2009. Así, este proceso trajo como consecuencia el retroceso de los gobiernos neoliberales en toda la región, aunque todavía permanece un “núcleo duro” neoliberal formado por los gobiernos actuales de México, Colombia y Perú. Además, en la confrontación entre las fuerzas políticas neoliberales y las fuerzas políticas de izquierda moderada se encuentra una contradicción de fondo: neolatinoamericanismo vs neopanamericanismo, en donde las ideas regionalistas y autonomistas (integración regional alternativa y autónoma) se contraponen a las ideas continentalistas (integración continental neoliberal y heterónoma).
Este es un momento histórico extraordinario, pues lo que está en curso es un proceso inédito de reinvención regional que busca alcanzar la unidad y autonomía de la región latinoamericana-caribeña.
Ahora bien, el momento histórico que experimenta la región fue favorecido por un contexto mundial donde se ha dado el encadenamiento de varios procesos internacionales. En primer lugar situaremos la crisis del neoliberalismo y del Consenso de Washington, así como del neopanamericanismo multilateral (versión ALCA) y del Consenso de las Cumbres de las Américas. Esto implicó que se rompieran las dos ataduras (la ideológico-política-económica y la geopolítica-geoeconómica) que mantuvieron la dependencia de la región con los EE.UU., con toda nitidez, desde los años setenta (la primera) y desde los años noventa (la segunda) del Siglo pasado.
En segundo lugar, el alejamiento de los EE.UU. de la región, debido a la dedicación del gobierno de George W. Bush a las guerras de Afganistán y de Irak, seguido de su posicionamiento en el Medio Oriente y el despliegue militar contra Al Qaeda.
En tercer lugar, el declive de los EE. UU. en tanto superpotencia económica mundial y su coexistencia con los otros polos económicos mundiales tradicionales como Alemania, Francia y Japón, y también con los nuevos polos económicos emergentes como China, India, Rusia, Brasil y Sudáfrica. Una situación de multipolaridad económica que favorece el inicio de nuevas relaciones geoeconómicas (y geopolíticas) de la región con China, Rusia, Irán y Francia, por ejemplo.
En cuarto lugar, el estancamiento de la globalización económico-comercial, debido a la imposibilidad de un consenso en la Ronda de Doha de la OMC. A la cual se añade la crisis económico-financiera global, que se generó en los EE.UU. y se extendió a todo el mundo.
En quinto lugar, tenemos el arribo al gobierno de los EE.UU. del demócrata Barack H. Obama, quien ha comenzado por modificar el modelo de desarrollo económico neoliberal y relativamente la política exterior para ALC. En este contexto ALC logra tomar distancia de los EE.UU. y también logra aflojar las viejas ataduras del sistema mundo moderno-colonial. ¿Es esta una situación histórica propicia para la región latinoamericana-caribeña? Leer más...

sábado, 15 de agosto de 2009

Cultura y educación

El 14 de agosto recién pasado, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó la nueva Ley Orgánica de Educación. Forma parte de todas las medidas (económicas, sociales, políticas) que se avanzan en ese país para ir consolidando un nuevo tipo de nación, más incluyente, más participativa, más vinculada a lo propio, esta vez ya no de forma esquizofrénica. Es un nuevo proyecto civilizatorio que necesita una nueva cultura.
Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA/Costa Rica
(Fotografía: la Asamblea Nacional de Venezuela, durante el debate de aprobación de la nueva Ley Orgánica de Educación)

La educación ha jugado un papel muy importante en la conformación de las identidades colectivas en América Latina. Véase, por ejemplo, su papel central en la construcción de las identidades nacionales en la segunda mitad del siglo XIX. El proyecto civilizatorio liberal, instrumentalizado por los intelectuales positivistas, estructuró desde la escuela una forma de ver y estar en el mundo, a la vez que configuró un universo simbólico que le otorgó sentido a los nacientes estados nacionales, en buena medida “inventados” a partir de los restos del naufragio de la administración colonial.

El proyecto liberal positivista de nación decimonónico tuvo un carácter esquizofrénico, escindido. Por un lado, siendo portador de una mentalidad colonial, fue siempre admirador e imitador del “centro”, es decir, de la metrópoli. Esta fue, primero, España, y más concretamente Madrid; luego, Inglaterra, Londres. Más tarde Francia, específicamente París. Las elites latinoamericanas querían “ser como”. Durante el período colonial, los criollos no querían ser españoles de segunda y peleaban porque se les reconociera su españolidad. Luego, transformados en oligarcas terratenientes republicanos, rechazaban el modelo español (del cual se habían separado en la independencia) pero querían ser franceses. La moda, la arquitectura, las ciudades, las lecturas provenían e imitaban París. “¡Oh la-la!” decían las señoras y las señoritas cuando querían mostrar asombro. Una palabra o una frase en ese idioma, dichas al vuelo en una conversación, eran de buen tono.

Pero, por otra parte, el proyecto económico-político que impulsaban necesitaba ser legitimado frente a los más amplios sectores de la población, aquellos cuyos referentes estaban aquí, en nuestras tierras. Se buscaron, entonces, esos referentes, y se les elevó al rango de héroes y mitos fundantes de la Patria (lógicamente, con mayúscula). Nacieron así los modelos arquetípicos que sintetizaban “lo que todos eran”. La literatura y el arte se dedicaron a darle carne y figura a tales referentes, elevando ciertas imágenes, ciertos personajes y ciertas tradiciones al rango de representativas de la argentinidad, la mexicanidad o la chilenidad. Claro que esto en detrimento del opacamiento de otras figuras o historias que no se correspondían con el proyecto vigente.

Esquizofrénico el proceso porque se construyeron nuestras identidades nacionales siguiendo modelos foráneos pero tratando de vincularse a lo propio.

La escuela jugó un papel de primer orden en la difusión de ese imaginario. A través suyo se estandarizaron las sensibilidades y se construyeron lealtades a ese constructo contradictorio que se llamó la nación en América Latina.

Como se sabe, la fuerza y vigencia de tal construcción simbólica llega hasta nuestros días. Pero ya no las tiene todas consigo, los tiempos han cambiado. En tiempos de globalización los estados nacionales ven restringidas algunas de las funciones que antes cumplían; las fronteras se vuelven porosas; la conexión con los modelos del centro se extienden a los más amplios sectores de la población. Por eso, en alguna medida, los proyectos nacionales entran en un período de refuncionalización o de reconstrucción. Se transforma, lentamente, en otra cosa.

En estas circunstancias, la educación, la escuela, sigue jugando un papel muy importante, pero debe compartir tal sitial con otros agentes. Los medios de comunicación son uno de ellos, especialmente la televisión. Es decir, que en el proceso de socialización participan ahora otros actores que vehiculan contenidos, imaginarios, símbolos, imágenes, que escapan a las posibilidades de control de aquellos que controlan el aparato escolar nacional.

El Estado nación, sin embargo, no ha terminado de jugar un papel en nuestra época. En América Latina, específicamente, en algunos casos se ha transformado en un instrumento de resistencia ante el modelo hegemónico internacional, y de construcción de alternativas a él. Es el caso de Cuba, de Venezuela, de Bolivia y de Ecuador, solo para mencionar algunos ejemplos.

En estos países se trata de impulsar nuevos modelos que partan de tomar en cuenta las necesidades propias, nacionales. Es una búsqueda que implica refundar la nación en función de nuevos valores, esta vez coincidentes con los intereses de otros grupos sociales, distintos a los de los sectores dominantes que, con mentalidad colonial, construyeron las identidades decimonónicas. Para ello, se necesita vincular a la educación y a los medios de comunicación, como agente centrales en la conformación de las identidades sociales contemporáneas, con lo propio. Estrictu sensu: vincularlas con la propia cultura, es decir, con lo que son.

Como la nación decimonónica, refuncionalizada en la era de la globalización, y sus valores, su cultura, continúa siendo dominante, entonces estos proyectos refundacionales se encuentran con mucha resistencia: el sentido común ha sido construido desde ese dominante, y los nuevos proyectos parecen aberrantes, patas arriba.

Pero no se podrá construir una sociedad nueva, que parta de los intereses y necesidades de las mayorías, de su visión de mundo, de su cultura, si no se estructura una educación, una escuela nueva; si no se toman en cuenta los contenidos que se vehiculan a través de los medios de comunicación, especialmente la televisión.

El 14 de agosto recién pasado, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó la nueva Ley Orgánica de Educación. Forma parte de todas las medidas (económicas, sociales, políticas) que se avanzan en ese país para ir consolidando un nuevo tipo de nación, más incluyente, más participativa, más vinculada a lo propio, esta vez ya no de forma esquizofrénica. Es un nuevo proyecto civilizatorio que necesita una nueva cultura.

Se construye una nueva identidad.

La guerra mediática en América Latina

No perder de vista esta nueva dimensión de la lucha política, a saber, "la guerra mediática" o el "terrorismo mediático", es una condición necesaria para comprender la naturaleza y tendencias de muchos de los conflictos y disputas -culturales e ideológicas- que se desarrollan hoy en América Latina.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Recientemente, el Grupo Nación S.A. de Costa Rica, a través de su diario insignia La Nación, lanzó una furiosa diatriba –una vez más- contra la Revolución Bolivariana y el gobierno del presidente Hugo Chávez, por lo que consideran un tratamiento lesivo que se da a los medios de comunicación “independientes” en Venezuela. Pero esta vez incluyó una variante. En su editorial del 11 de agosto, entre los ya oficiosos y recurrentes argumentos de las derechas latinoamericanas, La Nación dio cátedra de ciencia política cuando sentenció que “la democracia es mucho más que el voto y solo brilla a plenitud cuando se preocupa por la protección de las minorías”.
Por supuesto, se trata de una definición de la democracia manejada a conveniencia, pues los editorialistas de ese diario no la aplican por igual para juzgar y “formar opinión pública”, por ejemplo, sobre al golpe de Estado contra el presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya: desde el día 28 de junio, cuando se rompió el orden constitucional, ese grupo de empresarios del periodismo no ha dedicado uno solo de sus editoriales a condenar y atacar -con la misma virulencia con la que se refiere a los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua o Cuba- la brutal represión contra el pueblo hondureño, los asesinatos y las numerosas violaciones a los derechos humanos cometidas por los golpistas que lidera Roberto Micheletti, y que han sido documentadas por organizaciones no gubernamentales, la comisión especial de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Relatoría de Libertad de Expresión de la ONU.
Este peculiar concepto de la democracia, usado a conveniencia, también se aplica a lo que ocurre, por mencionar otro ejemplo, en el para-estado colombiano. La Nación guarda silencio absoluto sobre el secuestro del Dr. Miguel Ángel Beltrán en México y su traslado ilegal a Bogotá, y ni siquiera chista por la persecución de estudiantes, intelectuales, dirigentes sindicales y activistas de la sociedad civil en Colombia: minorías indefensas frente al poder político, judicial y mediático concentrado en la figura de Álvaro Uribe, y los factores nacionales y extranjeros que lo sostienen en el Palacio de Nariño.
El problema no solo es que un medio –La Nación o cualquier otro- omita, deliberadamente, informar a sus lectores sobre estos hechos, sino que lo haga con evidentes objetivos políticos, mientras se viste con el disfraz de la defensa de la libertad de expresión y la democracia. Aquí, el silencio del medio deja de ser simple expresión de su ideología e intereses específicos (realidad con la que debemos lidiar en democracia), para adoptar la forma de una abierta manipulación de la opinión pública por la vía de la desinformación.
Esta situación a la que nos referimos, se presenta en Costa Rica y en toda la región latinoamericana. En un reportaje publicado a finales del 2002 por Le Monde Diplomatique, el periodista Luis Bilbao analizó el papel de los más poderosos diarios, televisoras y radioemisoras venezolanas en el golpe de Estado cometido contra el presidente Chávez, en abril de ese año, y concluyó que “los medios de comunicación en Venezuela dejaron de reflejar e interpretar los acontecimientos para pasar a diseñarlos según su voluntad, imponerlos como realidad virtual y luego conducirlos. La osada operación ha fallado. Pero deja hondas y peligrosas heridas en la sociedad venezolana e inaugura una fase singular de la lucha política, más allá de aquel país y del presidente Hugo Chávez”.
No perder de vista esta nueva dimensión de la lucha política, a saber, la guerra mediática o el terrorismo mediático, es una condición necesaria para comprender la naturaleza y tendencias de muchos de los conflictos y disputas -culturales e ideológicas- que se desarrollan hoy en América Latina.
En el contexto de la globalización neoliberal, los medios de comunicación hegemónicos constituyen uno de los principales “aparatos” de producción de consenso y de reproducción del “sentido común” dominante y de la cultura de masas. Ahora, además, ante el fracaso y la deriva de muchos de los anquilosados partidos políticos latinoamericanos (devenidos en maquinarias electorales y “feudales”), se han convertido en bastiones de la oposición a los procesos de cambio social, político y cultural.
Conglomerados como Televisa, de México; O’ Globo, de Brasil; Clarín, de Argentina; el Grupo Cisneros, de Venezuela; la Casa Editorial El Tiempo, de Colombia; y hasta el español Grupo Prisa, son algunos de los principales portaestandartes de la contraofensiva de la derecha. Sus “contenidos informativos independientes” inundan los noticiarios, revistas, diarios, programas televisivos y radiofónicos de sus empresas de comunicación aliadas (satélites) en nuestros países.
Se trata de un fenómeno que profundiza rasgos históricos del desarrollo de la comunicación social, y particularmente del espacio audiovisual, en América Latina, que desde mediados del siglo XX se fue configurando como una estructura oligopólica, asociada al capital extranjero e íntimamente ligada al sistema político (incluso bajo las dictaduras militares), pero que no era representativa de la población, ni expresaba las aspiraciones más profundas y la diversidad cultural de nuestros pueblos. Como bien lo dijo una vez Jesús Martín Barbero, destacado teórico de la comunicación, estos grupos económicos pretendían –y pretenden- “hacer soñar a los pobres el mismo sueño de los ricos”.
Oligarquías decimonónicas, racistas y antidemocráticas; banqueros, financistas, cámaras patronales y empresas transnacionales que aguardan la oportunidad de dar el zarpazo a los recursos naturales de la región; y junto a ellos, una infaltable constelación de figuras de eso que Atilio Borón llama la intelectualidad bienpensante, se acuerpan tras los grandes medios de comunicación y sus modernos sistemas tecnológicos de difusión electrónica, televisiva, radial e impresa.
Una pantagruélica maquinaria que se alimenta de inmensas cantidades de dinero provenientes del jugoso pastel de la publicidad (los negocios que sirven para hacer más negocios) y, especialmente, del miedo: miedo de los opresores que ven levantarse a los oprimidos de ayer, reclamando el derecho de construir su destino; y miedo de los dueños de todo, frente a los olvidados y excluidos de siempre, dueños de nada, que con sus luchas van haciendo cada vez más fuerte aquella gran humanidad que ha dicho: ¡basta!, y que ahora marcha por nuestra América.

Costa Rica: ¿Qué es democracia?

Una nueva concepción de democracia ha emergido de la praxis social en Costa Rica. No es un producto intelectual sino un proceso dinámico de la realidad. Posee verdadero potencial revolucionario. Pero desatar ese potencial requiere satisfacer un paso previo: lograr cuajar como proyecto político articulado y orgánico.
Luis Paulino Vargas Solís * / ARGENPRESS.info
Sin mayor dilación admitamos de entrada que el concepto es polisémico. Depende de quién lo enuncie y en qué momento histórico, así su significado varía. De la antigüedad griega a Locke y Montesquieu, a Lenín y Trotsky o, si usted quiere bajar a lo más fétido del albañal, a Micheletti, Vargas Llosa y Julio Rodríguez [editorialista del diario La Nación].
O sea, mejor nos ahorramos disquisiciones en abstracto. La democracia no es una esencia inmutable; no es una idea platónica que miramos reflejarse en el fondo de la caverna. La democracia es una construcción histórica. Y justo por ello adquiere tan diversos significados; porque dependiendo de los grupos sociales de donde provenga la respuesta, de la ubicación de esos grupos en la estructura social y del momento histórico correspondiente, así tenderá a ser el significado que se le atribuye.
En nuestra realidad histórica cercana –la de la Costa Rica de los últimos 55 a 60 años- hemos visto configurarse al menos tres respuestas. Cronológicamente la primera es la del Partido Liberación en su etapa socialdemócrata (años cincuenta hasta inicios de los ochentas del siglo XX). Sus rasgos básicos:
- el respeto por las formalidades legales e institucionales de la democracia electoral;
- la acción estatal intervencionista, orientada según objetivos desarrollistas y de consolidación de la seguridad social pero aplicada de forma vertical, de arriba abajo;
- en concordancia con lo anterior, el asistencialismo clientelar y la cooptación de las organizaciones ciudadanas, lo que consolidaba el verticalismo en la gestión de los asuntos públicos, la desmovilización del pueblo y el adormecimiento de su conciencia política;
- el deslizamiento progresivo –que se afirma claramente en los setentas- hacia un manejo corrupto de los recursos públicos. Luego, y en la etapa posterior a la crisis de inicios de los ochentas hasta el día de hoy, viene la etapa neoliberal, con su peculiar concepción de democracia:
- primero, como una democracia estrictamente elitista. El manejo de los asuntos públicos sigue siendo verticalista, pero, a diferencia de la concepción socialdemócrata, no interesa ni siquiera un mínimo de igualdad social. La fórmula es clara: que los grupos más ricos y privilegiados lo sean mucho más, ya que eso es lo mejor para el resto. Es, simplemente, la muy chabacana fórmula del goteo;
- se mantiene y profundiza la corrupta estructura clientelar, así como la estrategia orientada a la cooptación de las organizaciones populares, pero se entra en un círculo vicioso de expectativas frustradas: partidos y políticos prometen, pero su propia dogmática neoliberal les impide cumplir las promesas;
- se profundiza y generaliza la corrupción. Esto, en combinación con el juego irresuelto de las expectativas frustradas, conduce a un profundo descrédito de la institucionalidad democrática y a una ascendente apatía.
- Progresivamente se pierde el respeto que en la etapa socialdemócrata se mantenía por las formalidades democrático-electorales. Los últimos 10 años aportan un muestrario de atropellos a la legalidad institucionalizada que lo ratifica contundentemente.
En síntesis: en la etapa socialdemócrata prevaleció una idea de democracia como formalismo legalista y como ejercicio verticalista del poder, si bien existían algunos compromisos sociales respetables. En la etapa neoliberal, la democracia menos que formalismo deviene mascarada: escuda y legitima un ejercicio excluyente del poder dentro de un proceso de creciente polarización social. En ambos casos se concibe la democracia como un ejercicio del poder reservado a las élites, si bien en el segundo caso este rasgo se agudiza.
Las dos concepciones anteriores de democracia han sido las hegemónicas. La una durante los 30 años que concluyen a inicios de los ochenta. La segunda durante el período posterior, hasta hoy día. La diferencia es que en la primera etapa no emergió ninguna concepción alternativa de democracia (la izquierda histórica –verticalista y autoritaria- no aportaba tal alternativa). En la etapa neoliberal reciente –y más claramente durante este primer decenio del nuevo siglo- sí aparece un elemento novedoso: una concepción contrahegemónica de democracia, la cual aporta elementos radicalmente transformadores.
Se trata de una idea de democracia que aún no logra articularse como un proyecto político coherente y orgánico, con verdadera vocación de poder. Durante la fase de lucha contra el TLC se configuró como una unidad dinámica que se construía de forma flexible a partir de la confluencia de lo diverso. Tras el referendo tendió a degradarse y fragmentarse como al modo de un archipiélago de discursos y organizaciones. Persisten, sin embargo, algunas aspiraciones compartidas fundamentales. Esa división tiene explicaciones diversas, a las cuales espero referirme en un artículo posterior.
Desde luego, y en rigor, debemos enfatizar que esta nueva idea de democracia no cae del cielo ni surge por generación espontánea. Bebe de las luchas ciudadanas de nuestro pueblo a lo largo de su historia, en muchas de las cuales la izquierda histórica tuvo un protagonismo indiscutible, lo cual es la parte más positiva de su legado.
Esta concepción de democracia se puso en marcha, con vigor y creatividad inusitados, durante los años de lucha contra el TLC y, en especial, durante la fase del referendo. Durante esa peculiar coyuntura histórica, asumió características que resumo en lo siguiente:
- la organización libre y autónoma;
- el carácter descentralizado de los movimientos sociales y de las organizaciones en que estos se visibilizan;
- su riquísimo pluralismo y diversidad;
- la coordinación laxa y flexible de organizaciones y movimientos;- por lo tanto, su naturaleza como redes de movimientos y organizaciones;
- la gestación dinámica y cambiante de liderazgos;
- procesos muy participativos para la toma de decisiones;
- la vocación de estudio, reflexión y debate, sobre bases pluralistas, participativas y respetuosas;
-la educación popular recurriendo a medios alternativos y el trabajo a pie, en barrios, comunidades y colectivos de todo tipo;
-la integración de lo local, lo sectorial y lo nacional; de lo particular y lo general. Se buscan transformaciones en todos los ámbitos y niveles: barrios, distritos y caseríos; ciudades, regiones y provincias; sectores específicos; a nivel nacional y también más allá de nuestras fronteras, en redes de solidaridad y acompañamiento más amplias;
- por lo tanto, no deja espacios vacíos: tendencialmente intenta saturar todos los intersticios y tejidos del poder.
Esta concepción de democracia ha emergido de la praxis social. No es un producto intelectual sino un proceso dinámico de la realidad. Posee verdadero potencial revolucionario. Pero desatar ese potencial requiere satisfacer un paso previo: lograr cuajar como proyecto político articulado y orgánico. He ahí una condición necesaria, muy compleja y evidentemente no resuelta.
* Luis Paulino Vargas es Doctor en Economía y catedrático de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).