El bloqueo energético contra Cuba es la expresión más dura de una nueva ofensiva de Estados Unidos en su guerra genocida contra ese país. Al impedir que cualquier nación o empresa vendan hidrocarburos a la isla, Estados Unidos busca romper las cadenas productivas-consuntivas para detonar una crisis múltiple (energética, alimentaria, sanitaria, social) y hacer imposible la vida cotidiana de la población.
Magdiel Sánchez Quiroz / LA JORNADA
Arrastrar a la población a una situación así persigue romper la cohesión entre el pueblo y el gobierno, para avanzar después con acciones desestabilizadoras que lleven a un cambio de régimen. En tanto, Cuba ha logrado su inmunidad militar, que cancela la posibilidad de invasión directa a pesar de la asimetría de fuerzas; para alcanzar sus objetivos, el imperio recurre a las formas más brutales de guerra, que lo exhiben como el heredero más prolífico del colonialismo, el fascismo y el sionismo.
Desde los laboratorios de guerra del Pentágono se difunden falsas noticias de divisiones en el interior de la dirección del país, se aviva la idea de que es imposible vivir sin el capitalismo y se construye la imagen de que basta abrir un diálogo con Estados Unidos para mejorar la situación. Se usa a Venezuela –que tiene a su presidente secuestrado en una cárcel extranjera– como ejemplo de que “basta aflojar un poco” para que “mejore la cosa”. Se repite una y otra vez la idea de que lo único necesario es renunciar al socialismo y que así vendrá la prosperidad del libre mercado.
Basta vivir fuera de Cuba y ver cómo el imperialismo y el mercado operan en los países sometidos para saber que si el proyecto cubano es derrotado, no vendrá una situación mejor, sino que la isla entrará en una situación infernal como la que viven hoy Haití y Gaza. Y aunque esto resulta de fácil comprensión para cualquier persona que viva fuera de la isla, para los cubanos que perciben como “naturales” las conquistas de la revolución (tales como el acceso universal a la salud, alimentación, educación, vivienda, servicios y una paz social sin desapariciones forzadas, feminicidios ni asesinatos masivos), difícil es suponer la crudeza que implica vivir en el capitalismo.
Además, porque constantemente se alimenta desde el exterior la narrativa idílica de la migración, falso relato que omite los sufrimientos diarios, la discriminación y la violencia, tal cual ocurre en México con las versiones edulcoradas que nos llegan de nuestros connacionales en Estados Unidos.
No es la primera vez que Cuba vive una situación así. Ha vivido en constante asedio desde hace 67 años. Además, padeció una crisis muy aguda en los años 90 tras la disolución del bloque soviético. En aquel momento, con el liderazgo de Fidel Castro, la población cubana generó múltiples formas de resistencia creativa para salir de la crisis. Lo logró. El libro Con nuestros propios esfuerzos (disponible en https://goo.su/zEbccj), de la editorial Verde Olivo, da cuenta de la capacidad creativa para enfrentar el llamado Periodo Especial en tiempos de paz.
Sin embargo, la crisis de los 90 dejó fuertes grietas estructurales en lo económico que han impactado la cohesión social. Vale insistir: la relación con la Unión Soviética estuvo marcada por innúmeras tensiones. Poco hicieron los soviéticos para ayudar a Cuba a alcanzar la soberanía tecnológica e industrial. En términos ideológicos influyeron nefastamente, al grado de que la apuesta por la “rectificación de errores y tendencias negativas”, impulsada por Fidel, en parte importante se centró en recuperar la originalidad de la herejía socialista cubana y tomar distancia de los dogmas soviéticos.
El 3 de febrero de 1959, en un acto público en Guantánamo, Fidel Castro exclamo: “Si tuviéramos que estar descalzos 15 años, si tuviéramos que estar descalzos 20 años, lo estamos 20 años, porque los mambises en la Guerra de Independencia (…) pelearon durante 10 años descalzos”. No es una frase bonita, es el acumulado histórico de un pueblo que desde 1868 ha defendido su nación con sus propios esfuerzos.
En la historia más reciente, que viene de la guerra revolucionaria iniciada en 1956, el pueblo cubano ha demostrado capacidad enorme para desafiar al imperialismo y construir una modernidad alternativa socialista basada en comunitarismo, desobediencia tecnológica, planificación, solidaridad e internacionalismo. Continuar por esa vía es la única opción para derrotar la intentona genocida imperial.
Lograr vencer a Estados Unidos es algo que sólo se puede hacer desde el interior de la isla. Pero requiere también de múltiples acciones de solidaridad y apoyo, como las que ya están ocurriendo. Asimismo, se necesita mayor determinación de las naciones para desobedecer al imperio.
La débil esperanza que sostienen los más humildes de lograr vivir en un mundo sin opresiones –pese a todo– sigue siendo alimentada, en parte importante, por el ejemplo cubano. Necesitamos tanto a Cuba, que no podemos quedarnos sin apoyarla.
*Filósofo, coordinador de las Obras escogidas de Fernando Martínez Heredia
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