Son tiempos nefastos, propios del pataleo de la potencia mundial en decadencia. A nosotros, los latinoamericanos, nos ha tocado estar en su espacio cercano y recibiremos en primera línea su potencia de fuego.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
Trump ha contribuido decisivamente a la inclinación de la balanza política latinoamericana hacia la derecha. Por más que diga que ha actualizado la Doctrina Monroe hasta el punto de anunciar que ha enunciado el corolario Donroe, lo que está haciendo no es sino reciclar la vieja política del gran garrote (Big Stick) y la zanahoria enunciada por Theodore Roosevelt a inicios del siglo XX, que le sirvió para pasearse por el mar Caribe como si fuera su Mare Nostrum: apoyó la separación de Panamá de Colombia en 1903 para garantizar los derechos de construcción del canal; en 1905 tomó el control de las aduanas dominicanas; en Cuba estableció la base naval de Guantánamo en 1903 y ocupó militarmente el país en 1906; y en Nicaragua estableció un gobierno títere que le permitió manejar aduanas, el Banco Central y cobrar impuestos, ocupación que no culminó hasta 1934 cuando Estados Unidos se fue dejando como testaferro y fiel guardián de sus intereses a Anastasio Somoza, quien estableció una dinastía de dictadores que solo hablaban en inglés con sus familiares y que no pudo ser derrocada hasta 1979 por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Claro que para Trump aceptar que lo que hace no es más que el reciclaje de viejas y sempiternas políticas del gobierno norteamericano sería ir contra su naturaleza enfermizamente egocéntrica. Lo que probablemente Donald Trump ha agregado es la forma que tiene de presionar, negociar, premiar y castigar: cuando se encuentra con un oponente con el que considera que debe utilizar el garrote lo presiona al máximo, lo lleva al límite, le ofrece salidas que sabe que no podrá aceptar y luego deja ir el garrotazo. Eso fue lo que hizo con Venezuela y está a punto de hacer con Irán.
Es, seguramente, la forma que ha tenido para armar su emporio de bienes raíces. Una mezcla de pragmatismo y accionar mafioso en el que cualquier estrategia vale. No importa cuál sea la vía que utilice, al final lo que importa es que los resultados sean favorables para los negocios de las grandes compañías estadounidense. Business are business.
Como es sabido, y no hay por qué repetirlo mucho, la zanahoria se la comió especialmente Javier Milei en Argentina: le dio el dinero suficiente para que se impusiera en las elecciones de legislativas de 2025, y le sigue mandando salvavidas económicos que lo mantienen a flote.
Sin que nada se confirme, corren insistentemente rumores que ahora tiene la mira puesta en Cuba. Tiene como escudero para esa tarea al obseso de Marco Rubio, que ha hecho del derrocamiento de la Revolución Cubana su sentido de vida. También ahí sacó a relucir el Big Stick, como antes hizo Theodoro, y ya dio una vuelta de tuerca más al infame bloqueo que mantiene su país sobre la isla desde hace más de sesenta años al no permitir que llegue ni una gota de petróleo. Es infame, pero eso le importa un comino a Donald Trump, de quien hasta su mamá nos había advertido que teníamos que tener cuidado.
Seguramente intentará acogotar a Cuba y luego, con esa sonrisa impostada que tiene le ofrecerá una alternativa a la medida de sus ambiciones. A lo mejor lo que ha hecho en Venezuela le sirva de plan piloto, pero seguramente topará con cerca, como ha ocurrido antes.
Los perrillos falderos latinoamericanos que han subido al poder político de sus respectivos países aupados por la onda expansiva de Trump, complacidos y envalentonados, esperan con ansias que a ellos se les dé un canasto lleno de zanahorias. Ahí están Daniel Noboa y José Antonio Kast haciendo fila y méritos para cuando Trump se desocupe de la tarea de construir un resort en Gaza y vuelva a verlos.
Son tiempos nefastos propios del pataleo de la potencia mundial en decadencia. A nosotros, los latinoamericanos, nos ha tocado estar en su espacio cercano y recibiremos en primera línea su potencia de fuego. Cómo no recordar aquella frase del Che que dijo: “si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!”

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