La crisis que vivimos no es el fracaso de una especie, es el fracaso de un sistema. Esta es la historia de un modelo interpretativo alternativo que ve en el Antropoceno un discurso sesgado que culpa a las víctimas y que constituye un débil hito para el nuevo movimiento verde.
Jason W. Moore / Rebelion
Para cualquiera que no sea un negacionista del clima, hay una respuesta fácil a la pregunta: la humanidad. ¿Quién, en su sano juicio, cuestionaría la idea de que el cambio climático es antropogénico (causado por los humanos)? ¿Acaso no vivimos en el Antropoceno: la Era de los Humanos como fuerza geológica?
Bueno, sí y no. Resulta que decir «¡Han sido los humanos!» puede oscurecer tanto como aclarar. Hay una gran diferencia política entre decir «¡Los humanos lo hicieron!» –y decir «¡Algunos humanos lo hicieron!»–. Los pensadores radicales y los activistas de la justicia climática han empezado a cuestionar una distribución crudamente igualitaria de la responsabilidad histórica del cambio climático en un sistema comprometido con una distribución drásticamente desigual de la riqueza y el poder. Desde este punto de vista, la expresión cambio climático antropogénico [incluye igualitariamente a todos los humanos] es una forma especial de culpar a las víctimas de la explotación, la violencia y la pobreza. ¿Una alternativa más acertada?: la nuestra es una era de crisis climática capitalogénica.
